¡Hola!
Les traigo el siguiente textito feliz de esta serie de textos.
Esta vez tenemos a Kirarin de protagonista ~ 3
Espero les guste. Gracias por leer y comentar.
Sweet Kiss
No hay nada más romántico que recibir un chocolate en San Valentín.
De saber lo complicado que era hacer chocolates, hubieses preferido invitar a tu novio a un café o algún museo. Cualquier cosa sonaba mejor que pasar toda una noche en la cocina intentando que los malditos chocolates salieran bien, pero qué remedio. Querías hacer algo personal para el muchacho de la mirada taciturna y pues, aunque te llevaste los quemones de tu vida, dejaste tu cocina hecha un lío y dormiste sólo dos horas; bueno, al menos sabría que hiciste el intento.
Entregaste la caja de golosinas a Kira con cierto temor porque, a tu gusto, los dichosos chocolates no salieron como decía el tutorial que te pasó una amiga.
El primer gesto de Sumeragi fue de sorpresa, seguido de un "Gracias" casi susurrado por sus labios. ¡Feliz día de San Valentín!, añadiste con una sonrisa boba porque entre la pena de que viera tu regalo y tu ilusión de que sintiera lo especial que era para ti, no había mucha diferencia. Kira, entonces, abrió la caja con sumo cuidado. Sus níveas manos iban desatando primero el listón color cerúleo y luego los pliegues de la caja blanca. La ritualidad con la que el muchacho se conducía en algunas ocasiones era casi ceremonial; suponías que era fruto de una educación bien procurada. Aunque todo eso contrastaba de forma intensa con la presencia tan avasalladora y sensual que tenía en los escenarios. ¿Cómo es que esas dos esencias podían vivir en perfecta armonía? Ni idea, pero eso lo hacía tan especial para ti y por eso deseabas hacérselo saber de algún modo.
Al descubrir el contenido de la caja, la expresión de Sumeragi fue un auténtico poema. Con delicadeza tomó una de las piezas de chocolate y la observó detenidamente desde varios ángulos. No sabías si era por curiosidad o porque jamás en la vida había visto un chocolate.
— ¿Qué es? — se aventuró a preguntarte sin querer sonar grosero. Es que, para él, el chocolate tenía una extraña forma semi redonda con una bola en uno de sus costados y unas antenas puntiagudas en otro.
— Es un conejo… — respondiste muerta de vergüenza y con la cara más roja que el listón de la caja. Intentaste por todos los medios que salieran con dicha forma, pero moldear chocolate no era tan fácil como se veía en televisión.
— Ya veo… son muy lindos…
— ¡Mentiroso! — le recriminaste. La cara te ardía tanto que sospechabas que eso ya no era por el frío que se sentía en el parque en el que quedaron de verse — Mejor no comas eso y vamos a una tienda a comprarte lo que quieras, ¿sí? — añadiste e hiciste amago de quitarle la caja, pero el muchacho fue más rápido y la puso fuera de tu alcance dándose vuelta y, sin que lo pudieras evitar, comió uno de los conejitos. El terror se apoderó de ti cuando, después de que los viste hacer eso, se quedó en silencio mientras seguía triturando el chocolate en su boca. Repentinamente, sus ojos mostraron un destello suave, como si hubiese descubierto una maravilla.
— Son deliciosos… — te dijo y lo viste sonreír casi fugazmente.
— No tienes que mentir. Están terribles.
— Los rellenaste de crema irlandesa ¿no es verdad? — te consultó y tomó otro chocolate, el cual lo comió encantado.
— Sí… pero no tienes que comértelos si no te gustan… — te sentías avergonzada de que quizá tu sorpresa no hubiese sido la que querías dar. Una risita suave vino a acompañar el momento y acto seguido, Kira dejó unos segundos la caja de chocolates a un lado para poner toda su atención en ti y regalarte el más dulce de los besos directo a tus labios sin que pudieras prevenirlo o siquiera evitarlo. La suavidad de su toque y el sabor entre dulce y ardiente que ahora su boca tenía te hicieron olvidar todo.
— Gracias… — te dijo luego de que te premiara — es la primera vez que alguien hace chocolates para mí. Atesoraré esto por siempre.
