One Piece no me pertenece, los personajes son creación de Eiichiro Oda
Capítulo 1
En un bar relativamente pequeño, sin mucha clientela, en las afueras de la Isla de Drum, con su tradicional sombrero naranja y un abrigado manto negro, se encontraba sentado el Comandante de Segunda División de los Piratas de Barbablanca, Portgas D. Ace, con la sonrisa más grande del mundo pintada en el rostro. En su mano se encontraba un cartel de recompensa que rezaba lo siguiente.
SE BUSCA
MONKEY D. LUFFY
VIVO O MUERTO
30 000 000 B
Lo había hecho, su hermanito realmente lo había conseguido. La primera vez que vio el cartel, según sus nakamas, había, literalmente, enloquecido, pero no pudo evitarlo, Ace se sintió eufórico al ver que Luffy finalmente había salido al mar, al notar que seguía persiguiendo su sueño, con esa brillante sonrisa que siempre lo acompañaba, todo eso pudo con él, se sentía tan orgulloso que podía morir, por lo que se encargó de presumirlo con todo el mundo, principalmente con su padre.
Lastimosamente poco después ocurrió una desgracia, Ace gruñó al recordar a Teach, tan rápido como había llegado su felicidad, había llegado su tristeza.
Algo punzó en su pecho al recordar a Thatch, el segundo hermano que perdía.
—No —se dijo, negó levemente con la cabeza—, Sabo fue distinto…
Porque Sabo fue un niño que murió sin conocer la libertad, Ace fue un niño que perdió a su hermano sin poder hacer nada al respecto, pero Thatch era un gran hombre, un gran amigo, un gran hermano, que fue asesinado por un ser querido, y Ace también era un hombre, que se creía fuerte, y aun así no pudo evitar la desgracia.
Volvió a mirar el cartel en su mano.
—No voy a perderte a ti también, Lu—el cariño era palpable en su voz, de pronto una abrumadora añoranza lo golpeó, sin siquiera pensarlo dos veces decidió que necesitaba ver a su hermanito, después de todo, habían pasado tres años desde la última vez que lo había hecho, por lo que sin perder tiempo se aseguró de dejarle un mensaje.
Podían pasar años, podían ser dos hombres formados, ambos piratas con diferentes tripulaciones, sin embargo, eso no cambiaba las cosas, sin importar el lugar o el tiempo, Luffy seguía siendo su pequeño hermano, y como el mayor, era su trabajo velar por su seguridad.
Con una sonrisa partió del lugar, olvidando pagar sus cuentas y perseguido por el dueño del bar.
I
En Báltigo, en la base del ejército revolucionario, sentado en su oficina se encontraba Dragon, una leve sonrisa impregnaba su rostro, fenómeno inusual para su persona. Tomando el cartel de recompensa abandonó la diáfana habitación, dirigiéndose a su lugar favorito.
Parado, mirando hacia el este, pensó en su familia, su hijo.
No pudo evitar aquel sentimiento abrumador del que fue presa su cuerpo, era un padre después de todo, un padre que pese a la distancia se sintió orgulloso, su hijo era increíble. La añoranza que nunca lo abandonada lo atravesó como una flecha, más fuerte que nunca, echaba de menos a su hijo, a su Luffy, por lo que por una vez en su vida la impulsividad de su padre lo dominó, sin siquiera pensarlo demasiado lo decidió.
Iba a hacerle una visita a su hijo.
II
En otro lugar de la base revolucionaria, el cartel con la sonriente cara del pirata novato también era víctima de un escrutinio casi desesperado.
Sabo no sabía qué pensar. Se levantó ese día con el humor de siempre, regalándoles sonrisas a sus camaradas, amigos, a quienes consideraba su familia; todo parecía avanzar con normalidad hasta la llegada del periódico, que naturalmente traía consigo los carteles de recompensa. El joven jefe, un ser de naturaleza curiosa, no lo pensó demasiado cuando se acercó a observar las novedades del mundo, rutina, rutina y más rutina, cuando de pronto, ya no era una rutina, no podía ser una rutina aquella espesa nube de tristeza devastadora que como manto caliente lo cubrió.
El sentimiento familiar, solo le había ocurrido una vez en el pasado, con el cartel de uno de los comandantes del Barbablanca.
A toda velocidad huyó del lugar con el cartel en mano, Koala lo observó preocupada y no tardó en seguirlo. Sabo llegó a su habitación, víctima de un ligero temblor abrió un cajón y sacó el otro cartel, uno en la mano derecha, el otro en la izquierda, los miró abrumado, un sentimiento intenso lo carcomía, pero el rubio no se explicaba la razón y eso solo aumentaba la inquietud.
¿Por qué? ¿Qué es esto? ¿Por qué me siento así?
Miraba los rostros de Portgas D. Ace y Monkey D. Luffy intentando responder esas preguntas, la niebla en sus recuerdos pasados quería disiparse, sin embargo, no era suficiente, la oscuridad aún estaba presente en la mente de Sabo, Koala llegó en ese instante.
— Sabo-kun— expresó preocupada—, ¿te encuentras bien? ¿Qué pasó?
¿Cómo responder algo que ni él mismo entendía? Un pesado suspiro escapó de su cuerpo.
— No lo sé, Koala— apretó los puños—. No lo sé.
