"Sobre la Creación del Sol y la Luna"
La versión escrita de este mito antiguo apareció en las inmediaciones de lo que hoy es Vanhoover, alrededor del 237 Después de la Fundación de Equestria. Estaba guardado dentro de un enorme jarro lleno de otros varios pergaminos, conservado en un extraño templo circular de piedra blanca, y con muchas inscripciones indescifrables que han sobrevivido a la erosión de los tiempos. A lo largo de las centurias fue traducido, copiado y transcrito varias veces, por lo que se convirtió en testigo además de la evolución linguística del idioma equestriano. Actualmente se calcula que la versión escrita data de más o menos el año 300 Antes de la Fundación de Equestria, cuando la escritura daba sus primeros pasos en el mundo, pero el relato seguramente circulaba de forma oral muchísimo antes que eso. Aún se desconoce a qué culto perteneció, y de qué época, lo cierto es que tiene una particular visión de la tierra antes de que el mundo fuera mundo.
En esta versión, el mito es presentado en forma de prosa, pese a que originalmente estaba en verso y distribuido en varios cantos, pero por diversas dificultades se ha optado por reproducirlo así.
I
Nos han contado los secretos espíritus acerca de la niñez de esta nuestra tierra, antes de que fuesen moldeados los ancestros de cada criatura que hoy respira a nuestro alrededor, antes incluso de que conociéramos el significado de los cambios en el cielo y de las lumbreras que los gobiernan. El firmamento que hoy contemplamos no es en realidad el verdadero cielo, sino un velo, un filtro del que está más allá de nuestra comprensión, apenas podemos vislumbrar en la noche una leve apariencia de ese otro cielo.
Antes, entonces, cuando la tierra era tan joven, sólo existía la penumbra, cuentan las voces inmateriales que al estirar el cuello hacia arriba uno se encontraba con un bellísimo caleidoscopio de colores oscuros, púrpuras, rojizos, azulados, no había un único color sino una danza perpetua de tonos, acompañada por el brillo de las blancas estrellas y unas nubes rasgadas que viajaban a todas partes y a ningún lado. Sobre la faz del suelo se extendía la oscuridad, más no era la oscuridad que conocemos nosotros, la que ciega y nubla el entendimiento y corrompe la esencia de los seres, era una oscuridad totalmente neutra, no producía ninguna clase de efecto malo en nadie.
La luz era traída por los Seres Primigenios, tres entidades maravillosas y misteriosas, nos decían los espíritus que eran tres Estrellas descendidas de más allá del cielo visible para compartir su luz y cuidar de las criaturas, la esparcían a todo lo ancho y lo largo con ayuda de los Numbras, nobles espíritus de sombras que transportaban las porciones lumínicas de los Primigenios y las depositaban en esferas flotantes de vidrio, con eso recargaban así la luz que permitía a los primeros seres poder desarrollarse en armonía. También ayudaban las siete Ninfas, creadas por los mismos Primigenios con cada tipo de sustancia existente en el mundo antiguo para poder comunicarse con los Numbras y con las criaturas.
No se han de saber los verdaderos nombres de los tres Primigenios, pero dicen los vientos del pasado que fueron llamados Heliar, Sirius y Orion por los habitantes de la tierra, y que así permitieron ellos que se les nombrara. Seres puros, sabios, cuyos poderes excedían todo entendimiento posible, protectores de la vida y de la luz, se cuenta que sobre sus cabezas portaban un aura incandescente, la máxima encarnación de su esencia, la consumación de su infinita energía. También nos han descrito los colores con lo cuales se presentaban, amarillo para Heliar, rojo para Sirius, y azul para Orion, de sus cabezas se desprendía una melena áurea en constante movimiento. Las distintas variantes del espectro lumínico también distinguían a las siete Ninfas, cada una de ellas de belleza inalcanzable.
II
En un terrible momento, cuando parecía que la paz y la armonía perdurarían para siempre, de lo más lejano y desconocido del abismo más allá del firmamento, se escurrió una fuerza indescriptible, una sustancia sin conciencia o persoanlidad alguna, pero que al entrar en contacto con cualquier cosa, producía en ella un devastador efecto de corrupción, deformando su apariencia en extremo, alterando por completo sus sentidos, destruyendo sus pensamientos, enloqueciendo su cordura… lo que fue dejó de ser para convertirse en otro ser, algo cuyos objetivos iban completamente en contra de lo que correspondía al mundo establecido.
Aquella corrupción, enfermedad, viscosidad, se fue apoderando de muchas y diversas criaturas, especialmente las más grandes y poderosas, quienes bajo una insidiosa y horrible racionalidad, buscaban dominar y subyugar a toda la creación, atreviéndose a atacar a los mismos Primigenios y a las Ninfas, intentando esparcir su maldad y contaminando grandes cantidades de la pacífica oscuridad, que fue perdiendo su neutralidad; hoy día ya casi nada queda de la oscuridad neutra, lo poco que fue conservado de la misma fue gracias a los pocos Numbras que consiguieron escapar.
Con tristeza nos contaban las viejas almas de cómo fue la caída del noble pueblo de las sombras, que acicateadas por aquello que recibió el nombre de "Horror Cósmico", dejaron de lado los principios de neutralidad y atacaron a la existencia con el deseo de apoderarse de sus sentimientos, de su magia, de sus almas. Los Numbras sobrevivientes se refugiaron en una isla protegida por los Seres Primigenios, a la cual acudieron también las Ninfas y millones de seres espantados y aterrados por la inexplicable transformación sufrida en la total extensión del planeta.
Los espíritus antiguos se resienten demasiado al recordar los saldos angustiantes de la Guerra contra el Horror Cósmico, contra los entes que generó, a los que igualó en poder para enfrentarse a los Primigenios, quienes se vieron acorralados en los límites de sus fuerzas.
III
Cuando una de las Ninfas, Yuna, la menor de todas, fue capturada por las huestes del Horror Cósmico, el más superior de los Numbras fue tras ella y consiguió llegar hasta una laguna donde parecía correr la esencia del propio horror, su negra sangre como agua infecta, y allí los engendros echaron a la desdichada Ninfa, la hundieron hasta lo profundo, y cuando ella emergió de ahí, ahora era una criatura de la oscuridad…
El Numbra, el más avezado en aprender las más técnicas de espionaje y de observación sutil en la Guerra Antigua, logró escurrirse rápidamente de las garras de las huestes oscuras, trazando senderos sinuosos, plantando pistas confusas para que sus perseguidores no supieran a dónde se dirigía. Tardó mucho tiempo, tanto tiempo que en la Isla de los Primigenios lo creyeron perdido para siempre, más éste apareció y sorprendió y alivió a quienes aún lo aguardaban.
Una vez recuperado, el Numbra narró lo que vio en las entrañas de la tierra. Nadie se imaginó que existía semejante cosa. Tampoco se imaginó nadie, nos decían los espíritus, el impulso, la idea, la voluntad que nacería en el Primigenio Sirius, quien comprendió de qué forma erradicar aquel mal que tanto daño estaba causando en su tierra tanto tiempo castigada.
Pidiendo a Numbra que le nombrase el camino a la fosa de la oscuridad, haciéndole jurar que jamás mencionaría a nadie nada de lo que pensaba hacer, el Primigenio rojo se despidió de los suyos de modo sutil sin que éstos se dieran cuenta, y partió cuando supo que nadie más lo seguiría. No obstante, sí fueron tras él cuando entendieron el peligro que corría.
Sin embargo, no lo alcanzaron con suficiente tiempo. El Primigenio Sirius se introdujo en la fosa de las sombras, había entendido que para vencer al enemigo debía aprender a dominarlo, volverse superior al mismo, más superior de lo que ya era, debía absorber esa esencia y convertirse en señor de todos los seres de oscuridad volviéndose él mismo Señor de la Oscuridad.
IV
La esencia de los Seres Primigenios era incorrompible, la energía, la luz de sus estrellas poseía tal magnitud que podía superar a la oscuridad del Horror Cósmico, aunque no destruirla. Cual si pusieras agua y aceite en un cuenco transparente y vieras cómo se separaban, de alguna forma eso fue lo que realizó aquel ser venido de las estrellas… Las voces de los entes intangibles no alcanzan a darnos las palabras correctas para que entendamos cómo el heroico Sirius, corrompiéndose voluntariamente fue capaz de reaccionar a su propia corrupción, sin permitir que sus convicciones fueran trastocadas.
Oímos cómo se quebraba la brisa mientras nos describían el increíble y aterrador aspecto que adquirió, lo que sí afirman con certeza es que a pesar de absorber la oscuridad del foso, su esencia luminosa no se apagó sino que de alguna forma, consiguió encapsular a la esencia corrupta… es confuso lo que nos dicen, pero sí entendimos el gran esfuerzo, el gran sacrificio, el gran fenómeno que se llevó a cabo, porque el primigenio rojo, con sus poderes originales y los corruptos, ejecutó un hechizo potente, atrayendo a todas las criaturas corruptas del mundo, con una fuerza centrípeta que giraba como un tornado pero que en vez de expulsar las cosas desde su centro, las arrastraba hacia él…
El Primigenio Heliar y el Primigenio Orion, las seis Ninfas, las reducidas sombras neutras y las demás criaturas puras vieron ascender al Señor de la Oscuridad llevándose consigo a los engendros del Horror Cósmico y a grandes partes de la oscuridad contaminada, no sabían a dónde pero intuían que los empujaría tan lejos de nuestra tierra como pudiera, a costa de su propia libertad y asumiendo su nuevo rol y obligación de ser gobernador de todo lo impuro en el más allá del niño mundo.
La devastación entre los guerreros creció con el sacrificio de uno de sus dioses, harto llorado por su pérdida, no hubo nadie que no ofreciera lágrimas de agradecimiento y de lamentación por el Primigenio. Con tristeza nos cuentan los espíritus que de todo el llanto de las Ninfas nacieron aguas especiales, mágicas, reservadas para la curación de las penas más grandes que pudieran aquejar a cualquier ser viviente.
Numerosos altares en la extensión terrestre se construyeron para honrar al Primigenio Sirius, más el trabajo de restauración del mundo apenas comenzaba, ahora con la dificultad terrible de la falta de uno de los tres protectores, cuya energía abastecía grandes sistemas y a muchos seres que le servían honrosamente. De las seis ninfas sobrevivientes, dos le idolatraban sobremanera a su Primigenio rojo, una, Erisa, sufrió un colapso irreversible por causa de sus sentimientos de dolor, todo su cuerpo perdió la armonía mutando cada parte del mismo, los espíritus viejos no han comprendido el por qué ni el cómo del trastorno de la triste ninfa, sólo dicen que su comportamiento se volvió errático y lleno de frenesí, tal cual si hubiera sido afectada por las ínfulas del Horror Cósmico pero sin demostrar ninguna clase de síntoma. Cuando su presencia se volvió incontrolable, pese a los muchos intentos de sus hermanas por ayudarla y tras atacar a las mismas como si no las reconociera, fue desterrada con dolor de la Isla Sagrada, no se sabe a donde marchó pero se dice que se mantuvo alejada para siempre de la Isla que le vio nacer, y allá donde se supone que estableció su morada, en condiciones inexplicables concibió a un ser más abominable que su locura, vástago que heredaría la pretensión de trastocar cualquier posible, cuyo nombre derivaría de la discordia.
La segunda ninfa, Nive, fue contenida para no perderse ella también, más ella optó por un eterno pacto de silencio en señal de duelo por el Primigenio Sirius, y adquirió el hábito de pasearse por los cielos, las aguas y la tierra sin rumbo fijo pero tomando luego distintos caminos, trazando trayectorias y siguiendo las mismas en un continuum, hasta que poco a poco fue deshaciéndose, perdiendo textura y volumen, convirtiéndose en aire que se movía, en viento, engendrando seres de viento frío carentes de emoción.
V
Los dos Primigenios restantes, el amarillo Heliar y el azul Orion, destruida la sincronía con su tercero, tuvieron serios problemas para distribuir la luz como se hacía antes del arribo del Horror Cósmico y de la guerra que éste desencadenó. Su energía sufrió una debilitación sin precedentes, se habían perdido muchos Numbras y muchas millones de las esferas contenedoras de luz, seguido a que todo el planeta experimentó fenómenos serios, vastas extensiones de tierra temblaban, los mares de repente avanzaban sobre las costas, emergían enormes formaciones de roca, de grietas abiertas desde lo más hondo explotaban chorros de lava, sustancia increíblemente caliente que lo consumía todo y obligaba a evacuar a cada forma de vida. Todo este proceso largo y sinuoso fue nombrado para nosotros por las antiguas almas como "La Era del Caos", donde la existencia adoleció de cualquier rastro de su infancia, y nada volvió a ser igual, o más bien dicho, todo adquirió otras características a los ojos de los primeros dioses que se preocuparon por este mundo.
Los únicos dos Primigenios ordenaron a las cuatro Ninfas, Solaria, Selena, Melusina y Calíope, que se encargasen de dar sentido de vida a las criaturas mortales, que les guiaran a sitios seguros donde mejor pudieran brindarles luz y esperanza, y que les protegieran de cualquiera de las amenazas ya fueran residuales de la guerra o surgidas del caos natural. Cada una fundó una colonia donde fue respetada y bendecida, siempre sin desmerecer el Orden de los Primigenios de la Luz, Heliar y Orion, quienes hicieron uso de sus fuerzas, nos cuentan los espíritus del pasado, para poder pacificar y arreglar los vestigios de mundo de modo de recuperar las zonas habitables o de al menos propiciar otras nuevas ante la imposible recuperación de las viejas.
El Numbra superior, el que descubriera la alberca de pura oscuridad y provocara sin querer el sacrificio de Sirius, se encargó de resguardar a un escaso número de numbras y pequeños seres de oscuridad neutra, receloso de las sombras corrompidas que continuamente intentaban apropiarse de los neutros para acrecentar su poder. Tal fue así que Numbra planeó entonces encerrarlas en un cráter inaccesible del que nunca pudieran escapar, conocido según nos dicen los antiguos, como "El Pozo de las Sombras".
Pronto Orion y Heliar fueron cada vez más conscientes de la merma de su energía, entendiendo que ya no podía depender de ellos el brindar luz y protección a la tierra antigua. Comprendieron que llegaba ya el final de su ciclo, el momento de retornar al firmamento con su original forma estelar, o eso hemos entendido que nos comunicaron las voces de los espíritus, pues mucha de su esencia misteriosa traída desde los confines desconocidos se agotaba, requería un letargo para regenerarse. El azulado Orion no estaba de acuerdo en comunicar a las Ninfas de esta situación, pero Heliar el amarillo mantuvo firme su voluntad en hacerlo para que en caso de emergencia ellas pudieran prever las consecuencias.
Fue entonces cuando ante ellos se presentaron las ninfas Solaria y Selena, las dos mayores con respecto a las otras, quienes velaban por las colonias mientras se efectuaba la reunión de sus hermanas con los Primigenios. Ambas Ninfas habían preparado un canto para transmitir a sus superiores aquello que ellas habían estado pensando, discutiendo y probando; ellas cantaron una loa a la hazaña del Primigenio Sirius al principio, repasaron los acontecimientos del tiempo de la Restauración y de la Era del Caos, para cerrar con la propuesta que ellas cuidadosamente formularon tras reflexionar sobre sus obligaciones para con las criaturas.
Lamentablemente los entes secretos no nos recrearon el canto de la Ninfa Solaria y la Ninfa Selena, más sí nos explicaron en qué consistía el plan de ellas. Se trataba de crear dos astros luminosos, dos pequeñas estrellas, cuyas funciones serían no sólo traer al planeta la luz que ahora los primigenios no podían brindarle equitativamente, sino también ejercer de barrera, de protección, de filtro, contra cualquier fuerza extranjera que osara cruzar la atmósfera desde el Más allá del firmamento, como lo hizo el Horror Cósmico. Un astro se conformaría de luz cálida, basado en las propiedades del fuego, luz fatua y destructora si no se la controlaba, pero que brindaba claridad y calor si se la cuidaba bien. El otro astro en cambio tendría por base la luz fría, sólida, suficiente para sostener un equilibrio, la cual no quemaría pero sí otorgaría descanso de la acumulación de calor. Ambos establecerían, a través de un continuo movimiento sobre un determinado eje del planeta, el campo de fuerza protector contra un posible retorno del Horror Cósmico. Además, eso permitiría organizar de forma eficaz las costumbres de los seres vivos, por recomendación de las ninfas menores.
Explicaron Solaria y Selena que las dos Ninfas más cercanas a los habitantes mortales, Melusina y Calíope, habían descubierto que los seres podían transitar una mejor vida si imponían una disciplina sobre sus hábitos, para que así no dependieran tanto de ellas.
La canción agradó a ambos Primigenios, quienes aprobaron lo que allí las ninfas solicitaban, y juzgaron, en privado, que una porción de su energía podrían ceder para que no colapsaran las lumbres a las que ellas pretendían dar nacimiento.
VI
Ayudó entonces el Primigenio Heliar a Solaria con la primera, rescatando ella una de las últimas esferas contenedoras de luz y guardando adentro una llama del Fuego Perpetuo, el fuego de los dioses que nunca se consumiría, a diferencia del fuego común del que los mortales hacían uso para sus menesteres -ya antes las almas sin rostro nos habían comentado del tal, y en otra ocasión, dijeron, nos dirían de su origen-. Aquella esferita con fuego perenne, impulsada por la energía del Primigenio Heliar y la magia de la Ninfa Solaria, subió hacia el firmamento mientras su tamaño crecía y crecía sin límite preciso, hasta que alcanzó la órbita que sus creadores consideraron justa y éstos cancelaron entonces su conjuro, maravillados de observar cómo aquel círculo caliente y amarillo, pequeño a simple vista pero enorme si se lo viera en cercanía, irradiaba por primera vez sobre todo lo existente, cegando por unos instantes a todas las criaturas cuyos ojos se habían acostumbrado a la penumbra, pero cuando se acostumbraron a esos resplandores, tan parecidos a aquellos perdidos en el trágico pasado pero multiplicado al infinito, nuevamente se maravillaron al ver el color adoptado por el cielo, un celeste uniforme y diáfano.
Ampliamente celebrado fue este acontecimiento, uno de los más felices para la tierra antigua y el cual no sería el único. Mientras el Primigenio y la Ninfa reposaban de su hazaña, se montó una gran celebración por el ascenso de la luminaria, cuyo nombre se discutió entre los seres inmortales en tanto que los mortales re-descubrían el mundo ante su mirada, bajo la luz de la joven estrella, a la cual se acordó darle como nombre parte del de aquella que fungiría como su guardiana y administradora: Sol. El Sol de Solaria, más poético y más bello casi sin igual.
Luego, nos susurraron los espíritus carentes de forma, la Ninfa Selena y el Primigenio Orion realizaron su acto estelar, ante los ojos de las criaturas vivas que presenciarían, desde los campos lejanos, pues no podían acceder a la Isla Sagrada de los seres superiores, la ascensión del otro astro regidor del cielo. En este caso, la semilla fue una extraña roca gris, lisa, y bella como ninguna otra, hallada por Selena en el fondo de los mares, y la cual había sido parte de su ornamento personal hasta que tomó la decisión de ofrecerla para ser la estrella de luz fría. Antes, sin embargo, Solaria solicitó ante el consejo permiso para mover al Sol hacia el horizonte, hacia la franja donde acababa el cielo y se interponía la tierra, de manera de no opacar ni entorpecer la ceremonia del próximo astro. Así fue aprobado y así Solaria lo hizo, utilizando su poder para cumplir con lo solicitado, suscitando otra vez la sorpresa y el asombro de los presentes, pues a medida que era guiado y su luz menguaba, producía otro espectacular fenómeno de colores en el cielo, el primer crepúsculo de nuestro mundo.
Comenzó de este modo la obra del Primigenio Orion y la Ninfa Selena, a quien se le veía radiante de inexplicable felicidad, y era que, aunque nadie ni el amarillo Primigenio ni las demás ninfas lo supieran, la ninfa tenía por el azulado Orion la misma adoración poderosa que Nive y Erisa profesaban hacia el Primigenio Sirius, solo que quizá en aquellos tiempos no era comprendido ese fervoroso sentimiento, el cual descifrara Melusina, como nos fue relatado después, al aprehender el concepto de amor, derivado de lo que ocurría entre los mortales. Aquello podía explicar la locura de Erisa y la transfiguración de Nive, y sirvió para entender el conflicto suscitado tiempo más adelante, cuando los Primigenios habían arreglado la partida hacia una nebulosa en la que iniciarían su letargo.
El cielo se tornó de un azul oscuro, que recordaba un poco a aquel cielo en estado más puro, ni bien la perla de luz blanca alcanzó el mismo cénit que la esfera de fuego eterno, lo más bello fue ver que las estrellas del firmamento podían ser apreciadas bajo las características de este nuevo cielo, cuyo astro fue bautizado por el Primigenio Orion, para mayor regocijo de su Ninfa Selena, como "Luna", en honor al nombre de su dueña, y además nombró al ciclo como "Noche", de la misma forma que Heliar nombró "Día" al del Sol.
Así se produjo la creación del Sol y de la Luna, que principiaron una era completamente distinta de la anterior, y nos emociona y nos entristece y nos impresiona cuando miramos a cada uno y pensamos en todo lo que precedió a su existencia. Más los secretos espíritus invocados para hablarnos de la verdad y que nosotros la transmitiéramos, no detuvieron ahí su recitación, nos dijeron algo más de lo sucedido luego de este punto.
VII
Fue la Ninfa Selena la única que pudo consumar la secreta pasión por la que dos de sus hermanas habían enloquecido, pues durante mucho tiempo, incluso desde los inicios de la Guerra contra el Horror Cósmico, su cercanía con el Primigenio Orion era muchísimo más honda de lo que era la relación entre las otras ninfas con el Heliar o incluso con el rojo Sirius, sin embargo callaron siempre la verdad sobre su vínculo. A nosotros, quienes nos fijamos tanto en las relaciones de parentesco de sangre y consideramos prohibida la unión entre progenitores y vástagos, nos puede parecer, en cierta forma, un incesto, si consideramos que fueron los Primigenios quienes crearon a las Ninfas, a pesar de que no conozcamos a ciencia cierta el secreto de esa procreación. No obstante, eso se encuentra fuera de nuestras posibilidades de razonamiento, por lo que continuamos reproduciendo lo que las almas pasadas nos encargaron transmitir.
Llegado el día en que la instauración de la nueva edad del mundo fue completada, después de sendas celebraciones y honras a los Primigenios por su labor, y preparado su camino para iniciar la subida hacia el Más Allá de las Estrellas, cuentan los viejos fantasmas que la Ninfa Selena, incapaz de resistir la angustia por la partida de su amado y negándose a acabar como sus hermanas desdichadas, mientras Solaria, Melusina y Calíope, en compañía de Numbra y otros seres legendarios, efectuaban rezos en silencio para dar ánimo y valor a los viajantes del espacio, la Selena callada aunque impulsiva, quien había inclusive organizado la danza cantada de despedida, en un arranque de llanto corrió hacia el Primigenio Orion para fundirse con éste en un abrazo y suplicarle que no se marchara, que no quería ser abandonada.
Debéis entender, nos remarcaban las voces espirituales, que ese tipo de conducta sólo se atribuía a los mortales, a las criaturas, cuyos afectos propiciaban la reproducción y consecución de su especie, más no era común ni mucho menos atribuible a los entes superiores, quienes se encontraban por encima de las pasiones carnales; en la intrincada jerarquía divina del mundo antiguo no era común ni mucho menos aceptable romper la distancia tolerada de mayor a menor y viceversa, jamás se había concebido algo así entre Ninfas y Primigenios, o entre éstos y Numbras, o con los Schemas, pequeñas entidades sin voz quienes acompañaban a los moribundos y que en la segunda era encarnarían a otro enemigo feroz, los Devoradores de Almas, quienes fueron subyugados en el subframundo y cuya peste estaba apenas por comenzar.
No se podía aceptar entonces tal relación, el Primigenio debía partir y la Ninfa debía quedarse a cumplir sus obligaciones junto a las demás Ninfas. El amarillo Heliar, notando la vacilación del otro, y completamente resuelto a no permitir la pérdida de otro de su estirpe, construyó los argumentos más fuertes para convencer al azulado Orion de cumplir con su pacto de partida, y por otro lado, la Ninfa Solaria hablaba con Selena para hacerla desistir de su capricho durante los forcejeos de ésta con sus hermanas Melusina y Calíope, que trataban de arrastrarla fuera de la presencia de su superior.
Ninguno de los dos, empujados por la tensión creciente en sus corazones, sintiendo el llamado a permanecer juntos por la eternidad, ninguno quiso escuchar razones, y en un giro inesperado de los acontecimientos, relatan los espíritus, cuando jamás nadie creyó que pudiera haber conflicto alguno entre quienes lucharon juntos por nuestro mundo, se produjo una ruptura en la alianza. Un Primigenio no consideraba correcto que el otro se quedase en la tierra a sabiendas de las consecuencias de su terquedad, las tres Ninfas temían por la cordura y el bienestar de la cuarta, sorprendidas y asustadas al no saber el por qué de su actuar, y temiendo que aquello la condujera al mismo camino que a Nive y a Erisa.
Para evitar una confrontación directa, transgrediendo aún más las normas implícitas, y con esto vamos llegando al cierre de esta historia, Orion y Selena escaparon con ayuda de su magia, antes de que nadie pudiera detenerlos. De forma fortuita, el Primigenio Heliar retrasó la partida, los recursos que una vez desplegara para vencer al Horror Cósmico y sus huestes fueron ahora dirigidos, para infinito dolor suyo, contra uno de su propia especie y contra una de sus creaciones, en una persecución infructuosa que por varios años dejó a las criaturas la sensación de que una nueva guerra se avecinaba, esta vez entre los mismos aliados, quienes debían lidiar, encima, con los dioscuros, los Schemas que habían descubierto la capacidad para absorber almas de los difuntos y adquirir poderes inusitados.
Finalmente, resignado a la desdicha, atosigado por la lucha con los dioscuros que cada día se volvían más peligrosos, sin querer dilatar más los sufrimientos de nadie, y habiendo descubierto la morada de los prófugos, el Primigenio Heliar llamó a una conciliación, a la que asistió la pareja consumada con la misma intención de quedar en buenos términos. Para ese tiempo, la Ninfa Melusina había explicado al Primigenio amarillo el concepto de amor, las causas por las cuales aquellos no querían separarse, eso no lo ablandó demasiado pero al menos desistió de castigarlos. No obstante, en la conciliación, les dijo que si deseaban continuar en su plan, estaban exigidos a renunciar a su divinidad, porque sus deseos sólo eran cosas de mortales y como tales lo tendrían que vivir. Obviamente esto provocó una fuerte negativa por parte del Primigenio y la Ninfa, quienes por su parte, en una forma de heroísmo y de reivindicación, sostuvieron su voluntad de ayudar contra los dioscuros, creando en el centro de la tierra una prisión para los devoradores de almas y todo ente o criatura que no cumpliera con las normas del mundo, además de las almas que carecieran de cuerpo, sitio cuyo nombre en nuestro lenguaje se traduce como subframundo. Aquella propuesta fue evaluada aparte por el Primigenio Heliar y las Ninfas Solaria, Melusina y Calíope, decidiendo que, a modo de destierro pero sin quitarles sus atributos, el Primigenio Orion y la Ninfa Selena deberían regentar el Subframundo, con la condición de nunca jamás retornar a la superficie, de lo contrario serían degradados como mortales. Cuando se les fue comunicada la sentencia, tomando aquello como decisión justa, ambos aceptaron.
Por fortuna, la Guerra contra los Dioscuros no fue tan cruenta ni tan larga como lo fue la Guerra contra el Horror Cósmico, pero sí fueron perdidas muchas criaturas y guerreros, nos decían los incorpóreos narradores, y una de las últimas víctimas fue Solaria, cuyo cuerpo fue severamente herido en la lucha, y ocupado por las sombras para apropiarse de los poderes de la ninfa, pero su espíritu fue salvado por la propia Selena, evitando que fuera absorbida por el enemigo. Por eso el espíritu de la Ninfa Solaria la acompañó a su destierro en el Subframundo, en señal de agradecimiento y por la imposibilidad de influir ahora en el mundo físico. Los dioscuros fueron vencidos con la combinación de los poderes de todos los primigenios, ninfas y legendarios juntos, y los seres impuros fueron arrastrados al centro de la tierra luego de que les fueran drenadas todas las almas que habían robado, las cuales residirían con Orion y Selena en su morada subterránea.
De este modo, finalizada otra batalla por el orden y la luz, el Primigenio Heliar, con paz en su corazón, partió al letargo en el espacio infinito, no sin antes dejar a cargo del Sol y de la Luna a las dos Ninfas Melusina y Calíope, regalándoles además algunos objetos que les permitirían defender al mundo de las adversidades y…
Hasta este punto llega el manuscrito, el resto de los cantos se han perdido, si bien se teoriza que se continúa con las aventuras de Melusina y Calíope y lo que a éstas les tocó afrontar.
Lo cierto es que este mito ha alcanzado un estatus de culto, inspirando variedad de obras artísticas, tanto en la literatura y la pintura como en el teatro y en la música. Por ejemplo, el poema épico compuesto alrededor del año 573 Después de la Fundación de Equestria, compuesto por dos juglares muy famosos que recorrían el reino recitándolo, que se centraba en la Guerra contra el Horror Cósmico. También podemos mencionar la oscura novela titulada "Eris y Nieve", entre las obras modernas, que aborda toda la compleja psicología detrás de las reacciones de estas ninfas por la pérdida de Sirius. Entre aquellas que abordan el drama por el amor entre Orion y Selena, no podemos dejar de nombrar la pieza teatral por Phoenix Clever y la impresionante ópera de Haylgang Trotzart, inspirada en la primera. O la magnífica serie de pinturas al óleo realiza por Pencil di Angelo, de la cual no se sabe dónde se encuentra la original pero es muy común hallar copias de todo tipo de calidad. Para finalizar, este mito es también una de las fuertes inspiraciones del escritor Hoofar Ponecraft, quien cifra muchos sucesos y amplía los más opacos en sus antologías de cuentos de horror. Hasta el día de hoy, ninguna otra clase de relator ha superado su narración sobre la corrupción del Primigenio Sirius en "El Llamado del Horror Cósmico".
