Bueno aquí les dejo el segundo capítulo de esta historia y agradecer a por su comentario y a los que leyeron esta historia aunque no hayan dejado uno. Saludos a todos.

Nota: Los personajes de este fic no me pertenecen.


Capítulo dos.- OSAS.

ANNA.

Me doy media vuelta y entrecierro los ojos al ver la luz que se cuela a través de las cortinas. ¿Cuánto bebí ayer por la noche? Está claro que demasiado.

-¡Buenos días, tesoro!- Grita Meg. Luego cierra la puerta de la habitación de una patada.

-De eso nada.

Me vuelvo a enterrar bajo las sábanas.

-¡Tengo café y magdalenas!

Tira de las sábanas y yo rujo abriendo los ojos.

-¿Por qué? ¿Por qué?

-¿Por qué? ¿Qué?

-¿Por qué me siento como si me acabara de pasar por encima un rebaño de ñus?

-Uno, no tengo ni idea de lo que es un ñu. Y dos, se llama resaca.

Meg me ofrece un vaso de papel de Starbucks y mi magdalena de chocolate preferida.

Me siento y los acepto.

-Gracias. ¿Cómo es que tú no te encuentras igual que yo?

-Soy una de las pocas afortunadas.- Se ríe y se deja caer sobre su cama.- Yo nunca tengo resaca pero al parecer tú sí. A Punzie le pasa lo mismo. Normalmente se queda todo el día en la cama.

-Me parece un buen plan.

Le doy un sorbo al café.

-No para hoy.- Canturrea.- Hoy tenemos que ponernos manos a la obra.

-¿Manos a la obra?

Me mira alzando las cejas.

-¿Recuerdas el trato que hicimos ayer por la noche? ¿Te acuerdas de tu misión, señora Bond?

Ah, sí. Seducir a la seductora.

-Pensaba que estábamos de broma.

-¿Cuándo he bromeado yo con algo tan serio como el sexo?

-De acuerdo, está bien.- Me doy por vencida y suspiro.- ¿A qué te refieres con eso de ponernos manos a la obra?

-¡Tenemos que idear un plan de ataque!

Se cruza de piernas al estilo indio y rebota un par de veces sobre la cama.

-Un plan de ataque.- Repito como una tonta.

-¿Acaso crees que podemos meternos en este bosque a ciegas? De eso nada, querida.- Niega con la cabeza.- Elsa Winter tiene más encanto que los duendes irlandeses.

-Que no existen.

-Y eso significa que es peligrosa. Tu meta es conseguir que se enamore de ti, pero si juega bien sus cartas, podrías ser tú la que acabara enamorándose de ella.

-Y entonces no podría usarla y dejarla, cosa que arruinaría el objetivo de la maniobra de seducir a la seductora.

Suspiro.

-¡Exacto!- Da una palmada.- Por eso tenemos que idear un plan completo que nos asegure que no vas a perder tu corazón mientras ella pierde el suyo. Porque eso sería un desastre.

-Meg, no sé.- Suspiro de nuevo.- Elsa Winter no se enamora. Si tiene alguna norma es precisamente esa, de ahí el sobrenombre de Ice Queen. Tengo un mes para hacer esto, ¿No es así? Ni siquiera sé si es posible.

-Nada es imposible si crees lo bastante en ello.

-Pero no sé si creo en ello.

-Creerás.- Afirma con seguridad.- Ya lo verás.

-Espero que tengas razón.- Contesto.- Porque esto tiene pinta de fracaso absoluto incluso antes de empezar.

Toc, toc.

Bella abre la puerta y entra en la habitación seguida de Rapunzel, que trae una cartulina enorme y varios rotuladores debajo del brazo.

-¿Qué es eso?- Pregunto observándola.

-Operación seducir a la seductora.- Contesta Rapunzel sentándose en el suelo justo entre las dos camas. Desenrolla la cartulina, utiliza dos libros para sujetarla y escribe OSAS (Operación Seducir A la Seductora) en lo alto del cartel.

Yo niego con la cabeza, incrédula. ¿De verdad voy a hacer esto? Pensaba que la universidad significaba madurar, pero me equivocaba. Me siento como si volviera a tener trece años y quisiera conseguir que el amor de mi vida admita que yo también le gusto.

-Deja de negar con la cabeza.- Bella se sube junto a mí en la cama.- Todo saldrá bien. Puedes hacerlo.

-Supongo que son conscientes de que en términos de amor y relaciones un mes es muy poco tiempo, ¿Verdad? Y cuando hablamos de Elsa Winter un mes es toda una vida.- Les comento.- ¿Quién dice que no se aburrirá en una semana y se irá a buscar a una de sus fulanas para que le caliente la cama?

-Tendrás que evitar que lo haga.- Dice Rapunzel con dulzura.- Tienes que conseguir que no quiera separarse de ti ni un minuto. Te doy una semana para echarle el lazo y despertar su interés; si consigues eso la tendrás en el bote.

-¿Una semana?

-Si consigues que no se despegue de ti en una semana, se enamorará en tres.- Aclara quitándole la tapa a un bolígrafo azul.- Paso uno:

Apego.

Lo anota en la cartulina y me da de plazo hasta el próximo domingo.

-¡Un momento, esto ni siquiera empieza hasta mañana!

-Te equivocas.- Meg niega con la cabeza.

Bella asiente. Ella piensa lo mismo que Meg.

-Los chicos han quedado para jugar un partido en el jardín de la casa de la fraternidad, obviamente Elsa estará ahí. Vamos a ir todas.

Resoplo.

-Está bien. Entonces empieza esta noche.

Rapunzel me sonríe con un bolígrafo verde en la mano.

-Paso dos, que será la semana que viene:

Exhibición pública y acoplamiento.

-¿Y eso en mi idioma significa…?- Pregunto frunciendo el ceño.

-Cogerse de la mano, besos en público, exclusividad.

Resoplo.

-Me parece que tienen demasiada fe en mí.

-Paso tres, tercera semana.- Prosigue Megara.- Aproximación al sexo y hacer pública la relación.

-¿Lo sabrá todo el mundo?

-Pues sí.- Bella me ve alzando una ceja.- Cuando le des la patada será mucho más satisfactorio si lo saben todos los que la conocemos y gente que ni siquiera sabemos quiénes son.

-Me parece un poco fuerte.

-Para ganar hay que ser cruel, pequeña.- Dice Meg.

-Tienen razón.- Afirma Punzie sin levantar la vista del cartel.- No me gusta mucho pensar que le vamos a hacer daño, pero esa chica necesita serenarse. Si ya es así de desconsiderada en solo cinco semanas de universidad, no quiero ni imaginar cómo será dentro de dos años. Alguien le tiene que dar una lección y rápido.

-¿Y por qué no hablas con ella?- Intento sugerir.- ¿Por qué recurrir a medidas tan extremas?

-Porque Elsa Winter solo entiende los extremos.

-De acuerdo. Supongamos que esto funciona.- Tamborileo el dedo contra la cama.- Y se enamora de mí. Le doy la patada y ¿Luego qué? Saben que no se quedará cruzada de brazos. Elsa intentará recuperarme. ¿Y entonces qué?

Todas se quedan calladas y Rapunzel se pone derecha llevándose la tapa del bolígrafo a la boca. Meg ladea la cabeza y Bella se muerde una uña.

-No había pensado en eso.- Dice Rapunzel en voz baja.- Si Els tiene alguna virtud…

-¿Aparte de las evidentes? - Bromea Bella.

-Aparte de las evidentes.- Punzie sonríe.- Es que siempre se esfuerza por conseguir lo que quiere. Chicas, odio tener que admitirlo, pero Anna tiene razón. Si se enamora de ella y ella pasa de ella, se volverá loca intentando recuperarla. No la dejará marchar tan fácilmente. Y eso si la deja marchar.

Yo abro los ojos como platos.

-¿Pero y si fuera Anna la que se enamorara de ella? - Pregunta Bella.- ¿Qué pasará si luego no puede dejarla?

-Por favor.- Niego con la cabeza.- Elsa encarna todo lo que odio. Es arrogante, egoísta y una pervertida. No es muy probable que vaya a enamorarme de eso.

-Pero también es divertida, muy considerada, y debajo de ese esa pose de playgirl, es la clase de chica que te encantaría presentar a tu madre.- Rapunzel suspira.- La conozco, Anna. Si quiere algo hará lo que haga falta.

-Entonces tendremos que recordarle cada día los motivos por los que la odia.- Propone Meg encogiéndose de hombros.

-Podría no ser suficiente.

-Lo será.- Contesto con firmeza.- Lo será.

-Está bien, volvamos al tema. Qué pasa si Elsa se enamora.

Bella se mece de delante a atrás balanceando las piernas.

-Pues ya pensaremos algo cuando llegue el momento. No sé qué otra cosa podemos hacer.

-De acuerdo. ¿Cuál es el último paso?- Pregunto.

-Paso cuatro: tirártela y mandarla de paseo.- Punzie lo escribe y lo subraya haciendo una floritura.- No creo que haga falta argumentar este punto.

-No.- Le doy la razón.- No es necesario.

Vuelvo la cabeza por encima del hombro y miro la colorida cartulina extendida en el suelo. Está dividida en cuatro fases y cada paso está perfectamente explicado. Suspiro preguntándome por qué narices las habré dejado convencerme para que haga esto.

ELSA.

Me seco la cara con la pequeña toalla. Las altísimas temperaturas de este otoño no son las mejores condiciones climáticas para jugar fútbol, me cuesta incluso respirar y eso que tengo excelente condición, ¡Odio el calor! apenas he podido lanzar el maldito balón.

No sé por qué acepte en primer lugar jugar con ellos. Suspiro. Ya recordé fue por Anna. Adam me convenció que la mejor forma de llamar la atención de la pelirroja es mostrándole mi cuerpo en todo su esplendor y sudando, que según Adam y Flynn esto es ¡Súper Hot!

-Descanso.- Grita Phillip Charmed.- Por favor.

Niego con la cabeza.

-Eres un blandengue, Charmed.

-Lo siento, pero soy de Maine y no estoy acostumbrado a estas temperaturas de desierto.

-No vivimos en el desierto, idiota.- Kristoff le da una colleja y volvemos donde están sentadas todas las novias y Anna.

-Pues lo parece.- Ruge Phillip.

Niego con la cabeza, cojo una botella de agua y me acerco a Anna y a las demás chicas seguido de Adam.

-Señoritas.- Sonrío a Anna y ella deja escapar una risita.

-Baja la guardia, Casanova.- Rapunzel se ríe y tira de mí para que me siente.- Nadie está interesado.

-Excepto yo.- Le guiño el ojo a Anna.

-Sí, Elsa, ya sabemos lo mucho que te interesas a ti misma.- Dice Bella poniendo los ojos en blanco.

-Adam, controla a tu chica.- Bromeo.

-Ten cuidado, Winter.- Contesta Bella.- O mandaré tu culo derechito a Tombuctú.

Sonrío y observo a Anna con el rabillo del ojo. Se está riendo en silencio.

Está guapísima con ese vestido atado al cuello que deja al descubierto sus bien torneadas y larguísimas piernas.

-¿Qué tal, Anna?

Me recuesto en el asiento.

-¿Qué hay, Elsa?- Contesta mirándome a través de sus rizadas y espesas pestañas.

-Mueve el culo.- Dice Kristoff sentándose junto a mí.- Chicas… Anna.

Hace un gesto con la cabeza en su dirección.

-Kristoff.

La ve esbozando una amplia sonrisa y a mí se me eriza un poco el vello de la nuca.

-¿Cómo estás, preciosa?

-Bien, ¿y tú?

-Mucho mejor ahora que te he visto, de eso no hay duda.

Le guiña el ojo y ella sonríe.

Yo entorno un poco los ojos y Rapunzel me da un codazo.

-¿Estás celosa, Els?

Resoplo.

-¿De Kristoff? Sí, claro.

-Lo que tú digas.- Susurra incrédula.- Pero te estás poniendo verde.

-Si tú lo dices…

-En serio, Els, si quieres hablar con ella, ve y hazlo. No te morderá.

-Eso podría gustarme.

-¡Eres una pervertida!- Niega con la cabeza.- Está clarísimo que te interesa, pídele que salga contigo.

-Yo no salgo con nadie, Punzie, ya lo sabes. Si decidiera llevarla a alguna parte no sabría ni adónde ir.

-¿Saldrías con ella?- Sonríe.

-Yo no he dicho ni que sí ni que no.- Contesto.- Pero podría valorarlo, si es que le interesan las chica.

-Al Starbucks. Le encantan las magdalenas de chocolate que sirven. Y si le interesan las chicas, es bisexual.- Sonríe satisfecha y divertida.- Deja que llegue a conocerte. No a Elsa la salida, sino a la Elsa de verdad, a la auténtica.

-Quizá lo haga.

Vuelvo a mirar a Anna y veo que nos está viendo a Punzie y a mí con los ojos ligeramente entornados. Aparta la mirada y yo niego con la cabeza.

Una cita. ¿Por qué no pensé en esa tontería cuando acepté el plan de Flynn y Adam ayer por la noche? ¿Por qué no tuve en cuenta que las citas formarían parte del juego? Era evidente.

Flynn nos llama para reanudar el partido y yo me levanto dándole mi botella de agua a Anna al tiempo que le guiño el ojo. Ella esboza media sonrisa al cogerla y puedo notar cómo me mira cuando vuelvo al campo.

Entonces Kristoff se quita la camiseta. Esto se ha convertido en una competición.

Todos sabemos que a Kristoff le gusta Anna y si quiero ganar el desafío que me lanzaron los chicos tendré que subir el nivel.

Miro por encima del hombro y veo que los ojos verdes de Anna están clavados en Kristoff. Mierda. Agarro la tela de mi camiseta y me la quito, me estiro y se la lanzo a Rapunzel.

Ella arruga la nariz y yo me río advirtiendo que los ojos de Anna vuelven a posarse en mí.

Bien.

Kristoff me ve con los ojos entornados y yo le dedico una sonrisa juguetona consciente de que sin camiseta quedando en puro top deportivo y a mi lado parece un niño de diez años.

Ocupamos nuestras posiciones y reanudamos el juego. Kristoff y yo parecemos enfrentarnos más de lo necesario y sé que está intentando hacerme quedar como una idiota. Por suerte eso ya lo sabe todo el mundo y por lo que al fútbol se refiere me da absolutamente igual.

Kristoff coge el balón y yo lo derribo con un placaje. Cae boca abajo sobre la hierba y maldice. Soy más fuerte que lo que dejo ver por mi apariencia.

-¿Qué narices haces, Elsa?

-He resbalado. Lo siento.

Sonrío.

-¡Y una mierda has resbalado!

Se levanta y se acerca a mí.

-Bueno, está bien.- Adam se pone entre nosotros y a mí se me tensan todos los músculos.- Baja el nivel de testosterona, es una chica. Solo es un partido de fútbol.

-Sí, Kristoff, relájate.- Lo provoco.- Soy sola una chica.

-Si estás intentando convencerla de que eres mejor que yo, te deseo buena suerte. Anna no es tan estúpida como tu clientela habitual.

Doy un paso adelante y Adam me pone la mano en el hombro.

-Elsa, no. Ve a calmarte un poco.

Inspiro hondo y asiento.

-Está bien.

Le doy una patada al balón y vuelvo con las chicas.

-¿No puedes jugar un partido sin convertirlo en una competición de cabreo?- Dice Rapunzel riendo.

Le lanzo una mirada desaprobadora, cojo mi camiseta y recupero el agua que le di a Anna.

-¿Va todo bien? e pr- Megunta con dulzura.

Le doy un trago al agua y la veo.

-Sí, todo genial, cielo.

-Bien.

Me sonríe y Meg suspira.

-Ya me aparto.- Dice fingiendo un tono molesto.

-Oh, Meg.- Digo sentándome en el sitio que ha dejado libre.- ¿Cómo lo has sabido?

-Tienes pinta de necesitar apoyar la espalda contra la pared.

Guiña el ojo y Rapunzel se ríe.

-O contra Anna.- Apunta Bella dejando escapar una risita.

Miro a Anna y se le sonrojan un poco las mejillas.

-Apoyaría muchas más cosas contra Anna, pero ninguna es apta para la exhibición pública.

Ella abre y cierra la boca una sola vez. Rapunzel, Bella y Meg se deshacen en carcajadas y yo le doy un suave golpecito con el codo a Anna.

-Lo siento. ¿Te he incomodado?

-No.- Se esfuerza por contestar.- En absoluto.

Me río y le rodeo los hombros con el brazo.

-A mí me parece que sí y te pido disculpas. No era mi intención.

-No pasa nada.- Contesta poniéndose un poco tensa.

-Sí que pasa.- Insisto.

-¡Se acabó el partido!- Grita Rapunzel y se levantan todas.

Me pongo en pie y le ofrezco la mano. Anna posa la suya en la mía y tiro de ella sin dejar de sonreírle.

-Gracias.

Sonríe y recupera su mano para ir tras las chicas.

-Oye, Anna.- Le digo.

Se detiene y se vuelve hacia mí poniéndose un mechón de pelo detrás de la oreja.

-¿Sí?

-Mañana tenemos Literatura Inglesa, ¿Verdad?

-Sí.

-¿Tienes alguna clase antes?

-No, tengo una hora libre. Normalmente voy a estudiar a la biblioteca.

-¿Harías una excepción mañana? - Le pregunto apoyándome contra la pared sin dejar de mirarla.

-¿Para qué?

Sonríe un poco.

-Podríamos tomarnos un café antes de clase. Dicen que te gustan las magdalenas de Starbucks.- Tiro de uno de sus mechones de pelo y la diversión se refleja en sus ojos.

-Elsa Winter, ¿Me estás pidiendo una cita?- Alza una ceja.

-Mmmm.- Observo mi alrededor y veo a Rapunzel de espaldas. Asiento una vez con sequedad.-Sí, eso hago.

-Pues dilo.- Me suelta.

-¿Que diga el qué?

-Quiero oírte decir que me estás pidiendo una cita. Esto debe ser histórico.

-¡Oye!- Protesto.- Está bien. Anna, ¿Te gustaría salir conmigo mañana para ir a tomar un café antes de la clase de Literatura?

Ella esboza una enorme sonrisa.

-Me encantaría.

-Entonces, ¿Nos vemos en la puerta de Starbucks una media hora antes de clase?

-Tenemos una cita.- Afirma y se da media vuelta en dirección a las chicas.

Yo suelto el aire y niego con la cabeza. Joder.

ANNA.

Doy un rodeo para pasar por mi habitación después de la primera clase de la mañana. Cierro la puerta con fuerza y me apoyo contra ella negando con la cabeza.

Estoy a punto de salir con Elsa Winter, la playgirl del campus, y todo por culpa de un estúpido desafío. ¿Pero lo estúpido es el desafío o soy yo por haber aceptado?

Creo que votaré por ambas opciones.

Me paso un cepillo por el pelo y me retoco el maquillaje mirando de reojo la cartulina colgada en la pared. Paso uno: Apego. El objetivo de hoy es dejarla con ganas de más, conseguir que vuelva mañana. Suspiro, salgo de la habitación y bajo las escaleras en dirección al sol de California. Mi vaporosa falda se balancea cuando ando en dirección a la cafetería del campus y noto el alocado aleteo de un centenar de mariposas en el estómago. ¿Por qué tengo mariposas en el estómago? Yo odio a esta chica. Ni siquiera es una cita de verdad.

Ese pensamiento no impide que mi corazón lata con más fuerza cuando la veo. Está apoyada contra la pared, lleva los auriculares puestos y su cabeza se mueve al ritmo de lo que sea que esté escuchando. Tiene las manos metidas en los bolsillos de unos jeans ajustados de color azul oscuro. Justo en ese instante, y como si pudiera sentir mi mirada, levanta la cabeza y sus ojos azul eléctrico se encuentran con los míos. Me sonríe cuando me acerco y las mariposas que tenía en el estómago se convierten en una estampida de elefantes. Voy a vomitar.

-Hola, cielo.- Me saluda Elsa, y alarga el brazo para abrirme la puerta.

-Hola.- Le contesto entrando en el local.- Gracias.

-De nada.- Me posa una mano en la espalda y me guía hasta el mostrador.- ¿Qué vas a tomar?

-Un frapuccino doble con pepitas de chocolate, por favor.- Sonrío al ver su expresión confundida.

-¿Pepitas de chocolate en el café? ¿Por qué?

-¿Y por qué no? -Me encojo de hombros.- Está buenísimo.

-Está bien. Lo probaré.

-¿Qué sueles tomar tú?

-Pues café normal. Ya sabes, lo que bebe la gente corriente.

Se ríe.

-¿Estás diciendo que no soy normal?- Alzo una ceja al tiempo que me acerco al mostrador.

-En absoluto.- Sonríe.- Hola, ¿Me das… mmm…? ¿Me lo repites?

Me ve avergonzada.

Yo suspiro, pongo los ojos en blanco y niego con la cabeza.

-¿Nos das dos frapuccinos dobles con pepitas de chocolate, por favor?

-Y dos magdalenas de chocolate.- Añade Elsa mirándome. Me ruborizo un poco y ella deja resbalar la mano hasta posarla en mi cintura. La camarera no deja de observarla mientras nos prepara el pedido. Tengo que esforzarme para no volver a poner los ojos en blanco. Cogemos los cafés y Elsa paga.

-¿Siempre te pasan estas cosas?- Le pregunto mientras nos sentamos.

-¿Qué cosas?

-Eso de que las chicas te miren.

-¿Quién me miraba?

-La camarera. ¿No te has dado cuenta?

Encoge un hombro con despreocupación.

-No suelo prestarles mucha atención. Y si son lo bastante guapas como para llamar mi atención, entonces me fijo en ellas.

-Vaya, me siento muy halagada.- Le digo con sarcasmo.

-Oye.- Alza sus perfectas cejas delineadas.- He salido contigo, así que no solo eres lo bastante guapa, Anna. En realidad es muy probable que seas demasiado guapa.

Le doy un sorbo al café y pellizco la magdalena para meterme un pedacito en la boca.

-¿Y entonces por qué estás aquí si soy demasiado guapa?

-Porque nunca lo sabré si no lo intento, ¿No?- Me dice.- Es lo mismo que este café. Jamás habría sabido lo bueno que está si no lo hubiera probado. Nunca sabré si soy lo bastante buena para ti si no lo intento.

Vaya. Elsa se muere por meterse en mis bragas. Y mucho.

-Un punto para ti.

Sonrío.

-Y Kristoff te ha echado el ojo. No se me dan bien las competiciones.

-Ah, entonces lo de ayer iba de eso.

¿Se peleaban por mí?

Cavernícolas…

-Hay cierta probabilidad de que tengas razón, preciosa.

-Yo diría que hay muchas probabilidades.- Suspiro.- ¿De verdad se estaban peleando por mí?

¿Por mí? Vaya.

Niego con la cabeza.

-No te sorprendas tanto, Anna. No somos los únicas personas de esa casa que están interesados en ti.- Admite.

-Y pensaste que querías ser la primera.- Comento con ironía.

-Sí. Quiero decir, no. Quiero decir. Diablos.- Ruge.- No pretendía que sonara así.

Alzo las cejas y miro el reloj.

-Sí. Quería ser la primera, pero solo porque me pondría muy celosa si te viera con alguien más.

-Claro.- Le digo.- Tenemos que ir a clase. Empieza dentro de cinco minutos.

Elsa suspira y las dos nos ponemos en pie. Cojo el vaso de café con ambas manos y salgo del local. Volvemos en silencio hacia el edificio principal del campus y casi deseo que no tuviéramos una clase juntas. Por mucho que odie a Elsa, esto de no hablar es muy incómodo.

-Anna.- Dice tirando de mí antes de que entre en clase.- No pretendía que saliera así. Lo siento.

Volteo en dirección a la puerta abierta de la clase.

-No es para tanto, Elsa. Tú nunca sales con chicas, ¿No? Ahora ya sabes por qué.

Alarga el brazo y me coloca un mechón suelto detrás de la oreja.

-Pues a mí sí que me importa. Déjame volver a intentarlo, por favor.

Entorno los ojos y le veo.

-¿Me estás pidiendo otra cita?

-Sí.- Dice con suavidad.- Te estoy pidiendo otra cita.

-Lo pensaré y te llamaré.

-No tienes mi número.

Me dedica una pequeña sonrisa.

Camino en dirección a clase y me vuelvo para mirarle cuando llego a la puerta. Sigue apoyada sobre un costado observándome con la misma sonrisa en los labios.

-Entonces supongo que tendrás que esperar, ¿No?- Sonrío y Rapunzel dobla la esquina. Su mirada se alterna entre las dos.

-¿Cuánto tiempo?- Pregunta Elsa.

-El tiempo que me apetezca hacerte esperar.- Mi sonrisita se convierte en una enorme.- Venga, vas a llegar tarde a clase.

Cruzo la puerta con Rapunzel y nos sentamos en nuestros sitios.

-¿Segunda cita?- Me susurra al oído.

-Sí.- Contesto.- Pero ella aún no lo sabe.

ELSA.

Me paso toda la clase viéndola. ¿Hacerme esperar? Yo no espero a nadie, pero aquí estoy.

Esperando.

Niego con la cabeza tratando de ignorar mis pensamientos e intento concentrarme en la lección, pero es imposible. La chica a la que debería estar enamorando es quien lleva la batuta. Supongo que esto es lo que pasa cuando metes la pata en la primera cita, ¿Verdad?

Qué asco. Esto es un desastre y solo es el segundo día. ¿Y dónde narices se supone que debo llevarla para una segunda cita?

La clase termina y yo sigo a Anna y a Rapunzel hasta el pasillo. Tiro cariñosamente del pelo de Punzie cuando paso por su lado y dejo resbalar los dedos por el brazo de Anna. Ella levanta la mirada y me sonríe. Le guiño un ojo y me voy en dirección opuesta camino a los dormitorios.

Cuando llego Adam está sentado en el sofá y tiene los pies apoyados en la mesa.

-¿Cómo ha ido?

-Pues como era de esperar, he metido la pata.- Me dejo caer junto a él

-No tengo ni idea de cómo va esto de las citas. No puedo creer que me esten obligando a hacer esto.

-Yo no te estoy obligando a hacer nada.- Contesta.- Tú accediste a hacerlo.

-Ya, bueno, pues suponiendo que acepte, tengo que encontrar un sitio al que llevarla en nuestra segunda cita.

Adam se ríe.

-¿Qué te parece tan divertido?

-¡Elsa Winter pidiendo consejo sobre citas!- Se ríe.- Jamás pensé que llegaría a ver este día.

-Y yo nunca pensé que llegaría el día en que tendría una maldita cita.- Me quejo.

-Proponle quedar este viernes.

-¿El viernes? Para eso quedan cuatro días y es noche de fiesta.

-¿Qué mejor forma de demostrarle que vas en serio que pasando de tu propia fiesta?- Adam alza las cejas.

-¿Y adónde llevo a la princesa para nuestra cita?

-¿A la playa? A dar un paseo bajo las estrellas.- Sugiere Adam poniendo voz de chica y suspirando.

-Buena idea.- Murmuro- ¿Y hasta entonces?

-Aparece cuando menos se lo espere. Pasa tiempo con ella.- Se encoge de hombros.- Esas tonterías funcionaron con Bella.

-Claro. Me dijo que cuando tenía tiempo libre entre clases se iba a la biblioteca. ¿Qué tal?

-Pídele a Rapunzel que te diga qué horas tiene libres, siempre que no desconfíe.

- Amigo, ella fue quien me dijo adónde podía llevar a Anna la primera vez que salimos. Estoy seguro de que Rapunzel tiene sus propios planes.

Me ve con complicidad.

-Entonces asegúrate de que tú te ciñes al nuestro y no caes en el suyo.

-Yo no me enamoro, Adam.- Resoplo al pensar en ello.- Y menos de princesitas como Anna.

-Y, sin embargo, estás dispuesta a fingir para tirártela.

-Los fines desesperados precisan medidas desesperadas, amigo. Yo siempre consigo lo que quiero, y quiero acostarme con Anna.

-En ese caso, espero que sepas lo que estás haciendo. Todos sabemos cómo es Rapunzel cuando se le mete una idea en la cabeza.

-Las ideas de Punzie se pueden quedar a vivir en su cabeza. Nunca les presté atención cuando era niña y no voy a empezar a hacerlo ahora. Además, este asunto con Anna ni siquiera es real. Solo es un juego.

-¿Un juego de amor?- Adam se ríe.

-Algo parecido. Pero aquí la que se enamora pierde.

-Y Elsa nunca pierde, ¿No?- Adam sonríe con ironía.

-Exacto.