Capítulo 2

―Bien, quiero agradeceros a todos lo bien que salió ayer la captura. Neal Fire es un mafioso, ladrón, asesino y estafador que lleva tomándonos el pelo muchos años. A causa de sus relaciones, siempre se nos ha escurrido de entre los dedos. Pero hoy, estoy orgulloso de deciros que está tras los barrotes y que ahí se quedará por un buen tiempo.

Todos los agentes presentes en la sala aplaudieron, solo la agente Mills se mantuvo discreta sobre ese éxito.

―Ahora, debemos concentrarnos en el después. Ni hablar de que se libre de esta. Evidentemente, va a poder pagarse una caterva de abogados, uno más corrupto que el otro, que intentarán desmontar todo lo que hemos conseguido sobre él y sus chanchullos. Y si bien es verdad que nuestra información está bien guardada, no podemos decir lo mismo de los más cercanos a Fire. Estamos hablando, evidentemente, de su mujer y de su hijo. Este último no sabe nada que pueda ayudarnos, pero su mujer por el contrario podría sernos de gran ayuda. Pero más allá de eso, ella sigue siendo una víctima y también la más cercana a Fire, junto con su hijo. Seguramente él hará todo lo posible por localizarlos y acercarlos a él, y por lo que respecta a su mujer, hacerla callar definitivamente.

Entonces algunos murmullos se escucharon y el jefe de la policía tomó el relevo.

―Ella y su hijo van a entrar en el programa de protección de testigos desde hoy y esta misma noche serán sacados del hospital donde se encuentran. Para ello, hemos tenido que elegir a un agente de confianza para quien esta misión tiene un significado particular.

―Hemos decidido adjudicarle a la agente Regina Mills la protección de Emma y Henry Fire.

―¿QUÉ?

La voz de Regina se elevó entre la multitud, captando las miradas sobre ella. Su superior carraspeó.

―Bien, pueden marcharse

Todos los agentes y policías sabían que les era mejor no quedarse por los alrededores. Se esfumaron enseguida, dejando a la agente Mills sola con su superior.

―Agente Mills, a mi despacho

―No es necesario ir tan lejos. ¿De qué va esa historia?

―Hemos decidido que…

―¿A quiénes se refiere ese hemos? Visiblemente la principal interesada no estaba presente.

―Regina, stop. Déjeme explicarle

―…

―Sé hasta qué punto esta investigación, su desarrollo y su término le es importante. Lleva trabajando en él desde hace años.

―Y precisamente, me dejan de lado

Él levantó la mano para hacerla callar.

―No la estamos dejando de lado. Nos proponemos que sea usted misma quien lleve esta investigación hasta el final.

―…

―Admítalo, su mujer es un elemento clave y usted no estaría tranquila dejándole este caso a cualquiera.

―…

―Así que será usted quien se encargue de proteger a los Fire en su nuevo destino durante el tiempo que dure el proceso.

―¿Cuánto tiempo?

―De momento, no hay fecha para el juicio. Pero es muy posible que él quiera acelerar las cosas para meternos miedo…Él piensa seguramente que nos falta tiempo para acumular las pruebas, el idiota.

―¿Corre ella verdadero peligro? Quiero decir, si ella tuviera información crucial, se sabría, ¿no?

―Sigue siendo una amenaza para él. Al abrigo de su mansión, ella no era una amenaza, pero en el exterior…Quién sabe lo que ella podría decir. La menor información puede ser crucial.

―Ella está perdida…

―Precisamente. Encerrada desde hace tanto tiempo, seguramente ha perdido sus puntos de referencia…Hace años que su marido le lava la mente con que el mundo exterior es peligroso, que los de fuera son sus enemigos. Ella siente desconfianza, hay que volver a transmitirle confianza.

―¿Y me lo pide a mí?

―Por dos razones: la primera es que usted es una mujer, eso ya da confianza. Y la segunda: ha trabajado tanto en el caso que ciertamente conoce a esa mujer mucho mejor que ella misma.

―…

―Regina, la conozco. Sé que si le pasara algo, se comprometería parte de la investigación, y eso, usted no lo soportaría. Así que, lógicamente le confío esta misión.

―¡Pero, ya he dejado atrás la edad para ser canguro!

―Esa mujer está destrozada, perdida y mentalmente frágil. Ha estado bajo el yugo cerca de diez años. Ha tenido un hijo con él. Su obsesión es que su hijo esté bien. Si se gana la confianza del pequeño, será pan comido con la madre.

―¿Por qué haría yo eso?

―Para obtener alguna información útil antes del comienzo del juicio.

―…

―Sé que esto no le agrada mucho…Pero no tenemos elección. Los padres de Emma Fire se han manifestado, ellos desean renovar el contacto con su hija y nieto al que jamás han visto. Pero solo podemos prometerles eso después del juicio, y si todo transcurre bien.

―Lo entiendo

―Entonces, estamos de acuerdo. Aquí tiene los papeles que va a necesitar: de identidad, seguridad social, para ella y su hijo. También tendrá una cuenta bancaria a su nuevo nombre. Una suma bastante importante que le servirá mientras estén escondidas.

Regina tomó el dossier.

―¿A dónde vamos? ¿Europa?

―Oh, menos lejos…

―¿Canadá?

―Más frío…

Regina frunció el ceño y balanceó un poco la cabeza a modo de abandono.

―¿Dónde?

―Alaska

―Usted…¿Qué? ¿Habla en serio?

―Es el único estado lo bastante alejado, pero que aún así sigue estando bajo jurisdicción americana.

―¿Está de broma? ¡También existe Hawai!

Su jefe rió.

―¿Una isla? Lo dice en serio

―Alaska, ¿de verdad? Hace frío, está donde el diablo…

―Ideal para perderse. Además, estamos en verano, el tiempo es perfecto.

―…

―Bien, sacará a Fire y a su hijo esta misma noche. No hay que perder tiempo.

―Hey, espere, ¿aquí no dice nada del lugar exacto donde nos dirigimos?

―Porque no dice nada.

―¿Qué quiere decir?

―Tengo miedo de las fugas. De ahí que nadie esté al corriente del lugar exacto al que se dirige, ni siquiera yo.

―Entonces, ¿todo descansa en mí y en mi intuición para encontrar el lugar ideal?

―Tiene hasta esta noche para estudiar el asunto y encontrar el lugar ideal para el retiro de los tres.

―Super, lo estoy deseando―soltó irónicamente la bella morena

―Perfecto. Entones, esté lista. Los agentes estarán en su sitio para efectuar el traslado, después, será su turno para actuar.

―…

―Regina, esto parece una misión superficial, pero con Neal Fire uno puede esperarse cualquier sorpresa y cosa inesperada. No olvide que tiene contactos por todas partes, quizás incluso en Alaska.

―Al final hubiese sido mejor marchar a Europa―ironizó ella

―Quizás sí. Pero de momento debe contentarse con Alaska.

Ella miró una última vez el dossier que contenía fotos de Henry y de su madre y suspiró.

―Pues allá vamos


Tal cual estaba previsto, Regina estudió el terreno durante todo el día: los accesos, el trayecto, el tiempo de recorrido, los posibles lugares donde esconderse el tiempo del juicio. Y tras algunas dudas, se detuvo en un pequeño pueblo en una isla perdida de Kodiac, a algunas millas de la costa de Alaska. Contactó con una agencia inmobiliaria y encontró el perfecto alojamiento al borde del mar, perdido en mitad del bosque. Salvo que uno conociera el sitio, era imposible para un extraño encontrar ese chalet por azar.

Evidentemente, ese tipo de lugar era también perfecto para esconder un crimen o incluso un cuerpo, pero Regina se esforzaría por equipar lo mejor posible ese sitio: cámaras, el sistema de seguridad más avanzado, alarmas…

Una vez segura de su elección y con todo listo, abandonó su coche para partir en taxi hasta una empresa de alquiler de coches. Alquiló una pick-up discreta y unas llaves maestras, antes de dirigirse al hospital sobre las once de la noche. Su jefe le había pedido explícitamente que fuera a buscarlos a medianoche, sin advertir a nadie.

―Tomo el relevo…―soltó ella al llegar a la habitación de Emma Fire ―¿Su hijo está con ella?

Los agentes de policía apostados delante de la puerta asintieron.

―No la ha dejado en todo el día.

―Ok, gracias, pueden ir a hacer…Lo que quieran: café, pitillo, da igual.

―No debemos dejar nuestro puesto

―Yo os sustituyo.

―Pero…

―Hagan una pausa. En serio, chicos, casi es medianoche, ¿qué piensan que va a pasar?

Los dos agentes se miraron ante de suspirar y de sonreír, y de dejar después el lugar. Regina reviró los ojos antes de entrar en la habitación y ver a Emma y a Henry durmiendo en la misma cama.

―Miss Fire…Miss Fire…¡Emma!

La bella rubia se sobresaltó y el primer reflejo que tuvo fue poner una de sus manos sobre su hijo, pegado a ella.

―¿Agente…Mills?

―Es la hora

―¿La hora? ¿La hora de qué?

―La hora de marcharnos. Levántese, vístase, y a su hijo también. Tenemos diez minutos.

Emma se levantó, haciendo gruñir a Henry. Se vistió rápidamente con unos sencillos vaqueros una camiseta y un suéter beige. Después despertó con cuidado a su hijo.

―Henry, ven, cariño.

―¿A dónde vamos?―refunfuñó él

―Vamos a hacer un pequeño viaje…Vístete, rápido

El pequeño se dejó vestir como una muñeca de trapo antes de arrastrar sus pies fuera de la habitación. Con discreción y eficacia, Regina los condujo hasta el aparcamiento, y después hacia la puck-up.

―¿A dónde vamos?

―Lo sabrá bastante pronto―dijo Regina, con su atención puesta en la carretera.

Y así fue buena parte de la noche, hasta que Henry se despertó, temprano en la mañana.

―Mamá…

―Cariño…

―¿Dónde estamos? ¿Por qué estamos en un coche?

―Calma…Vamos a hacer un pequeño viaje

―¿Cómo unas vacaciones?

―Algo así, sí―sonrió Emma

―Quiero hacer pipí…

Regina reviró los ojos.

―No tenemos tiempo

―Hemos estado viajando cinco horas sin parar. Usted necesita un descanso.

―Todo marcha bien

―¿Y tener un accidente entra en sus planes?

Regina la fusiló con la mirada antes de suspirar.

―¡Muy bien!

Se pararon en un área de reposo donde había una pequeña gasolinera.

―Deprisa

El tono seco de la joven no dio tiempo a replicar. Entraron los tres en la estación y Regina acompañó a Emma y a su hijo al baño. Al cabo de unos minutos, salieron.

―Mamá, tengo hambre…

―¿Podemos tomar algo?

―No tenemos tiempo, me gustaría atravesar la frontera en una hora.

Emma se acercó a ella.

―Tiene siete años, está perdido, asustado y con hambre.

Regina tomó aire como si fuera a responderle, pero finalmente, exhaló fuertemente y desvió la mirada.

―Ok, tomen algo para el viaje

Emma asintió ligeramente.

―Gracias

―Pero dese prisa

Emma y Henry recorrieron los estantes y cogieron patatas fritas, cereales, bebidas y algunos sándwiches.

―¿Usted no coge nada?―preguntó Emma en la caja

―No tengo hambre

―Pero aún nos queda camino, ¿no? Ha dicho que vamos a cruzar la frontera, ¿vamos a Canadá?

―¡Chut!―ordenó Regina

―¿Por qué chut? ¿A quién le puede interesar aquí? ¿A ese empleado de la gasolinera?―dijo irónica Emma

―Jamás se es lo bastante prudente. Aún estamos en Estados Unidos, un territorio donde su querido marido tiene muchos contactos.

―…

Regina sabía que la joven ya estaba asustada por las garras que su marido tenía por todas partes. Tendría más cuidado la próxima vez. Suspiró antes de girarse hacia un estante de ensaladas y sándwiches. Cogió una ensalada césar y un smoothie de fresa.

―Ya está, ¿contenta?

Emma sonrió

―Sí

Ellas pagaron, Regina llenó el tanque de gasolina y se marcharon mientras Henry hojeaba una revista infantil que su madre le había comprado. Al cabo de unos diez minutos, Emma se atrevió a abrir la boca.

―Yo…¿Puedo poner música? No es que nos aburramos, pero…No se puede decir que usted sea muy locuaz.

―¿De qué quiere hablar?

―Bah, no sé. De lo que estamos a punto de hacer. Quiero decir, nos secuestra literalmente en mitad de la noche, no nos dice nada de lo que viene a continuación. Imagino que partimos hacia Canadá, dado que vamos a cruzar la frontera dentro de poco.

―…

―La protección de testigos nos obligan a adoptar una nueva identidad. ¿Cuál será la nuestra?

―Swan

―¿Swan? ¿Qué es? ¿El nombre en clave de la misión?

―Ahora se llamarán Manuela y Harry Swan

―Tiene siete años, jamás se quedará con su nuevo nombre.

―Pues tendrá que aprenderlo. De todas maneras, intentaremos tener la menor interacción posible con los lugareños.

―No debería ser demasiado difícil…―gruñó Emma cuyo estilo de vida en los últimos años la inspiraba.

―…

―Sé lo que piensa

―¿Ah sí?

―Que he sido una estúpida por quedarme con él, por haberme dejado controlar de esa manera…

―No pienso eso. La veo como una víctima, no como una cómplice. Usted es como una mujer golpeada y de la que su marido abusa. A pesar de la jaula de oro en la que vive, sigue siendo una jaula.

―…

Emma bajó de repente la mirada y Regina, si no tuviera la mirada fija en la carretera, habría jurado ver una lágrima deslizarse por la mejilla de la rubia.

―¿Miss Fi…Emma?

―…

Regina sintió de repente frío: ¿qué había dicho? ¿Qué había o no hecho? Ella había tenido pocas oportunidades para hablar con las víctimas. Siempre había realizado sus investigaciones lejos de los "humanos", prefiriendo el papeleo al contacto humano. Con el tiempo, se había cerrado, pero eso hacía que su trabajo fuera mejor. Sobresalía en lo que hacía, y era consciente de ello. Era el orgullo de los otros, de sus colegas, pero también de su familia.

―Emma, lo siento, ¿acaso he dicho…?

―Henry, ¿tienes sed?―cortó la bella rubia girándose y limpiándose rápidamente la mejilla.

―Sí, ¡zumo de naranja!―dijo alegre el chico antes de pasar su cabeza por el hueco entre los dos asientos delanteros ―Señora, ¿hemos llegado?

―Llámame Regina

―De acuerdo…Regina, ¿hemos llegado?

―Henry, stop

―No, deje―entonces aflojó la velocidad y se detuvo en el arcén ―Henry, ¿comprendes lo que está pasando?

―Bueno…Vamos a pasar unas vacaciones, lo ha dicho mamá

―Es más complicado que eso. Vamos a hacer un juego, ¿ok?

―Ok

―Vamos a estar en una nueva casa, y mientras estemos en esa casa, tendremos nuevos nombres.

―¿Por qué?

―Es como un juego

―¿Y qué ganamos?

―El regalo más bonito que te imaginas

―¿Un perro?―dijo él entusiasmado

―¿Por qué no?

―¿Agente Mills?―reprobó Emma

―¡Super guay! ¿Cuándo comenzamos a jugar?

―Vamos a empezar a aprendernos nuestros nuevos nombres: ahora, te llamarás Harry

―¿Harry? Es raro, es casi como Henry

―Entonces no será tan difícil

―¿Y mamá?

―Seguirás llamando a tu mamá, mamá, pero Emma se convertirá en Manuela.

―Es un nombre bonito, aunque prefiero Emma. ¿Y usted?

―¿Yo?

―¿También va a jugar?

―Oh, euh…

―…Sí, evidentemente que va a jugar―sonrió sádicamente Emma ―Ella será Gina.

―Detesto ese mote…―gruñó Regina

―Desafortunadamente, no hay elección, ¿no es verdad?

―Efectivamente―respondió con amargura la bella morena

―¡Guay! Entonces vamos a jugar todos, y yo voy a ganar. ¡Quiero mi perro!

―Para eso, jamás deberás pronunciar nuestros verdaderos nombres. Si lo haces, habrás perdido.

―¿No tengo otra posibilidad?

―Solo podrás cuando estemos solos. Pero con los demás…

―¡Entendido! Es extraño este juego, jamás he jugado.

Regina sonrió

―Lo lograrás, porque según tu mamá, eres un muchacho muy inteligente y especial.

―¿Especial?

―Lo comprenderás más adelante. Hemos llegado a la frontera―dijo ella señalando con la cabeza.

Emma y Henry miraron entonces las barreras y la aduana.

―Solo estamos a mitad del camino―susurró Emma

―Lo que viene será más rápido

―¿Ah sí?

Regina sonrió como toda respuesta. Y tras haber pasado sin problemas la aduana, se dirigieron hacia la estación.

―¿Un tren? ¿Vamos a coger el tren?―se inquietó el niño ―Pero…¿Y el coche?

―Lo dejamos aquí. Otro nos espera cuando lleguemos.

―¡Wow, genial!

―Venga, vamos

Y tras enseñar los papeles, subieron los tres en el tren, Henry se sentó entre Regina y Emma. La azafata ofreció al pequeño un kit para colorear que él en seguida cogió. Emma se quedó dormida y Regina se puso a leer un libro. Al cabo de quince minutos, Henry se removió.

―Quiero ir al baño…―Regina lanzó una ojeada a Emma, aún dormida, antes de suspirar.

―Venga, vamos.

Ella se levantó, seguida del pequeño, y lo condujo hasta el baño.

―¿Te quedas ahí, no?

―Por supuesto, venga, date prisa

Él desapareció tras la puerta y Regina esperó pacientemente durante algunos minutos antes de que la puerta se abriera de nuevo y apareciera Henry con expresión apenada.

―¿Qué ocurre?

―No logro lavarme las manos…Se mueve mucho…

―Oh…Espera, te ayudo―ella se acercó, poco segura de lo que realmente debía hacer, y elevó al pequeño que pasó las manos bajo el grifo que se accionó, pero un movimiento del tren hizo que las manos del pequeño chocaran contra el grifo provocando que el chorro salpicara el rostro de Regina. Ella esbozó un movimiento de retroceso, casi perdiendo el equilibrio, y agarrando por los pelos a Henry.

―Henry, ¿estás bien?

―Sí…Pero estoy todo mojado.

―No es grave. Se secará

Él se dio la vuelta y la miró

―Tú también estás mojada

Ella sonrió y le acarició con un pañuelo sus mejillas perladas por las gotas de agua.

―Gracias― murmuró el pequeño.

Él cogió a su vez el pañuelo e imitó los gestos de Regina secando las mejillas de la joven, que entonces sonrió, después salieron y se unieron a Emma que aún dormía.

Regina intentó retomar la lectura, pero al cabo de algunos minutos, Henry le tocó el brazo.

―Mira mi dinosaurio, ¿está bien dibujado?

Regina echó una ojeada a su dibujo y vio algunas líneas negras y torcidas trazando el perfil de un dinosaurio.

―Es…Sí, es bonito

―Aún no sé hacerlo muy bien, y además el tren se mueve…―se excusó Henry

―No, no, está realmente bien

―Yo jamás he estado en el colegio…―murmuró

El corazón de Regina se encogió

―¿Quién te daba clases?

―Se llama Archie. Es muy bueno…

―¿Te hacía aprender muchas cosas?

―Sí, y mamá también

―¿Qué te enseñaba ella?

―Ella me enseña a leer. Me encantan las historias…¡Mamá las cuenta muy bien!

Regina sonrió antes de echarle una rápida ojeada a la bella rubia que aún dormía.

―Tienes suerte.

―Sí, lo sé…―sonrió él.

Finalmente, al cabo de algunos minutos, Henry se unió a su madre en el país de los sueños mientras que Regina pudo continuar leyendo serenamente.


Emma se despertó con un tremendo dolor de cuello. Se estiró suavemente y se giró para ver a su hijo que se había quedado dormido sobre el brazo de Regina, que también estaba dormida, con el libro en las manos. Ella sonrió y recolocó un mechón de cabello de su hijo antes de mirar a Regina, que dejó caer su cabeza sobre el cráneo del muchacho. Ella dudó, queriendo recolocar también un mechón de cabello de la agente. Pero de repente el tren dio una sacudida brutal y Regina se despertó sobresaltada. Emma desvió la mirada mientras que Regina se desperezaba, al darse cuenta de la posición en la que se encontraba. Miró su reloj: solo quedaban unos minutos antes de llegar a destino. Giró su cabeza y se cruzó con la mirada de Emma.

―¿Ha dormido bien?―preguntó la bella rubia

―Se puede decir que sí…Ya llegamos

―¿Y ahora qué viene?

―Recogemos el coche y volvemos a cruzar la frontera, dirección Alaska.

―¿A…Alaska? Pero…

―No es tan dramático…En esta época, el tiempo es clemente.

―Pero…¡Es la otra punta del planeta!

―Es ese el propósito. Le recuerdo que no vamos de verdad de vacaciones.

―¡Chut!―cortó Emma señalando a Henry, dormido, con la mirada.

―Estáis en el programa de protección de testigos. Así que tenemos que ser discretos―murmuró ella

―Lo sé…¿Pero mezclarnos con la población no habría sido más juicioso? Quiero decir: un chalet en medio de ninguna parte, es la escena del crimen perfecto. No en vano las pelis de terror se desarrollan en esos sitios, ¿no?

―Evidentemente nos mezclaremos con la gente, pero de todas maneras debemos ser discretas.

―Y eso querrá decir entonces estar encerradas en ese sitio el máximo de tiempo posible. Por cierto, ¿dónde es ese sitio?

―Lo sabrá en su momento.

―¿En serio? ¿Quién puede escucharnos aquí? Estamos solos en ese vagón. Quizás mi marido sea listo, pero está lejos de ser tan astuto como para eso…

―…

―¿De verdad cree que podría ponerme en contacto con él?―ella rió ―Está mucho mejor dónde está…

Regina la miró y de repente el rostro de la bella rubia se ensombreció. La agente entonces suspiró.

―La isla de Kodiac. Vamos a la isla de Kodiac. A un pequeño pueblo de pescadores, Storybrooke.

―¿Storybrooke?

―Sí, lo sé…He alquilado un alojamiento al borde del mar. Está a diez minutos en coche del pueblo.

Emma le sonrió, agradeciéndole implícitamente esa información. Después el tren llegó a la estación y Regina, Emma y Henry descubrieron su nuevo coche. El trayecto transcurrió en silencio durante el cual Emma pudo admirar los paisajes que iban de una naturaleza exuberante a un paisaje desértico típico de California. Después Regina detuvo el vehículo en el puerto.

―Hemos llegado. Ese ferry nos llevará a la isla.

―Entendido

Regina se giró entonces hacia el pequeño en el asiento de atrás.

―¿Recuerdas el juego?

―Hm, hm

―Comienza ahora. Así que, ¿te llamas?

El pequeño reflexionó algunos segundos entrecerrando los ojos, después se relajó.

―¡Harry!

Regina sonrió

―Perfecto

Ella se bajó del coche, seguida de Emma y de su hijo y caminó hacia el ferry.

―¡Wow, es grande, mamá!

―Igual que el tren, ese barco nos va a llevar allí donde pasaremos nuestras vacaciones―explicó Regina

―Mamá, tengo miedo…―lloriqueó el pequeño

Regina interrogó a Emma con la mirada arqueando una ceja.

―Nunca…Nunca ha subido a un barco

―Oh…Ya veo…―Regina tenía tendencia a olvidar a veces que Henry no había salido nunca de la mansión Fire, encerrado en esa burbuja dorada.

―Cariño, todo irá bien. No tuviste miedo en el tren, ¿verdad? Pues el barco es igual…

―…

Notando la nerviosidad del pequeño, Regina se arrodilló ante él

―Hey, escucha. Forma parte del juego, ¿ok?

―¿Cómo?

―Está la cosa de los nombres, pero también de las pruebas.

―¿Pruebas?

―Como los super héroes

―¿Como Iron Man?―dijo asombrado el pequeño

―Parecido. Y una de las pruebas que hay que pasar es el barco. Sé que eres fuerte e inteligente, me lo ha dicho tu mamá. Así que…Creo que puedes hacerlo.

―¿Tú crees?

―Estoy segura. Entonces, ¿estás listo para demostrarme que eres el pequeño de siete años más fuerte de la Tierra?

Henry miró el inmenso barco y el agua que lo rodeaba.

―Yo…No sé…

―Estaremos aquí contigo. Y, ya sabes, mi papel es el de protegeros.

―¿Porque eres de la policía?

―Sí

―¿Y porque tienes un arma?

Regina rió

―Entre otras cosas. Entonces, ¿lo intentas?

―¡Pero contigo y mamá!

Él extendió las manos y las dos mujeres le agarraron una. Una vez más, Emma movió los labios simulando un "gracias" hacia Regina, que respondió con una ligera sonrisa.

Henry no estaba tranquilo y lógicamente estuvo enfermo los veinte minutos que duró el viaje a la isla. Emma lo sostuvo todo lo que pudo, pero se sintió impotente ante las nauseas de su hijo debido al movimiento del ferry.

Felizmente, el trayecto acabó y Henry estaba extenuado cuando puso los pies en tierra.

―Henry, has sido muy valiente…

―He vomitado…―farfulló él

―No pasa nada, también yo la primera vez que subí en un barco me puse enferma.

―¿De verdad?―dijo él con los ojos llorosos.

―Ya verás, pasará

Ya era de noche cuando Regina, Emma y Henry emprendieron camino hacia la casa. Emma no estaba tranquila: comenzaron a meterse en el interior del bosque, subiendo y descendiendo costas y acantilados, tanto que, al cabo de un momento, no supo a qué altura estaban ya.

Finalmente, al cabo de unos veinte minutos, llegaron. Henry se había quedado dormido, agotado, y Emma lo llevó en brazos hasta el chalet que apenas distinguía en esa penumbra.

―Es lúgubre…

―Es de noche. Mañana, tendrá otro aspecto, ya verá. Entremos.

En el interior, todo parecía nuevo, y extrañamente moderno, muy diferente a lo que se esperaba. Quizás una casa de madera, como las de la montaña. Aquí, solos algunas vigas se veían aquí y allá, una chimenea que parecía que nunca se había usado, una cocina abierta al salón donde unas cristaleras daban una vista del exterior.

―¿Dónde están las habitaciones?

―Arriba. Venid.

Regina cogió sus bolsas y subió, precediendo a Emma y Henry.

―Hay una aquí, otra al lado, el cuarto de baño compartido. Y al final del pasillo, hay otra con baño en suite.

―Henry y yo cogemos las dos habitaciones contiguas, si no le molesta.

―No, ningún problema

Regina dejó la mochila de Henry a los pies de la cama, mientras que Emma comenzaba a desvestir a su hijo que se dejó hacer, como un muñeco desarticulado. Una vez en pijama, ella lo arropó y se quedó un momento con él.

―Estaré en la cocina si necesita algo.

Emma asintió, con los ojos fijos en su hijo, y Regina bajó, para inspeccionar la cocina: abrió todos los armarios para descubrir el contenido y retener dónde se encontraba cada cosa. Cuando lo inspeccionó todo, se preparó un té, antes de plantarse delante de la cristalera.

―Duerme profundamente. Está tan agotado que creo que podría dormir dos días seguidos.

Emma acababa de bajar y encontró a Regina cerca de la cristalera.

―El mar está enfrente

Emma miró el paisaje nocturno y distinguió los reflejos de la luna sobre la superficie del agua tranquila.

―Efectivamente. Mañana los veremos todo más claro.

―Mañana habrá que ir a hacer la compra. La nevera está vacía y solo nos queda los restos de la comida que compramos durante el viaje.

―Sí…Y después habrá que presentarse a la gente del pueblo…

―…Storybrooke

―Ah sí, Storybrooke. ¿Qué vamos a decir?

―¿A qué se refiere?

―Bueno, dos mujeres que aparecen con un muchacho de siete años, en lo más profundo de Alaska…Tiene pinta de una historia de familia…Imagino que tenemos que buscar una historia para contar, que acompañe a nuestras nuevas identidades.

―Sencillo: usted acaba de perder a su marido, mi hermano, y como está inconsolable, yo la he traído a la naturaleza durante un periodo para recuperarse.

―¿Por qué Alaska?

―Porque Harry es fan de los osos, sobre todo de los que se pueden encontr…

―No

―¿No?

―No quiero que mi hijo cargue con el peso de esta historia. Va a tener que soportar otras muchas cosas, no quiero que tenga que enfrentarse a preguntas que lo van a sobrepasar y pueda descubrirnos.

―Cierto. Entonces….Tengo una conocida que me ha hablado de este lugar del que me he enamorado

―De todas maneras, improvisaremos

―No debemos levantar sospechas

―Podremos hacerlo

Emma se quedó mirando el lago y se hundió en sus pensamientos. Regina se bebió su té.

―Voy a acostarme. Hasta mañana.

―Hasta mañana, Regina

La bella morena se dio cuenta de esa familiaridad, pero se contuvo de cualquier comentario. Después de todo, estarían encerradas ahí durante semanas, quizás era hora de que derrumbasen ciertas barreras.