N/A: Sólo les diré una cosa. Esta historia tiene truco, probablemente aún no lo vean pero al siguiente capítulo estarán algo confundidos. ¡Los quiero!
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Parte 1
Capítulo 2:
Historia
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Lucy Heartphilia recuerda bien cuando fue adoptada a pesar de tener la corta edad de seis años; lo recuerda bien porque fue un pequeño rayo de luz en su oscuridad que la azotó por al menos dos años durante el periodo posterior a la muerte de sus padres. Fue un asesinato que todavía nadie se explica, no recordaba nada de ese día ni de esa época soleada de su vida, solo sabe que fue muy feliz, que sus padres la querían y que vivía en una casa gigante, con un enorme patio y una alberca en una de las colonias más conocidas y codiciadas de Magnolia.
Los policías terminaron enviándole a una casa de huérfanos, donde permaneció dos años siendo completamente abusada por sus compañeros. Eso era lo que más deseaba borrar de su cabeza, los constantes chillidos de los niños crueles jalándole el cabello, tirando su comida, tiritando de frío al dormir en el suelo porque otros usurpaban su lugar para dormir (un feo colchón destartalado). Le costaba adecuarse a su nueva vida después de ser una niña rica, después de las atenciones de sus sirvientes y de tener todo lo que deseaba.
Un día había corrido fuera del lugar, cuando uno de los niños había decidido quitarle a su gato de las manos y pintarlo de color azul. El pobre animal apenas podía respirar cuando lo sostuvo entre sus brazos y corrió hacia la veterinaria más cercana.
El calor y la brisa del verano le evocan memorias que danzan en el fondo de su cabeza; la campanilla y los gritos que siguieron mientras le rogaba al tipo detrás del mostrador que atendiese a su gatito, que no tenía como pagarle pero haría lo que fuese. Nunca notó la pistola que apuntaba en la dirección al dependiente, ni del hombre a un lado de ella que vestía un abrigo a pesar del calor y un sombrero en su cabeza.
El pobre dependiente estaba completamente pálido, le gritó que se fuera y ella se había soltado a llorar amargamente ahí, porque Happy estaba quieto y parecía que si nadie lo ayudaba, no lograría sobrevivir. Vio el arma cuando el hombre castaño apuntó hacia el veterinario y dio un cabezazo hacia la niña, su voz se escuchaba rasposa, furiosa, melancólica—. Ayuda a la niña, pedazo de mierda.
Salió de detrás de la mesita metálica, le quitó el gato de las manos y corrió hacia dentro de la tienda, hacia el consultorio veterinario. El hombre de la pistola le indicó a otros dos tipos vestidos de traje que siguieran al médico. Lucy no sabía de donde habían aparecido.
Seguía mirando el arma asustada, sin moverse y sin tener idea de qué estaba pasando o por qué la había ayudado. El individuo frente a ella continuó mirándole mientras bajaba el arma hasta la mesa y después se quitaba el sombrero, analizándola con esos ojos penetrantes—, ¿Dónde están tus padres, mocosa?
La pequeña Lucy dio un pequeño salto en su lugar y titubeando, contestó recelosa—, están muertos…y no soy mocosa, soy Lucy.
La evaluó por otro segundo—. Muy bien, mocosa Lucy —escupió las palabras, burlándose de ella—, ¿quién te cuida y porqué vienes sola hasta este lugar tan peligroso?
Adentro del consultorio veterinario, un maullido frenético se escuchó, pero la niña no retiró la vista del hombre con el arma—, vivo en el orfanato de calle arriba, con las brujas.
Se rio entre dientes—, ¿te refieres a las monjas? —peinó su barba con sus dedos sin borrar su risita—, me caes bien, niñata.
—Mi nombre es Lucy.
—Sí, sí —desdeñó sus palabras con una mano—, supongo que los otros mocosos le hicieron eso a tu maldito gato. No te pongas a chillar si se muere, ¿bien?
La niña se mordió los labios tratando de asimilar las palabras y el aprovechó para buscar algo entre su abrigo, un cigarrillo que encendió lentamente, soplando sobre uno de los extremos y con el encendedor en la otra punta. Los otros tipos vestidos de negro salieron detrás del veterinario, que le entregó el gato a Lucy.
—Era un ataque de alergia por la pintura. Lo revertí con una simple inyección pero no creo que le puedas quitar el color nunca.
Ella acarició al felino que permanecía quieto, pestañeando—. Muchas gra-
—Dale las gracias a esta mocosa —el arma nuevamente apuntaba en la dirección del salvador de Happy—, te habría matado si no lo hubieras logrado. —Un momento de tensión después, bajó el arma—. Vámonos.
Giró sobre sí y pasó a lado de la niña rubia que miraba el movimiento suave y silencioso de los hombres que se dirigían a la salida. Gildarts volteó a verla ya parado en la puerta.
—Lucy, llévame al orfanato.
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Las monjas se persignaron cuando se sentó a esperar que guardase todas sus cosas en una maleta, no había mucho que ella tuviera, así que empacó la poca ropa que tenía, uno de sus peluches destartalados y levantó a Happy con ella. Varios niños la miraron mientras ella hacía su camino fuera de la institución.
Recordaba perfectamente esa sensación de incertidumbre, de no saber que le esperaba, de no tener ni idea de por qué prefería millones de veces irse con un extraño que escupía groserías a diestra y siniestra, y que portaba un arma escondida entre el abrigo negro que llegaba hasta por debajo de sus rodillas, a quedarse en esa casa de huérfanos.
Estuvo muy sorprendida cuando llegaron a su destino. Entre sus elucubraciones de niña, había creído que sería algo así como un almacén, lleno de cucarachas, nunca se imaginó que pudiese ser una casa normal, mucho menos un área residencial con varias casas de lo más exquisitas, ubicadas todas alrededor de la principal. Su casa antigua era incluso mucho más pequeña que eso. Gildarts estacionó su auto en la entrada y un mayordomo ya esperaba por ellos en la entrada.
—Acompáñame, niña.
Los recibió el sirviente con una sonrisa, era un sujeto alto en un traje bien entallado y que caminaba completamente erguido. En cuanto la vio cargar con su pequeña mochila destartalada, se la quitó de las manos delicadamente—. Me haré cargo de sus pertenencias, mi señorita.
Lo siguieron pasando la gran entrada de la casa, y algunos vitrales de un largo pasillo que terminaba en una puerta grande de caoba. Las pinturas que adornaban el lugar se encontraban empotradas en arcos de concreto sobre la misma pared. Lucy examinó todo el lugar con interés, sin perderse ni un solo detalle.
Capricornio, el mayordomo, tocó la puerta dos veces antes de que desde dentro de la habitación saliera una voz vieja y ruda, indicándoles que podían pasar. Capricornio se inclinó hacia el hombre atrás de un escritorio enorme—, ha llegado el señor Gildarts y una señorita.
—¿Señorita? —giró una silla de rueditas, y por fin logró ver al que debía ser el jefe. Un hombre pequeño, vestido en un traje negro y un sombrero muy parecido al de su nuevo padre adoptivo sobre su cabello blanco—, pero ¡qué tenemos aquí!
Bajó de la silla y avanzó hasta la niña, observándola de cerca y entrecerrando los ojos hacia ella—, ¿qué significa esto? —le dio una mirada a Gildarts, parecía ver a través de todas esas capas y las expresiones que cargaba. Apretó los dientes cuando su jefe tomó un poco de distancia—, que hayas adoptado a una niña de la calle no traerá a Canna de regreso, ¿lo sabes?
—Por supuesto que lo sé—apretó los puños, giró hacia Lucy, quitándose el abrigo y el saco y tirándolos hacia el sillón de piel frente al escritorio de roble. Se agazapó hasta su altura y la tomó de los hombros—. Lucy, quiero presentarte al jefe de nuestra casa, Don Makarov.
Ella pestañeó.
El viejo le dio una sonrisa extraña, se giró sobre su eje y volvió a sentarse en su silla—. Por ahora te quedarás con tu padre en su casa, veremos después que va a suceder contigo, pequeña Lucy.
Fue entonces cuando la rubia notó a los dos muchachos parados del otro lado de la habitación, el primero era un joven de unos dieciocho años, de cabello rubio, bastante musculoso por debajo del traje y una cicatriz en uno de sus ojos, la siguiente, era una chica tan solo unos cuantos años más joven, el cabello rojo le llegaba por debajo de la cintura entallada en una falda negra. Ambos parecían demasiado serios para su edad.
—Ellos son Laxus y Erza, princesa, pero no pueden jugar contigo, ¿está bien?
Se mordió los labios. No importaba, ya había aprendido a ser solitaria en los estúpidos orfanatos por los que había pasado, así que antes de que siguieran hablando, decidió inclinarse, completamente agradecida de estar en otro lugar—, ¡se lo agradezco, maestro!
Hubo un silencio incómodo, hasta que Gildarts resopló por lo bajo y el viejo soltó una risa complacida—. Ya veo por qué la adoptaste.
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Pasaron días, la casa de Gildarts no era tan grande como a la que había entrado al principio, pero igual le parecía un sueño, casi como la de sus padres, con un gran patio y una alberca en la parte de atrás. Le había abierto la puerta a una habitación ya previamente utilizada por una niña, no tardó mucho tiempo en descubrir por qué. Las fotos de la verdadera hija de Gildarts, una niña de cabello castaño, desfilaban por entre todas las cosas dentro de la casa, en los retratos arriba de las repisas, en los libros de la estantería rayados con colores estrambóticos.
No sabía que había pasado con ella, pero decidió no preguntar por el momento, luego, cuando por fin cuando cumplió la mayoría de edad, se armó de valor para preguntárselo…pero esa era otra historia diferente.
Se adecuó bastante bien a su nueva vida dentro de la casa, Gildarts no era un sustituto para su padre, pero había desarrollado un sentimiento de apego muy parecido, incluso si el hombre no era cariñoso. Una chica de cabello rosa también vivía con ellos, Virgo. Se quedaba con ella cuando su padre adoptivo salía a trabajar, ella se había vuelto más su amiga en lo que llevaba de tiempo en ese lugar.
—¿Hoy sí planea salir a jugar, princesa?
La rubia levantó la vista de donde Happy lamía su plato de atún. El veterinario había tenido razón, por más que le bañara, la pintura se había impregnado en su pelaje—. Estoy bien aquí.
Virgo pasó un poco de su cabello detrás de su oreja.
—Hay otros niños aquí también.
—No me gustan los niños— la muchacha levantó ambas cejas.
—Qué curioso, usted también es una niña.
La fulminó con la mirada. No solo no le gustaban, los odiaba, los repudiaba, todos eran crueles, malos, le jalaban el cabello y le hacían maldades, incluso el pobre gato que había rescatado de la basura había sufrido las consecuencias de la pobre mentalidad de esos pequeños demonios. Virgo la seguía mirando con tristeza, como si se pudiese imaginar todo lo que había sufrido en esos lugares.
Decidió dejarla y abrió la puerta trasera de la casa, dejando entrar el aire seco de otoño; ahí fue donde comenzó todo nuevamente. Happy parecía poseído por un demonio cuando corrió con toda velocidad hacia afuera, pasando por entre los pies de Virgo, quien tuvo que sostenerse de la puerta. Se aventó a seguirlo, corriendo por entre las casas sin bardas, todas conectadas en ese residencial donde todos eran familia o tenían algo que ver con ese trabajo que tenía su padre nuevo.
Tuvo que arrastrarse entre algunos arbustos para encontrarlo. El gato pasó corriendo entre su más puro terror. Niños aparentemente de su misma edad, jugando en un área de juegos donde había puentes colgantes, rampas y arena. Los cuatro la miraron con interés cuando se paró del suelo, con las rodillas llenas de lodo.
—¡Tú debes ser Lucy! —la única niña albina entre el grupo saltó hacia ella con felicidad—, no seré la única mujer.
Por detrás de ella se juntaron los otros, uno que estaba semidesnudo por alguna extraña razón que no planeaba preguntar, otro con el mismo cabello blanco de la niña frente a ella y, el último, el niño idiota que cargaba a Happy entre sus brazos. Tenía el cabello rosa. Tragó duro.
—¡Devuélveme a Happy! — ignoró groseramente a la niña y extendió las manos, esperando que se lo regresara. El mocoso entrecerró los ojos, levantando a Happy por el lomo.
—¿Te refieres a este bicho? Vino corriendo hacia mí, es mío.
Lucy realmente no recordaba habérsele aventando para golpearlo, pero se lo habían contado tantas veces, que ya no dudaba de haberlo hecho. Recordaba bien al joven Natsu siendo un imbécil, así que probablemente sí se merecía haberlo golpeado hasta dejarlo inconsciente, o más bien, golpearlo hasta que llegó la hermana mayor de Lissana, Mirajane y la obligó a separarse.
Ahora que lo pensaba, Happy había terminado bajo custodia de Natsu (sólo porque el animal prefería su compañía y sólo por eso) cuando después, su padre decidió enviarla a un colegio para chicas en otro país. Nunca se había llevado bien con el idiota de pelo color salmón… porque, aunque fuese rosa nunca parecía querer aceptarlo. O al menos eso fue hasta que ella se fue por casi doce años a Albarless, el lugar de origen de toda la familia del gremio.
Gildarts y Makarov habían decidido enseñarle sus costumbres y que mejor forma de enviarla a vivir al lugar donde habían nacido; como nuevo integrante, se debía acostumbrar a su vida, así que básicamente creció en un país ajeno a todo lo que ella conocía, conservando su apellido, pero aprendiendo las costumbres de su familia adoptiva, criándose entre armas, gánsteres y peleas comerciales.
Su padre la visitaba cada que podía. Aprendió también los puestos de los mafiosos, y aunque se tenía la idea que las mujeres debían permanecer al margen de asuntos de negocios, también le enseñaron todo al respecto.
Así que mientras le enseñaban ballet en la academia, ella repasaba mentalmente las reglas, las posiciones de sus superiores y la historia de esa familia a la que le habían dado la oportunidad de ser parte. No se dio cuenta lo mucho que arraigaron a su ser al gremio, hasta que supo que haría cualquier cosa por su familia adoptiva.
A pesar de todo lo que había aprendido a lo largo de todos esos años, no había querido saber nada de su familia real ni de todo el capital que ella debía tener en algún lugar como herencia. No hasta que sintiera la suficiente madurez como para no salir con un arma a dispararle a media ciudad, o en su defecto rogarle a su padre, el nuevo Don, que desatara una guerra citadina.
Gildarts había ascendido cuando Makarov decidió retirarse tres años antes que ella tomara el avión de regreso a Fiore, para continuar sus estudios universitarios en Magnolia. Una de las ciudades más preparada, grande y famosa del mundo. Fueron horas completas de aburrimiento sola, Levy, su mejor amiga del colegio había decidido mudarse con ella a Magnolia persiguiendo su sueño de ser médico, pero no llegaría hasta después de varios meses que ella se hubiese instalado.
El calor de esa primavera era agradable a diferencia del calor que azotaba en Arakitashia. Cuando bajó del avión, se colocó rápidamente sus lentes de sol, bloqueando los rayos que amenazaban con derretir sus preciosas retinas y soltó una maldición cuando una de las rueditas de la maleta se rompió después de solo arrastrarla por pocos metros.
Se quitó la chaqueta de mezclilla, dejando su delgado y formado cuerpo a la vista de todos…y todas. Había crecido sabiéndose hermosa, porque no había otra forma de describirse; el ballet y la danza habían moldeado su cuerpo, torneando sus largas piernas y redondas caderas. Tenía también una cintura de los mil demonios y claro, sabía cómo utilizar sus atributos para ganarse las cosas…después de todo, había terminado de crecer como mafiosa.
No tardó en aparecer el primer idiota en caer redondo ante su trampa, como todos los demás que ofrecían su ayuda, la devoraba con la mirada de arriba abajo y muy seguro se imaginaba metido entre sus piernas. Ni en un millón de años.
Le dio una sonrisita hipócrita.
Lo que sí podría hacer era cargar sus maletas hasta donde su padre probablemente la esperaba en su auto negro sedán conducido por uno de sus soldatto—. ¿Te puedo molestar con tu ayuda? No puedo cargar todo esto yo sola.
El muchacho titubeó, demasiado absorto con su belleza como para formar una oración coherente. Cuando al fin logró componerse, le sonrió y dijo—: Hasta donde desees.
La siguió de cerca, cargando ambas maletas y dejándola solamente con su pequeño bolso de diseñador. El sonido de sus tacones levantaba miradas que permanecían sobre ella una vez que pasaba a su lado, ya estaba acostumbrada a todas esas miradas de envidia, de deseo y de lo que fuese que pensara esa gente enferma. El muchacho detrás de ella, estaba haciéndole preguntas que solo se molestaba en contestar con monosílabos.
Una cara conocida apareció esperando desinteresadamente sobre un auto negro. Gray estaba guapísimo, más alto que ella, con el traje puesto que enmarcaba sus anchos hombros y mirando la pantalla de su teléfono con interés. Se aproximó con una sonrisa y se paró frente a él, dejando al pobre chico que cargaba sus maletas correr detrás de ella.
—Gray—habló con su voz cantarina y el muchacho levantó la vista, siendo atrapado con la guardia baja. Parpadeó una, dos, tres veces antes de envolverla en un abrazo fraternal y levantarla con una vuelta llena de felicidad.
—¡Woah! Lucy Heartphilia, estás preciosa— la dejó de nuevo en el suelo, recuperando un poco de espacio—, todos van a morir cuando te vean. Bueno, excepto Gildarts que no quiso compartirte mucho.
Se encontró sonriendo como tonta, quería verlos a todos de nuevo, la última vez que había regresado a Fiore todavía tenía como doce años y en general los quería a todos…excepto al idiota insoportable, ni si quiera entonces había madurado un poco. Pobre Happy, pero no era su culpa ya que el propio animal había decidido quedarse con él. Ella nunca entendería a los gatos en general, por eso siempre había preferido a los perros.
Gray subió sus maletas a la cajuela excusando a su padre de ir a buscarla por sus negocios y sus reuniones inquebrantables. Le abrió la puerta del auto y antes de que subiera, giro para encontrarse al chico cargador de maletas, no era una completa malagradecida, así que se inclinó, así como en Albarless, y dejó un beso en su mejilla—. Muchas gracias.
No iba a conseguir meterse a su cama, pero al menos podía dejarle un beso que perduraría en sus recuerdos. Subió riéndose de su crueldad hasta que Gray estuvo a su lado y frunció los labios.
—Sí sabes que eso ocasionara muchos desvelos en las noches, ¿verdad?
—Qué asco—arrugó la nariz, se colocó el cinturón de seguridad y dejó que Gray condujera el auto hasta su casa. Su verdadera casa.
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Estaba mejorada. Tuvo que pestañear para despertar de la ensoñación que le causaba el residencial. En el lugar, había una casa más en uno de los terrenos vacíos y todo parecía incluso mejor que cuando había estado viviendo ahí, las jardineras con sus prímulas completamente abiertas, el agua que salía de la fuente. Parecía un cuento de hadas.
Gray se estacionó en la entrada de la casa más grande, justo al pie de las escaleras—. Espera, abriré tu puerta.
—Está bien— habría mentido si dijera que no había estado mirando a su compañero por la esquina de sus ojos, los años lo habían favorecido sustancialmente, la forma de sus movimientos más suaves, su manera tan caballerosa de hablar. Se obligó a quitárselo de la mente, no podría incluso si quisiera, no con uno de los caporegime de su padre.
Tomó su teléfono para escribirle un mensaje rápido a Levy, colocándose los lentes en forma de diadema y distrayéndose por un momento. Afuera, escuchó una voz ronca, un poco alta y con tono divertido, se acercaban por la puerta del copiloto.
—A Lucy.
—¿Qué? —preguntó la voz con agregada sorpresa. Ella levantó la vista—, ¿la princesa llegaba hoy?
No podía ser cierto.
Esa mata de pelo rosa la reconocería en cualquier lado.
Pero a ese hombre, no. Casi deja caer la boca abierta cuando lo miró bajando los últimos peldaños de la escalera, no traía el saco puesto, las mangas de la camisa blanca enrolladas por encima de sus codos, marcando sus tonificados músculos por debajo, los tirantes que se cruzaban de sus hombros amplios hacia atrás de su espalda perfectamente esculpida y con las empuñaduras de las armas saliendo del fajín. La típica bufanda que siempre cargaba alrededor de sus caderas…y esos malditos ojos puntiagudos.
Gray habló cuando el chico llegó hasta el auto—, iré a hablar con el don. Llévala adentro.
Soltó un resoplido con sarcasmo, acercándose a su lugar—, no creo que vaya a perderse.
Abrió la puerta rápidamente y entonces, Natsu paró en seco cuando sus miradas por fin se encontraron.
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N/A: Por cierto, esta historia (como casi todas mis historias) es Nalu, pero claro que agregaré de otras parejas c:, ¿algún review?
