NDA: Nuevamente aquí. Veré si puedo actualizar ésto a diario. Gracias por el Fav n Follow, Yorukakusaku! Estoy muy contento que te haya gustado. nwn. El capítulo anterior fue muy largo. Veré si puedo subir de 2k a 5k, con tal de no traer drabbles.
Sin más comencemos uwu.
—¡Jerzain! ¿Te encuentras bien? ¡Sergei!
Jean Paul no pudo evitar mostrarse preocupado por su colega, tanto que se hincó al suelo y lo abrazó. Todos compartían la misma sensación pesada dentro de sus cuerpos, pero a diferencia del Filósofo, ellos lo retenían o lo expresaban con otras acciones, como llorar en el caso de María o hundirse en sus pensamientos justo y como lo hicieron Xian y Kimiko.
La joven de bata blanca sacó el pequeño aparato otra vez de sus bolsillos, pues quería ver las configuraciones que éste tenía. Encontró un mapa del instituto, las fichas de todos los participantes y algunas descripciones de lo que les gusta y disgusta: Ya lo vería después, el reglamento escolar y unos minijuegos de la compañía MonoSoft.
—¡Sergei! Según el móvil la enfermería se encuentra cerca. Déjame ayudarte.
Kimiko tomó de un hombro a Jerzain y con ayuda del ruso los dos, acompañados del rubio Historiador, se dirigieron a dicho lugar, abandonado el gimnasio.
Mientras tanto Kelly y Nelly hablaban entre ellas.
—Esto debe ser una broma de muy mal gusto.
La Cineasta empezó a morderse las uñas pues estaba intranquila.
—¡Por Belcebú, Kelly! ¡Deja de morderte las putas uñas! El sonido... me es molesto.
—Perdón Nelly... es que... bueno, no todos los días me secuestran.
—A mí tampoco... mira, debemos estar serenas en una situación así.
—Tengo miedo... quiero estar con mis padres en Irlanda... no quiero estar aquí.
La Novelista sonreía incrédula por las palabras de su hermana.
La tomó del hombro y la abrazó.
—Estamos aquí, lo quieras o no. Tenemos que trabajar juntas y con éstas personas para salir de éste bodrio. Además... ¡Usa el proceso creativo! Tenemos mucho material con el que escribir o inventar aprovechando ésta situación.
—Tienes razón... voy a empezar con unos borradores...
—Te entrego mis avances después. Anda, vamos a nuestras habitaciones... tengo muchísimo sueño. ¡Coño! ¡No te tires del cabello!
—Perdón...
—María... ¿Qué ocurre? ¿Qué tienes...?
La española tenía su rostro rojo, y distintas lágrimas salían de sus ojos azules.
—Mis cultivos... mucha gente pasará hambre... le he quedado mal a todos y yo... me siento tan inútil.
—Tranquila. Tal vez ésto sea algo temporal y bueno... cuando salgamos la gente te estará esperando contenta.
—¡Es que ése es el problema, López! La gente está esperando... tú pensarás que tengo una granjita con vacas y un establo... ¡Pero no! ¡Cubro hectáreas de cultivos! ¡Más hectáreas de los que esta escuela tiene! ¿Te das cuenta de la gravedad del asunto? Por eso necesito salir de aquí.
López se negó a abrazarla ya que algo lo hizo sentirse incómodo cuando ella, con mucha énfasis comentó lo tan ansiosa que estaba por largarse.
—No estarás pensando en matar... ¿Verdad?
—Lo estoy pensando. Por favor... déjame sola.
Él ya sabía con quién no debía juntarse.
No le dió más vueltas al asunto, aunque no se quedaría así pues le avisaría a las personas de más confianza, si es que había.
¿De verdad había gente que desde el primer momento ya se había entregado a la desesperación? Porque el tono en que ella lo dijo... fue extremo. Su cabeza empezó a doler, por lo que sacó el mapa del móvil y fue directo a su habitación.
Estaban todos muy cansados y era evidente que las condiciones en las que estaban, al menos aquellas referentes al sueño urgente, empezaban a surtir efecto.
—¿Sientes mareos?
—Tengo náuseas... muchas náuseas...
—Kimiko, que Jerzain se mantenga sentado, NO acostado. Deja veo con qué contamos...
Romanov abrió los gabinetes del lugar, encontrando guantes, cubrebocas, cajas de medicamentos ordenadas por alfabeto y color. Había un refrigerador con muchos sueros y líquidos de procedencia desconocida.
—Contamos con mucho, y ésto es bueno. Kimiko, Jerzain debe lavarse la boca, no cepillarse. Quiero que encuentres bicarbonato de sodio y llenes éste vaso con el agua del dispensador.
Sergei quería encontrar el medicamento que estaba buscando: Subsalicilato de bismuto.
—¿Por qué no me debo cepillar los dientes, Sergei? Quiero acostarme...
—Porque vas a joderte los dientes con el ácido que acabas de expulsar. No quiero que te acuestes porque puedes vomitar y corres riesgo de ahogarte... ¡Aquí está!
—¿Qué has encontrado, Sergei?
Kimiko preguntaba mientras preparaba en un vaso de plástico la mezcla que el paramédico le pidió.
—El reconocido "Bismuto rosa". Jerzain ¿Tienes alguna alergia o no puedes soportar algunos medicamentos? Te pregunto para evitar darte algo que pueda empeorar tu estado.
—¡No! No... sólo quiero que la náusea se me quite... y quiero dormir. No sé por qué están tan aferrados por mi salud.
—¿Qué nos dirías tú como filósofo?
—Que lo hacen para cumplir con esa necesidad instintiva de cuidar de otros. No sé si se sienten obligados por su trabajo... o si de verdad lo hacen porque nace de ustedes
—¿De qué perspectiva viene esa respuesta?
—Ah... Gracias... de verdad. Sé que apenas nos conocemos, pero estoy muy agradecido...
—Anda. Bebe ésto, pero no lo tragues. Que el líquido recorra tus dientes y al acabar escupe en el vaso por favor.
Kimiko le extendió el vaso con agua y bicarbonato.
—Gracias.
Algo había sonado en los móviles de los tres.
"Estado de actualización: La relación de Sergei, Jerzain y Kimiko ha subido tres puntos".
—¿Relación? Interesante.
Monoduck apareció a un lado del israelí.
—¡Oh por Buda!
—¡Soy yo, su director!
—¿Qué haces aquí, Monoduck?
Kimiko cruzó los brazos. Gracias a que el director asustó a Jerzain, éste por accidente escupió el líquido en el suelo.
—¡Yo lo limpio!
—Quédate ahí, hombre.
—Muy bien, alumnos. Cuando ustedes se lleven bien con un alumno serán recompensados con puntos. Como su director les otorgaré comodidades.
—¿Por qué nos recompensas por llevarnos bien cuando quieres que nos matemos?
—Porque entre esas amistades habrán traiciones. Por eso quiero que se relacionen entre ustedes... porque mientras más confianza se tengan... más oportunidades hay de que se apuñalen por la espalda.
—Serás...
Sergei estaba enojado.
Kimiko no apartó la vista con temor de que Monoduck le hiciera algo al joven de anteojos.
—Monoduck... ¿Cuál es esa absurda idea de permitir solamente a tres personas dentro de la enfermería? Jean Paul está esperando afuera cuando puede estar aquí.
—Medidas de seguridad. Ya es horario nocturno, jóvenes. Vayan a descansar. ¡Hasta mañana! Si es que llegan...
—Cabrón...
—No digas groserías, Sergei... no contra él.
—¡Es que lo toma a juego, Jerzain! No lo soporto...
—Limpiaré eso...
Kimiko colocó sobre una escoba un trapo y tras echar cloro y jabón empezó a limpiar el suelo de azulejo blanco.
—Iba a darte ésto, pero creo que con el descanso será suficiente... no quiero generarte alguna diarrea. ¿Cómo te sientes ahora?
—Estoy mejor... me duele la cabeza y tengo cierta náusea, pero debe ser por la situación, no que tenga algo que requiera de los medicamentos.
—Perfecto... te recomiendo que no duermas boca arriba. Si te sientes mal y crees que necesitas algo puedes acudir conmigo o Kimiko.
—Te lo agradezco mucho, Sergei... y Kimiko, de todo corazón lamento mucho que hayas tenido que limpiar eso.
—Descuida. Anda, vete. Jean Paul sigue esperando por ti.
Muy agradecido el filósofo salió de la enfermería.
Kimiko se talló los ojos y acarició su frente. Se quitó las ligas que ataban su cabello como una colega de caballo, se sintió menos pesada al hacer eso.
—Deberías descansar, Kimiko... de verdad.
—No tengo sueño. Creo que daré una vuelta por la academia.
—¿Gustas que te acompañe?
—¡No! Muchas gracias... creo que puedo hacerlo sola. ¿Por qué no vas tú a dormir? Hoy Jerzain necesitó de tí, mañana no sabemos si alguien más va a recurrir a tu servicio.
Sergei bostezó, se tapó la boca para que ella no lo viera.
—Perdona, mala educación. Bien... voy a dormir. Ve con cuidado.
—Lo tendré.
Ella giró el picaporte de la puerta y salió, dándole las buenas noches.
Caminaba con total tranquilidad por los pasillos. Le causaba mucha curiosidad el hecho de que las ventanas estuvieran cubiertas por placas de metal y tornillos de un tamaño descomunal.
—Monoduck...
Quería comenzar con un experimento.
—¿Sí, Forense?
El pato apareció justo detrás de ella.
—Si alguien te llama... vas... ¿Verdad?
—Protocolo. Debo atender las necesidades de mis alumnos.
—Si Dalilah está en otro extremo y te llama... ¿Cómo le haces para atender a dos personas al mismo tiempo?
Esa pregunta era muy peculiar. Monoduck tenía incluso respuesta para eso.
—Estoy en todos lados. No sirve de mucho que lo sepas. ¿Qué haces despierta tan tarde?
—Nada. Quería preguntarte... ¿El dispositivo puede tomar fotos y posee grabador de voz?
El patito sonreía con malicia.
—Definitivamente. Durante las investigaciones tomarán fotografías del caso... y también pueden funcionar como herramienta póstuma.
—¿A qué te refieres con póstuma?
—Lo sabrás eventualmente. Me despido.
Se fue cantando una canción.
Kimiko optó por abandonar su idea de investigar y se encaminó a su habitación. Para entrar tuvo que poner el móvil sobre un escáner que abrís el seguro. Cuando se adentró vió un lugar muy cómodo: Una cama matrimonial sólo para ella, un maniquí exacto del cuerpo humano con piezas removibles, paredes con cuadros referentes a las partes del cuerpo y su función. Las paredes eran blancas para colmo.
—Estoy en el manicomio...
Vociferó al cerrar la puerta. Ése lugar y la atmósfera se parecía más a su campo de trabajo en la morgue. Apagó la luz, se acostó en su cama y decidió ver los perfiles de sus colegas.
Paramédico Definitivo.
Nombre: Sergei Romanov.
Puntos de afinidad: 3/10.
Sexo: Masculino.
Nacido en: San Petersburgo, Rusia.
Edad: 24 años.
Estatura: 1.76m.
Peso: 80.6Kg.
Creencia: Creyente, pero no profesa ninguna religión.
Gustos: Su trabajo. El sonido de las ambulancias. Café caliente. Pelmeni. El olor del suelo de hospital. Las personas que saben guardar silencio. Ayudar a los demás. Perros. Novelas policiacas.
Disgustos: Que el paciente se le muera. No cumplir con promesas. Dejar las cosas para después. La gente habladora. Ruidos fuertes. El sonido del metal de las cucharas chocando entre sí.
Mejor relación con: Kimiko Nishimura. Jerzain Levi.
Peor relación con: Darko Kalinic.
Neutral: Xian Liang. Jean Paul. Dalilah Saqqaf.
Biografía: Sergei Romanov es un paramédico ruso de gran reputación. Su dedicación y amor en el trabajo lo hacen un hombre de admirar y un digno ejemplo a seguir. Desde siempre ha tratado que la muerte no se lleve a los suyos, tanto aquellos que ama como a desconocidos.
¿Acaso las medicinas y sus conocimientos serán suficientes para evitar que la muerte ahora lo tome a él?
Kimiko estaba sorprendida por la información que se le reveló. Se sentía contenta de que un hombre como él fuera de su agrado, y viceversa.
Siguió investigando, pero esa vez quería ver su propio perfil para ver qué tanto de ahí era cierto.
Forense Definitiva.
Nombre: Kimiko Nishimura.
Puntos de afinidad: Eres tú.
Sexo: Femenino.
Nacido en: Osaka, Japón.
Edad: 20 años.
Estatura: 1.58m.
Peso: 52.4Kg.
Creencia: Agnosticismo.
Gustos: Casos fascinantes. Un escapelo filoso. Resolver casos de gran antigüedad. Darle un eterno descanso a los difuntos. Ser intérprete de los muertos. Té helado. Tempura. Su trabajo. Su sobrenombre: "Aruko".
Disgustos: Frustrarse. Tener niños en su mesa. Asesinos en serie. Tener múltiples cuerpos en su morgue. Que le contradigan. Café caliente.
Mejor relación con: Sergei Romanov y Jerzain Levi.
Peor relación con: Darko Kalinic.
Neutral: Juana Hernández. Jean Paul. José López.
Biografía:
Kimiko Nishimura es una forense japonesa que desde pequeña ha estado en contacto con la muerte, y no sólo en el sentido metafísico. Afortunados sean aquellos que pasen por su mesa de trabajo y sean inspeccionados, pues ella desvelará las circunstancias en las que han fallecido dando dictámenes perfectos.
Kimiko ha estado acostumbrada a a ser la intérprete de los muertos.
¿Será eso suficiente para que ella evite estar en la mesa de alguien?
Y todo era verdad. Kimiko se preguntaba cómo fue que obtuvieron esa información de ella, en especial su desagrado por los asesinos en serie. A nadie le había dicho eso, pues al haber más cuerpos había más trabajo... más del que ella hubiera podido soportar.
Tampoco recordaba haber puesto en su inscripción o en alguna ficha de Hope's Peak Academy sobre su creencia. ¿Acaso alguien estuvo preguntando esa información? Que recordara sólo lo dijo a amigos cercanos.
Decidió ver una entrada más, la de Jerzain.
Filósofo Definitivo.
Nombre: Jerzain Levi.
Puntos de afinidad: 3/10.
Sexo: Masculino.
Nacido en: Nazareth, Israel.
Edad: 22 años.
Estatura: 1.77m.
Peso: 86.8 Kg.
Creencia: Budismo.
Gustos: Olor de la madera. Sus anteojos. Poemas griegos. Leer párrafos de las biblias. Escribir metáforas. Escribir cuentos. Oratoria. Recitar.
Disgustos: Discusiones. Palabras vacías. El sonido de los lapiceros cuando los golpean repetidas veces. Olores fuertes. Ser ignorado cuando está hablando.
Mejor relación con: Jean Paul. Kimiko Nishimura. Sergei Romanov.
Peor relación con: Darko Kalinic. Ajax Colonomos.
Neutral: Dalilah Saqqaf.
Biografía:
Jerzain Levi es un filósofo israelí cuyos conocimientos han ganado terreno en el mundo actual. Sus investigaciones y su ardua tarea relacionada al pensamiento humano a través de los siglos y la búsqueda de la respuesta a las incógnitas "¿De dónde venimos?" y "¿A dónde vamos?" han generado controversia y a su vez admiración para aquellos que buscan ahondar en las raíces de la filosofía y la búsqueda de todo aquello que pueda satisfacer el entendimiento de la realidad misma.
Sus libros hablan del modo correcto de vivir la vida, dando así inicio a opiniones diversas y el libre debate.
¿Qué deberá hacer él cuando haya momentos en los que habrá que actuar sin pensar?
Kimiko vió el reloj que tenía el móvil.
2:54 a.m.
—¿Cuánto tiempo hemos estado aquí...?
Kimiko tenía muchas preguntas en mente. Le daba un dolor de cabeza peculiar cuando trataba de recordar.
Era como si algo evitara que lo hiciera. Tenía pequeños recuerdos de antes de llegar a esa escuela, pero cuando se hacían más lúcidos le daba una terrible jaqueca.
Veía luces.
Colores blancos que la podrían dejar ciega.
¿Acaso eso tendría que ver con su súbita aparición? Tal vez los móviles tenían algo que los dañaban mentalmente y por eso bloqueaban sus recuerdos.
Tan cansada estaba que empezaba a imaginar ocurrencias. Ya vería el día de mañana las demás entradas de sus compañeros.
Se acurrucó por debajo de todas las cobijas y se durmió siempre del lado en el que su cara viera la puerta.
