La biblioteca
Sumary: Viktor no es un aficionado a la lectura, pero todos los días suele visitarla. No son los libros lo que le interesan sino la mujer que los lee tan afanosamente.
Viktor sabía que Hermione no había tenido intenciones de ayudarlo cuando expulsó a su club de fans de la biblioteca, pero no por ello pudo sentirse menos agradecido. Ella había aparecido sin previo aviso, al menos no para él, y golpeó con fuerza la mesa utilizando el libro que había estado leyendo. Como este era de un grueso considerable llamó bastante la atención.
Lo repentino de su reacción provocó descontento en sus fans quienes no dudaron en quejarse, pero callaron al ver la mirada amenazante en Hermione y los pájaros que esta formaba alrededor de su cabeza. La amenaza era más que evidente, casi tanto como el hecho de que nadie intervendría para detenerla.
Viktor decidió quedarse. No porque, probablemente, por primera vez se había quedado solo en mucho tiempo sino porque deseaba observarla. Hermione le había parecido aterradora, pero también hermosa e intrigante. Desde su lugar podía ver la forma en que ella leía y la concentración con la que se dedicaba a sus estudios.
Él no se consideraba como una persona tímida, pero no podía evitar comportarse como una. Cada vez que Hermione se volteaba, probablemente sintiéndose observada, cubría su rostro con el libro que tenía más cerca y pretendía estar ocupado haciendo lo que se suponía que debía estar haciendo, estudiando.
Cuando la vio marcharse se sintió como un tonto. Ella se había marchado sin que él pudiera agradecerle por su intervención o preguntarle por su nombre. Intentó correr detrás de ella, pero lo único que logró fue llamar la atención de sus fans quienes no tardaron en reclamarlo y querer abarcarlo por completo.
Se levantó temprano y le dejó una nota a su mejor amigo en la que le pedía que le guardara algo de desayuno antes de dejar su dormitorio y dirigirse a la biblioteca. Tenía la esperanza de volver a verla. Después de varias horas de espera comenzó a perder la esperanza y a tratar de dar una forma de descubrir el nombre de la misteriosa joven.
Una sonrisa se dibujó en su rostro cuando la vio cruzar la puerta. Ella no le dedicó ninguna mirada, toda su atención se encontraba colocada en una nota de papel que llevaba entre sus manos y luego en el libro que había tomado de los estantes. Viktor se dijo que ella debía estar bastante familiarizada con el lugar pues no había tenido ninguna duda sobre el lugar en que se encontraba el libro que le interesaba.
Por un largo rato se estuvo diciendo que hablaría con ella y que se presentaría, pero no pudo hacerlo. Nuevamente Hermione se fue sin que él pudiera siquiera dirigirle la palabra y nuevamente se reclamó por su falta de acción, repitiéndose que no era un cobarde y que no podía permitirse volver a fallar.
Días después se enteró de su nombre. La había visto caminar al lado de dos estudiantes, uno pelirrojo y otro de cabellos negros. Ninguno llamó especialmente su atención, ni siquiera Harry Potter, pero utilizó ese dato para dar con la información que realmente le interesaba.
Viktor Krum se aseguró de ser visto cuando colocó su nombre en el cáliz de fuego. El director de su colegio le había dado instrucciones de hacerlo, pero cuando lo hizo no estaba pensando en ello sino en el hecho de que ella lo viera. Se dijo que, antes de hablarle por primera vez, debía asegurarse de que ella tuviera una buena imagen de él.
—¿Terminaste con el asunto pendiente? —le preguntó su mejor amigo.
—¿Qué asunto pendiente?
—El que te impidió asistir al desayuno —Ivan parecía confundido.
—Necesito más tiempo.
—No quiero presionarte, pero debes recordar el motivo por el que estamos aquí y lo que pasara si no eres elegido para el Torneo de los Tres Magos.
—Lo sé.
Viktor no mentía, era solo que Hermione le parecía más interesante. Había algo en ella que no podía descifrar que lo atraía de una manera incontrolable y que hacía que ella se convirtiera en el más frecuente de sus pensamientos.
Durante mucho tiempo las cosas se mantuvieron de ese modo. Entre la timidez inusual de Viktor, la cercanía de sus fans y la distancia de Hermione no parecía haber una oportunidad para él, o al menos así fue hasta que anunciaron el baile de navidad. Hubo algo que superó su timidez y fue el temor de que alguien más se lo pidiera.
Después de observarla por tanto tiempo lo consideraba absurdo. No creía que nadie más se hubiera fijado en cada uno de los tics que tenía al momento de estudiar o que fuera el único en sentirse deslumbrado cada vez que levantaba su mano en clases y respondía con gran astucia las preguntas que los profesores hacían.
—Hermione —le preguntó —. ¿Irías conmigo al baile?
