Capítulo 2: Día común

Estaba a punto de abordar el tren y aunque en su expresión se notara indiferente, Draco sentía algo dentro de él, algo que ni el mismo podía definir, pero le restó importancia, ¡por favor! él era Draco Malfoy, a él, nada podía alterarlo, siempre tenía que aparentar que todo lo tenía bajo control, al menos, eso era lo que su padre le decía siempre, ''Los sentimientos son para tontos imprudentes, ser cauteloso y astuto, es lo que te llevará lejos, es lo que te hace un Malfoy''.

Subió al tren y sin mirar a nadie se sentó, sin embargo el vagón entero lo miraba y hablaba en tono bajo mientras lo señalaban. Malfoy no era menos de lo que decían de él en el colegio, pues él era un chico alto, rubio, de ojos fríos y grises, era poderoso, elegante, con un porte inigualable, era guapo, sexy, pero también era grosero, prepotente y siempre decía que todos estaban debajo de él. Las chicas suspiraban por él y los chicos sentían temor al estar cerca suyo. Pero no todo con Draco era ni bueno ni malo, él también tenía sus virtudes, aunque para entrar al equipo de Quidditch en el segundo curso tuvo que comprarle a todos una Nimbus 2.001, era un excelente buscador, había vencido muchas veces a los demás equipos con maniobras legendarias que solo él se hubiera atrevido a hacer, también él era el mejor de su clase, claro, después de Hermione Granger, siempre peleaban por el primer lugar y las mejores notas, ambos eran expertos en sus respectivas asignaturas, pero Hermione Granger, era más que excepcional.

–Parece que éste año tienes más seguidores que antes no, Malfoy? –Se atrevió a decir Zabini, al ver a su amigo algo callado, pero no sirvió de nada, porque Draco no se inmuto. –Por lo general eres el primero en empezar la fiesta, no por nada eres el príncipe de Slytherin. –Pero al ver que Malfoy seguía ignorándolo, Zabini sacó de su baúl una botella y se la ofreció. –Vamos Malfoy, es Whisky de fuego, no puedes decirme que no, lo estaba guardando para cuando ganáramos el primer partido de la temporada de Quidditch, pero creo que lo necesitas ahora.

Draco no tenía ánimos de nada, ni siquiera de tomar un poco de su bebida favorita. Pero ¿Qué más daba? Tenía que hacer algo divertido y olvidarse de todo, después de cómo pasó el verano, viendo como su tía, Bellatrix, torturaba a cientos de magos traidores a la sangre a diestra y siniestra frente a él, pensando en cómo su padre fue encarcelado, y como su madre sufría por eso, tenía que sentir que todavía podía llevar un poco de control en su vida, una vida normal, claro, hasta que tuviera inicio su misión.

El Expreso de Hogwarts llegó al castillo y después del gran banquete, Snape llamó a Draco para que ambos se dirigieran hacia su oficina, él le dijo a Draco que como era de esperarse, por ser el mejor en su asignatura, lo iba a nombrar prefecto de Slytherin. Draco con cara de asco por tal cosa, quería refutar a Snape semejante decisión, él no podía permitirse estar sirviendo al colegio que él mismo ayudaría a dar fin, con la muerte de Dumbledore, él no podía estar perdiendo el tiempo haciendo rondas y cuidando a alumnos estúpidos, pero cuando estaba por abrir la boca y expulsar su veneno, Snape lo cayó sin siquiera dejarlo decir algo. Draco, solo apretó los labios y salió del despacho de Snape a regañadientes.

Draco podía ser una persona muy difícil e impertinente con los profesores en Hogwarts, pero con Severus simplemente no podía, él había estado ahí para Malfoy desde el primer curso, no solo era su alumno favorito, no solo era su protegido, no solo era el número uno en clase de pociones, él era algo más, Snape, le quería como a un hijo. Y por su parte, Draco lo consideraba más una figura paterna, que al propio Lucius.

–¡Hey Malfoy! Así que es verdad que eres el nuevo prefecto, parece que sexto año será mejor de lo que imaginamos. –Zabini estaba entusiasmado, si antes eran intocables por el poder que tenía Malfoy, ahora lo serían más. –¿Qué quieres hacer primero? Hay que molestar a los de primer curso, vamos Malfoy hay que hacerlo.

–¡Déjame Zabini! Ni siquiera has terminado de desempacar y ya quieres ir por ahí a gastar bromas a los de primer curso, que patético. Yo tengo cosas más importantes para este año. –Simplemente explotó, no podía tener un momento solo para él, los Slytherin querían atormentar a los alumnos de las demás casas, Snape ya lo había pillado para que fuera el nuevo prefecto, no podía dejar de pensar en su madre, aunque ella estuviera en la mansión Malfoy, sabía que podía correr peligro si él no concretaba… la misión, Draco sintió un escalofrío subiendo por su espalda, había recordado que faltaba menos para que comenzará a trabajar en ello.

–¿Estas bien Malfoy? –Le comentó Zabini al ver como su amigo se quedaba pasmado enfrente de la sala común de Slytherin, pero solo recibió una mirada colérica por parte de Malfoy.

Draco salió de la sala común y se dirigió al segundo piso, claro, a él no le hacía gracia ser el maldito prefecto de Slytherin, pero al menos podía ir al baño de prefectos sin tener que ser castigado por el estúpido Squib de Filch. Pero antes de llegar, escuchó unas voces, unas voces que fueron la cereza del pastel para ese día de mierda que tenía hasta el momento, eran San Potter, el pobretón de Weasley y la sangre sucia, estaban afuera de la puerta del baño de prefectos.

–Ya les dije que no, ser prefecta de Gryffindor me lo he ganado yo por mis excelentes notas y la confianza que me ha dado McGonagall, así que les repito, no pueden usar el baño de prefectos.

–Vamos Hermione nadie se dará cuenta, es el primer día, nadie vendrá a esta parte del castillo, todos están en sus salas comunes contando como les fue en el verano. –Chilló Ron con una voz un poco fastidiada. –Además, no le puedes decir que no a tus mejores amigos, vamos, dile Harry. –Pero Harry al ver a la chica a punto de estallar, no dijo nada.

–¡Que no! Y si es necesario, yo misma les lanzaré un Pretrificus Totalus, ser prefecta es un honor y no dejaré que ustedes arruinen eso, ni siquiera me han entregado mi insignia y si los dejo pasar, tal vez nunca me la den. –Refunfuño la castaña.

Harry y Ron se miraron y decidieron irse no sin antes lanzar una mirada apática hacia Hermione. Ya que había convencido a los tercos de sus amigos para que dejaran el lugar, Hermione les propuso ir al gran comedor por un poco de zumo de calabaza y subir a la sala común para hablar con los demás.

Malfoy tuvo que esconderse en un salón vacío, porque escuchó que las voces venían hacia él, después de que se dio por enterado de que ya se habían ido del lugar, dejándolo completamente solo en el segundo piso, él se dispuso a entrar rápidamente al baño. Abrió el agua caliente que iba llenando la enorme tina, más bien una piscina, y empezó a quitarse la camisa poco a poco, dejando ver su piel pálida y fría, y se introdujo dentro del agua.

Malfoy no era especialmente el hombre más fornido de Hogwarts, pero si tenía una espalda ancha y varonil, los pectorales finamente marcados y los abdominales bien definidos. No por nada tenía tanta popularidad con las mujeres, no solo con las Slytherin, cada chica que lo miraba, se derretía por estar con el príncipe de Slytherin.
Mientras seguía relajándose con las suaves oleadas y las burbujas que se encontraban a sus anchas en el baño de prefectos, el seguía recordando el momento que presenció antes de que entrara ahí.

–De todos los malditos alumnos de Gryffindor, la sangre sucia tenía que ser la nueva prefecta, claramente este colegio no puede caer más bajo. –Mientras alzaba una ceja y se acomodaba un mechón platinado de su cabellera, que se había desacomodado por la humedad que se sentía dentro de esa habitación. –Aunque, jamás había visto tan firme e imponente a Granger con esos dos, al menos el pobretón de Weasley no pudo entrar aquí, si no hubiera llenado todo de tierra con la suciedad que trajo de la madriguera de donde salió. –Dijo Draco mientras reía a carcajadas. Definitivamente, se había relajado un poco.

En el pasillo afuera de la oficina de McGonagall se encontraban ocho alumnos, dos de cada casa, de Gryffindor, teníamos a Hermione Granger y a Parvati Patil, de Slytherin estaba Draco Malfoy y Pansy Parkinson, de Hufflepuff ,se encontraba Susan Bones y Justin Finch-Fletchley, por último los de Ravenclaw, se veía a la hermana gemela de Parvati, Padma, y Terry Boot.

–Hoy empiezan las rondas de los prefectos, bien acérquense, haré las parejas. –Todos se encontraban emocionados por empezar a ejercer su trabajo de prefectos, todos excepto el Slytherin, que creía que era una verdadera idiotez y pérdida de tiempo. –Bien les entregaré su insignia de prefectos y les diré con quién tendrán guardia esta noche. –Todos se callaron al momento en el que la profesora empezó a nombrarlos hasta que terminó con la última pareja. –Malfoy y Granger, bien pueden empezar sus guardias prefectos, pero recuerden que esas insignias son un privilegio, no un derecho.

Hermione no podía creer que McGonagall la hubiera puesto de pareja con Malfoy, con todo y lo que lo odiaba, pensó que sería mejor volver a enfrentarse al Troll como en el primer curso, que estar a solas con el ser más despreciable de Hogwarts, y además el odio era mutuo, él no soporta a los de su clase, a los magos que son hijos de padres muggles.

–Deja de perder el tiempo Granger, quiero terminar esto lo más pronto posible. –Se escuchó a lo lejos una voz fría y neutral. –Lo que menos quiero es que me vean más de lo necesario con una sangre sucia inmunda. –Dijo Draco con un tono despectivo, casi con asco.

–¡Cállate Malfoy! Tú no deberías de ser prefecto, no eres más que una vil y sucia cucaracha. –Arremetió Hermione con rabia, ella odiaba que Malfoy la tratará así, odiaba estar cerca de él, ¿pero que podía hacer?

Draco estuvo a punto de sacar su varita contra ella, pero McGonagall lo detuvo en ese instante, él entró en razón demasiado rápido, no podía darse el lujo de ser expulsado de Hogwarts, no por el momento, aún tenía una misión que cumplir.
La guardia duró como siempre alrededor de dos horas y a ellos les tocó rondar por el tercer piso, en ningún momento se dirigieron la palabra, ni siquiera cruzaron miradas, hasta que al final de la ronda, Hermione se dignó a decir algo.

–Ya pasaron las dos horas, hemos terminado. –Dijo Hermione con voz suave, más para ella que para él. –Sé que a ti te importa muy poco ser prefecto, pero... –No pudo terminar la frase porque Malfoy la había interrumpido bruscamente.

–¿Y tú qué sabes de lo que me importa o no, he Granger? –Dijo con voz ronca. –Yo no soy el cabeza rajada ni la comadreja como para que puedas meterte en mis asuntos. –Y se marchó sin más, dejando a la castaña sola en el corredor.

–Vamos Hermione, tienes que tratar de hacerlo, es muy raro, más que antes. –Dijo Ron mientras terminaba de comer el cereal que tenía enfrente. –Ni Harry, ni yo pasaríamos tan desapercibidos como tú.

–¿Y eso que quiere decir? –Dijo Hermione con un tono impetuoso. –Además, ya te dije que no, Ronald. No sé qué trae entre manos Malfoy, pero en las únicas dos guardias que hemos compartido, está más inaguantable de lo que ha sido siempre. –Dijo la castaña con voz neutral. –Ya van dos veces que me trata de apuntar con su varita, la primera vez, McGonagall lo detuvo y la segunda, solo la apretó con su mano y después se fue.

–¡Lo ves Hermione! tal vez este enfadado porque –Quien-Tú-Sabes- aún no ha podido matarme. –Dijo Harry mirando a su mejor amiga. –Puedes seguirlo y averiguar que trama, tal vez él sepa del próximo ataque de Voldemort y así no nos tomará por sorpresa.

–Harry, ¿enloqueciste? Malfoy podrá ser lo que quieras, pero no creo que sea un Mortifago, si fuera así, Dumbledore lo sabría y no lo hubiera dejado regresar a Hogwarts, ¿no crees? –Respondió Hermione en modo de protesta.

–Pues yo sí creo que ese hurón rastrero es un Mortifago, si su padre lo era, él también lo es. Será mejor que siempre tengas tu varita lista Hermione, Malfoy no es de fiar. –Le advirtió Ron a la Gryffindor un poco enfadado mientras que Hermione le ignoraba para observar a Harry.

–¿Tú también piensas eso Harry? ¿En realidad crees que Malfoy sea uno de los seguidores de Voldemort? –Preguntó la chica con la voz acongojada, aunque ella odiara a Malfoy y pensara que era una escoria, se negaba a creer que un alumno que estuviera estudiando en Hogwarts pudiera ser uno de sus seguidores, aunque fuera de Slytherin.

–Pienso igual que Ron, creo que toda la familia Malfoy le sirve a Voldemort. Por eso tenemos que estar atentos a cualquier movimiento, ahora que todos saben que Voldemort ha regresado, no sé qué más pueda pasar. –Dijo Harry con un voz ronca y distante.

Hermione miraba a Harry de una manera extraña, pero entendió, que su lealtad estaba con sus mejores amigos, con Dumbledore, con Hogwarts, con el lado del bien. Aunque tuviera dudas sobre Malfoy, los Mortifagos no las tendrían con ella y cuando tuvieran la oportunidad, ellos la matarían. Se quedó unos minutos mirando hacia la nada, cuando una especie de polvo blanco cayó frente a ella y la perturbó de sus lúgubres pensamientos.

–Hola chicos, esto ayudará a que los Nargles permanezcan lejos de ustedes, conmigo ya han hecho de las suyas. –Luna se miró los pies donde solamente llevaba un calcetín. –Bueno, iré con Neville, creo que a él le servirá mucho.

Los tres Gryffindors vieron como estaban llenos de un polvo blanco y empezaron a reír, mientras Ron empezaba a estornudar sin control.

(A/N): Gracias a todos mis amigos por su apoyo, éste capítulo va para ustedes.