— ¡Doble D! — los gritos angustiados de Ed y Eddy flotaron por el arroyo y May y Lee observaron en espanto y horror.

— ¿Por qué no está nadando hasta la superficie? — exigió Lee. — El arroyo no es tan profundo, ¿o sí?

Marie vio en horror como los movimientos frenéticos de Edd empezaron a ralentizarse. Todos estaban gritando su nombre y Ed y Eddy estaban yendo cada vez más lejos pero ella no perdió más tiempo. Tomando una corrida de impulso saltó al agua y nadó tras él. Sintió que su corazón se congeló cuando vio que sus movimientos cesaron y sus ojos lentamente comenzaban a cerrarse. Luego de lo que pareció una eternidad por fin lo alcanzó, envolvió sus manos alrededor de su torso delgado, y jaló hacia arriba.

— ¡¿Mmph?! — Marie luchó contra la oleada de pánico cuando sintió el cuerpo de Doble D enredarse. Ahora estaba empezando a perder preciado oxígeno y tiempo para salvarlos a ambos.

Oh claro que no. Pensó Marie con enojo. De ninguna manera dejaré que mi hombre y yo muramos en un estúpido arroyo.

Usando toda su fuerza bruta, Marie dio un último jalón y sintió que Edd se liberó de lo que quiera que lo estaba sosteniendo. Marie salió del agua y del arroyo con un jadeo. Luchó contra la corriente y nadó hacia la orilla con Edd detrás de ella.

Sintió que su fuerza se esfumó una vez que estuvieron a salvo fuera del agua y se detuvo para recuperar el aliento. Para entonces Ed y Eddy habían llegado a la orilla y todos estaban agrupados alrededor de ellos.

— Oye Marie. — dijo Lee silenciosamente. — Tu hombre no se ve muy bien.

— Despierta Doble D. — dijo Ed con lágrimas. — Despierta amigo mío.

Edd se veía más pálido de lo normal y sus labios estaban casi azules. Marie hizo a los otros a un lado y apoyó su cabeza en el empapado pecho de Doble D. No había latidos, no había suaves elevaciones de pecho, nada. Sintió que sus propios latidos martillaban contra su pecho pero no desperdició tiempo en tapar su nariz y cubrir su boca con la suya.

Oh wow, sus labios son suaves. Marie pensó brevemente, pero hizo eso cualquier pensamiento romántico de lado y respiró aire en su cuerpo. Una. Dos. Tres veces y cada vez que respiraba en él hacía compresiones en su pecho.

De repente Doble D se sentó jadeando, sofocándose, y escupiendo agua. Marie suspiró de alivio y sintió lágrimas asomarse en sus ojos.

— ¡Doble D! — Ed gritó de alegría y enredó sus brazos alrededor de él en un abrazo de oso.

— Cielos tarado, me tenías preocupado. — dijo Eddy, pretendiendo no estar limpiando lágrimas de sus ojos.

— ¿Entonces por qué ninguno de ustedes fue por él? — acusó Lee con enojo.

— ¡Lo intentamos pero el cabeza dura no pudo darle la vuelta a la balsa! — replicó Eddy, enfadándose. — Además, nada de esto hubiera sucedido si ustedes-

— ¡Ya basta los dos! — May gritó entre lágrimas. — Doble D está bien. ¿No es eso lo que importa?

Lee y Eddy se dieron una última mirada antes de apartarse otra vez. Marie rodó los ojos pero también se sentía profundamente cansada. Ed colgó a Doble D sobre su enorme hombro, levantó a Eddy a pesar de sus protestas, y se marchó.

— Vámonos Marie. — dijo Lee en su usual voz grave.

Deslizó un brazo bajo sus hombros y la alzó hasta sus pies. Juntas, Marie y sus hermanas caminaron penosamente hacia su parque de remolques.

Marie estaba más que feliz de que fuera Domingo. No tenía que preocuparse por levantarse para ir a la escuela, no había clases aburridas. Solo dormir, dormir otra vez, tal vez un poco de televisión, y después encima de todo, dormir más. Qué mal que habría la oportunidad de una bola de nieve en Nevada de que eso ocurriera en el trailer. Los no tan distantes gritos y golpeteos de muebles lentamente le quitaron el sueño. Quedó ahí acostada sin moverse por unos momentos, los fragmentos de su sueño todavía repasando por su cabeza. Fue sobre el arroyo, sorpresa, sorpresa, excepto que se había convertido en un atroz río y en vez de salvar a Edd, sus tontos amigos fueron capaces de pescarlo fuera y volar hacia el cielo, dejando a Marie para caerse de una cascada.

El sueño no la asustaba ni la preocupaba tanto como la irritaba. Estúpidos sueños. Estúpido subconsciente.

— Como sea. — murmuró, finalmente levantándose. — Necesito algo de desayuno.

Rápidamente se puso ropa, se colocó sombra de ojos, y bajó las escaleras. En medio de varias tiras puestas de cabeza, mesas, y relleno de sofá, Lee y May estaban en la sala peleando por el control remoto. Marie hizo una nota mental de robárselos luego pero ahora su estómago ansiaba comida. Así que se dirigió a la cocina y se hizo unos huevos. Aunque justo cuando estaba a punto de cubrirlos de ketchup, escuchó el timbre sonar y luego a May y Lee soltando maliciosas risitas. Estaba por ignorarlas cuando escuchó una voz demasiado dulce y familiar mezclándose con las de ellas.

— D-D-Damas, por favor. — dijo nerviosamente. — V-Vine aquí con un propósito en específico y espero cumplirlo.

Marie corrió a la sala con emoción, pero se detuvo y se apoyó contra el marco de la puerta. — Entonces Muffin, ¿Viniste aquí por tus besos diarios?

— ¡Ma-Ma-Marie! — Edd se giró hacia ella ante el sonido de su voz y vio algo que la sorprendió.

En vez de absoluto terror que usualmente acostumbraba ver en sus ojos cuando sea que ella estuviera cerca vio... ¿Elación? Edd con gentileza de deslió de los brazos de sus hermanas y con prisa se acercó a ella. Marie parpadeó de sorpresa y verdaderamente lo miró bien. Doble D estaba usando una chaqueta de traje de gran tamaño, un ridículo moño y estaba sosteniendo algo detrás de su espalda.

— ¿Te arreglaste para mí, Oven-Mitt? — Marie sonrió inclinándose hacia él. — Qué lindo.

— S-Sí, bueno, — Edd tragó saliva con nervios y se sonrojó. — S-Solo quería darte esto como agradecimiento por salvar mi vida ayer.

Extendió sus manos, sosteniendo un ramo de flores. Marie sintió que sus propias mejillas se calentaron, pero rápidamente trató de ocultar su pena. Observó detrás de él y vio a Lee y May soltando risitas entre ellas. Marie resistió la oleada de enojo y se encontró a sí misma en el lado perdedor.

— ¡¿Qué diablos están mirando?! — gritó.

Lee rió y cruzó los brazos. — Parece que te conseguiste un cachorrito.

— Sí. — May rio como maniática. — Ojalá mi Gran Ed me trajera flores.

— Oh, cielos. — dijo Edd con nervios. — ¿Tal vez podríamos hablar en un lugar más privado? Hay algo que me gustaría discutir contigo.

Lee y May empezaron a reír y hacer caritas de besos y Marie sintió su sangre hervir. Con rudeza agarró a Edd por la muñeca y lo sacó afuera. Tomó un par de respiros calmantes para quitar las burlas de sus estúpidas hermanas de su mentes y trató de poner su mejor rostro seductor.

— Dime, amor. — arrulló, acercándosele. — ¿Por qué las flores?

— C-Cierto. — Doble D se aclaró la garganta y se ajustó el moño. — Bueno, como dije antes, las flores son un agradecimiento por salvar mi vida ayer y... bueno...um...

— ¿Si? Adelante, escúpelo.

Edd se mordió el labio y se balanceó sobre sus talones. — Bueno, solo quería darte... algo.

— ¿Ah sí? — Marie se cruzó de brazos y empezó a perder la paciencia. — Pues, dámelo. No tengo todo el día.

— Sí, um, muy bien, entonces... — Edd frotó su brazo nerviosamente y Marie sonrió. Esto estaba mejor. Edd temblando en absoluto y adorable miedo ante la simple vista de ella. Y lo que sucedió después la sorprendió completamente. Con una pequeña y nerviosa sonrisa, Edd se arrodilló frente a ella y sujetó ambas manos.

¡Santo Cielo! Marie chilló en su cabeza. ¡Se va a proponer! Digo, sé que ya estamos medio casados, pero soy demasiado joven para algo de verdad.

— ¡D-Doble D! ¡¿Qué crees que estás haciendo?! — chilló. — ¡No voy a casarme contigo! ¡Al menos aun no!

— ¡¿C-Casarnos?! — Edd se sonrojó y negó la cabeza. — ¡P-por Dios, no! Hm, tal vez esta posición es un poco engañosa.

Edd se paró y guio a Marie a una pila de viejos bloques de ceniza. Marie estaba empezando a sentirse nerviosa, lo que la ponía más irritable. Estaba acostumbrada a que los chicos le teman y manipular a aquellos que no lo hacía. Especialmente a Doble D. Pero ahora aquí estaba él, mirándola a los ojos con una gentil sonrisa y sosteniendo su mano afectuosamente.

Oh es verdad. Marie sintió una sonrisa creciendo en su rostro. Este es el Ed dulce. Tal vez el chico más dulce en Peach Creek. Qué mal que no está estremeciéndose de miedo, es mucho más lindo así. Mierda ¡¿Qué está diciendo?!

— ¿Me escuchaste, Marie? — susurró Edd.

— ¿Qué? Lo siento, mala mía. — Marie sacudió la cabeza y trató de concentrarse. — ¿Qué decías, novio?

— Justamente eso, Marie. — asintió Edd ansiosamente. — Eso fue lo que dije. Quiero ser tu novio.

— ¡¿Quieres qué?! — la mandíbula de Marie cayó. — ¿Qué dijiste?

Edd se sonrojó y apartó la mirada, pero estaba sonriendo. — Quiero ser tu novio, Marie. Arriesgaste tu vida para salvar la mía y me hizo darme cuenta de cuán asombrosa chica en verdad eres y lo mucho que quiero estar contigo. Como tu um... novio.

Marie sintió su corazón alzarse, pero luego la realidad la golpeó como una cachetada en la cara.

— ¿Esta es una broma? — su temperamento también se elevó. — Uno de tus amigos idiotas te puso esto como un reto o algo, ¿verdad?

— Te aseguro de que esto no es una broma. — dijo Edd con seriedad. — Planeo dedicar mi vida y mi amor a ti, Marie. ¿Qué dices?

Marie abrió y cerró la boca en sorpresa. Esto era demasiado bueno para ser verdad. Ella y sus hermanas habían estado persiguiendo a los Eds por lo que parecía una eternidad y ¿ahora el más lindo e inteligente de ellos la quería a ella? Esto era muy sospechoso... pero demasiado bueno para dejarlo pasar. Aunque debió haberse tomado demasiado tiempo para responder porque el rostro de Edd cayó y su agarre en su mano se aflojó.

— Oh. — dijo, apartando la mirada con tristeza. — Yo, um, tomaré eso como un no. Bueno, ejem, creo que ya no te molestaré. Perdóname por ser tan directo. Estuve bajo la impresión de que te gustaba.

Edd iba a levantarse e intentar de ocultar sus lágrimas pero Marie rápidamente lo tomó del brazo.

— ¡A dónde crees que vas! — gritó alegremente. — Eres mi novio ahora, y creo que estoy de humor para unos besitos.

Edd se volvió de un rojo brillante y comenzó a sudar. — Y-Y-Yo, m-muy bien. E-Estaré f-feliz de complacer.

Cerró los ojos y se sentó completamente quieto. Marie quedó sorprendida ante su rápida y lista obediencia, pero dudó. Esto no le daba la satisfacción que estaba esperando, pero por otra parte, todavía ni había comido su desayuno y el hambre normalmente estropeaba su humor. Marie le dio un golpecito no muy suave en la frente, alarmándolo al suelo.

— Te diré qué, — sonrió. — Te dejaré libre esta vez, pero mañana en la escuela espero un beso de buenos días.

— E-Está bien, Marie. — sonrió Edd con felicidad. — Te veré mañana entonces.

Marie lo vio marcharse y no pudo sentirse más feliz. Salvar la vida de Edd será la mejor decisión que ha hecho.