SEIS AÑOS DESPUES…

Demelza miró la hora en su celular. 23:38 decían los números sobre el fondo de pantalla, una foto de Ross sonriente, con lentes de sol, el pelo suelto, Julia sentada sobre sus hombros y Jeremy en sus brazos. ¿Adonde estaba? Los niños ya se habían ido a su habitación hacía más de una hora, aunque Demelza sabía que en realidad no estaban durmiendo, no esa noche. De vez en cuando se oían risas provenientes del piso de arriba. En cualquier otra noche ella hubiera subido a decirles que debían dejar de jugar e irse dormir, pero no esa noche. Era una costumbre que había comenzado hace años, en un cumpleaños de Ross en realidad, el primero que pasaron juntos. Demelza había hecho un pequeño pastel a escondidas y unos minutos antes de la medianoche lo había ido a buscar en la heladera, había despertado a Julia, encendido la vela y justo a la medianoche las dos habían entrado en la habitación principal de Nampara cantándole el Feliz Cumpleaños. Ross se había sorprendido, no había sospechado nada y las había recibido con brazos abiertos y una gran sonrisa y había reído alegre cuando las dos lo besaron deseándole felicidades. Después habían comido el pastel, los tres metidos en la cama, y se habían quedado dormidos, Julia en medio y Ross abrazándolas. Meses después, cuando llegó el cumpleaños de Demelza, Ross había sacado del área de pastelería de uno de los supermercados la torta más bonita que pudo encontrar y le había devuelto la gentileza y desde entonces habían comenzado con esa tradición familiar, con sus cumpleaños y con los de los niños. Nadie decía nada el día anterior y todos actuaban como si no supieran si ese año iban a recibir la sorpresa de su familia o no, pero en los último seis años no habían fallado ni una vez. Y era por eso que los niños estaban despiertos aún. Jeremy seguramente estaría ansioso esperando que sus padres entraran a su habitación con un pastel y Julia estaba esperando a que llegara la medianoche para celebrar con su hermano menor. La torta ya estaba en la heladera, pero Ross no había llegado todavía.

23:46. "¿Adónde estás?" Demelza le envió un mensaje a su marido. Se había sentado en la gran mesa de roble a esperar que llegara la hora mientras repasaba de su libro de Farmacología, pronto tendría un examen. Solo le faltaban dos exámenes más y se graduaría. No había sido fácil estudiar con dos niños pequeños, un marido, una casa y el negocio todos demandando su atención, pero ya le quedaba muy poco para recibirse de doctora. Ross había sido muy comprensivo, meses después de que naciera Jeremy habían hablado muy seriamente de lo que ambos querían del futuro. Ross quería tener más niños inmediatamente, adoraba a sus hijos y la adoraba a ella, y ella también quería pero estudiar medicina era lo que había deseado antes de que el rumbo de su vida cambiara por completo. Pero no se arrepentía ni lo lamentaba por supuesto, Julia era lo que más amaba en el mundo y ese camino era el que la había guiado a Ross y a Jeremy y su familia era lo más importante para ella, pero si había una mínima posibilidad de completar sus estudios ella quería intentarlo.

Ross había sonreído dulcemente y la había apoyado por completo. Ambos habían tenido que hacer sacrificios. "Eres tan joven", había dicho el, "ya tendremos tiempo después de agrandar aún más la familia." – Ross había costeado sus estudios en la Universidad de Truro, ella había tenido que dejar de trabajar, no podía hacerlo si quería pasar tiempo con los niños y ellos siempre habían sido su prioridad. Si bien tenía un año ya cursado de cuando vivía con Jinny, la carrera para ella fue más larga que lo normal, ¡no todos los estudiantes tenían dos hijos!, pero afortunadamente ya pronto lograría su objetivo. Afortunadamente ya no tenía que ir más a clase y hacía meses que estaba haciendo prácticas como médico residente en el Hospital de Cornwall, adonde Dwight era el cirujano en jefe, y cobraba un sueldo que podía aportar a la casa. Y la falta que les hacía. El negocio se había ido a pique en el último año. Ross había tenido que cerrar tres sucursales, el emporio Warleggan había decidido abrir grandes almacenes en la zona y estaba arrasando con todos los pequeños emprendedores que tenían negocios y no podían competir con los precios bajos que la mega-cadena ofrecía. Entre ellos, sus supermercados. Pero no era el momento de preocuparse por ese tema. El día de Jeremy estaba a punto de comenzar y Demelza tenía toda la intención de que su hijo disfrutara al máximo de su cumpleaños. Ya tenía toda la comida preparada para mañana, otra torta más grande y con un dibujo de Spiderman que Jeremy había elegido, globos rojos y azules listos para inflar, guirnaldas que colgarían en el patio. Demelza había revisado el pronóstico mil veces en esa semana y se aseguró que el tiempo acompañaría. Había ahorrado en las últimas semanas y sin decirle nada a nadie había alquilado un castillo inflable para que los niños y sus amigos jugaran.

23:54. Demelza estaba desbloqueando la pantalla del teléfono para llamar a su marido cuando escuchó el ruido del motor del auto aparcar en la entrada. "Menos mal", suspiró aliviada. Ross entró en la casa con prisa, ella se había puesto de pie e iba de camino a la cocina a preparar el pequeño pastel. "Lo siento, Trenwith es un caos y no me di cuenta de la hora." Dijo colgando la chaqueta detrás de la puerta y acercándose a ella a darle un rápido beso en los labios. "¿Los niños duermen?"

"Como si pudieran hacerlo. No, están jugando arriba." Demelza sacó la velita que había comprado con forma de 6 de uno de los cajones de la mesada y la puso en el pastel que estaba en la isla de la cocina. Ross sacó un encendedor del bolsillo de sus pantalones y la encendió. Demelza estuvo a punto de preguntarle por que tenía un encendedor encima, no le gustaba que fumara, pero se contuvo. No era el momento para discutir sobre eso de nuevo. Ross suspiró a su lado "Estoy agotado." – dijo con la voz cansada. Demelza pasó la mano por su frente y su mejilla y le dio otro beso en la comisura de los labios, el suspiró de nuevo y rozó su cintura, esforzándose para sonreírle. "Luego me cuentas." Ross asintió, tomó el pastel y con cuidado se dirigió al piso de arriba. Cuando llegaron junto a la puerta escucharon las risillas de sus hijos, Demelza volvió a chequear la hora. Cuando fueron las 00:00 abrió la puerta lentamente y ambos entraron cantando el feliz cumpleaños. Los niños pretendían estar dormidos, pero un segundo después Julia saltó de su cama, y se unió a sus padres a cantarle a su hermano. Jeremy se sentó en la cama, sonriendo de oreja a oreja, y esperó a que la canción terminara para soplar la llama de la velita. "Pide tres deseos, Jeremy." Le ordenó su hermana. "¿Qué pediste?" le preguntó después.

"Los deseos no se dicen o no se harán realidad. Feliz Cumpleaños, mi amor." Demelza abrazó y llenó de besos al pequeño.

"¡Mamá!" se quejó Jeremy.

"No puedo creer que ya cumplas seis años, parece ayer que viniste al mundo."

"Feliz Cumpleaños, hijo." Dijo Ross también, besando su frente y sacudiendo su cabello. "Gracias, papá." Dijo Jeremy y estiró los brazos para que Ross también lo abrazara. Los últimos meses no habían sido fáciles para nadie, pero menos para los niños que no comprendían porque su padre no pasaba tanto tiempo con ellos como solía hacerlo y lo extrañaban. A decir verdad, ella tampoco lo comprendía bien.

Julia también felicitó a su hermano. "¿Me dirás después?" le preguntó, pero Jeremy negó con la cabeza. "¿Y mi pastel del Hombre Araña?" dijo mientras Demelza cortaba la pequeña torta en cuatro porciones.

"Ese es para mañana, Jeremy."

Los cuatro comieron el pastel sentados sobre la pequeña cama de Jeremy. Ross apenas si podía mantenerse despierto, a Demelza le costó un buen rato que los niños se durmieran, excitados como estaban por la fiesta del día siguiente, no paraban de hablar sobre quien vendría o que harían. Entre que les contó un cuento, bajó a la cocina a limpiar la bandeja y las cucharas y acomodó sus apuntes, cuando subió a su habitación Ross ya estaba dormido. Tratando de no hacer ruido Demelza fue al baño, se quitó la ropa, se puso su remera de dormir y se metió sigilosamente bajo las mantas. Ross no se despertó, pero acomodó su cuerpo a su espalda y la rodeó con el brazo, su mano descansando en su cintura.