Capítulo 1
Todas las revistas populares de la ciudad de Midgar la tenían como portada a ella. Sus profundos ojos verdes, su sedoso pelo castaño y su brillante sonrisa rosada llenaban fotografías y fotografías de intensos reportajes en los que se destacaba su especial talento para la actuación y la versatilidad que tenía para meterse en la piel de los diversos personajes a los que había representado durante toda su vida.
Además, aquel año estaba nominada a los Dorado, el premio más importante de la academia del Cine que galardonaba a los mejores actores y actrices, así como también a las películas más espectaculares del año. Estaba nominada por el papel de una misteriosa asesina en serie en una película de terror independiente, un papel muy alejado de otros roles que había adquirido a lo largo de su carrera como actriz, pero en el cual le encantaba meterse, pues suponía todo un reto para ella representar a alguien tan complejo.
Vivía en las afueras de Midgar, en una mansión rodeada de frondosos árboles. Su hogar no estaba exento de ningún lujo: tenía una enorme piscina, varias habitaciones amplias y luminosas, un acogedor salón con piano y bar y, por si fuera poco, su sótano estaba acondicionado como un set de cine en el que ensayaba todos y cada uno de sus papeles cinematográficos.
Aeris, que así se llamaba la talentosa actriz, regresaba a Midgar en un lujoso coche negro, cansada de una larga gira de eventos para promocionar su última película, El Silencio de las Aves. Llevaba unas enormes gafas de sol negras, con el fin de ocultar su fatiga y su cansancio, que tan bienreflejaban sus ojos, mientras tecleaba un mensaje en su móvil para su madre, Ifalna:
"Mamá:
Estoy llegando a Midgar. Espero que Denzel se haya portado bien contigo y que no haya hecho ninguna travesura. Si quieres, puedo enviar un coche a buscaros a ti y a él y pasáis la tarde en mi casa. Necesito mucho ver a mi querida mamá y mi querido hijo. Te quiere, A."
Dejó el móvil a su lado, en el asiento trasero del coche y soltó un profundo suspiro. A la mujer le encantaba su profesión, le fascinaba ese momento en el que se metía en la piel de otra persona y dejaba de ser ella misma. Pero ser una actriz tan reconocida mundialmente tenía sus desventajas, y una de ellas era el poco tiempo del que disponía para ver y cuidar de su hijo de ocho años, Denzel. Podía pasarse semanas enteras sin verlo, solo a través de una videollamada, lo que hacía que extrañarlo fuera aún más duro.
Por suerte, Aeris agradecía que su madre fuera una abuela cuidadosa y amable. Prácticamente, Denzel había crecido con Ifalna, ya que su padre había fallecido en un trágico accidente de tráfico, cuando él era un bebé. Los primeros meses tras su muerte fueron muy duros para Aeris, ya que no concebía una vida en la que faltase su amor, su mejor amigo. Por suerte, contó con la ayuda y el cariño de su madre y de su mejor amiga, Tifa, para salir adelante en la que había sido la peor de las situaciones de su vida, así como también el amor hacia su hijo hizo que superase todos los obstáculos.
Justo cuando empezaba a quedarse embelesada por el traqueteo del coche, su conductor y amigo, Carlo, la sobresaltó con su voz:
-Aeris, estamos al llegar - la avisó, con una sonrisa amplia que marcaba algunas líneas de expresión en su piel clara. Su espeso bigote negro y sus ojos brillantes y oscuros denotaban cierta ternura que hacia que Aeris lo viera como un padre.
-Oh, por fin - respondió la mujer, con una sonrisa - Tengo muchísimas ganas de volver a casa.
-¿Cuánto tiempo ha pasado esta vez? - preguntó Carlo, que había perdido un poco la cuenta.
-Puede que un mes. ¡Ha sido muy ajetreado! Promociones, entrevistas, premieres… una cosa detrás de la otra. No quita que esté encantada, por supuesto que lo estoy - aclaró ella - pero ya tenía ganas de volver - finalizó, entre risas.
Apenas unos minutos después, Carlo se adentró con el vehículo en el precioso camino de piedra, adornado con flores a los lados, que llevaba justo a la entrada de la mansión de Aeris. La muchacha se bajó del coche y echó un vistazo a su hogar, respirando con una inmensa tranquilidad. Por fin estaba en casa. Esperaba tener unos meses de tranquilidad hasta el certamen de los Dorado, meses que aprovecharía para estar en familia y recuperar el tiempo perdido. Aunque nunca había un tiempo total de tranquilidad para un artista y Aeris lo sabía muy bien. Desde que supieran que había vuelto a Midgar, las entrevistas y las fotografías no tardarían en llegar.
Se acercó a la parte trasera del vehículo para sacar sus maletas, pero vio que Carlo se había adelantado.
-¡Me consientes demasiado! - lo reprendió, con dulzura. Carlo le dedicó una sonrisa agradable.
-¡Cualquier cosa por mi querida niña! Las dejaré en el recibidor y le pediré a Isaac que las suba, que está más fuerte que yo, ¿te parece?
-¡Por supuesto! ¡No hay problema! - dijo ella. - Iré a saludar a Lena, ¡tiene que estar impaciente por verme!
Lena era la cocinera y la jefa de servicio del hogar. Llevaba el larguísimo pelo negro recogido en un pulcro moño y su rostro solo podía desprender ternura y un instinto maternal.
Había trabajado para otros famosos con anterioridad, pero nunca se había sentido tan bien como con Aeris, pues ella siempre la hacía sentir como si perteneciera a su familia, tanto a ella como al resto de empleados que ayudaban a Aeris con las tareas del hogar. También cuidaban del querido niño de la casa, Denzel, cuando su abuela no podía. En definitiva, Lena agradecía todos los días la suerte que había tenido al acabar en la casa de una familia como los Gainsborough.
Aeris se la encontró preparando lo que parecían unas galletas de chocolate. Se sonrió para si misma, pues sabía que Lena lo hacía para consentirla, ¡eran sus favoritas! Y seguro que había tenido en cuenta que volvía aquella tarde.
-¿Dónde está mi mamá postiza? - canturreó la chica, acercándose alegremente. Lena se giró rápidamente y Aeris se fundió con ella en un estrecho abrazo.
-Pero si es mi hijita de otra madre - la saludó Lena, mientras la apretaba entre sus brazos y le acariciaba el cabello - cuanto te he echado de menos - dijo, cuando se separaron.
-Yo también a ti, mucho - confesó la chica, con una sonrisa nostálgica - ¿cómo ha ido todo por aquí?
-Bastante tranquilo. Incluso más de lo habitual. Ya sabes que no me gusta mucho la tranquilidad excesiva, prefiero mucho más ritmo.
Aeris se rió ligeramente.
-Deja que vuelva Denzel y se ponga a corretear por ahí con sus juegos, desearás volver a la tranquilidad - comentó la de cabello castaño.
-¿He dicho que prefería el ritmo? - bromeó la cocinera, entre risas - pero aún así, también lo he echado mucho de menos esta semana, pero sé que con la señora Ifalna también se lo pasa muy bien. Te estoy preparando unas galletas, estarán listas dentro de un ratito.
-Mmm, ¡ya tienen muy buena pinta aún sin estar hechas! - comentó Aeris, sintiendo como el hambre se apoderaba de su estómago. - Iré a mi cuarto a cambiarme y desde que vuelva te pongo al día de todo, ¿vale?
La chica subió corriendo las escaleras hacia su cuarto, mientras sus cabellos largos se movían al son de sus pasos con una delicadeza diferente. Recorrió el luminoso pasillo y llegó a su habitación, abriendo la puerta lentamente, mientras deseaba ponerse alguna prenda cómoda para pasar la tarde.
Pero cuando abrió la puerta, en lugar de encontrarse con la habitual candidez y tranquilidad de su habitación, se encontró con un auténtico horror: las cortinas del cuarto tenían recortes de revista en los que aparecía la misma Aeris, pegadas a la tela de las mismas; la almohada y parte del colchón estaba rasgado y el algodón del interior comenzaba a sobresalir del interior del mismo y los pétalos de las flores que tenía en el jarrón sobre la mesa habían sido despojados uno a uno y lanzados por toda la habitación. La fotografía de Ifalna, Aeris y Denzel abrazados tenía recortado tan solo el rostro de la actriz.
Horrorizada, Aeris no paraba de temblar. Avanzó unos pasos hacia el interior de la habitación, observando el destrozado y ultrajado espacio que ahora mismo la rodeaba, pareciéndose cada vez más al caos. Se dio cuenta que su armario, con algunas prendas de ropa, estaba también revuelto, como si la persona que había perpetrado todo aquello las hubiera estado toqueteando. Sin embargo, no faltaba absolutamente nada en el cuarto, al menos a simple vista. Sus joyas y otros efectos personales estaban en su sitio, pero el desastre era imperante en todo lo demás.
Entonces algo llamó su atención. Sobre la desvalijada cama había un papel. Aeris lo tomó sobre entre sus temblorosas manos y lo leyó, aunque la histeria que estaba sintiendo en su interior y la necesidad imperiosa de gritar por el miedo que la absorbía hacía que su vista se nublara cada vez con mayor intensidad. Pestañeó varias veces hasta que consiguió enfocar lo que decía el papel, formado con letras recortadas de periódicos y revistas:
"Tu tranquilidad ha terminado. Voy a ser tu sombra hasta que consiga tenerte entre mis brazos y acabar con tu miserable vida."
-.-.-.-.-
-Ya he llamado a la señora Ifalna para que se quede unos días más con Denzel - avisó Carlo, entrando en la cocina donde se encontraban Aeris y Lena. Lena había preparado una tila caliente para Aeris, que todavía estaba intentando, a duras penas, volver en sí. Su mente no dejaba de darle vueltas al terrible estado en que había encontrado su habitación, pero, aún más, la amenaza de muerte escrita en la nota.
Pero lo que más la aterrorizaba era el hecho de que alguien había entrado en su casa sin que nadie se diera cuenta. ¿Qué habría pasado si su hijo hubiera estado en el hogar? ¿Y si le hubiera hecho daño? ¿O si hubiera hecho daño a Lena, Carlo o cualquier otra persona que trabajaba allí?
Cualquier persona con su fama habría tenido un complejo sistema de seguridad en su casa. Pero a Aeris nunca le había gustado tener policías a su alrededor, como ella llamaba a los guardaespaldas o cualquier otra cosa relacionada con la protección. Hasta ahora, a pesar de ser una reconocida actriz, no había tenido nunca ningún tipo de problema relacionado con su seguridad y su bienestar, y siempre se había encargado ella misma de protegerse tanto a ella como a su familia y nunca había pasado nada malo…
-Sigo sin entender como es posible que alguien haya entrado aquí y haya conseguido llegar hasta la habitación de Aeris, ¡sin que nos diéramos cuenta! - dijo Lena, completamente desesperada. Se movía de un lado para otro, intentando buscar una explicación coherente a lo que estaba ocurriendo, pero todas le parecían descabelladas. - No puede ser que haya sido uno de nosotros, eso es imposible.
-Claro que no - añadió Carlo - todos llevamos años trabajando aquí, con nuestra Aeris. Ha debido de ser un extraño o una extraña.
Aeris se estremeció al escuchar aquellas palabras. Solo de recordar que un extraño o una extraña había perpretrado su hogar y había destruido la paz del mismo la hacía temblar del miedo. Sin embargo, intentó mantener la compostura. No quería preocupar a nadie más de lo que ya lo estaban.
Se llevó una mano a la frente, mientras intentaba poner en orden su mente y sus ideas, pero le estaba resultando una dura batalla que librar. Entonces el sonido del timbre la sobresaltó por completo y dio un respingo, mientras clavaba sus ojos verdes en la puerta.
-Iré yo a abrir - dijo Lena, armándose de valor, pues también estaba bastante asustada con toda aquella horripilante situación. Caminó lentamente hacia el recibidor y miró por la mirilla para encontrarse con unos grandes ojos rubí observando desde fuera.
-¡Ay pero si eres tú, niña! - dijo Lena, soltando un suspiro y con él, todo el estrés que llevaba en su interior. Abrió la puerta y dejó pasar a una preciosa mujer de cabello largo y negro, con grandes ojos rubí. Llevaba unos vaqueros y una blusa blanca y se abrazó a Lena nada más pasar. - Está en la cocina, ven.
Lena caminó con la recién llegada de vuelta a la cocina y Aeris levantó la vista cuando entraron, viendo que ésta era acompañada de su mejor amiga, Tifa, con la que se fundió en un abrazo rápidamente.
-¡Vine lo antes que pude! - dijo Tifa, echándose un largo mechón de cabello negro tras la oreja y dejando entrever un sencillo pendiente de plata. - ¿Pero qué es lo que ha pasado?
Aeris se mordió el labio y se dispuso a explicarlo lo mejor que pudo:
-Alguien ha entrado en mi habitación … alguien que desconozco. Destrozó todo, absolutamente todo, agujereó mi cama y mi almohada, revolvió mi ropa, colocó fotos mías por todo el cuarto, pero no se llevó nada…y dejó esta nota… - explicó, tendiéndole el papel con la amenaza. Tifa lo leyó cuidadosamente y no pudo evitar que su expresión se torciera, desencajándose con el horror que la estaba invadiendo por completo.
-¡Dios mío! - dijo Tifa - ¿Pero cómo ha podido ocurrir esto? - la chica se mantuvo en silencio durante unos instantes, mientras parecía recalcar en algo que le había dicho su amiga - Un momento… ¿has dicho que no se llevó nada?
Aeris asintió lentamente con la cabeza, intentando comprender por dónde quería ir su amiga.
-Entonces no pretendía robar. Si no, algo te habría quitado… Tiene toda la pinta de tratarse de un fanático, de esos que persiguen a los artistas y se meten en su vida privada para acosarlos.
-¿Acosarme? - repitió Aeris, frunciendo el ceño - ¿Pero quién querría acosarme?
-Quien sabe. Eres famosa y además, estás nominada a uno de los premios más importantes del año. Incluso puede que se trate de otro actor o de otra actriz que está intentando hacerte daño.
-Leí un caso parecido en una revista el año pasado - intervino Carlo, con exasperación - se trataba de una cantante muy famosa a la que también la perseguía un acosador por todos sus conciertos.
Aeris se llevó una mano a la boca, extenuada. Lo último que necesitaba en su vida era un acosador, alguien que acechara su vida y la de su hijo y los pusiera en un peligro inminente.
-¿Has llamado a la policía? - preguntó Tifa, pasando una mano por el hombro de su amiga en un intento de reconfortarla.
-Antes. Estuvieron aquí - dijo Aeris, con un hilo de voz - echaron un vistazo a todo, pero dijeron que al no faltar nada no podía considerarse un robo. Solo una intrusión y ante eso no podían hacer nada - explicó, cerrando los ojos con una fuerte frustración.
-Tal vez deberíamos reforzar la seguridad de este hogar - dijo Lena, con determinación. - Quizá necesitas un guardaespaldas, Aeris, alguien que te proteja a ti y a tu hijo. Y también cámaras de vigilancia y…
-No voy a tener un policía pegado a mi cuerpo las veinticuatro horas - sentenció Aeris, con firmeza. - Hasta ahora he podido proteger a mi hijo yo sola y también a mi misma. Y seguirá siendo así.
-Aeris, por favor, piénsalo bien. - intervino Tifa, intentando convencerla - Este… "ser" ha entrado en tu casa y en tu dormitorio, ¿y si te hubiera encontrado a ti? ¿Qué te habría hecho? Te aseguro que no se hubiera conformado con verte y marcharse como si nada.
-Estoy de acuerdo con las cámaras de seguridad, vale. Pero no pienso tener a un tipo pegado a mi todo el día. - dijo la de ojos verdes, cruzándose de brazos algo molesta.
-Aeris, piensa en Denzel. Y en su seguridad. No dudo que hayas podido protegerlo hasta ahora y muy bien, además - insistió Tifa, bajo la atenta mirada de Carlo y Lena - pero no siempre vas a poder mantener el control de todo. Y necesitas la ayuda y la protección de un experto. Dudo muchísimo que quieras que la persona que más amas en este mundo sufra ningún daño, ¿verdad?
Aeris se mantuvo mirándola durante unos instantes, mientras sentía como la máscara de firmeza que se acababa de poner comenzaba a resquebrajarse. Lo que más amaba en el mundo era su hijo…si le pasaba algo, fuera lo que fuera, por su culpa…
-¡Te ayudaré a encontrar a un experto! - dijo Tifa, abrazándose a su mejor amiga.
Hasta el próximo episodio! ^^
