Miraculous, les aventures de Ladybug et Chat Noir y sus personajes son propiedad de Thomas Astruc y Zag Entertainment.
Palabras:1348
Febrero: San Valentín accidentado
Marinette permanecía con la mirada fija y desorbitada en la pantalla iluminada del móvil, no podía creérselo. Adrien le había enviado un mensaje citándola aquella misma noche en un lujoso restaurante del centro. Si bien era cierto que, desde que habían coincidido en la fiesta de Año Nuevo, se habían visto casi a diario nunca la había invitado a un sitio caro.
—Marinette. —La voz de Tikki la obligó a despegar los ojos del teléfono—. Sabes qué día es hoy, ¿verdad?
—Sábado —contestó demasiado apresurada, aún en shock.
—No me refiero a eso, Marinette, hoy es San Valentín.
—¿¡Qué!?
La pequeña kwami temió por un instante que su portadora y guardiana de los prodigios colapsase, pero no ocurrió, Marinette continuó respirando y agitando las manos en el aire como si fuese algún tipo de danza para lograr que el mundo funcionase correctamente.
—¡Ya lo entiendo, Tikki! —soltó de repente poniéndose en pie y balanceándose nerviosa sobre sus talones—. Adrien se ha equivocado de persona al enviar el mensaje. —Claro que eso no era, precisamente algo bueno.
—Pero en el mensaje pone tu nombre, Marinette.
La muchacha releyó el mensaje, una vez más, sólo para comprobar que era cierto. Su nombre estaba allí con su inicial en mayúscula y todo.
—Entonces es que no sabe qué día es hoy, Tikki. Seguro que el jet lag aún le afecta, o la mudanza o lo que sea…
—¿Y si Adrien quiere simplemente pasar este día contigo?
—Eso es imposible, o sea, mírame, mírale —barbotó señalándose a sí misma para luego señalar una de las muchas fotos de Adrien que plagaban las paredes—. ¿Por qué habría de querer quedar conmigo en el día más romántico del año?
Tikki suspiró disintiendo lentamente, su portadora y su falta de seguridad en sí misma en lo referente a Adrien Agreste.
—A lo mejor sólo quiere pasar este día con una amiga. Contéstale, Marinette, dile que irás. Necesitas pasártelo bien.
º º º
—Adrien ¿no deberías decirle a Marinette lo que planeas?
—No, Plagg —contestó abrochándose la camisa negra—, si lo hiciera no sería una sorpresa.
—¿Y si a ella no le interesa?
El portador del prodigio de la destrucción se limitó a sonreírle a su kwami.
—Marinette ha dicho que vendría. Me gustaría que aceptase mis sentimientos, pero si no es así, no hay nada de malo en cenar con una buena amiga.
Plagg suspiró y engulló un pedazo de camembert, tanto años después y seguía sin comprender a aquel muchacho y su cabeza llena de pájaros.
—Además, Plagg, lo tengo todo planeado.
»Cenaremos en Chez Marino, después daremos un paseo romántico bajo las estrellas y cuando lleguemos a la Torre Eiffel me declararé.
—Que cursi…
Sin embargo, el pequeño kwami estaba orgulloso de su portador. Había superado su amor "no correspondido" por Ladybug y se había enamorado de su alter ego, Marinette. Era mucho mejor así, Marinette era alguien tangible, Ladybug era una ilusión.
—Si tu plan falla compartiré contigo mi camembert.
—Gracias, Plagg.
º º º
El guardaespaldas y chófer de Adrien se presentó en su puerta para recogerla. Marinette había pensado en pedir un taxi, mas al parecer no sería necesario.
—Gracias.
El hombre asintió abriéndole la puerta. Marinette se sentó en los cómodos asientos de piel y clavó la vista en los edificios que pasaban tras la luna tintada del vehículo, estaba nerviosa dándole vueltas y más vueltas a por qué Adrien la habría invitado, precisamente, aquel día. Tal vez no sería la única invitada y se estaba embalando como siempre, tenía que ser eso, una reunión entre viejos amigos. Por supuesto.
El coche se detuvo y le abrieron la puerta, el guardaespaldas de Adrien le tendió la mano para ayudarla a bajarse, como si ella fuese alguien especial en vez de la hija del panadero.
La gente que entraba y salía del restaurante llevaban trajes de alta costura, se sintió insegura de repente. Ella no tenía ropa cara, aunque se sentía muy orgullosa de aquel vestido que había confeccionado, nada le aseguraba que estuviera a la altura de las expectativas de Adrien para una ¿cita? ¿cena colectiva con viejos amigos?
Adrien, esperando frente a la puerta, le sonrió y admiró su hermoso vestido negro con encajes rojos sobre el pecho, le quedaba perfecto, mejor que cualquier vestido que hubiese podido encargarle a la mejor modista de todo París. Estaba seguro de que era una de sus creaciones, por la originalidad y la delicadeza con la que el encaje combinaba con la tela bajo ella.
—Hola Marinette —saludó ofreciéndole un ramo de rosas rojas.
—Ho-hola… ¿son… para mí?
—Por supuesto, ¿no te gustan las rosas? —inquirió nervioso frotándose la nuca.
—¡Oh, no! ¡Quiero decir que sí! Me encantan las rosas. Gracias.
Tomó las flores con las manos temblorosas y una sonrisa nerviosa.
—Me alegra que aceptases mi invitación.
Hundió la cara en las flores sintiendo las mejillas arder.
—Bu-bueno, yo tenía curiosidad y no tenía planes, así que… —refunfuñó algo ininteligible contra las rosas—. Lo que quiero decir es: gracias por la invitación.
—De nada.
Les abrieron la puerta desde el interior, manteniéndola así hasta que estuvieron dentro. Un camarero trajeado los llevó hasta una mesa junto a la ventana en un rincón apartado y, con movimientos estudiados, les dejó un par de cartas y otra de vinos.
Marinette dejó el ramo con delicadeza junto a la ventana, sintiendo su perfume fresco y delicado.
—¿Te gusta el vino, Marinette?
—Oh, bueno, sí, aunque no entiendo mucho.
—Pide lo que quieras, de acuerdo, invito yo.
Marinette abrió la carta, casi le dio un infarto al ver el precio de la ensalada más barata, cuarenta euros por algunas hojas de lechuga y algún que otro complemento le parecía abusivo además de absurdo.
—No mires los precios, por favor, pide libremente.
—Pero, Adrien, ¡es carísimo! —exclamó en un susurro.
—Un día es un día, por favor, Marinette.
Y aunque fue complicado Adrien logró que Marinette se relajase y pidiese su cena a pesar de los precios desorbitados.
Todo iba bien, la comida era deliciosa, el vino espectacular y la conversación fluía como nunca antes lo había hecho. Adrien estaba encantado viendo como todo iba acorde a su plan. Todo era perfecto.
Demasiado perfecto.
—¡Adrien! ¡No me lo puedo creer!
Marinette se giró casi a cámara lenta para ver, con horror, como su archienemiga se plantaba junto a su mesa, con un elegante vestido de alta costura y su lustrosa melena rubia enmarcándole su rostro de muñeca de porcelana.
—Chloé, ¿qué…?
La hija del alcalde tomó una silla de la mesa de al lado y la colocó entre ellos, sonrisa radiante de niña consentida. Marinette habría querido chillarle que se perdiese, pero no lo haría porque había madurado.
—Qué casualidad encontrarnos aquí en un día como hoy.
—Ah, Chloé, Marinette y yo estábamos…
—Sí, sí, sí, cenando, ya lo veo —siseó meneando la mano en dirección a Marinette como si tratase de ahuyentarla como a una molesta mosca—. He estado esperando a que me llamases desde que regresaste.
—Lo siento, Chloé, he estado muy ocupado. Hablaremos en otro momento, ¿de acuerdo?
—No, ahora.
Marinette no quería seguir de observadora en aquella escena, dio un suave golpe sobre la mesa.
—Chloé, ¿no tienes nada más que hacer hoy?
La hija del alcalde la miró entre ofendida e indignada.
—No es asunto tuyo Dupain-Cheng.
—Estás sentada en la misma mesa que yo, así que…
—Así que nada —bufó la rubia—. Tú eres de clase baja, Adrien y yo de clase alta. Esfúmate Dupain-Cheng, estte sitio no es para la gente como tú.
—Chloé, déjalo ya. He invitado a Marinette a cenar y me gustaría que nos dejases a solas.
Pero la hija del alcalde no parecía estar dispuesta a marcharse.
—Lo siento, Adrien —musitó Marinette levantándose y tomando su ramo con delicadeza—. Creo que es mejor que me marche y acabéis con lo que sea que tenéis a medias.
—Eso, piérdete Dupain-Cheng.
—Pero, Marinette, no..
Adrien se levantó para seguirla, pero Chloé se lo impidió.
Su plan de San Valentín había sido un fracaso estrepitoso.
Continuará
Notas de la autora:
¡Hola! Antes que nada, debo aclarar que Chloé no es un personaje que odie, la he usado a ella por haber sido la rival en el amor de Marinette desde el inicio de la serie. Parece que elaborar planes maestros para declararse no es algo que se le dé bien a Adrien, ¿logrará declararse? ¿Marinette seguirá correspondiéndole?
Lamento no haber podido actualizar el viernes, mi mala salud interponiéndose en mi vida de nuevo. El próximo capítulo seguramente lo subiré el uno de marzo, en caso de no poder lo aplazaría al siete de marzo.
Espero que os guste. Un abrazo.
º º º
TamyWhiteRose: ¡Hola! Gracias por tu review y por seguirme, espero que hayas disfrutado de la segunda parte.
Emely-nya: ¡Hola! Gracias por tu review.
