El brillo del sol iluminó mi cara. Poco a poco, fui abriendo los ojos con pesar. Tras desperezarme, desayuné con Ema quien ya había preparado todo. Me encontraba algo cansada, pero aún me quedaban energías suficientes como para seguir en su búsqueda y captura.

-Hoy va a ser el día-me propuse mientras me zampaba una galleta.

-Ya ha pasado un mes desde que dijiste eso por primera vez-apuntó Ema mientras se preparaba una tostada.

-Pero no iba tan en serio como hasta ahora-estaba decidida. Era ahora o nunca.- Las próximas semanas estaré liada, así que hoy pienso darlo todo. Toda la carne se va a poner en el asador.

-¿Te vuelves a tener que ir?-hizo hincapié en esa parte.

-Sí, aunque serán días sueltos. Son demasiado molestos.

-Lo hacen por tu bien.

-Puede… A ver si mi hermanita tiene buenas noticias…

-Tanto ella como su alma gemela se están esforzando mucho. Seguro que al final lo consiguen.

-A estas alturas ya no lo creo…

Por eso tengo que encontrarlo, pensaba con decisión.

-Bueno, me voy.

-No te olvides tu bolsa-Ema me la acercó.

-Cierto, casi me olvidaba.

Agarré mi bolsa y me marché de casa. Me lo estaba jugando a todo o nada. Ese día iba a ser decisivo en mi vida. La mañana la pasé caminando por el centro de la ciudad. De vez en cuando la flecha se movía ligeramente, pero el cambio era tan mínimo que no me servía para nada. Para comer fui a mi hamburguesería favorita, más de lo mismo. Por la tarde un paseo por los parques y una parada en el centro comercial. Nada de nada. Mi alma gemela parecía que no tenía tanta prisa como yo.

-Ay, cielos. Alma gemela, ¿dónde estás?-hablaba en voz alta mirando a ambos lados tratando de encontrarlo.

-Nada…-no había respuesta. Aquello era desalentador.

-Estoy muerta… ¡Uh!-un escaparate del centro comercial por el que estaba caminando, llamó mi atención.- Nuevo volumen… ¡Del samurái de acero!

Sin pensármelo dos veces entré a dentro. No iba a volver a casa con las manos vacías, ya que no había encontrado a mi alma gemela, pues que menos que traer un nuevo volumen del samurái de acero, para disfrutarlo en compañía de Ema.

El interior de la tienda estaba lleno de productos de diferentes series. Me conocía la mayoría de ellas, tanto tiempo libre había conseguido que me especializase en el tema. A decir verdad, estaba feliz por estar allí dentro. Donde solía vivir no podía ir a tiendas especializadas en merchandising, así que para mí estar en ese tipo de tiendas era un sueño hecho realidad. Me encantaba gastar todo el monedero en libros y objetos del samurái de acero, esa serie solo me traía buenos recuerdos.

Al entrar dentro, miré a todos lados. Estaba entusiasmada. Cuando encontré el nuevo volumen de mi serie favorita, fui directa a la caja para pagar.

-Ay, Ema me va a matar-decía feliz caminando dando pequeños saltitos de un lado a otro.- ¡Toca maratón intensivo!

-Un… Dos…Tres… ¡Por la Justicia!-canturreaba feliz el lema del samurái de acero. No iba mirando por donde iba, estaba tan emocionada que no me fijaba; simplemente disfrutaba e imaginaba lo genial que sería lo que iba a ver.

Mientras caminaba choqué contra algo que consiguió sacarme de mis pensamientos.

-Auch-el impacto hizo que me cayese al suelo.- ¡Eh!-abrí los ojos, volviendo a la realidad.

-¡Perdona! No te había visto-un chico, con el pelo pincho, se alzaba ante mí. No lo había visto nunca antes.- Te ayudo-tendió su mano para que pudiese subir. Me había hecho bastante daño, no por la caída, sino porque mi cuerpo no era demasiado bueno recibiendo golpes.

En ese momento, un brillo comenzó a salir de la flecha de mi muñeca.

-¡¿Qué?!-tanto el chico como yo abrimos los ojos y miramos nuestra respectiva muñeca. La flecha se estaba transformando.

-No puede ser…-estaba alucinando.

Lo hemos encontrado, lo hemos encontrado, lo hemos encontrado, mi mente no era capaz de pensar en otra cosa distinta.

-Te encontré-el chico tenía una enorme sonrisa en su cara. Seguro que tampoco se lo terminaba de creer.

En mi corazón se entremezclaban muchos sentimientos que solo conseguían crear una sensación extraña. Sentía alivio y alegría, pero a la vez miedo y tensión. No era capaz de creérmelo aún.

-¡Por fin!-exclamé feliz.- No me lo creo, no me lo creo-me acerqué a él para comprobar que no era un sueño.

-Yo tampoco-me agarró y me abrazó.

Sentimientos que no había experimentado nunca antes, aparecieron en mi cuerpo. No lo conocía, pero sentía que siempre había estado allí, a mi lado. Su cuerpo irradiaba mucho calor, me sentía cómoda a su lado.

Tras separarse, el chico me tendió la mano.

-Es un placer, me llamo Phoenix Wright.

-Maya Fey, encantada-agarré su mano efusivamente.- Espera… Si estás aquí… ¿No me digas que a ti también te apasiona el samurái de acero?

-¿Qué?-se fijó en la tienda que tenía detrás.- Ah, no… Yo solo vengo por las ofertas del fin de semana.

-Jo-me dio pena ver que no estaba interesado en lo mismo que yo- ¿y cómo es que has dado conmigo?

-Nick, tengo hambre-Larry parecía quejarse desde el salón.

-¿Y qué quieres que le haga?-yo estaba comiendo un bocadillo en la cocina.

-Hazme algo, porfa-suplicó acercándose.

-¿Qué? No me apetece. Hazte tú algo que ya eres mayorcito.

-Nick, ya podrías ser más enrollado. Así no vas a encontrar a tu alma gemela.

-No creo que no querer cocinar esté relacionado con encontrar a tu alma gemela-respondí dando un bocado a mi comida

-¡Ey! No nos queda casi nada de comida-abrió la nevera mostrando la falta de alimentos que había en la casa.

-Tienes razón…Hace días que no salimos a comprar nada-recordé la última vez que habíamos ido a por la compra.

-Entonces… ¡Nick ve a comprar algo!

-¿Qué? Yo estoy comiendo.

-Venga, tú eres el mejor comprando. Siempre coges las mejores ofertas.

-Sí, ahora se dice así.

-Vamos, Nick, toma-me preparó la cartera y me dio una bolsa.

Fue empujándome lentamente hacia la puerta.

-¿Qué? Pero si yo…

-No te olvides de comprar bollos de chocolate-abrió la puerta y me sacó a fuera.

-Ay, por qué siempre me toca a mí-ya me había echado fuera de casa.

Bueno, a hacer la compra, pensé caminando hacia el "super" más cercano.

No me disgustaba ir a hacer la compraba. Además era el que mejor la hacía de los tres. Siempre buscaba las mejores ofertas para que saliese rentable. Ser estudiantes no nos hacía ser ricos, por eso teníamos que encontrar cosas a bajo precio que conservasen calidad.

Como era fin de semana decidí ir al supermercado del centro comercial. Tenían buenas ofertas, así que aprovecharía. Fui caminando por la calle. No tenía nada que hacer, así que, de vez en cuando, miraba la flecha para pasar el rato. Se movía ligeramente.

Al llegar al centro comercial, comencé a caminar hacia el supermercado. Estaba petado de gente, como no hacía muy buen día la gente había aprovechado para hacer lo mismo.

Qué se le va a hacer, pensé comenzando a caminar hacia la tienda.

Al caminar me fijé en la flecha, se volvía a girar.

Curioso, pensé, hoy mi alma gemela está más activa de lo habitual.

Seguí caminando hacia mi destino, pero no podía evitar no fijarme en mi muñeca. Una fuerza poderosa hacía que mi mirada se quedase atrapada en aquel dibujo. Iba cambiando de dirección a cada rato, mi curiosidad iba creciendo a pasos agigantados. No podía apartar la vista. Sin darme cuenta, comencé a seguir la flecha. Estaba hipnotizado por los movimientos que iba dando; norte, luego este y norte, yo iba caminando al mismo tiempo.

Si se gira tanto solo puede significar una cosa, me imaginaba que tenía que estar cerca de mi alma gemela a narices. Esa flechita nunca se había movido tanto como hasta ese momento, estaba seguro.

Caminé durante tiempo, no podría decir cuánto. Había perdido la noción de todo, estaba sumido en mi mundo. Concentrado y con la determinación de encontrarla. Mientras andaba, choqué contra algo que hizo que me despertase y volviese al mundo real. Era una chica. Por el golpe se cayó al suelo.

-¡Auch!...

-Y así fue cómo di contigo-explicó mi alma gemela.

-Guau, menos mal que te pusiste a buscarme como un loco porque si no, no creo que me hubiese dado cuenta. El samurái de acero me había absorbido la mente-reí pensando en ello.

Él también se rio.

Ambos comenzamos a caminar hacia la salida del centro comercial. Empezamos a hablar sobre diversos temas para conocernos mejor. A pesar de nuestra clara diferencia en gustos, éramos bastante parecidos. Me caía muy bien. Podía notar que tenía un gran sentido de la justicia y que era leal y una gran persona.

Cuando llegamos fuera, una gota de agua cayó sobre mi nariz. Estaba lloviendo.

Porras, pensé mirando las nubes. No había cogido un paraguas por la mañana, así que me iba a tocar volver a casa mojada.

-Tranquila-dijo Phoenix mirándome con seguridad.- Yo tengo un paraguas.

-Menos mal, estás en todo-sonreí al ver que no iba a tener que empaparme.

Se ofreció a llevarme de vuelta a casa. A simple vista no lo parecía, pero era todo un caballero.

- Maya, ¿vives muy lejos?-preguntó mientras caminábamos bajo el mismo paraguas.

-No, qué va. Vivo con una amiga, su casa no está muy lejos de aquí.

-¿En casa de una amiga?

-Sí, mi casa no está muy cerca que digamos. Además allí no hay nadie.

-Tus padres… ¿cometieron el pacto?

Aparté la mirada, no me gustaba hablar de eso.

-P-perdona, no quería que…

-No es nada. No sé si cumplieron o no el pacto. Recuerdo que su corazón se tornó negro al poco de nacer yo-miré mi muñeca, el corazón era totalmente dorado- ellos se querían con locura y se negaron a cometerlo. Entonces… muchas desgracias nos ocurrieron una tras otra.

Ahora que lo pienso, pensé en ese momento, puede que todo haya sido culpa de eso…

-Mis padres-continué con la historia- decidieron abandonarnos a mi hermana y a mí, para que así nosotras no tuviésemos que sufrir por su culpa. Un día se marcharon y no he vuelto a saber de ellos… Supongo que al final lo habrán cometido, el destino puede ser muy cruel.

-Vaya, lo siento.

-Yo también-sonreí al escucharle decir eso.

-Aun así tú has sido capaz de superarlo, eres muy fuerte.

-Qué va, en esas cosas no soy tan magnífica como otras personas.

Y más si supiese lo que tengo en mente, pensé al oírlo hablar.

-¿Y qué hay de ti, Phoenix?

-¿Yo? No tengo una historia tan profunda como la tuya, simplemente estoy estudiando y vivo con unos amigos.

-Qué del montón-pensé en voz alta.

-La verdad es que sí.

Tiempo después, llegamos a casa.

-Ha sido un placer encontrarte-me dijo cerrando el paraguas.- Espero que podamos seguir viéndonos y bueno… Toma-me tendió un papel con un número.- Es mi teléfono, para que podamos, no sé, ¿estar en contacto?

-Por supuesto, toma el mío-le anoté mi teléfono para que lo tuviese.

-Bueno, pues…-se notaba que no sabía qué hacer en aquellas circunstancias. No todos los días encontrabas a tu alma gemela.

Yo me acerqué y le di un abrazo. Creí que era lo mejor para ir empezando.

-Por cierto-dije antes de entrar en la puerta.- ¿Qué te parece si te llamo de un modo más cariñoso, eh Phoenix?

-¿Un modo cariñoso? ¿Qué tienes en mente?

-Um… no sé, ¿qué tal Nick?

-¿Nick?

-Sí, ya sabes. Phoenix, Nix, Nick, ¿mola verdad?

-Sí, no me importa que llames así.

-Genial, ¡hasta mañana!-me despedí con una sonrisa.

Cuando se alejó por la puerta, volví a casa. Me había quedado sin palabras, era una chica increíble. No solo era linda por fuera, sino que lo era por dentro. Me parecía muy fuerte y divertida, era simplemente perfecta. Sentía que tenía que haber hecho algo mejor, darle un beso quizás, pero estaba demasiado nervioso como para hacer algo así.

Al volver a casa me encontré con Edgeworth y Larry, ambos parecían estar viendo la tele.

-Por fin vuelves, Nick-Larry fue el primero en darse cuenta de mi presencia.

-Sí, tengo algo que deciros.

-¿Qué has comprado?-preguntó Edgeworth.

Cierto, ¡la compra!, me había olvidado de ella.

-¡Eh! No llevas ninguna bolsa encima, no me digas que el "super" estaba cerrado.

-¿Qué? Ah, no, no. Escuchad, he encontrado algo. Seguro que no os imagináis lo qué.

-¿Una novia?-preguntó Larry.

-¿Qué? No, no.

-¿Dignidad?- probó Edgeworth.

-¡Oye!-dije molesto.- Pero no. ¡Mirad!-les mostré mi muñeca.

-No puede ser-dijeron ambos con sorpresa.

-¿La has encontrado?-dijo Edgeworth atónito.

-¡No! Yo quería ser el primero-dijo Larry con fastidio.

-Je, je. No me explico aún cómo la he encontrado, pero de verdad es increíble.

-¿Y qué hiciste al verla?

Le conté todo lo que había ocurrido esa tarde con pelos y señales.

-¿Y ya has pensado en pedirle matrimonio?-preguntó Larry.

-¿Qué?-no supe cómo reaccionar a eso.

-Venga, Nick, es tu alma gemela.

-Ya, pero de ahí a que al día siguiente nos casemos hay un buen trecho. Sí que quiero pasar tiempo con ella, pero prefiero que vayamos poco a poco. Pero sí que para habernos conocido hace unas horas, puedo sentir una fuerte conexión con ella.

La próxima semana, salí con Maya todos los días. Me encantaba poder pasar tiempo con ella. Conocerla solo conseguía que me fuese enamorando más y más de ella. Me gustaba agarrarla de la mano y darle abrazos, parecía un adolescente que acababa de descubrir qué era el amor. Pero, a pesar de todo eso, no sabía muy bien en qué posición estábamos, ¿ser almas gemelas qué significaba exactamente?

-Buenos días-un día le mandé un mensaje por la mañana para saludarla.

-Hola Nick-respondió al poco rato.

-¿Qué tal has dormido?

-Muy bien ^-^ ¿Tú?

-También.

-¿No te molesta ese pelo?

-¿Mi pelo? Qué va. Oye, ¿hoy te apetece quedar?-pregunté pensando en el próximo sitio al que podíamos ir.

-¿Hoy? Lo siento, estoy liada.

-Ah, vale.

Parecía que ese día no podríamos vernos. Tendría que hacer algún recado, al fin y al cabo no sabía demasiado de su vida. Al día siguiente volví a preguntarle lo mismo. Me volvió a decir que no podía. Al tercer día, hice lo mismo. Pero ese día, a diferencia del resto, no me respondió. ¿Qué le habrá pasado? Decidí no molestarla más, igual había hecho algo que la había molestado. Así pasó una semana. Semana en la cual no obtuve noticias suyas, parecía que se hubiese evaporado de la faz de la tierra. Decidí volver a probar suerte, quizás no se hubiese fijado en el mensaje, pensé. Le escribí y volví a esperar. A la mañana siguiente, por fin obtuve noticias suyas.

-Hola, lo siento, no había visto el mensaje-respondió.- Últimamente, tengo complicado quedar contigo.

-¿Qué te ocurre? ¿Tienes algún problema?-le pregunté.

-No, solo estoy liada. Estos días estoy con mi hermana.

Ahora lo entiendo, pensé al leer eso. Si ha tenido que visitar a su hermana, no puede quedar conmigo. Y yo que me estaba preocupando.