~ ScourZonic ~
Lleva mucho tiempo soportado, ya no lo aguantaba más los tratos de ese policía, desde que fue capturado él se las ha encargado de hacer su instancia miserable, humillaciones, malos tratos, torturas y entre otras cosas. Lo peor es lo que sabía y no haría nada al respecto, el poder se le vino a la cabeza y comenzó a usarlo para alguien, él, quien era el conocido como el rey de Moebius que por los malos tratos termino en prisión y pasando los peores de los infiernos. Tenía que aguantar todo las torturas porque era lo que su abogado y mejor amigo, Miles, le había aconsejado, si tenía buena conducta le dejarían libre por unos meses pero si la cagaba se quedaría en el hoy. Por eso tenía que aguantarlo pero el policía en cuanto lo supo tenía aumentar más las humillaciones y torturas,
Ya habían pasado 6 meses y le faltaban 2 para salir, durante todo ese tiempo tuvo que aguantar las ganas de matar o golpear a alguien porque en cualquier momento sus días se volvían un infierno, el oficial corrupto había echo que los demás presos lo torturaran también, cogiendo sus cosas, poniendo cosas en su comida, usándolo como balón de básquet o de futbol, golpeándolo en las regaderas, patio o en cualquier parte. Además de que lo castigaban por cualquier mínima cosa, por más pequeña que fuese lo castigaban de manera cruel. Pero lo último fue lo que derramo el vaso.
—Buenas tardes reclusos, espero que estén disfrutando de su almuerzo hoy—sonrió con malicia el cobalto mientras sus compañeros, o más bien "esclavos" cerraban las puertas o cualquier otra salida.
Esto no le gustaba al verdoso, tenía un mal presentimiento.
—Saben, hoy desperté con muchas ganas de hacer una actividad en la que todos ustedes puedan participar—bajo por las escaleras y les hizo una señal a unos reclusos para que pusieran las mesas contra la pared y dejar despejado el área.
Todos los presos se pusieron en círculo dejando un gran espacio como para ver un gran espectáculo, pero no sería nada divertido.
— ¿Qué está pasando aquí?—hablo el verdoso mientras se ponía al lado de sus compañeros reclusos.
—Vaya, Vaya, parece que todos están ansiosos por la actividad ¿no?—sonrió sádicamente mientras sacaba un látigo—Verán, alguien hizo algo muy malo, ya le habías advertido que se portara bien pero no nos quiso hacer caso así que tendrá que abstenerse a las consecuencias.
Vio la mirada del cobalto dirigirse hacia él y trago grueso, antes de que pudiera retroceder fue empujado hacia adelante cayendo de rodillas frente al cobalto. Este solo se agacho y tomo suavemente su mentón, a decir verdad se sonrojo por aquel gesto pero luego sentido dolor al sentir como su cara era estampada fuertemente contra el piso.
— ¿Te gusta esto gusano?—lo agarro de la cabeza haciendo que lo mirada, había perdido un diente y su nariz está sangrando por el golpe, no entendía porque le pasaban estas cosas.
— ¿Q-Que fue lo que hice?—hablo adolorido mientras intentaba divisarlo con la vista.
— ¿Qué hiciste? Buena pregunta, te tocaba hacer los trabajos de lavandería y faltaste, te advertimos que sino trabajabas tendrías graves consecuencias y aquí las tienes—hablo con malicia mientras que el verdoso no se podría creer lo que escuchaba, solo por una tontería lo estaban castigando, debían de estar jodiendolo ¿no?
— ¿Solo por eso? Esto es una mierda
—Cuidado con esa boca rata inmunda o no dudare en quitarte todos los dientes "Scourgey"—hablo con el horrible apodo que le daban, ya no aguantaba más así que le escupió sangre en la cara lo cual fue un grave error.
De inmediato fue estampado contra el suelo y siendo sujetado por unos guardias, mientras sus pantalones eran bajados. En ese momento sentía venir lo peor pero de inmediato sintió como unos fuertes golpes comenzaron a chocar contra su trasero.
—¡¿TE GUSTA ESTO ZORRA?!—rio en carcajadas mientras le seguía pegando fuerte el trasero con aquel látigo.
No sabía cuál era peor, el dolor o la humillación, siendo latigueado en su retaguardia mientras todos lo veían y se reían le dolía justo en el orgullo, pero lo peor estaba por venir. Dejo de sentir dolor y por un momento sintió algo de alivio, pensó que todo había acabado pero se equivocó, sintió como alzaban su trasero, el sonido del cierre de unos pantalones bajando. Antes de que pudiera hacer algo sintió un inmenso dolor en su entrada, sentía que algo entraba y salía con fuerza, al voltear su cabeza diviso al cobalto detrás agarrando fuerte sus caderas e embistiéndolo sin piedad.
—¡P-PARA! AHHH ¡DEJAME IR! AHHHH—lloraba de dolor y suplicaba que parara, sentía como la sangre de su entrada salía y recorría sus piernas.
Pero poco le importaba al policía corrupto, solo quería verlo retorcerse de placer y piedad debajo de él, le encantaba sodomizar a los rebeldes.
— ¿Por qué? Se nota que te gusta perra—le dio una fuerte nalgada mientras embestía cada vez más rápido.
El verdoso se sentía humillado, sentía su orgullo caer por los suelos, siendo violado en frente de todos, recibiendo burlas, insultos y apodos de prostituta mientras su cadera y culo eran destrozados por ese oficial, de repente sus pensamientos fueron interrumpidos cuando sintió algo caliente recorrer todo su espina dorsal. Eso solo significa que el desgraciado se había corrido dentro de él.
—Je, nada mal para una puta—salió de él y se abrocho los pantalones, su rostro mostraba una sonrisa de victoria y satisfacción. No sentía remordimiento o pena de lo que había hecho.
Sintió como su vista se nublaba, estaba débil por todo lo que había recibido que lo único que tuvo la oportunidad de decir fueron:
—Me lo pagaras caro...
Luego todo fue oscuridad.
Después de tres días en durmiendo despertó en un hospital, al parecer el daño fue mucho y tuvo que quedarse en cama unos cuantos días más. Mientras los días pasaban le habían dado la noticia que su sentencia se había acortado y saldría en una semana, al parecer el oficial lo sabía y todo lo que hizo fue darle su "regalo" de despedida, pero durante todo ese tiempo el verdoso solo pensaba en miles de manera en que pudiera vengarse, en que pudiera humillar a ese oficial que lo había violado y torturado durante meses.
Porque de algo estaba seguro, no descansaría hasta ver cumplida su venganza.
*Un año después*
El oficial llego a su casa después de un duro día de trabajo, se sentía exhausto de tanto castigar criminales y arrestar a personas que lo único que quería era acostarse sobre su sofá y dormir, pero una vez que entro a su casa sintió un fuerte golpe en la cabeza que lo dejo inconsciente.
Al despertar, se encontró atado en su cama desnudo y sedado con un tipo de droga que calentaba todo su cuerpo, no podía gritar porque tenía una pelota de plástico tapando su boca, intento buscar algo con que liberarse pero todo estaba oscuro lo único que alumbraba esa pequeña habitación era la ventana por donde los rayos de la luna reflejaban.
—Hola oficial—hablo alguien desde las sombras, asustado el cobalto intento divisar quien es pero el miedo se apodero de si mismo cuándo el sujeto se acercó más a él y gracias a la luz que salía por la ventana pudieron mostrar quien era.
—Veo que me recuerda, espero que también recuerde lo que le dije oficial—acaricio sus piernas y enterró sus garras causándole dolor al cobalto, este solo reía con su nuevo diente de oro.
Le daba gracia que ahora tenía al oficial corrupto a su merced, quien diría que su venganza llegaría pronto y esta vez disfrutaría cada momento.
—Sabe oficial, usted me ayudó mucho debo agradecerle—esas palabras dejaron confundido al oficial pero luego entendió todo—Me enseño que todo en esta vida, todo lo que hace se paga, usted me hizo pagar por lo que hice pero ahora me toca a mí—agarro el miembro del cobalto y lo apretó—Lo noto muy necesitado, creo que necesita que lo ayude ¿no?—lo apretó más fuerte causando un estremecimiento en el cobalto—¿Qué paso? La pequeña puta quiere más—rio y apretó más fuerte.
Luego se puso encima de él y saco de una maleta que tenía bajo la cama un consolador de muy largo y ancho, y sin mínima piedad se lo introdujo todo al oficial mientras este comenzó a llorar y a patalear de dolor.
— ¿Le duele? Pues así me sentí yo cuando usted lo hizo pero descuide, no crea que soy tan malo como usted—rio y siguió embistiéndole con aquel objeto mientras se acercaba a su cuello comenzando a morder y chupar.
Con la otra mano el verdoso aprovechaba para masturbar al cobalto, este que al principio sentía dolor pronto sintio un inmenso placer que comenzó a gemir. Esto era lo que deseaba el verdoso, ver a su oficial corrupto convertido en puta pero aun no era suficiente. Le quito la pelotita para poder escuchar sus gemidos, el oficial estaba tan sucumbido por el placer que no sabía si era por la droga o por los tratos del verdoso que comenzó a gemir y a pedir a gritos que le partieran en dos, el verdoso se cansó de embestirlo con aquel juguete que lo saco y metió su propio miembro de golpe, el cobalto grito ya que sentía sus paredes desgarrarse por el tamaño de la carne de su ex recluso, este lo embestía sin piedad y al cabo de unas horas se corrió en su interior. Lo cual, parecía un alivio para el cobalto pero a la vez le disgustaba, ya que deseaba más y como si sus suplicas fueran escuchadas rápidamente fue sometido en cuatro y de vuelta a la acción. Así duraron toda la noche, en donde fue sometido a todo tipo de actos impuros con distintas posiciones y diversos juguetes sin saber que cada cosa era grabada por una cámara oculta en un sitio que el desconocía.
A la mañana siguiente se despertó desorientado y con fuertes dolores, hizo lo que pudo para sentarse sobre su cama y se dio cuenta de que estaba cubierto de moretones, chupetones, mordidas, rasguños y semen por todos lados hasta en su boca. De pronto vio la puerta abrirse, y vio pasar al verdoso con una bandeja de desayuno.
—Qué bueno que despertaste—sonrió con malicia mientras dejaba la bandeja a un lado y se sentaba en una silla.
—Tu...maldito...—intento acercarse pero sintio algo agarrar su pierna, al destapar las sabanas vio que su pie seguía atado a la cabecera de la cama.
—Más te vale cuidar ese lenguaje putita—cogió un pedazo de tostada y la devoro—Oh no querras decepcionar a tus fans—señalo la cámara y de inmediato el cobalto palidecio.
—N-No puede...¡TU! ¡MALDITO HIJO DE PERR- —antes de que pudiera terminar fue abofeteado por el verdoso.
—Te dije que cuidaras ese lenguaje puta—lo agarro fuerte del mentón—tienes suerte que la cámara ahora este apagada, porque lo que te voy a decir es algo que no quieres que sepan ¿no?
—¡De que demonios hablas!—se solto e intento pegarle pero cayo de culo al suelo.
—De todo esto—saco unos documentos y se los tiro, el cobalto los agarro y de inmediato su rostro cambio de ira a terror puro.
—E-Esto es... ¿Cómo es que lo tienes?—hablo tartamudeando.
—Eso no importa pequeña perra, el punto es que ahora me perteneces—lo agarró del cuello y lo volvió a lanzar contra la cama— ¿Crees que me olvide lo que me hiciste pasar en la prisión? ¿Cómo me torturaste y humillaste frente a todos? ¡NO! Todo este tiempo he planeado esta venganza, así que ahora tienes que resignarte porque no solo se lo que hay en esa carpeta, se muchas otras cosas más que no querrás que todos sepan. Todos saben la puta que eres gracias a la cámara que grabo todo tu video porno en vivo, hasta el momento en donde me la chupabas pero si no quieres que sepan todos tus compañeros los crimines que has cometido para que te metan en el hoyó tendrás que resignarte ser mi esclavo.
—¡Prefiero morir!—Grito de furia, antes muerto que ser esclavo de su ex recluso.
—Así será, pero primero me voy a divertir—se lanzó sobre él y le agarro fuerte de las muñecas, el cobalto intento forcejear pero al final tuvo que resignarse.
El karma es una perra y los pecados se pagan en la tierra.
Este era su castigo por todo lo que había hecho, desde ese día fue torturado, humillado y abusado de todas las maneras, todo porque el verdoso lo estaba "Chantajeando" para sus fines de venganza, no podía hacer nada. Cada día al verdoso se le ocurría alguna manera de humillarlo frente a todos o solo frente a él, le encantaba ver a su oficial favorito retorcerse sobre él. Hubo veces en que planeo revelarse o ingeniarse una estrategia para derrocarlo, pero el verdoso estaba por delante de él y terminaba siendo castigado.
Pero, con el tiempo esos castigos le empezaron a gustar y poco a poco perdía su cordura hasta convertirse en la puta que Scourge quería.
*Tiempo después*
—Ya llegue—decía el verdoso una vez que entro a la casa.
—Bienvenido de nuevo mi señor—dijo el cobalto haciendo una reverencia y sonriendo de forma sumisa, llevaba un vestido corto de sirvienta y unas orejas artificiales de gato.
Al final se había vuelto por completo su fiel esclavo.
—Estoy muy cansado—se sentó sobre el sofá y se quitó los zapatos con los pies.
—Pobre de mí amo, déjeme ayudarlo—comenzó a masajear sus pies y a besarlos con delicadeza, ya para este punto perdió la voluntad de luchar solo le importaba ahora satisfacer a su amo y recibir su premio.
—Buena perra, ven aquí—jalo de la cadena de perro que tenía su esclavo y le planto un salvaje beso en los labios.
Al fin su venganza fue cumplida.
Dia 2: "Chantaje" [X]
Continuará ...
