Cambio de panorama

NANATSU NO TAIZAI © NAKABA SUZUKI

Sinopsis: [Two-shot] Elaine sentía que estaba teniendo un día fatal, pero una noticia lo haría uno de sus mejores días.

Nota de la autora: ¿Viste cuando te olvidas de subir la parte final de un one-shot que resultó que no era one-shot? Bueno, eso justamente me paso aquí. Agradezco la paciencia y perdonen la demora.


Capítulo 2

—¿Estás segura de que no pasa nada? —la voz de Ban volvió a sonar con preocupación y cierta curiosidad. Elaine ajustó su pañuelo de la taberna con impaciencia—. ¿Elaine…?

—¡Te dije que estoy bien, Ban! —ella contestó, hastiada. Luego y rápidamente, respiro hondo—. Vete a hacer esa misión a la prisión Baste, ¿quieres? Estaré aquí cuando regreses.

El zorro soltó un quejido, frustrado. Elaine y él no eran una pareja que tuviera peleas, y si las tenían, eran por pequeñas situaciones resueltas en poco tiempo. Sin embargo, desde hacía un par de semanas las cosas no habían estado bien y todo había empezado después de su repentino desmayo. Eso le hizo pensar a Ban que quizás su esposa no confiaba más en él.

Pero eso pensamiento nefasto no lo diría en voz alta. Menos frente a ella.

—Te amo. Volveré mañana —dijo y salió de la habitación.

Cuando Elaine percibió que los pasos de Ban se alejaban soltó un suspiro y se arrojó sobre la cama, preocupada. Volvió a tocar su vientre verificando que su bebé estuviera tranquilo y se reprochaba mentalmente por alterarse otra vez.

—Disculpa a tu madre, pequeño o pequeña. No sé cuándo le diré a tu padre que estás viniendo —Elaine sintió que la alteración que percibió era una respuesta—. Si lo sé. He dicho eso durante estas dos semanas. Pero en mi defensa no me siento preparada.

Elaine no sintió nada.

—Entiendo que no quieras responderme —contestó llevando las manos su rostro, frustrada.

Después de enterarse que estaba esperando un bebé, la idea era decirle a Ban en el mismo instante en que había vuelto a la habitación con agua tibia y paños. Elizabeth y Meliodas se habían retirado para darles privacidad y el hada sentía que estaba preparada.

—Elaine, ¿qué fue lo que te paso? —le habría preguntado su pareja.

Ella había abierto su boca, preparando su oración y solo le faltaba soltarla.

—Realmente no lo sé —fue su respuesta.

En los primeros instantes no lo había entendido. Necesito un par de días, una charla de chicas y una hora del té para comprenderlo.

—Elaine, tienes miedo —fue lo que concluyó Elizabeth.

La Santa Guardiana la había visto con extrañeza y le pidió explicaciones de porque pensaba eso. La diosa le comento que era común tener cierto miedo respecto al anuncio de un embarazo, no era relacionado a no tener afecto hacia la criatura, sino que residía en la impresión de la noticia en las personas cercanas, especialmente, en la otra persona involucrada en ese embarazo.

—No te preocupes si no se lo dices enseguida. Tu vientre aún no se nota y es usual anunciarlo cuando ya hay cambios físicos.

Elizabeth la apoyaba y eso dejó tranquila a Elaine. Solo tenía que superar su miedo y le diría a Ban sobre el bebé. Solo eso. Decirlo cuando lo sintiera y ya. Así como el Árbol Sagrado había sentido que un bandido no era una amenaza, ella debía sentir el momento adecuado.

Con esto en mente bajo hacia la taberna a trabajar.


En medio de una taberna atestada de clientela, Elaine fue atender la puerta de la taberna por petición de Meliodas y su cara de asombro al ver quienes estaban no se disimuló. Un hombre físicamente parecido a Meliodas, pero con cabello azabache y una mujer alta rubia cubierta por una especie capullo estaban presentes.

—Oh, señor Rey…

—Agradecería que no mencionaras ese título aquí, Santa Guardiana —Zeldris la detuvo cortésmente. Alzó su mano en un gesto amistoso—. ¿Mi hermano está aquí?

—Meliodas está en la barra sirviendo las bebidas —apuntó Elaine con sencillez. El demonio asintió y paso con prisa. El hada volteó hacia la mujer—. Ha pasado tiempo, Gelda.

La vampira mostró una sonrisa contenta donde se lucían sus colmillos como respuesta.

—Lo mismo digo, Elaine. Lamentamos llegar sin avisar, pero Zel necesitaba urgentemente un descanso de los deberes de rey y siempre opta por venir aquí —Gelda ingreso a la taberna desactivando su capullo. Observó el sitio con asombro—. Cada vez este lugar parece más repleto. ¿Por qué los humanos disfrutan tanto de beber alcohol?

—Es algo que aun no comprendo y eso que estoy casada con uno —contestó, riendo.

Gelda sonrió y Elaine se unió al momento. Vampiresa y hada habían formado una amistad particular desde que Zeldris había establecido hacer visitas mensuales a su hermano para hablar de asuntos importantes o reuniones familiares. En los momentos donde los hermanos y el resto de los chicos se llenaban de alcohol la pareja del Rey Demonio actual fue introducida en el grupo de té de las chicas. Lentamente eso era un ritual cada vez que viniera.

—Entonces…—Gelda avanzó con ella hacia la barra. Meliodas le hizo un gesto de saludo que respondió con sencillez—. ¿Necesitan ayuda?

—No deberías hacer nada considerando que estas en descanso —señaló Elaine.

—Zeldris vino con el traje que Meliodas le dio como uniforme de la taberna. Supongo que su descanso será ser parte del equipo —contestó la vampira. Acomodo su trenza un poco mirando de pies a cabeza al hada—. Además, en tu estado no creo que sea adecuado servir alcohol, Elaine.

El hada abrió los ojos son asombro. Gelda sonrió.

—Pude sentirlo desde que entre aquí. Creo que incluso Zel lo sabe —la mujer carcajeó—. Felicidades por la criatura —agregó.

—Gracias… —Elaine sonrió levemente.

Gelda enarcó una ceja, confundida.

—¿Pasa algo?

—Es que…—el hada suspiro buscando las palabras para seguir—. Vamos por tu uniforme y te contare, ¿quieres?

Asintió y subieron al cuarto de Gowther donde residían los uniformes tanto para camareras como para los hombres del bar. Gelda se ajustó su traje de falda larga y un pañuelo de mayor volumen. Era un conjunto parecido al de Elaine en cuanto a corte y elaboración. Una vez alistada y con su cabello reajustado en una trenza más fuerte miró al hada. Ya había soltado todos los acontecimientos de los últimos días.

—Debes decirle y ya —fue su conclusión.

—¿Eh? ¿y qué hay del miedo?

—El miedo es una emoción que las personas ponen de excusa por lo desconocido. Hacia aquello que no se atreven a enfrentar con su corazón —explicó. Avanzaron por el pasillo hacia las escaleras. Elaine la miraba extrañada—. Se que Elizabeth favorece que esperes el momento adecuado, pero te recuerdo que nuestros hombres son sujetos de emociones fuertes y muy estúpidos.

—Si, no tienes que recordarlo….

—Eso de esperar el instante apropiado y proyectar no sirve con ellos. Sujetos como Ban o Zeldris esperan que les digan las cosas. Ser espontánea —ella sonríe levemente—. Recuerdo que la primera vez que mordí a Zeldris fue después de un entrenamiento que había tenido. Estaba sudado y herido, contándome todo y yo lo mordí sin avisar.

—Ay, Gelda…—Elaine carcajeó.

—Acabo huyendo, volando del pánico porque pensó que había enloquecido. Luego de explicarle porque me nació eso se tranquilizó —terminó diciendo. Dulce sonrisa adornando su rostro mientras notaba a Zeldris en la barra—. A lo que quiero llegar es que solo se lo expreses. Como le has dicho otras cosas dile lo del bebé.

La Santa Guardiana miro a Gelda y sonrió. Entiendo que debía hacer.

—¿Qué te parece eso? —Elaine preguntó apoyando su mano en su vientre. Se movió como contestación—. De acuerdo. Cuando Ban llegue le diré que estoy embarazada.

—¡¿Qué estás embarazada…?!

Elaine elevó la vista con rapidez. King estaba de frente con el rostro salpicado de asombro y su cabello desordenado. Diane tenía el rostro oculto tras su coleta e inesperadamente Ban, quien había vuelto antes de lo esperado, se desplomó en la puerta de la taberna.

Elizabeth corrió con Diane a detener a King que había activado la quinta forma de Chastiefol dispuesto a asesinar a Ban con una lluvia de cuchillos voladores. Zeldris permaneció estático en su puesto hasta que Meliodas le indico que continuara, tanto para él como para el resto de taberna. Saltó la barra en dirección al hada y el vampiro.

—Realmente no esperaba que la noticia la supiera también todo el pueblo de Liones, ¡pero buen trabajo anunciando a mi ahijado, Elaine! —exclamó y levantó su mano con un pulgar en alto en dirección a la hermana de King.

Elaine simplemente soltó una carcajada. Ahora sabía que la reacción de Ban por noticias así sería la misma que la suya: desmayarse.


Curiosidades:

-Esta historia me figuraba como completa y por eso tardé meses en subir la segunda parte, parte que estaba terminada desde octubre del año pasado.

-El contenido de este relato iba a ser de un tinte más dramático, no obstante, preferí darle un toque humorístico dado que funcionaba más de esta forma.

-El recuerdo que Gelda menciona de su mordida a Zeldris será relatado en detalle en un one-shot futuro.