El amor es ciego
Algunas veces las personas no son lo que aparentan ser. Un perfecto ejemplo de lo que digo es Hinata Hyûga. Creo que nadie sabe que la chica tímida del salón tiene una doble personalidad, y no cualquier personalidad, sino una que es capaz de amenazar de muerte a otra chica, por amor. Ella es el perfecto estereotipo yandere (y yo que pensé que sólo existían en los animes).
Desde la tarde en que Hinata me amenazó empuñando su cuchillo, no he podido dormir tranquila. He pensado mucho en lo que trató de insinuar. Ella dijo que Naruto gustaba de mí, pero creo que se equivocó de persona. ¿Pero de dónde demonios había sacado Hinata que Naruto gustaba de mí? Si a duras penas él y yo nos dirigimos la palabra. Sí, estudiamos juntos desde la primaria, pero eso no significa que esté enamorado de mí. Es ilógico por donde se vea.
—El tiempo ha terminado —Avisó Kakashi-sensei. "Mierda" pensé. Otra vez me había quedado pensando y me faltó responder algunas preguntas—. Entréguenme los exámenes.
No tuve otra opción que levantarme y entregarle la hoja casi en blanco a Kakashi-sensei.
Salí del salón calmadamente, como siempre. Me asomé en el ventanal del segundo piso para ver el patio y observé a unos chicos jugando futbol y voleibol. Más allá, comenzando la calle, había un automóvil color rojo estacionado. Aquel carro me había estado persiguiendo durante una semana y realmente me comenzaba a inquietar.
Me dirigí a mi casillero para cambiarme los zapatos. Creí que sólo era mi imaginación pero sentía que una mirada estaba posada en mi espalda. Es verdad eso que dicen que puedes sentir una especie de cosquilleo cuando te están observando, aquella sensación la había sentido ya desde hace semanas, pero trataba de no prestarle atención.
Cuando abrí la puertilla del casillero vi una carta en el interior. Era rosada… en forma de corazón. "Oh no puede ser" pensé mientras la tomaba en mis manos. Fue casi épico el momento en que leí su interior y certifiqué que efectivamente se trataba de una carta de amor. ¡Una carta de amor!
Fue imposible no abrir mis ojos y sonrojarme violentamente. Verifiqué mi alrededor con mucha discreción para ver si alguien había visto mi patética reacción, pero todos seguían haciendo sus cosas sin siquiera percatarse de mi existencia. Suspiré aliviada y volví a leer la carta. Estaban escritos un par de poemas que ya había escuchado con anterioridad y habían algunos errores ortográficos, pero lo que llamó mi atención fue: "Te voy a esperar en la azotea". La carta era anónima.
No tenía ni la más mínima idea de quién podía ser aquella persona que se había tomado la modestia de expresar sus sentimientos de una manera tan adorable, no importa que 'la carta y la azotea' sean los métodos más clichés del mundo, siempre son y seguirán siendo los más románticos. Estaba tan nervosa que en más de una ocasión pensé en salir corriendo y dejar a esa persona esperando. No obstante la curiosidad ganó la batalla. Abrí la puerta al final de las escaleras y finalmente llegué a la azotea. El viento meció mi cabello y mi falda, mi mirada buscó ansiosa la persona que me había citado, pero allí no había nadie.
"Me lo imaginé" pensé remarcando una sonrisa con cierta decepción. También había pensado en la posibilidad de que todo se tratase de una simple broma, muy simple por cierto. Y yo acababa de caer como toda una ingenua. Respiré hondo y exhalé lentamente. Decidí quedarme allí por un rato mientras miraba el atardecer silencioso.
Repentinamente empecé a escuchar unos pasos que se dirigían hacia la azotea. Yo volteé hacia la puerta con cierto desconcierto. Los pasos se escuchaban cada vez más cerca y me mantuve alerta ante la persona que saldría por esa puerta. Entonces vi a Naruto todo sudado y cansado, parecía que había nadado tres piscinas olímpicas y luego había trotado cuatro estadios de futbol antes de llegar hasta allí.
—¡Lamento llegar tarde, Sakura-chan! —se excusó tirándose al suelo, jadeando.
—¿Pero de hablas Naruto? —interrogué acercándome al rubio—. ¿Qué haces aquí?
Me agaché al lado de Naruto mientras éste se sentaba. Se acomodó un poco el cabello y tragó saliva antes de hablar. Yo no dejé de mirarlo ni un segundo con los ojos bien abiertos, a la vez que me confesaba lo que ya me estaba imaginando.
—Yo fui el que te citó aquí arriba… —dijo finalmente. Juro que sentí como mi corazón se detuvo por un instante, y luego comenzó nuevamente a latir pero con un ritmo más desenfrenado—. Tú me gustas Sakura-chan, por favor, sal conmigo.
Me sonrojé.
—Ya se, me estás tomando el pelo ¿Verdad? —interrogué nerviosamente.
Él frunció el ceño.
—En verdad me gustas. Desde hace mucho tiempo he querido decírtelo, pero no había tenido el momento indicado —Me habló con tanta seriedad, que le creí—. No he podido dejar de imaginar tu cara bonita en todo el día… aunque no te hayas dado cuenta, siempre te observaba en el salón. —confesó acariciando mi rostro.
Yo me tensé completamente al sentir su mano. No supe qué demonios decir o qué demonios hacer. Esa era la primera vez que un chico decía que mi cara era bonita. Es que había escuchado tantas veces que mis cinco dedos de frente y mi pelo chicle me hacían ser tan fea, que en cierto momento me lo creí, y juraba que era la más fea, y no me importaba, de todas maneras yo no existía. Pero al parecer estaba equivocada. Yo si existía para Naruto. Por alguna extraña razón sentí la necesidad de llorar, es que estaba muy feliz en ese preciso instante.
—¿Sakura-chan? ¿Estás bien? —preguntó Naruto algo preocupado—. ¿Por qué lloras?
—N-no es nada… no es nada. —Me levanté rápidamente del suelo y me giré para limpiarme las lágrimas. De seguro me veía como toda una estúpida. ¡No sabía que hacer!
—Sakura-chan… —Naruto pasó sus manos por mis caderas y me abrazó por la espalda. Yo me quedé petrificada, creo que mi rostro se tiñó de escarlata en ese instante. Sentí que él apegó su cuerpo al mío y acercó su rostro a mi oído—. Siempre quise hacer esto… estoy muy feliz. —susurró.
—N-Naruto… —Yo me separé y me di la vuelta para mirarlo fijamente. Le miré a los ojos y repentinamente me di cuenta de algo increíble: ¡Sus ojos eran hermosos! Yo creo que fue ese el momento en que Naruto robó mi corazón. Supe que era amor lo que repentinamente había surgido. De por si yo ya me había acostumbrado a estar sola y pensaba que iba estarlo por el resto de mi vida, sin embargo los ojos de Naruto me hicieron ver lo equivocada que estaba—. Y-yo… acepto salir contigo.
—¡¿De veras?! ¡Gracias Sakura-chan! —exclamó emocionado mientras que hacia mímicas extrañas al frente de mí. Eso me provocó algunas risitas. De repente me abrazó—. Cuando sonríes te ves tan… ¡Kawaii~! —exclamó.
—¡Naruto, me estás apretando! Suéltame… —dije liberándome de sus brazos—. No soy un peluche al cual puedes apachurrar de esa manera.
—Obvio que no eres un peluche… —indicó Naruto sonriéndome—. Si los peluches fuesen como tú, las fábricas de peluches fuesen las más millonarias de Japón, y yo fuese el mayor comprador.
Yo no dije nada. Mi menté se había tornado en blanco. Ni mis padres me habían dicho algo tan adorable en mi vida. Yo sólo lo miré fijamente por unos eternos segundos, preguntándome por qué no me había dado cuenta antes que mi único amigo sentía ese tipo de sentimientos por mí. ¡Era ciega o qué!
—No me mires de esa manera Sakura-chan… —susurró sonrojado, desviando la mirada—, me estoy aguantando mucho para no darte un beso. —añadió.
