Comencé a escuchar el pitido de un monitor cardiaco, al parecer estaba en un hospital como de los años 70. Las camas eran muy bajas; quizás los seres de este mundo no eran altos. Gruñí por lo bajo ante la ausencia de un televisor.

Escuché una voz masculina que dijo. "Hola muchacho, me alegro que hayas despertado ¿Cómo te sientes?"

Miré hacia el origen y vi a una pequeña criatura cuadrúpeda con bata de doctor que tenía algunos rasgos equinos, pero no se parecía a un caballo terrestre. El extraño semental era una especie de unicornio gris de crin oscura y grandes ojos verdes.

"¿Donde demonios estoy?" Golpeé mi cabeza contra la pared. Seguramente seguía desmayado en la nave o en el hospital del Área 51.

El poni me detuvo, envolviéndome en una energía desconocida, muy similar a la que vi antes de desmayarme en aquel desierto.

"Oye no hagas eso... cálmate o te harás más daño", me dijo con voz serena.

"Trato de despertar de este estúpido sueño…".

"Te puedo asegurar que no estas soñando. Esto es tan real como tú y yo" el me interrumpió. Caí en la cuenta al sentir dolor por los golpes.

"Yendo al grano… afortunadamente respiras oxígeno y tu anatomía no es tan diferente a la nuestra; de lo contrario no podríamos ayudarte aquí", dijo el caballo miniatura.

"¿Entonces que hicieron?" Miré al pony.

"Bueno, logramos reparar todo el daño causado por la varilla metálica. Llegaste aquí al borde de la muerte, tuvimos que entubarte y reanimarte porque perdiste casi 3 litros de sangre…"

"Por Dios… ¿Entonces hay otros de mi especie aquí?" Estaba confundido, nunca se había descubierto un planeta de ponis pensantes que hablaran mí mismo idioma. Esto podría tratarse de algún proyecto genético secreto.

"Desconozco a tu especie. Por suerte, quien te encontró era una princesa; alguien apta para proporcionarte tal cantidad de sangre…"

"¡Como que…! ¡Van a matarme idiotas!" Grité exaltado. Este caballo parlante solo decía tonterías.

"Oye, oye déjame terminar de explicarte…", exclamó el poni.

"Shh está bien", asentí molesto, aunque pensándolo bien no me sentía tan mal; salvo por un poco de dolor de cabeza, de ser sangre incompatible ya habría muerto.

"Para empezar, somos ponis, los caballos son nuestros antepasados.

"Las princesas alicornios poseen magia antigua en sus organismos que les proporciona ventajas biológicas. Su sangre es capaz de adaptarse superficialmente a las necesidades de su huésped, siempre y cuando el receptor requiera eritrocitos.

"Además, ellas poseen capacidad regenerativa; por tanto, recuperó los tres litros que te donó en unos minutos. No por nada los alicornios son inmortales", explicó el poni doctor.

"¿Magia, inmortalidad…? No juegues conmigo. Entiendo que no quieras compartir tu tecnología, pero…".

"No, nada de eso. La magia es una fuerza cósmica que toda criatura de este mundo tiene y puede controlar hasta cierto punto ¿Qué ustedes no la poseen…?" Me interrumpió el poni.

"Nop", respondí.

"¿Pues de dónde rayos vienes?" Dijo extrañado

"Soy un humano. De donde vengo la magia es considerada ficticia, requerimos completamente de la tecnología para realizar hazañas similares…

"Un segundo ¿Pues qué acaso no te dijeron donde me encontraron?" Dije curioso, este poni no parecía saber de mi accidente.

Antes de que el doctor abriera la boca, una yegua blanca de melena rosada, ojos azules y gorro de enfermera entró a la habitación. Ella era la poni menos anormal que haya visto hasta ahora, sin cuerno ni nada más. "Doctor la princesa está aquí, ella desea ver a la criatura".

"Gracias Redheart… dile que puede pasar, puede retirarse".

La enfermera asintió y salió de la habitación sin prestarme atención.

"¿Es la princesa que me rescató?" Dije nervioso.

"Si, ella dijo que vendría cuando pudiera", el pony afirmó.

"No no no… que se largue, no estoy de humor. Dile que ya regresé a mi mundo y que gracias", dije nervioso. Un simple gracias no sería suficiente para una princesa, si es que su gobierno fuera semejante al terrestre.

"¿Por qué no? No te va a hacer nada; no sabes lo preocupada que estaba por ti", él me dijo seriamente.

"No me importa… Ahorita no estoy para reverencias. Dile que me están bañando o limpiándome el culo… ¡Algo!" Dije desesperado.

"Jajaja… ¿Enserio, amigo? ¿Prefieres quedar como tonto que hablar con la princesa; quien seguramente viene con la mejor intención?" Él se desternilló de risa.

"Alv ya me convenciste… Está bien, déjala pasar", suspiré resignado, sería grosero no agradecer en persona; aunque aún me arriesgaba a tener problemas diplomáticos o legales y no quería perder el tiempo con eso.

El doctor salió y entró en compañía de una yegua alicornio anaranjada de ojos azules y melena marrón con azul fluorescente que ¿Ondulaba mágicamente? ¿Ahora que putas seguía...?

Ella era más alta que los otros ponis, quizás de pie me llegaría al hombro. Algo que apenas noté, eran los extraños dibujos en los traseros de los ponis. A simple vista, ella emanaba un aura bastante agradable; contraria a las monarquías terrestres.

La princesa poni sonrió al verme despierto. "Hola… me alegra que hayas despertado… ¿Puedes entenderme?"

"Te entiendo perfectamente", asentí con simpleza. La poni abrió los ojos con sorpresa, ella tampoco se esperaba eso.

"Bienvenido a Equestria… Soy la Princesa Tempora, una de las 5 gobernantes de este mundo y la responsable de mantener el equilibrio y la continuidad del tiempo".

Ah, con que esto seguía...No sabía que decir, esta yegua afirmaba manipular el tiempo y sin tecnología avanzada. Eso explicaba su tatuaje similar a un reloj de arena.

"Entiendo que estés confundido", ella dijo.

"Y que lo digas, creo que lo menos "extraño" de este lugar son ustedes…

"Por cierto, muchísimas gracias por rescatarme y ayudarme, aunque al principio no lo tomé muy bien. Espero no haberle causado inconvenientes…", le agradecí. El hecho de tener sangre real corriendo por mis venas levantaba mi orgullo. Esa donación era una prueba contundente de la humildad de la realeza de este mundo.

"No me lo agradezcas, quien sería yo para dejarte morir", ella sonrió cálidamente.

"Pero si usted controla el tiempo, seguramente se da cuenta de la muerte de millones de seres ¿Qué tengo yo de especial?"

"Simple, tú te estrellaste en mi reino, que está aislado del resto de este mundo, así que no hay riesgo de una paradoja", me explicó la princesa.

"Oh ya entiendo…Supongo que quiere saber quién soy y como terminé aquí ¿Verdad?" pregunté con una ceja levantada.

Ella solo asintió con la cabeza. Le conté algunas cosas sobre mí y del cómo me accidenté.

Ella me dirigió una expresión compasiva al escuchar mi historia, también estaba asombrada por las maravillas tecnológicas que poseen los humanos. Le era impensable que alguien pudiese viajar por el espacio-tiempo y entre dimensiones sin el uso de poderosos y complicados hechizos. También me dijo que había llevado mi nave a su castillo y que no movió nada.

"Ok, pero le sugiero que la aísle en algún sitio a prueba de bombas, la menor inestabilidad del reactor podría hacer que la nave explote violentamente", le advertí. Ella solo abrió los ojos enormemente, antes de desaparecer en un destello verde.

"¿Qué rayos fue lo que hizo… acaso se teletransportó?" Pregunté curioso. Estos ponis alienígenas estaban llenos de sorpresas.

"Así es, los unicornios pueden teletransportarse", afirmó el doctor.

"Con magia ¿Verdad?" Gruñí.

"Si, magia", el doctor afirmó.

El que estos ponis no tuviesen los artefactos para yo poder disponer de esas habilidades, me hacía sentir inútil. Al menos tenía mi nave, también por eso quería repararla.

Repentinamente, aquel dolor de cabeza se agudizó.

"¿Que te pasa, Roy?" Preguntó preocupado el doctor.

"¡Mi cabeza me está matando, ahhhh...! Grité, la peor migraña que haya sentido. También vomité un poco, el doctor apenas logró evitar el proyectil.

"Tu ritmo cardiaco se acelera. Te administraré algo para las náuseas y el dolor. Ordenaré una resonancia y un electroencefalograma para descartar un posible traumatismo", explicó el doctor, todavía preocupado.

El medicamento detuvo las náuseas y mitigó el dolor, pero este seguía siendo bastante fuerte. La enfermera de antes ayudó a mover la cama.

La princesa ya estaba allí cuando regresé, su rostro expresaba suma preocupación.

Antes de que ella pudiera preguntarme algo el doctor la llamó. Eso me molestó, cualquier detalle sobre mi deberían comunicármelo a mí primero.

Ambos entraron de nuevo, la princesa tenía la mirada baja.

"Joven Roy, te tengo malas noticias. Las pruebas revelan que tu cuerpo presenta una sensibilidad severa a la radiación de la magia unicornio. Tú debes volver a tu mundo cuando tengas el alta, Equestria puede ser mortal para ti", explicó el doctor.

"Mierda…y mi nave no funciona…", gruñí desesperado. Definitivamente yo no era nada contra estos ponis, otro problema más. Entonces recordé mi uniforme.

"Un minuto, ¿Dónde está mi traje?" Pregunté seriamente, nomas faltaba que estos lo hayan tirado a la basura.

"Se lo llevé a una amiga cercana. ¿Como se llamaba…? Charity creo… ella es muy buena costurera, dejará tu ropa como nueva", la princesa dijo.

"Lo dudo, mi traje está hecho de materiales muy específicos… aunque quizás un agujero no me será mucho problema", dije escéptico.

"Aquel es un traje especial que me protege de todo tipo de radiación. Quiero comprobar si también funciona con magia", expliqué.

"Eso es imposible. No hay material capaz de repeler la radiación mágica", el doctor negó con la cabeza.

"Eso ya lo veremos, recuerda que yo no pertenezco aquí", le respondí con burla.

"Independientemente de tu traje, necesitas protegerte.

"Mi reino está aislado de Equestria y la magia antigua es estable e inofensiva. Si quieres, puedes quedarte en mi castillo el tiempo que necesites", la princesa sonrió cálidamente.

"¿Y si digo que no?" Levanté una ceja. Tenía que asegurarme de que no me vieran la cara de pendejo. Estar en un mundo lleno de seres amables y benevolentes parecía demasiado bueno para ser verdad.

"No, no voy a cobrarte ni estorbarte, aquí no somos así", dijo nerviosa.

Estos ponis si tenían buenas intenciones, no percibí mentira en sus palabras. Al menos alguien de este mundo estaba dispuesto a aceptarme.

La princesa esperaba ansiosamente mi respuesta, noté que intentaba ocultar un ligero temblor en sus patas.

"Si… porque no".

"¡Fantástico!" Ella exclamó feliz.

Pasé las siguientes dos semanas en el hospital. Fui visitado por varias ponis muy amigables que afirmaban ser las primeras amigas cercanas de la princesa Tempora. Pero aquella yegua rosa y de melena tipo algodón de azúcar me sacó de quicio.

Otra de ellas era la poni llamada Rarity y no Charity; quien dejó mi traje como nuevo, ni se notaban las costuras. Ella me dijo que utilizó un hechizo especial para crear la tela necesaria a partir de otra.

Justo como creía, el traje también era efectivo contra la magia inestable. El doctor quedó realmente boquiabierto y me pidió una muestra de tela; Y como no, lo obligue a retractarse de lo que me dijo por subestimarme.

La visita más extraña de todas fue de una poni color menta y su amiga color crema. Ellas sabían detalles sobre mi especie que yo no había contado a nadie. Ellas quedaron maravilladas por mis anécdotas humanas.


Terminé de firmar mis documentos del alta. La princesa me estaba esperando en la puerta. Ella me miró de arriba abajo con algo de intriga, posiblemente por mi estatura.

"Hola Roy, ¿Cómo estás?" Ella sonrió y extendió su casco.

"Mejor que nunca, alteza", dije, besándolo en señal de reverencia. Ella merecía mi respeto por lo que hizo por mí.

"Awww que caballeroso eres", dijo sonrojada.

Este pueblo llamado Ponyville según la princesa era como de la edad media, con casas de madera, paja y ponis moviendo carretas; muy primitivo comparado con el hospital. Nomas faltaba que también hubiera esclavos.

"Oiga Princesa, será mejor que vallamos a un lugar menos concurrido…", estaba incomodándome por todas las miradas sobre nosotros.

"De acuerdo…pero siéntete libre de decirme por mi nombre…" ella sonrió.

"Ok, Tempora", yo asentí.

"¡Si te acordaste!", exclamó feliz.

"Ah hablando de eso, tu amiga Rarity quiso darme de putazos por decirle Charity", dije divertido.

"Jiji lo siento, es que no tengo muy buena memoria…", ella rio.

"Ya sería el colmo que se te olvidara mi nombre", dije con burla.

Llegamos a la entrada de un bosque fuera del pueblo. Tempora canalizó su magia, abriendo un portal a aquel desierto.

"¿El desierto de mi accidente es otra dimensión?" Pregunté confundido, yo creía que se trataba de un lugar lejano o un satélite natural de este mundo.

"No precisamente, mi reino pertenece a un bucle temporal alterno a este universo", ella explicó.

"Un segundo…si tu posees esa habilidad, ¿Tu podrías ayudarme a volver a mi mundo?"

Ella pareció meditar mi idea pero frunció un poco el ceño, señal de que había algo malo.

"Es posible, pero nunca he intentado viajar a una dimensión independiente de esta. Será muy difícil, pero lo intentaré", ella dijo.

"Mejor no, ya hiciste mucho por mí salvándome… seguiré solo", negué con la cabeza.

"De ninguna manera, lo último que quiero es dejar solo a alguien. No volveré a cometer ese error", ella dijo con algo de melancolía.

"¿Oye que pasa?" Pregunté extrañado por su repentino cambio de humor.

"No nada… pero enserio quiero ayudarte", dijo nerviosa.

"Está bien, pero por favor no te sobreesfuerces" dije seriamente.

Ella asintió con la cabeza. "Bien…Ahora que recuerdo, mi amigo el doctor Whooves es el poni más inteligente de Equestria. Quizás él pueda ayudarte en algo".

"Mmm…siento que ya había escuchado de él. Ustedes tienen cada nombre…"

"¿Y qué hay de malo en ellos?" ella me miró confundida.

"Es mi humana opinión… no digo que sean feos, pero sus nombres parecen sacados de programas para niños", dije divertido.

"¿Te refieres a potros humanos?"

"Pues si" Asentí débilmente.

Ella no respondió, solo desvió su mirada.

"Bien, independientemente del CI de ese poni, habrá mucho que enseñarle, la ventaja es que siempre quise ser maestro", rompí el silencio.

"Jeje… si", ella rio.

Regresamos al pueblo. Que fastidio que todos los ponis me miraran con sus caras de imbéciles. Ganas me daban de decirles: ¿Quieren una foto o que?

"¡Hola humano!, ¿A dónde vas?" Aquella poni verde menta gritó en mi espalda, haciéndonos jadear del susto.

"¡Lyra, ya aprende a comportarte! El aún está tratando de asimilar su situación", Tempora la regañó.

"Lo siento princesa", dijo Lyra avergonzada.

"Pero si prometes controlarte, puedes venir con nosotros…", ella recuperó su sonrisa.

"Hija de perra", murmuré inaudiblemente, lo que no quería era que esa yegua verde comenzara a molestarme.

"¡Siiiiiiiiiiii!" Lyra gritó de alegría, golpeando el suelo con sus cascos. Yo solo suspiré.

Llegamos a la casa del doctor Whooves; un semental marrón de ojos azules y un tatuaje similar al de Tempora.

"¡Hola Princesa! ¿Qué la trae por aquí?" Él nos dejó pasar. El interior estaba repleto de equipo científico interesante, pero nada que no haya visto antes.

"Hola doctor… te quiero presentar al joven Roy…"

"Con que tú eres el humano del que habla Lyra ¿Verdad?"

"Eh… sí", asentí.

"Valla, eres tal como ella los describía".

"Si... tan guapo" Lyra puso ojos de dormitorio. Ahí las consecuencias por callarme, ahora me aguanto.

Tempora se sobresaltó, empujándome lejos de Lyra; no me esperaba esa reacción por parte de ella, pero me hizo un favor. Aquí había gato encerrado.

"Estoy aquí porque necesito tu ayuda, Tempora te recomendó" dije.

"Oh ¿Enserio?", dijo, sintiéndose alagado.

"Si, pero ese no es el punto. Su nave sufrió daños y necesita un ayudante para repararla. Y que mejor que uno de los mejores ponis científicos de Equestria", ella le explicó.

"Ohhhh tu civilización debe ser avanzada, quisiera ayudarte pero…", el suspiró.

"No hay pero que valga, yo te enseñaré lo necesario. Y créeme que soy paciente hasta con mis estudiantes más lentos", le dije descaradamente.

"Jejeje…los próximos días serán muy interesantes", todos se rieron.

"Qué próximos ni que nada, quería que empezáramos hoy, si te interesa", le dije. Si él era como yo pensaba, no debería rechazar esta oferta.

"Claro, claro que tengo tiempo; o de darse el caso, aquí mi servidora me lo proporcionará", él señaló a Tempora, haciéndola reír.

"Pues que no se diga más. ¿Cuál es el conocimiento científico más avanzado que posees?"

"El descubrimiento más reciente es la Ecuación de Ponirac".

"Chales aún eres un niño, tienes mucho que aprender", le dije seriamente. Estos ponis tenían una copia pirata de científicos famosos.

"Si… el problema es que nosotros recurrimos a la ciencia cuando la magia no nos da una explicación", él dijo decepcionado. Ponerlo al día sería lento y difícil, pero me la iba a jugar.

"Ustedes ya han de tener la vida hecha", murmuré. "En fin, sé con qué vamos a comenzar", le dije con una sonrisa.

"Soy todo oídos", él sonrió. Todos se sentaron en el suelo

"¡Yo también! ¡Quiero saber todo sobre ti!" Lyra gritó. Yo pasé mi mano por mi cara. Esa yegua era peor que la poni rosa, a la siguiente la iba a amordazar.

"Estoy de acuerdo con Lyra", Tempora me sonrió cálidamente. Mi semblante cambió de inmediato al escucharla. La dulzura su voz me hacía sonreír y aún no había pasado ni un día completo.

Limpié un pizarrón de gis. Repasamos a fondo la Relatividad, un poco de física cuántica y un poco del funcionamiento del sistema de propulsión de mi nave.

Traté de utilizar la técnica pedagógica de mi profesor de teoría de campos y definitivamente dio sus frutos.

El doctor Whooves a pesar de todo tuvo un gran progreso, mientras que Tempora entendió algunos de los temas relacionados con el espacio tiempo.

Por otro lado, no importa el universo; burros siempre va a ver. Lyra estaba roncando y gimiendo fuertemente en el suelo, el ruido era muy desagradable, como si de un sueño húmedo se tratase.

Ambos aplaudieron con alegría. Tal vez eso sea algo simple, pero esta era la primera vez que no era pisoteado con insultos y burlas después de exponer algo en público; una lágrima fugaz se me escapó. Pero a pesar de ello les pedí que pararan, no quería que despertaran a Lyra.

¿Qué pasa, Roy?" Tempora preguntó preocupada. Rayos, lo que no quería era que alguien se diera cuenta.

"N-no nada, nada…", respondí nervioso, limpiándome los ojos. Ella solo asintió, no muy convencida por mi respuesta.

Entonces Lyra comenzó a balbucear al dormir, decía cada estupidez, algunas de ellas perturbadoras. "Vamos Roy…más…más duro…Ah ahh…"

"Jajajajajajajaja…", Whooves y Tempora se carcajearon.

"Oye, Doctor hijo de tu puta #~%$ ¿Dónde está el baño…?" Le pregunté varias veces. Ni el insulto lo hizo reaccionar. Tuve que elegir entre ir afuera o buscarlo yo mismo. El peor baño de todos, era para bebes, hasta el árbol hubiera sido mejor.

.

.

"Pues ya he dicho todo lo que tenía que decir... Espero con ansias otra sesión", el doctor dejó de reír.

"Pues pienso mostrarte mi nave mañana mismo; así que mentalízate, porque voy a ser bien regañón eh…", le aclaré. El dejó escapar un chillido de emoción.

"Ahí te encargo a Lyra… hasta mañana", Tempora y yo nos despedimos. Salimos justo antes de que ella despertara.

"¿¡Ya es de noche…!? ¿Pues cuánto dura el día aquí?" Grité estupefacto.

"24 horas", Tempora respondió. Este planeta era el gemelo perdido de la tierra o algo así.

"Oh… nosotros también tenemos un día de 24 horas. Si que perdimos el tiempo"

"No precisamente, solo perdimos 2.395449 horas" Ella dijo.

Tal precisión solo era comparable con un reloj atómico "¿Y eso?".

"El tiempo y yo estamos conectados desde la aparición de los ponis en este mundo", ella explico. Me ahorré la cuestión sobre su edad al recordar lo que el médico me dijo.

"Wow", eso fue lo único que pude decir.

"Será mejor que nos vayamos o Lyra nos va a alcanzar…", ella dijo divertida.

"jeje y que lo digas, esa pinche pony es un animal".

Atravesamos de nuevo el portal, pude ver de nuevo aquel bonito castillo en el horizonte; El cielo nocturno lo hacía ver aún mejor. Tempora estaba conteniendo una risa.

"¿Cuál es la gracia?" Dije confundido. Entonces sentí un peso en mi espalda, una de esas "serpientes" voladoras estaba justo detrás de mí, lo que me hizo gritar del susto.

"jejeje…relájate, no te va a hacer nada… Oye creo que eso es tuyo, Roy", ella señaló un objeto en el hocico de la criatura.

"Esa es mi pistola laser", dije sorprendido, poniendo el arma en mi cinturón. "¿Qué criaturas son esas?"

"La verdad no recuerdo el nombre…", dijo avergonzada.

"Conozco unos ejercicios que curan hasta la amnesia, si quieres te los enseño".

"Viniendo de ti, seguro que resultarán. Ahora dime ¿Para qué sirve ese objeto?" Preguntó curiosa.

"Esta pistola dispara un haz de luz concentrado que sirve para cortar, calentar cosas y defenderse", expliqué, ajustándola y disparando hacia la arena.

"Vidrio artesanal a más de mil grados", señalé los trozos aún calientes.

"Ustedes sí que hacen magia a su manera…", dijo con un bostezo "Mejor vamos al castillo, ya estoy cansada".

"¿Y cómo se supone que yo suba?"

"Fácil", Tempora me envolvió su magia.

"Whoa…esto no es como un jet pack", dije inseguro. Levantarme del suelo sin la sensación de propulsión me asustó.

"Tu tranquilo solo disfrútalo, no voy a dejarte caer", ella sonrió.

"Está bueno, pero si muero iré tras de ti jajaja", dije divertido.

"¡Ese es el espíritu, Roy!" Exclamó con alegría, abriendo sus alas al máximo.

Ese cambio me sobresaltó. Sumando eso a su cuerpo y a sus ya grandes y lindos ojos de cristal, la hizo ver como una ángel.

"Que lindas son tus alas", oh no que pendejada dije, me esperaba una buena cachetada "Hay perdón… lo dije sin… sin pensar…"

"Eh? bueno, yo… gracias por el cumplido…", dijo tímida, sonrojándose y volteando su mirada, pero vi de reojo que sonreía. De la que me salvé, ya no andaré de bocón.

Miré a mi alrededor al llegar a cierta altura; como no conducía nada noté la belleza del tono violeta del cielo nocturno. Este planeta opacaba fácilmente a la atmósfera terrestre.

Tempora me miró con una sonrisa maliciosa. Entonces ella apagó su magia, dejándome caer.

"No no no… ¡Tempora! ¡Mamiii!" Grité asustado.

Ella detuvo mi caída a pocos metros del suelo. "Jajaja…debiste ver tu cara de potro asustado…", dijo burlona.

"Me las vas a pagar caro…", dije jadeando.

"Pensé que te gustaría", dijo con un puchero.

"Lo habría disfrutado si no hubiera estado en peligro de hacerme pomada…otra vez", dije molesto.

"Ok ya no haré eso, pero no te prometo nada…" dijo juguetona. Yo solo tragué saliva.

Dejé salir un silbido al estar frente al castillo. Miré aquel curioso fluido azul. "¿Qué rayos es ese líquido?"

"Son las arenas del tiempo, si observas bien puedes ver reflejado cada momento de Equestria".

Hasta las películas eran pirateadas por estos ponis, no sabían nada del Copyright.

"Ni los mejores agentes de la CIA podrían realizar esta maravilla ¿Cómo no te traumas con esto?" Dije curioso. Ella espiaba a cientos de ponis simultáneos, algunos en escenas algo perturbadoras.

"Es mi deber desde potra, no es que tuviera muchas opciones que digamos…", dijo melancólica.

"¿Tempora que ocurre? Puedes decirme" Dije preocupado.

"Nada… mejor entremos…" Dijo triste.

Ya era la segunda vez que Tempora hacía esto, tan bonito que sonreía y a pesar de su chistecito pesado era alguien muy agradable. Quizás algún día ella tendría la confianza para contarme las cosas. No importa la especie, las mujeres siempre serán un enigma. "Está bien no insistiré… eres libre de contarme cuando quieras".

Ella se suavizó un poco cuando le dije eso.


Cambio de perspectiva.

Me alegra que Roy me haya tenido paciencia, claro que quería contarle todo sobre mí, pero me daba pena. Él era el primero en miles de años que sería mi compañía en este castillo vacío y no quería incomodarlo con mis problemas triviales. El solo pensar en lo tonta que fui en el pasado hacía que mi estómago se revolviera.

Abrí las puertas y encendí las luces con mi magia. Roy contemplaba el interior como un potro que acababa de recibir un regalo. Eso me alegró un poco, al menos el vestíbulo le agradaba.

Una foto mía captó su atención. "Que alas tan intimidantes tenías antes, parecían cuchillos".

"Las tuve desde que tengo memoria", le dije con simpleza.

"¿Y qué les pasó? No me digas que las escondiste después de matar a alguien" Dijo divertido.

"Jeje simplemente ya no tenían vida útil", esa era una de las razones; por tanto, no le mentí.

"Sí claro", Roy asintió no muy convencido, él era todo menos tonto. Eso lo comprobé en aquella clase que dio, algo que admiré de él.

Comencé a sentirme muy cansada, bostecé repetidas veces. Roy notó esto de inmediato y me pidió que continuáramos mañana.

"Ven… deja te llevo a… una habitación", dije entre bostezos, ya había limpiado un lugar para él. Espero se sienta cómodo.

Él estaba realmente contento con el cuarto, aseguró que nunca había dormido en una cama tan lujosa. Entonces el me dio un abrazo, que yo correspondí gustosa, tal calidez no la había sentido desde mi primer encuentro con los elementos de la armonía. "Enserio gracias...Buenas noches", dijo, alejándose de mí.

Yo me quedé con ganas de más abrazo, pero ya que. "Buenas noches, si necesitas algo, mi habitación está a la derecha".

Este día fue, no se…muy complicado pero muy bueno. El salió bien del hospital, nos dio una clase inolvidable y aunque no entendí casi nada la disfruté.

Quería que el disfrutara el primer día conmigo y le hice una pequeña broma grande que no salió muy bien. Debí pensar en su miedo, si yo me hubiese accidentado también habría detestado un juego así.

Aquel cumplido que me dio realmente me paralizó de sorpresa, él también se sonrojó por lo que dijo. No he logrado entender su motivo, pero la verdad me gustó que me lo dijera; me causó una sensación nueva, solo comparable con la amistad. Le preguntaré a Twilight sobre esto, tal vez ella sepa que sentí y sigo sintiendo aún. En fin, ya me voy a dormir, mañana quizás sea un buen día.