Capítulo 1: Un trayecto de lo más movidito (Parte 1)
La mañana del primero de septiembre Londres amaneció totalmente cubierta por gruesas nubes preludio de una tormenta inminente, los rayos del sol apenas podían traspasar la espesa bruma, por lo que la oscuridad reinaba en el ambiente.
Para cualquier otra persona habría resultado difícil creer que fueran las 10 y media de la mañana, pero no para sus habitantes, acostumbrados a la ya tan habitual estampa que atisbaban, y que se repetía a diario durante la mayor parte de los meses del año.
Como la mayoría de días sobre esa hora, en la estación de King's Cross reinaba un ordenado caos, cientos de personas corrían de un lado a otro de su famoso vestíbulo en busca del andén del que partía el tren que los llevaría a su destino.
Pero ese día no era un día cualquiera, al menos no para decenas de estudiantes ansiosos, que como cada año en la citada fecha visitaban la conocida estación para dirigirse a su lugar favorito en el mundo y segundo hogar, Hogwarts.
Una de esas estudiantes era una risueña pelirroja de ojos verdes que cruzaba a toda prisa la estación arrastrando un carro repleto de bártulos sobre el que descansaba una lechuza de color blanco que ululaba alegremente.
La muchacha caminaba cada vez más rápido sin dejar de mirar el reloj de su muñeca, llegaba ciertamente tarde y no podía perder el tren bajo ningún concepto. Al llegar hasta el muro que se encontraba entre los andenes 9 y 10 se situó frente a él y cogió carrerilla para más tarde atravesarlo y llegar una vez más como cada año, al andén 9 y ¾, del que partía el tren con dirección a la ilustre escuela de magia y hechicería.
Cuando abrió los ojos y vio delante de ella el enorme tren escarlata que la llevaría a su lugar favorito en el mundo, sonrió. Todo el verano soportando los hirientes y despectivos comentarios de su hermana Petunia había merecido la pena, pues en unas horas estaría de nuevo en Hogwarts, dispuesta a comenzar su quinto año.
Petunia y ella nunca se habían llevado bien del todo, pero tras descubrir ambas la naturaleza de Lily, la relación se había enfriado por completo. A veces se preguntaba si habría sido el miedo o la envidia, pero desde entonces no había recibido por parte de su hermana ni una sola palabra agradable y a medida que iban pasando los años la situación era cada vez peor. Sus padres la pedían que tuviera paciencia pero la verdad era que Lily sentía que llegado el momento sus caminos se separarían por completo.
La pelirroja se había quedado inmóvil mirando embobada el tren escarlata en la entrada del andén, y no se dio cuenta de su error hasta que un chico que había cogido carrerilla para traspasar la barrera, chocó contra ella haciendo que ambos perdieran el equilibrio y terminaron tendidos en el suelo.
-Mira que eres patosa Lily- bromeó el chico con una reluciente sonrisa dejando entrever su perfecta dentadura, y acto seguido se levantó y le tendió la mano para ayudarla a levantarse. Sin embargo, ella rápidamente desechó su ayuda y se levantó por sus propios medios, tras lo cual se sacudió la túnica, haciendo caso omiso a la mano del chico.
- Para ti, soy Evans, Potter- replicó la chica- y perdona, pero has sido tú el que ha entrado corriendo como un loco- espetó en tono de reproche mientras dirigía por primera vez su mirada hacia el origen de la mayor parte de sus problemas.
James que así se llamaba el joven, era indiscutiblemente apuesto, de complexión delgada y atlética y estatura media. Tenía el cabello color castaño difícilmente domable y unos preciosos ojos avellana. Tanto su atractivo como su puesto de cazador en el equipo de Quidditch de Gryffindor le habían hecho destacar y convertirse en uno de los chicos más populares y deseados de la escuela, y como consecuencia de ello, la mayor parte de sus compañeros lo admiraban e idolatraban como si de un dios se tratara.
No obstante, estas cualidades no impresionaban en absoluto a Lily que veía a James como un niñato arrogante y egocéntrico, y por ello no deseaba tener más relación con él que la de ser estrictamente compañeros de clase y casa.
-Podríamos llegar a tener más confianza si quisieras- susurró James en tono sugerente cerca del oído de la chica tratando de ponerla aún más nerviosa, si es que eso era posible.
A la pelirroja se le encendieron las mejillas y enfadada empujó al chico de vuelta al suelo, para acto seguido dirigirse a toda prisa al tren tratando de alejarse lo máximo posible de él.
El chico por el contrario se quedó unos segundos en el suelo pensando en cuánto le gustaba hacer enfurecer a esa pelirroja, de hecho, era su pasatiempo favorito en Hogwarts, o, mejor dicho, su segundo pasatiempo favorito. El primero era competir con su mejor amigo, Sirius Black, para ver quién conquistaba a más chicas cada curso. No obstante, la competición siempre estaba muy igualada pues ambos levantaban pasiones entre todas las chicas de Hogwarts, o bueno si no eran todas, todas menos dos o tres entre las que, por descontado, se encontraba Lily Evans.
Sirius y James pertenecían al grupo conocido como los Merodeadores, un grupo de amigos, formado además por Remus Lupin y Peter Pettigrew, famosos en Hogwarts por sus legendarias bromas y el indudable talento y atractivo de la mayoría de sus integrantes. No obstante, eran mucho más que la fachada que los demás veían de ellos, pues la lealtad, confianza y cariño que se tenían eran dignos de admirar y convertía la suya, en una amistad única y verdadera.
James se levantó del suelo de un salto y se dirigió rápidamente hacia el tren en busca de sus amigos, recorrió los pasillos de la locomotora escarlata hasta encontrar el compartimento en el que usualmente viajaban los cuatro en sus trayectos a Hogwarts. No obstante, allí solamente se encontraban Remus y Peter. El primero como de costumbre, tenía un libro entre las manos, mientras que el segundo devoraba una tras otra, cientos de ranas de chocolate, dejando el asiento repleto de envoltorios de golosinas.
Remus Lupin era un chico realmente inteligente y además un ávido lector, devoraba los libros como si no hubiera mañana sumergiéndose en las historias que de ellos extraía. Era bastante atractivo y con un rostro de lo más dulce, por lo que gran parte de las chicas de Hogwarts suspiraban por él al igual que sucedía con James y Sirius.
Peter Pettigrew por el contrario no era demasiado agraciado, de cabello rubio y algo regordete, era el que menos atención femenina recibía de los cuatro. La perspicacia no era su fuerte, además tampoco poseía una personalidad férrea, era más bien de ese tipo de personas que se limitan a seguir a los demás.
-Wormtail, como sigas comiendo así vamos a tener que reservar un compartimento para ti solo- rió James a modo de saludo ingresando en el interior del mismo-
Al oír esto el chico regordete saltó de su asiento sobresaltado y el delgaducho levantó la mirada de su libro sonriendo, y acto seguido ambos se levantaron para abrazar a su amigo y prácticamente hermano, James Potter.
-Prongs, ¡por fin estás aquí!, ya pensábamos que habías olvidado cómo llegar a Hogwarts- bromeó Remus alborotándole el cabello, aunque la diferencia era apenas inapreciable pues el indomable pelo del muchacho acostumbraba a estar completamente despeinado usualmente-
-Sí, ¡los merodeadores juntos de nuevo! - chilló Peter con una voz excesivamente aguda emocionado por estar de nuevo junto a sus compañeros y amigos. Quizás pudiera parecer una tontería, pero para Peter esa amistad lo significaba todo pues le hacía sentirse parte de algo importante y eso era algo que nunca antes había sentido en su vida, por lo que era lo más valioso que poseía.
- En realidad, no estamos todos al completo, me parece que hemos perdido un merodeador por el camino- aclaró James intuyendo cuál era el paradero de su mejor amigo, confidente y principal competencia, Sirius Black-.
-Si lo dices por Sirius, llegó hace un rato, está con Caroline y sus amigas al final del pasillo, dijo que cuando llegaras te pasaras un momento- recordó con fastidio Peter molesto de que su amigo prefiriera pasar el tiempo con sus futuras conquistas antes que disfrutar del reencuentro como hacía él.
-Pero no se puede pasar porque debe ir al vagón de los prefectos, tiene una reunión- le recordó seriamente Lupin a modo de advertencia, sabiendo que la responsabilidad y el cumplimiento del deber no eran el fuerte de su amigo-
-Cierto, lo había olvidado- Recordó James con fastidio llevándose una mano a la frente- ¿Crees que notarán mi ausencia? - preguntó a continuación con una sonrisa pícara consiguiendo una mirada reprobatoria por parte del castaño-
- ¡James! - Le regañó Lupin- tienes que ir, es tu obligación- inquirió Remus tratando de hacer entrar en razón a su amigo y que asumiera de una vez por todas, las labores y responsabilidades inherentes al cargo de prefecto de Gryffindor, que ostentaba desde el curso pasado-
-Era tu obligación, pero tú lo rechazaste, y cuando me lo ofrecieron mi madre no me dejó rechazarlo a mí también- se lamentó James pensando en cuantas bromas y planes se perdería por el tiempo que le suponía ejercer sus labores como prefecto -
-Es igual, debes hacerlo- zanjó Remus dando la discusión por terminada, y volviendo la vista a su libro completamente convencido de que como de costumbre, sus palabras caerían en saco roto y James terminaría haciendo lo que le diera la gana-
-Bueno, pero no les importará que llegue un poco tarde ¿no? - preguntó James sonriendo y acto seguido comenzó a correr en la dirección contraria a donde se encontraba el vagón de los prefectos mientras Remus murmuraba algo incomprensible que se podría traducir como: ¡Este chico no tiene remedio!
El castaño terminó por detenerse delante de un compartimento en el que tres chicas charlaban animadamente poniéndose al día sobre las aventuras que habían vivido ese verano. Las tres parecían de todo menos alumnas de Hogwarts, de hecho, su belleza había conseguido que más de uno suspirara por los pasillos del castillo suplicando su atención. James abrió la puerta del compartimento y en cuanto las chicas le vieron se levantaron rápidamente para abrazarle y cubrirlo de besos.
-¡James! -gritaron al unísono-
-Te hemos echado de menos- añadió una chica castaña con el pelo repleto de tirabuzones y los ojos de un azul cristalino, poniendo pucheros mientras abrazaba con fuerza al muchacho y apoyaba la cabeza en su pecho.
-Y yo a vosotras Caroline- sonrió James disfrutando de las atenciones con que le estaban obsequiando las chicas, tras lo cual añadió- Venía buscando a Sirius pero tengo que reconocer que vosotras indudablemente sois mejor compañía- coqueteo el castaño guiñando el ojo a una morena de piel bronceada y ojos verdes que se encontraba sentada en la esquina del compartimento junto a la ventana-
-Sirius está en el compartimento de al lado- le informó Caroline- dijo que tenía que enseñarle no sé qué muy importante a Beatrice, aunque ya hace bastante que se marcharon- explicó la chica dando a entender a James que su querido amigo se le había adelantado y había iniciado el contador.
-Lastima, entonces creo que será mejor que no les interrumpa- intervino James asombrado por la facilidad que tenía su amigo para la conquista-
- ¿Qué tal tus vacaciones? - preguntó Liss, una castaña de pelo corto y pestañas kilométricas interrumpiendo sus pensamientos respecto a su amigo.
-Pues viajando, haciendo planes con los chicos y sobre todo practicando con la escoba, tengo la esperanza de que me nombren capitán de Gryffindor este año- explicó James recordando la incertidumbre que sentía respecto al ansiado nombramiento. Era algo que llevaba esperando desde antes incluso de haber entrado en Hogwarts y durante esos años se había esforzado por ser el mejor dedicándole más horas de las que podía contar, por lo que el título de capitán era el colofón final y recompensa por su dilatado recorrido como jugador de Quidditch.
- ¿Esperanza? – exclamó atónita Caroline- ¿Es que hay algún candidato mejor para ocupar el puesto? – cuestionó incapaz de creer que existiera la posibilidad, por mínima que fuera, de que alguien ocupara el puesto que desde hace tiempo estaba destinado a James.
James y las chicas estuvieron hablando hasta que se oyó como alguien corría la puerta del compartimento, y no podía ser otro que Sirius. James se levantó al instante y ambos se fundieron en un fuerte abrazo, si bien era cierto que no hacía demasiado que se habían visto, especialmente teniendo en cuenta que Sirius se había pasado prácticamente todo el verano en casa de James, el reencuentro al inicio del curso era algo especial y simbólico para ellos, pues en ese mismo tren fue donde surgió su amistad.
Sirius era más alto que James y sus músculos estaban algo más desarrollados, su cabello de color negro contrastaba con sus profundos y helados ojos grises, pero sin duda lo que más llamaba la atención del pelinegro era su sonrisa, que había hecho perder la cabeza a prácticamente todas las alumnas de Hogwarts y alguna que otra profesora.
-Vale con los cariñitos Prongs -bromeó Sirius- estas chicas tan guapas se van a pensar cosas que no son y no queremos que pase eso ¿verdad? – Las chicas se rieron ante la ocurrencia del atractivo Gryffindor mientras James abrazaba a Sirius con más fuerza aún si cabía tratando de molestarle-
-Has herido mis sentimientos- bromeó James gimoteando mientras se separaba de su amigo y acto seguido lo miraba con atención por primera vez desde el reencuentro. El moreno tenía el pelo completamente alborotado y restos de carmín por el cuello y los labios- Así que, ¿enseñándole algo muy importante a Beatrice? – preguntó el castaño más a modo de afirmación que como una pregunta.
No obstante, Sirius no tuvo tiempo de contestar a la pregunta de su amigo pues en ese mismo momento como si de un huracán se tratara, una pelirroja enfurecida abrió bruscamente la puerta del compartimento.
-Potter, ¿Qué coño haces aquí? - exclamó con rabia y prácticamente a punto de perder los papeles y la paciencia la ojiverde-
- ¿No lo ves o es que eres ciega? – intervino burlándose Sirius, mientras disfrutaba del espectáculo de ver a la pelirroja más y más cabreada mientras se sentaba cómodamente en uno de los asientos para disfrutar de la escena que intuía que se avecinaba.
-Sé que esto es algo que simplemente te cuesta y por eso seré paciente contigo y te lo explicaré, creo, a riesgo de equivocarme, que, aunque tú y tu amigo del alma compartís una única neurona aun no te apellidas Potter y por lo tanto siento decirte que no estaba hablando contigo y que me importa más bien poco lo que tengas que decir al respecto – explicó Lily con fingida dulzura al moreno antes de dirigirse de nuevo a donde se encontraba James- Mira Potter, me importa un bledo tu vida y lo que hagas con ella, pero cuando tienes obligaciones tienes que cumplirlas y no dejar tirados a tus compañeros. Tengo entendido que eres prefecto de Gryffindor, así que lo que no entiendo es por qué no has ido a la reunión de prefectos -Terminó la pelirroja fijando sus ojos en los del muchacho que desde que ella había entrado aún no había pronunciado ni una palabra-
-Entiendo que te es muy difícil vivir sin mí, pero tendrás que aprender a sobrellevarlo, hay muchas personas que requieren mi atención- bromeó James fingiendo estar apenado burlándose una vez más de Lily, cuyo semblante intuía que estaba a punto de usar la violencia física o más bien alguna que otra maldición imperdonable.
-Evans, creo que sinceramente deberías buscar un poco de compañía masculina, estás demasiado amargada, aunque vestida así no creo que ningún varón en su sano juicio y con todas las dioptrías se acercara a ti con esas intenciones- Se burló Sirius mirándola de arriba abajo-.
La chica llevaba un jersey blanco de punto tres tallas más grande, unos vaqueros claros no demasiado ceñidos y unas converse azules. El resto de ocupantes del compartimento trataron de contener la risa, pero cuando Sirius se levantó como si acabara de tener la mejor idea del mundo y le sugirió a Lily que igual Peter le hacía el favor, las carcajadas terminaron por inundar todo el compartimento.
No obstante, Lily ya estaba acostumbrada a que se burlaran de ella constantemente por lo que había aprendido a hacer oídos sordos a las palabras de esos imbéciles y a no dejarse afectar por las mismas.
- ¿Puedes salir un momento del compartimento Potter? - Preguntó Lily bajando la voz y haciendo como si no hubiera escuchado ni una sola de las palabras hirientes con las cuales le había obsequiado Sirius.
James se levantó del asiento siendo incapaz de dejar de reír y salió por la puerta detrás de Lily. No obstante, antes de alejarse ambos pudieron escuchar al moreno de ojos grises gritar, - ¡Prongs, si trata de hacerte algo que no quieres grita e inmediatamente iré en tu ayuda! - consiguiendo que la Gryffindor pusiera los ojos en blanco-
El muchacho y la pelirroja avanzaron en silencio por el pasillo hasta dejar atrás el compartimento.
-Bueno ¿Qué quieres? -requirió James impaciente- entonces Lily fue acercándose lentamente a James, lo que pilló por sorpresa al chico haciéndole retroceder hasta golpearse de lleno en la espalda con la pared del pasillo.
-Mira James, no tengo interés alguno en acercarme a ti si no me queda otro remedio, pero tengo la mala suerte de que ambos somos prefectos de Gryffindor, por lo que te agradecería que hicieras como si no existiera, cada uno por su lado, no es necesario ni que nos dirijamos la palabra, tu vive tu vida y simplemente olvídate de la mía – suplicó Lily harta de la situación que se repetía cada año-
- ¿O si no qué? – preguntó el castaño desafiante separándose de la pared y pegando su cuerpo al de la pelirroja fijando su mirada en los ojos esmeraldas de la chica-
- Pues no me quedará más remedio que hechizarte, y créeme cada vez será peor- explicó amenazante antes de separarse del chico y avanzar por el pasillo- Ah si se me olvidaba- sonrió la pelirroja dándose la vuelta y mirando de nuevo a James- ¡Aguamenti! –Gritó Lily haciendo que una cascada de agua cristalina saliera de la punta de su varita y empapara a James de los pies a la cabeza- bueno espero que aprendas la lección y no vuelvas a molestarme, y por cierto te toca hacer la ronda de vigilancia en 5 minutos, que te vaya bien- añadió Lily con una sonrisa en los labios avanzando rápidamente hacia la parte delantera del tren, dejando a James empapado y con la palabra en la boca.
