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4 de Enero de 1997

Habían pasado casi seis años desde que Jotaro y Noriaki se hicieron amigos y muchas cosas habían sucedido desde entonces. Aunque, ninguno de los dos sabía qué tan importantes se convertirían esas vivencias… hasta ese día.

Faltaba menos de un mes para el cumpleaños de Jotaro. El pelirrojo había ahorrado muchas de sus mesadas para comprarle un buen regalo a su gran amigo. Era sábado y hacía frío; ese día parecía que iba a nevar. —Él es más de un año y medio mayor que yo, pero no hay mucha diferencia entre nosotros. — Aunque no en los mismos grados, sí estudiaban en la misma escuela, así que podían caminar a sus hogares juntos, rara vez no lo hacían. Él quería comprarle el videojuego más popular del año pasado para que pudieran jugar juntos. —Aunque Jotaro no es bueno en los videojuegos y lo sabe, nunca ha rechazado mis invitaciones. —

Aún eran vacaciones de invierno, pero retornarían a clases el lunes, así que esa era su última semana libre. Noriaki se dirigía a la casa de Jotaro, quien seguro lo estaría esperando. Habían hecho planes para ir a un santuario cercano a rezar por un buen año; ya habían ido con sus familias el día primero, pero ahora querían ir solos y comprar talismanes para la buena suerte. Eran las diez de la mañana; el sol lentamente seguía alzándose sobre el cielo un poco nublado. El menor vestía un largo abrigo color lila y una gruesa bufanda gris así que el frío matutino no parecía ser un problema.

Al estar cerca de la casa de Jotaro, el pelirrojo notó a su amigo afuera esperándolo, así que aceleró el paso. —¡Jotaro! — Alzó y agitó el brazo para que pudiera verlo.

—Ah, Noriaki. — Respondió el otro, caminando a su encuentro. —Vaya que te abrigaste bien, no hace tanto frío. — Jotaro sólo vestía una chamarra azul marino a la que ni siquiera le había subido el cierre. Debajo, usaba una camisa blanca con la palabra "star" estampada en rojo. Ambos niños usaban pantalón y botas para invierno.

—¿De qué hablas? ¡Estamos bajo cero hoy! — El menor rio. Ambos se dirigieron hacia el santuario platicando con amenidad, como siempre.

Sin embargo, ese día sería diferente. Ambos revivirían un recuerdo que aquellos niños de en ese entonces 11 y casi 13 años nunca habían hablado.

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Al llegar al santuario y después de rezar, los jovencitos fueron a conseguir sus amuletos. —Mira, mi amuleto es verde, ¿y el tuyo? —

—Morado. —

—¿Qué deseaste, Jotaro? —

—¡Hey! Eso es de mala suerte. — Sonrió sabiendo con qué intención lo había preguntado.

—Hehe, lo sé, lo siento. Pensé que te tomaría desprevenido. — El pelirrojo desvió su mirada. —El único que me puede tomar desprevenido eres tú después de todo… —

—¿Qué piensas? —

—¿Uh?... ¡Ah! No… no es nada. — Noriaki era así siempre; a veces se perdía en sus propios pensamientos sin prestar mucha atención alrededor. En momentos parecía ser un niño distante e inaccesible. Aunque eso hacía sentir a Jotaro especial, pensando que era el único que podía entenderlo. —Lo que deseé es que ingreses a la misma escuela secundaria que yo. — Recordó para sí. Su amigo seguía en sexto grado, así que el mayor estaba seguro que todavía no había pensado en cuál secundaria seguiría estudiando.

Entre tanto, Noriaki había pedido un deseo abismalmente diferente. —Deseé poder tener el valor éste año de confesarte... su existencia. —

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El resto de la mañana transcurrió con normalidad. Después de dejar el templo los niños fueron a almorzar a una cafetería cercana y platicaron sobre sus planes para las próximas vacaciones. —Apenas regresaremos a clases y ya estamos pensando en las vacaciones de verano. — Noriaki sonrió. A Jotaro le gustaba mucho verlo sonreír. El menor tenía el mismo sentimiento por su gran amigo.

Al salir de la cafetería, ambos notaron el cielo más nublado que antes.

—Está haciendo más frío, nevará pronto. —

—Todavía es temprano, pero deberíamos irnos a casa ahora. — Jotaro asintió. Mientras caminaban a casa, el niño de chamarra azul dejó casi de hablar.

—Jotaro, ¿tienes frío? ¡Tu nariz está roja! —

—No, estoy bien. — Noriaki se detuvo, se quitó su bufanda y se la puso a su amigo, quien al principio intentó resistirse. —No la necesito, yo soporto mucho mejor el frío que tú. —

—Oh vamos, tu casa está más lejos que la mía, además no tengo tanto frío como crees. — Insistió y terminó de colocarle la prenda. No era la primera vez que Noriaki hacía cosas así, y no se refería a su naturaleza amable, sino a la invasión de su espacio personal. Ya antes le había puesto sus propios guantes un invierno atrás o cedido su gorra en verano. Jotaro sabía que no tenía sentido insistir, su amigo era persistente con él, o quizás el propio Jotaro era muy permisivo. Sea como fuere, tener sus ropas no le desagradaba en absoluto.

Justo al llegar a casa del pelirrojo, empezó a nevar.

—Oh no... ¿Quieres quedarte en mi casa hoy, Jotaro? —

—No, prometí que llegaría a cenar, además sabes que yo no vivo muy lejos. —

—He contado el tiempo, aproximadamente veinticuatro minutos a pie, nueve en bicicleta a buena velocidad. —

—Eres un nerd. —

—¡Haha! ¡Tonto! — Rieron. Bromas entre amigos de lo más natural. Se despidieron, Noriaki entró a su casa y Jotaro siguió su camino.

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Rumbo a su hogar, el niño de ojos turquesa se cubrió el rostro del viento frío con la bufanda. Le llegaba hasta la nariz; podía oler el aroma de su buen amigo y… le agradaba. Mucho más de lo que siquiera podía darse cuenta.

Le regresaré su bufanda el lunes en la escuela. — Jotaro pensó en todo lo que quería decirle, desde lo más trivial hasta aquello que no lo dejaba dormir a veces por las noches. Pensó que tendría mucho tiempo para hacerlo y lo tomaría con calma…

O eso creía…

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Una cuadra antes de llegar a su casa, Jotaro escuchó pasos veloces a la distancia, apenas perceptibles por la nieve acumulándose. Al voltear, se sorprendió mucho al ver a Noriaki, corriendo hacia él. Llorando…

Jotaro entró en pánico y corrió también en su encuentro.

—¡¿Noriaki?! ¡¿Qué sucede?¡ ¡¿Qué tienes?¡ —

Sollozando y casi sin aliento, el menor intentó responder. —¡Jo… taro! ¡Jotaro! —

—¡¿Qué pasa?¡ —

—¡Vamos a… mudarnos! ¡Nos iremos a otra ciudad! — Jotaro se quedó mudo.

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Gracias por leer. ;;w;;