- Entonces, en Hufflepuff ¿no? -pregunto el señalando mi túnica.
- Entonces, en Gryffindor ¿no? -replique yo señalando la suya.
James me dedico otra sonrisa arrogante y asintió con entusiasmo mientras simulaba que tenía una espada en la mano.
- Sí, donde están los valientes de corazón.
Sonreí con mi típica sonrisa.
- He oído que es una casa fantástica -dije- desgraciadamente solo se lo he oído a los Gryffindor así que no puedo comparar.
- Gryffindor es una casa fantástica -afirmo con rotundidad.
Asentí con cortesía.
- Realmente -añadí- te llevaría la contraria, pero pasaríamos todo el camino discutiendo y, la verdad, no me apetece.
James se paró y me miro.
- ¿Pasa algo? -pregunte extrañada.
James se revolvió el pelo con a mano derecha mientras me observaba.
- Hay algo en ti que no me cuadra, no sé el que, ni como lo noto -murmuró pensativo- eres una chica extraña, Sarah Streek -resolvió sin más.
- Y exactamente -replique yo- ¿dónde está la gracia en ser normal, James Sirius Potter?
James pareció pensar la respuesta.
- Y exactamente -dijo el volviendo a caminar- ¿dónde está la gracia en caminar sin tener una animada charla por la mejor casa?
Alce los brazos con una sonrisa.
- Soy Hufflepuff, no Ravenclaw, no lo sé todo -respondí.
James volvió a revolverse el pelo y a poner su típica sonrisa arrogante.
- Aun así, Gryffindor sigue siendo mejor que todas ellas.
No respondí, pero tampoco pude ocultar una sonrisa.
- ¿Por qué no has podido coger los carruajes, Sarah? -me pregunto después de un rato.
Sopesé el libro con la mano derecha y se lo mostré.
- Adrián se lo había dejado en el vagón -dije simplemente.
- ¿Quién es Adrián? ¿Y por qué no iba el a buscarlo?
- Adrián es mi mejor amigo, es mestizo y pertenece a la casa de Ravenclaw -explique- yo quería que pasara un rato a solas con mi mejor amiga, lleva enamorado de ella desde que se conocieron.
- Y querías forzar la situación -termino James.
Rodé los ojos.
- Algo de eso, podríamos decir que si -dije- y tú, ¿Por qué perdiste los carruajes?
- Tenia que coger una cosa -contesto y me enseño brevemente un simple y común pergamino.
- Ya veo -dije- ¿Qué es?
James se volvió a meter el pergamino en el bolsillo.
- En realidad no tiene importancia. Lo llevo por puro sentimentalismo.
- No sabía que el gran James Potter fuera sentimental -comente rodando los ojos.
- No sabes muchas cosas de mí.
- Tú de mí tampoco -replique.
James alzo una ceja.
- ¿Es que acaso hay algo que debería de saber? -pregunto.
- Creo que podría preguntar lo mismo.
- Toúche -dijo alzando las manos.
Sonreí.
James Potter parecía justo la clase de persona por la que no te tienes que forzar para hacerla sonreír. Se movía con movimientos rápidos y desenvueltos, con seguridad. Como si lo tuviera todo planeado.
- Entonces -dijo después de un rato- has oído hablar de mí.
- ¿Que?
- Antes -aclaro- cuando has dicho lo de los sentimentalismos, parecía que tenía unja reputación.
- Tienes una reputación -corregí- tendría que estar sorda para no oír hablar de James Sirius Potter y los merodeadores.
- Ya ceo que mi reputación me precede -hizo una mueca y luego volvió a sonreír- y ¿Qué es lo que dicen de mí, preciosa?
- Hay dos versiones; ¿Cuál quieres escuchar primero? ¿La primera o la segunda?
- ¿Cuál me va a gustar más? -pregunto.
- Eso depende de tus gustos.
- Empieza.
- Dicen -empecé- que eres uno de los chicos más guapos de Hogwarts. Que eres leal con tus amigos y que siempre te metes en problemas. Y también dicen que besas bien, las chicas. -aclare- Dicen que eres un egocéntrico, engreído y estúpido, que tienes mucha suerte en todo porque tu padre fue "El Elegido" y que siempre te aprovechas de eso. También dicen que eres un mujeriego y que tienes una lista de chicas conquistadas que solo se compara a tu lista de castigos. Eso es lo general, luego están los rumores de cada semana, esos sí que paso de escucharlos, lo siento.
James me miró fijamente mientras caminábamos. Era un poco incómodo.
- ¿Qué versión te crees? -me pregunto.
- ¿Te interesa? -pregunte sorprendida.
- Si te pregunto es porque me interesa -dijo con obviedad.
- Touché -dije alzando las manos mientras sonreía.
- Vamos, di, ¿cuál crees?
Lo mire a los ojos.
- Las dos.
- No puedes creer las dos -dijo negando con la cabeza.
- ¿Por qué no? Una cosa no quita la otra.
Llegamos a las puertas.
Intente abrirlas, pero había un candado. Como no, ya sabía yo que Hogwarts te recibiría con las puertas abiertas siempre y cuando no llegases tarde.
- Déjame a mi -dijo el sacando la varita- Bombarda max…
Saque inmediatamente la varita y grite:
- Paladae.
James no termino el hechizo. Me miro con el ceño fruncido.
- Perdón -dije- no quería que destrozaras la cancela. ¿Sabes? Si algo he aprendido de que mi amigo sea un Ravenclaw es que a veces las cosas son mas sencillas de lo que parece -y apunte con mi varita a la cancela- Alohomora.
La verja se abrió con un 'cric'.
Entramos.
- Mummum, ¿mumunun? -farfullo.
- Perdón -agite mi varita- Finite Incantaten.
- El hechizo ese -dijo cuando pudo volver a hablar- ¿cómo es?
- Es Palade, muy útil, del Manual de los 100 Hechizos Básicos, el mejor libro de hechizos mágicos, Adrián nos lo obligo a aprendérnoslo en nuestro primer año.
Me miro con admiración.
- ¿Sabes? El próximo sábado hay una excursión a Hogsmade.
- Lo sé -dije.
- ¿Quieres venir conmigo?
- No suelo aceptar citas de chicos desconocidos.
- No somos desconocidos.
- ¿No? Si nos hemos hablado hoy ha sido por pura casualidad, de lo contrario nos hubiésemos graduado sin que tu supieras mi nombre -replique- no lo niegues, se que es verdad. A parte tu no sabes nada de mí.
- Tu tampoco sabes nada de mi así que estamos empatados, podemos conocernos.
Me puse seria.
- No quiero -dije.
El me miró fijamente.
- ¿Qué te conozca o conocerme?
Me estremecí.
- ¿Qué importa? Igualmente es un no.
James me miro con seriedad, y luego volvió a esa sonrisa arrogante.
- Touché -dijo y la tensión se rompió.
Sonreí y le di la mano.
- Un placer haberte conocido, James Sirius Potter.
Me la estrecho con curiosidad.
- ¿No vienes al gran comedor? -me pregunto.
- No -conteste mientras me daba la vuelta- la ceremonia de Selección habrá terminado y la sala común de Hufflepuff esta al lado de las cocinas, cenare allí algo.
Note como asentía.
- ¿Nos volveremos a ver?
Me di la vuelta antes de doblar la esquina.
- Obviamente, vamos al mismo curso y estamos en el mismo colegio, Sirius -comente con una sonrisa.
- La gente me llama James -dijo el- excepto mi madre cuando se enfada que me llama por el nombre completo, pero todos me llaman James o Potter.
- Y exactamente ¿dónde está la gracia en llamarte como lo hace todo el mundo, Sirius?
Y doble la esquina antes de que respondiera.