Los personajes de Twilight no son míos sino de Stephenie Meyer, yo solo me divierto un poco con ellos.


Capítulo beteado por Yanina Barboza, beta de Élite Fanfiction (www facebook com/ groups/ elite fanfiction)


~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~ TWOP ~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~

Capítulo 2

Amaba la idea de mi esposa embarazada, disfrutaba dormir con mi mano sobre su vientre, aun cuando este no tuviera ni una sola curvatura distinta, solo cuando estaba sentada se podía notar ese leve bulto que tanto Bella como yo disfrutábamos acariciar.

Se había vuelto nuestro pasatiempo favorito, cada vez que tenía oportunidad ponía mi mano sobre su vientre, y lo besaba cada vez que se me antojaba hacerlo, Bella sonreía y me deba completa libertad de expresar mi amor por nuestro bebé.

Con el paso del tiempo, el pequeño bultito comenzó a notarse cada vez más, la ropa empezó a apretarle y muchas otras prendas Bella simplemente tuvo que descartarlas.

Ella se estaba poniendo hermosamente redondeada.

Pepillo conciencia: Ni se te ocurra decirle eso, a menos que quieras lágrimas.

No soy un estúpido inconsciente.

Así como Bella estaba radiante desde que sabíamos del bebé, sus emociones se alborotaron, ella estaba feliz la mayor parte del tiempo, pero ante cualquier cambio comenzaba a llorar.

¿Un gatito salía en televisión? Lágrimas.

¿El helado se había acabado? Lágrimas.

¿La risa de un niño? Lágrimas.

¿Un enterito de recién nacido? Lágrimas.

¿Vómitos matutinos? Lágrimas.

¿Le decía cuánto la amaba? Lágrimas.

Mi esposa estaba muy sentimental pero no por eso dejaba de amarla, de hecho, me gustaba mimarla para que me sonriera.

Aún más cuando siempre recibía un beso como recompensa por ser un maravilloso y paciente esposo.

Pero eso era lo único que recibía, después de que viéramos a nuestra pequeña semillita en el primer ultrasonido —ambos lloramos en ese momento—, Bella simplemente me prohibió acercarme a ella de manera íntima.

Ni siquiera cuando estábamos en la cama con las luces apagadas me dejaba hacer un movimiento.

No hacíamos nada, sin importar cuán romántico fuera o los halagos y miles de gestos dulces que intentara, Bella simplemente detenía mis movimientos.

¿Y si lo lastimamos? Tenemos que cuidar de nuestro chiquito, es lo más importante para nosotros, ¿o no lo es para ti?

Pepillo conciencia: Nuestra princesa tiene un punto, el bienestar de nuestro bebé es lo más importante para nosotros ahora.

Lo había aceptado porque simplemente no podía decir que no.

Bella y nuestro bebé eran la razón de mi vida ahora.

El embarazo fue un accidente, ninguno estaba preparado, ni listo y aunque teníamos un poco de miedo, también estábamos emocionados, quizás hubiéramos preferido esperar un poco más, tener organizadas nuestras vidas, tal vez primero planear comprar una casa más grande, pero ahora que sabíamos que nuestro pedacito de cielo venía en camino no podíamos entender por qué razón habíamos querido esperar en primer lugar.

Por esa razón decidí dejar de intentar conseguir un poco de su dulzura.

Pepillo conciencia: ¿Has renunciado al sexo? ¿Estás seguro?, nuestra chica es una droga y somos adictos a ella, la probamos por primera vez y simplemente no pudimos dejarla. ¿Cómo sobreviviremos si no tenemos un poco o mucho de ella?

Durante nuestra segunda visita con la obstetra, nos dijo que el bebé estaba creciendo de manera correcta, no había ninguna anormalidad por la cual preocuparse, la salud de Bella también era estable, de hecho, estaba excelente.

La obstetra respondió absolutamente todas las preguntas que teníamos como padres primerizos, ambos terminamos felices y seguros de que nuestra semillita estaba en buenas manos.

Después de recetarle a Bella las vitaminas que debía tomar, lo que debía hacer en caso de presentar incomodidades, así como las precauciones que debíamos tener, hice la pregunta que tanto me rondaba por la cabeza.

—¿Podemos seguir manteniendo relaciones?

Bella se puso colorada, incluso me golpeó el brazo e intentó decir que no era necesario que respondiera esa pregunta, pero la doctora simplemente sonrió y respondió con la misma tranquilidad y paz con la que había respondido cada una de las preguntas anteriores.

—Siempre que no mantengan relaciones de alto riesgo, ni movimientos o posiciones peligrosas ni se golpee el vientre, pueden seguir manteniendo una vida sexual activa.

Casi salté de felicidad cuando dijo esas maravillosas palabras, no iba a ser difícil seguir las instrucciones, ya que hacerlo a lo misionero o que ella me cabalgara, era lo único que hacíamos.

Pero parecía que Bella entendió que el sexo estaba prohibido.

Pepillo conciencia: ¿Y qué esperabas? Nuestra chica no es precisamente fan número uno del sexo.

¿Cuántas veces tengo que decirte que ella es solo mía y no nuestra?

Bella se negó a tener cualquier tipo de contacto sexual.

—La doctora dijo que podíamos hacerlo, no haremos el Kama Sutra porque sería demasiado, pero que te montes sobre de mí, no es problema.

—No, Edward, nuestra semillita está dentro de mí, ¿qué tal si lo ve?

—¿Qué?

—Ya sabes —se encogió de hombros sonrojada—, si ve tu "cosa".

—¿Mi cosa? ¿Estás hablando de mi pene?

—Sí, Edward —respondió poniendo los ojos en blanco—. ¿Y si lo ve? No quiero que mi bebé vea tu cosa.

—Él no verá.

—¿Cómo lo sabes?

—Porque aún es muy pequeño, y aun cuando sea un poco más grande seguirá sin verlo.

—¿Cómo puedes estar tan seguro?

—Nena, nuestra semillita es una miniatura, no ve nada y desde luego no verá mi pene entrando en ti.

—Sigo sin estar segura de lo que dices, además, él sabrá lo que estamos haciendo y no creo que eso sea correcto.

No hubo manera de que convenciera a Bella de lo contrario, las revistas y libros que accidentalmente dejaba al alcance de ella sobre lo bueno que era el sexo durante el embarazo, no surtieron ningún efecto.

Mucho menos ayudó cuando uno de los artículos decía que el bebé percibía todas las sensaciones durante el sexo y si estas eran placenteras era mucho mejor.

El sexo no existía y no me veía soportándolo por mucho más tiempo.

Creí que cuando me casara, el ejercicio de mi mano derecha quedaría en el olvido, pero ahora se había vuelto mi fiel compañera, cada una de las pajas que me hacía eran en la privacidad del baño para no incomodar y/o herir a mi esposita.

La masturbación no era precisamente algo que ella aprobara.

Amaba a mi esposa, la amaba con cada fibra de mi ser, verdaderamente la amaba, podría soportar cualquier cosa, cada una de sus restricciones las había tolerado, entendía que su educación fue diferente, vivir bajo la supervisión de un pastor, con su madre en perpetuo luto por su fallecido padre y una tía que procuraba que siguiera el camino del bien, era justificación suficiente para que fuera tan retraída en muchos sentidos, pero para todo había un límite y ciertamente yo estaba llegando al mío.

Pepillo conciencia: Por primera vez, creo que estoy de acuerdo contigo.

Después de cumplir el primer trimestre de embarazo y que nos volvieran a decir que nuestra semillita estaba en perfecto estado, creciendo feliz dentro de su mami, decidimos que era momento de comunicarles a nuestras familias que tendríamos un bebé.

Decidí enviar una foto de la última ecografía al grupo familiar que tenía con mis padres y hermanas, no envié ningún mensaje, solo la fotografía, esperando sus respuestas.

Estas no se hicieron esperar.

Papá: Tu madre no ha dejado de saltar y chillar de alegría, incluso ha asustado al perro por lo alto que está gritando, si me deja sordo o los vecinos llaman a la policía por alteración de la paz, tendrás que venir y sacarnos de prisión.

Sonreí de solo imaginarlo, mi mamá amaba a Bella, a pesar de que al inicio de nuestra relación había sido reservada y no era muy amable con ella, al pasar el tiempo, Bella se ganó su cariño y confianza, mi madre decía que mi esposa era una buena chica, de buena familia, bien educada y criada.

Le agradó incluso aún más cuando conoció a la familia de Bella.

Bella está educada a la antigua, me alegra que encontraras a una mujer con buenos principios.

Preferí no cuestionar sus palabras, los buenos o malos principios estaban sobrevalorados, yo amaba a Bella porque me hacía feliz, no por otra cosa.

Mi teléfono volvió a sonar avisando que estaban respondiendo, para mi sorpresa Rosalie y Alice respondieron con emojis con caritas con ojos de corazón, diciendo lo felices que estaban por mí y que serían las mejores tías que el bebé podía pedir y tener.

Pero nosotros tres teníamos un grupo aparte, uno en donde nuestros padres no se encontraban y que no tenían la menor idea de que existía, en ese lugar ambas tenían mensajes muy diferentes a los primeros.

Ni siquiera me sorprendían.

Rosalie: ¡No puedes estar hablando en serio!

Alice: Soy demasiado joven para ser tía, no, me niego a creerlo.

Rosalie: Ni siquiera sé cómo es que has podido dejarla embarazada.

Alice: ¿FrígiBella dejó de serlo? Ja, ja, ja.

Rosalie: La única manera de que puedas tener un bebé, es que hayas embarazado a alguien más.

Alice: Rose tiene razón, dinos el nombre, te prometemos que nos aseguraremos de que mamá y papá la acepten, nosotras lo haremos.

En el grupo familiar, mamá había mandado cientos de notas de voz, decidí escucharlas para ignorar las palabras de mis hermanas.

Sus gritos de felicidad, su verborrea sin sentido y más gritos me hicieron sonreír nuevamente, incluso causó que Bella se acercara para saber qué era lo que ocurría, ella sonrió enternecida por la evidente alegría de mamá.

Su propio teléfono no tardó en sonar.

—Es Esme —dijo mientras deslizaba el icono y ponía el altavoz—. ¿Hola?

Lo primero que escuchamos fueron más gritos, para luego pedir los detalles y querer saber cómo se sentía Bella y si era necesario que nos visitara, después de todo ella había tenido a tres Cullen en su vientre y sabía que no eran bebés tranquilos.

Bella le aseguró que por el momento las náuseas solo eran matutinas y que, aunque sentía como se movía dentro de ella, no le molestaba.

Después de todo, también era parte Swan, y los embarazos Swan habían sido tranquilos.

Mis hermanas seguían mandando mensajes a ambos grupos familiares, en uno enumeraban las muchas cosas que comprarían para el futuro bebé, mientras que en el otro seguían burlándose.

Mis hermanas eran unas verdaderas arpías.

Con un rápido mensaje las puse en su lugar.

Edward: No, Rose, yo no embarazo a chicas que no son mi esposa. ¿Qué tal está Royce y la bebé Vera? ¿Irina regresó a trabajar ya como tu asistente o se ha quedado en casa cuidando de Vera? ¿Y qué tal vas con Jasper, Alice? ¿Ya lo enfrentaste con aquella afición por robarse tu ropa interior?

Ninguna de ellas volvió a responder.

Contarle a la madre de Bella no tuvo la reacción que ambos esperábamos.

Renée nos felicitó después de reprendernos por ser tan desconsiderados al hacer tal anuncio a través de una llamada telefónica.

—¿Acaso no pudieron venir y darnos la noticia en persona? Solo estamos a cuatro horas de vuelo.

—Lo sé, mamá, pero nos es imposible ir, Edward tiene trabajo, yo tengo trabajo, no podemos solo ausentarnos.

—Esas son excusas para mí —renegó sin ninguna intención de retractarse—. ¿Cuándo vendrán? No estarás esperando que yo les diga a tus tíos durante la cena, ¿verdad? Yo te eduqué mejor que eso.

Bella había planeado una visita antes de que se cumpliera el siguiente mes, pero su agenda y la mía simplemente no lograron coincidir y ella dijo que no había manera de que viajara sin mí. ¿Una semana separados?, era imposible.

Estuve de acuerdo con ella.

Carmen estuvo feliz al saber del nuevo bebé, pero no en la manera en que se lo dijimos, ella también pensaba que lo mejor era anunciarlo en persona, Eleazar tuvo que frenarlas y decir que por lo menos pasaríamos las navidades con ellos y verían a Bella redondeada.

Falta decir que Bella tuvo un pequeño ataque de pánico al percatarse de ese minúsculo pero gran detalle.

Su cuerpo cambiaba y si bien no me molestaba en lo absoluto, Bella estaba un poco quisquillosa con respecto a que ya no me pareciera atractiva.

—Conozco la estadística de engaños, Edward, normalmente ocurren después de que se tiene al primer hijo, mi cuerpo va a cambiar en más de un sentido, y no solo hablo de ahora, sino también de después del parto.

—Puedes cambiar, pero yo seguiré amándote igual.

—El amor no va precisamente junto a la lujuria, tú siempre me lo has dicho.

—Lo sé, pero te puedo prometer que nunca pensaría en engañarte, te deseo solo a ti y si no fuera porque rechazas que te haga el amor, te tomaría en este momento en brazos y te llevaría a nuestra habitación en donde pasaría horas demostrándote cuánto sigo deseándote.

Bella había estado feliz con mi respuesta y aunque me besó y pude acariciar su trasero, no me dejó llevarnos al siguiente nivel.

El embarazo seguía su curso, con el vientre de Bella creciendo y endureciéndose con cada día que pasaba. Nuestra semillita no se dejaba ver para saber si estábamos esperando una niña o un niño, aunque ninguno de los dos teníamos preferencia y solo queríamos que naciera sano, internamente ambos deseábamos que se tratara de un niño.

Bella me decía que sentía que era un niño.

Y hablando del sexo de nuestro bebé, nos llevó a un tema un poco más serio, Bella me lo confesó durante una noche después de hablar con su madre, quien le había dicho que sería bueno que nos mudáramos a los suburbios y buscáramos una casa con suficientes habitaciones para nuestros futuros hijos.

—Me gusta estar embarazada de nuestra semillita y lo amo profundamente, pero no sé si quiero ser madre de más de uno.

—¿Quieres que solo nos quedemos con uno?

—Sé que debemos amar a todos los hijos con los que seamos bendecidos. Mis tíos no pudieron tener hijos y me amaron a mí como si fuera su propia hija, me dieron cariño e intentaron educarme de la mejor manera. Mi madre incluso me dijo que había querido darme más hermanos, pero cuando papá murió no quiso volver a casarse y por esa razón solo se quedó conmigo. Crecí en una familia con muchísimos primos, en donde es perfectamente aceptable tener una familia numerosa, de hecho esperan que tengamos por lo menos tres, es lo correcto para ellos, pero siento y creo que quedarnos solamente con semillita está bien.

—Amor, no se trata de lo que tu familia considera correcto, ¿quieres solo tener un bebé? Entonces solo tendremos un bebé, no me tienes por qué dar explicaciones.

—¿Estás seguro?

—Tan seguro como que te amo y seré feliz siendo padre de nuestro único hijo.

—¿Y viviendo aquí?

—¿Eh?

—Es un buen departamento el que tenemos y un buen distrito escolar, si seremos una familia de tres, no veo la necesidad de mudarnos.

—Lo único que necesito para ser feliz es tenerte a ti y a nuestro bebé. ¿Quieres vivir aquí, en una cueva o en un palacio? El lugar no me importa siempre que los tenga junto a mí.

—Te amo tanto, Edward.

Bella me dejó besuquearla y masajearle su redondeado trasero por un largo rato.

Mi vida era muy buena.

Pepillo conciencia: ¿Y el sexo?

Sería perfecta con sexo junto a la mujer que amaba, pero siempre que fuera dueño de sus exquisitos besos, podía esperar unos cuantos meses más para poder volver a poseerla por completo.

Días después de nuestra conversación y de comenzar la negociación para comprar el departamento en lugar de rentarlo, encontré a Bella en una videollamada con su madre y tía. No era extraño que las hiciera, ya que no podía verlas con tanta regularidad como ellas deseaban, habían decidido hacer una videollamada cada dos semanas para desayunar las tres juntas, era una manera de mantener una estrecha relación y que notaran los cambios que tenía debido al embarazo.

Yo había olvidado por completo que era justamente ese día, el día de la videollamada, normalmente la dejaba hablar con su madre y tía sin estar rondando, dándole la privacidad que necesitaba, pero ahora no encontraba la motivación suficiente para no acercarme y besar los exquisitos labios de mi esposa y recordarle que esa noche la llevaría a una cena romántica.

Me detuve antes de que Bella pudiera verme al notar la ropa que estaba usando, no era precisamente lo que ella usaba cuando desayunaba junto con Renée y Carmen.

Bella últimamente se había sentido mal solo por las mañanas, entonces había hablado con el gerente de la librería y estaba cubriendo los turnos de la tarde hasta que los malestares matutinos desaparecieran, por esa razón había pasado las últimas semanas con el pijama puesto toda la mañana, solo quitándoselo cuando tenía que irse al trabajo.

Pero nunca pensé que lo seguiría usando cuando realizara la videollamada.

El pijama no era precisamente algo que su madre desaprobaría, era un largo camisón, nada revelador ni sexi, pero sí cómodo para dormir, la tela era suave y cálida, de un tono melocotón, con pequeñas florecillas de encaje en el cuello. El camisón le quedaba muy bien cuando no estaba embarazada, pero en ese momento, con cinco meses, la barriga comenzaba a notársele y le quedaba ajustado.

Yo no le había dicho ni una palabra sobre lo transparente que podía llegar a ser, no es que se notara todo su cuerpo, pero sí había podido notar cuando Bella omitía la ropa interior o cuando sus pezones se endurecían por alguna corriente de aire.

Justo como estaban en ese momento, lo sabía porque Bella mantenía sus manos cruzadas sobre sus pechos, como si los estuviera escondiendo, tenía la mirada baja mientras que Carmen le enumeraba lo vulgar, promiscua e indecente que era una mujer que usaba ese tipo de ropa.

Solo era un jodido camisón, y de ninguna manera era algo de lo que Carmen estaba diciendo.

—¿Cómo se supone que seas una buena madre cuando ni siquiera sabes vestirte adecuadamente? Yo te eduqué mejor que eso, tu padre debe estar retorciéndose en su tumba al ver la clase de mujerzuela en la que te has convertido. ¿Qué pensará Edward si te ve de esa manera? Él se casó con una buena mujer, de buenos principios y valores, no con una cabaretera que se anda exhibiendo.

Entré enseguida sin poder seguir escuchando tanta estupidez, me acerqué a Bella, quien no había levantado la mirada, y moví el iPad con toda la intención de enfrentar a mi suegra, pero la videollamada había terminado.

—Voy a cambiarme —dijo levantándose.

—No, amor, lo que ellas dijeron…

—No importa —negó con la cabeza, sin dejar de cubrirse el pecho y sin mirarme a la cara—, tengo que ir a trabajar y si no me visto ahora, se me hará tarde.

Intenté seguirla, pero cerró la puerta detrás de ella y puso el seguro impidiéndome entrar.

Horas después cuando regresé del trabajo y esperé a que ella terminara de arreglarse para nuestra cita, encontré el camisón destrozado en el cesto de la basura.

~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~ TWOP ~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~

Chicago pasaba por una fuerte ola de calor que nos tenía a todos dentro de nuestros hogares con el aire acondicionado al máximo y usando la menor cantidad de ropa posible.

Habíamos estado bien por una semana, hasta que el generador del edificio explotó y nos dejó a todos asándonos en nuestro departamento, había comprado un ventilador para que Bella estuviera lo mejor posible, el embarazo la hacía sudar más de lo normal y lo último que quería era que estuviera incómoda, pero a pesar de eso, seguía sintiéndose abochornada.

Durante una noche particularmente calurosa, teníamos todas las ventanas abiertas con el ventilador justo enfrente de nosotros, la habitación estaba demasiado caliente, así que teníamos las almohadas y las sábanas más delgadas que encontramos tendidas a lo largo de la alfombra de la sala para poder dormir en ese lugar, pero a pesar de que incluso estábamos en shorts y playeras, Bella estaba incómoda, despegándose la ropa del cuerpo, se removía inquieta y yo no sabía qué hacer para aliviar su incomodidad. Me iba a ofrecer a traerle un poco de helado aun cuando este terminara derritiéndose en el camino, incluso estaba dispuesto a salir a comprar otro ventilador, pero cuando me incliné hacia ella para sugerirle que tal vez un baño podría ayudarla a tolerar el insoportable calor, pude oler ese exquisito aroma que por veintiún semanas se me privó.

Pepillo conciencia: Esto no es un simulacro, repito, esto no es un simulacro, nuestra princesa está excitada, nuestra princesa está excitada.

—¿Amor? —la llamé al mismo tiempo que ponía mi mano sobre su desnudo muslo, ella no me apartó, en su lugar se mordió el labio y pude ver como apretaba sus muslos, como intentando cesar la necesidad entre ellos.

—¿Qué-qué ocurre? —preguntó con voz ronca y sus ojos brillando de deseo, ella jodidamente necesitaba que le ayudara a aliviar su necesidad.

No respondí, en su lugar me incliné y la besé, su gemido se ahogó en mis labios, ni siquiera se negó ni mucho menos se resistió, respondió el beso con entusiasmo enrollando sus brazos en mi cuello.

—Ed… —gimió cuando mis manos apretaron sus caderas al mismo tiempo que me subía sobre ella, procurando no aplastar el bultito en su vientre.

Sin dejar de besarla, comencé a desvestirla con lentitud, procurando que ella estuviera tan perdida en la sensación de mis labios besando y mordisqueando su cuello, que no se diera cuenta que la dejé en bragas y sostén.

Al desprender el sostén fue que se dio cuenta de su estado y aunque sabía que ella me alejaría no le di oportunidad, me incliné y capturé su duro y respingón pezón entre mis labios causando su gritito de sorpresa.

Sostuve su cintura con una mano mientras que con la otra hice el recorrido hasta su intimidad, sin dejar de chupar su pezón, Bella estaba tan mojada, sus braguitas de algodón completamente húmedas, el cuarto completo olía a su excitación, moría por ir hacia ese lugar y beber hasta saciarme, llenarme de aquel elixir que solo su cuerpo producía.

Cuánto ansiaba hacerlo.

Ella gimió cual gatita caliente, retorciéndose entre mis brazos, sus pies removiéndose inquietos, levantando sus caderas para obtener un poco de fricción.

Solté su pezón y comencé a chupar el otro mientras que mi mano apartaba la tela de su braga, acaricié sus labios superiores y sentí como su sexo se humedecía aún más, con mi pulgar tanteé hasta encontrar el hinchado clítoris, el cual acaricié con mi uña, causando el fuerte gemido de Bella.

Sintiéndome valiente y notando lo sonrojada y excitada que estaba, decidí introducir uno de mis dedos.

—¿Te gusta cómo se siente, nena?

Bella no pudo articular palabra, en su lugar comenzó a mover las caderas, sonreí al sentirla perdida en el éxtasis. Decidí introducir un segundo dedo y comenzar a bombear con mayor intensidad al mismo tiempo que empezaba a morder su cuello.

Normalmente tardaba unos veinte minutos en lograr que Bella se retorciera entre mis brazos y se dejara llevar por las sensaciones, pero en ese momento mi bella esposa estaba fuera de sí. Sentí como Bella se aferró a mis hombros mientras su orgasmo ocurría, cerró fuerte los ojos, mordiendo con fuerza su labio inferior mientras que sus piernas se tensaban y su interior estrujaba mis dedos.

Ver a Bella llegar al punto más alto de su placer siempre sería todo un deleite, su piel sonrojada, sus pezones erectos, la respiración pesada, su cabello revuelto y aquel brillo satisfecho y perezoso en sus ojos, era una verdadera diosa.

La primera vez que la vi de ese modo me pareció la divinidad más preciosa que mis ojos habían tenido el placer de contemplar, ahora, seis años después, seguía percibiendo a mi esposa como un ángel que por alguna razón quería compartir su vida conmigo.

Sin perder tiempo me desvestí, la tomé de los muslos y le abrí las piernas, Bella seguía en ese letargo perezoso después de tremendo orgasmo, con sus labios hinchados debido a los besos compartidos y ese delicioso brillo que cubría todo su cuerpo, era la imagen de la sensualidad.

—No podemos, Edward —murmuró al mismo tiempo que ponía su mano contra mi pecho.

—Sí, podemos, amor, no te resistas —respondí jugando con mi polla en su entrada, acariciando sus sensibles labios—. No lo pienses, amor, solo déjate llevar, solo deja que tus deseos tomen el control.

Ella negó e intentó alejarse, sin embargo su movimiento solo sirvió para rozarse aún más con mi pene causando que entrara solo un poco, prácticamente nada, pero lo suficientemente para que Bella viniera a su encuentro sin poder evitarlo y cerrara los ojos.

Había leído que la sensibilidad aumentaba con el embarazo, pero verlo y experimentar dicha sensibilidad era todo un placer.

Estaba mucho más húmeda de lo que alguna vez había estado.

Pero aunque me moría de ganas de entrar en ella y sentir nuevamente su palpitante calor envolviendo mi miembro, con sus piernas alrededor de mis caderas y escuchándola gemir desesperada por necesitarme, no pude entrar.

No pude hacerlo, una cosa eran mis enormes ganas de poseerla, pero su negativa por mucho que me molestara y doliera, era primero.

¿Qué clase de imbécil sería si no escuchara sus deseos?

Me separé solo un poco de ella, aún seguía entre sus piernas, mi polla dura como una roca rogando por un poco de atención, específicamente la atención de Bella, pero no hice ningún movimiento por volver a entrar.

—Te amo —me dijo en medio de un susurro.

—Yo también.

La bese rápidamente en los labios sintiendo como mis bolas tomarían un nuevo tono de azul, quizás hasta terminarían cayéndose.

Era un beso rápido, lo juro, esa era mi intención, pero cuando la lengua de Bella tocó tímidamente mis labios, no pude negarme a comerle la boca.

Besar a Bella siempre sería de mis cosas favoritas, ella era tímida y tenía cientos o incluso miles de restricciones, pero cuando se trataba de besos, ella me dejaba besarla como yo quisiera y cuanto yo quisiera.

Nuestros besos eran únicos, yo podía decir que sus besos decían más que sus palabras.

Desde los suaves besos de bienvenida cuando llegaba del trabajo, hasta aquellos en donde solo me daba un pico dejando en claro que estaba enojada conmigo, también estaban esos en donde me dejaba explorar su boca o esos tímidos en donde mordía mi labio intentando decirme que quería que le hiciera el amor pero era demasiado penosa como para pedirlo.

Sentí la mordida en mi labio casi imperceptible, no quise suponer cosas así que lo ignoré y seguí besándola, pero sus dientes rozaron nuevamente con mi labio.

Pepillo conciencia: Ella quiere, nuestra princesa jodidamente quiere, no es un simulacro ni alucinaciones nuestras, realmente quiere que entremos en ella.

Y como si mi conciencia y yo buscáramos una confirmación, sus dientes capturaron momentáneamente mi labio.

Sin perder tiempo, tomé mi miembro y lo alineé a su entrada, la tomé del muslo para que levantara su pierna y entré en ella lentamente, disfrutando de la cálida cavidad, sintiendo como sus músculos internos me apretaban de la manera más deliciosa.

Gemí sin poder evitarlo, Bella era bastante estrecha pero ahora con el embarazo lo era aún más, estaba seguro de que iba a explotar en cualquier momento.

Me moví solo un poco, Bella gimió y se aferró a mis hombros, tomé una de sus piernas y la incité a abrazarme de las caderas, ella lo hizo enseguida mientras yo me inclinaba y me sostenía sobre mis dos manos para quedar a la altura de su rostro, salí por completo de ella para de nuevo entrar de un solo empuje, el grito de Bella fue suficiente incentivo para follarla como hacía meses no lo hacía.

Veintiún semanas era suficiente tiempo como para no guardarme nada, entraba y salía de ella lo suficientemente fuerte como para que Bella se retorciera y gritara sin importarle que tan ruidosa estaba siendo.

—Estás tan caliente, nena, tan deliciosa —gemí en su oído.

Sentí los espasmos de su sexo anunciando su inminente orgasmo, incluso yo sentí como mi pene se tensaba a punto de explotar, bajé una de mis manos para tocar su sexo y acariciarlo.

—¡Mierda, Edward!

Me encantaba cuando Bella maldecía, no era muy normal que lo hiciera, pero cuando era así, era momento de poder ser un poco atrevido, ella estaba tan perdida en sus deseos, sin poder detenerme de cumplir una de mis pocas fantasías e intentar llevarla a un nuevo nivel de lujuria.

Me salí de su interior recibiendo solo protestas y a Bella intentando regresarme dentro de ella, no lo permití, en su lugar me puse de rodillas y la tomé por el culo levantándola solo un poco, me llevé sus piernas a los hombros y volví a entrar en ella de un solo y certero embiste.

Bella chilló, gimió y me pidió por más.

Nunca lo habíamos hecho de esta manera, era la primera vez y por como Bella se removía y se aferraba de las sábanas, definitivamente lo estaba disfrutando.

Sintiéndome atrevido y queriendo ver hasta dónde mi gatita sexual era capaz de llegar cuando por fin se estaba entregando a su placer, me salí de su interior y la giré para que quedara sobre sus rodillas y manos.

—¿Qué…? —No le di tiempo de procesar lo que iba a hacer, entré en ella igual de rápido, y tomando impulso golpeé mis caderas contra sus nalgas haciendo que mi miembro entrara por completo en ella.

Bella gritó más alto de lo que pudiera recordar, ni siquiera intentó detenerme o protestar, cada vez que yo iba a su encuentro, ella me encontraba a mitad del camino.

—¿Te gusta? —pregunté acariciando sus redondas nalgas—. ¿Te gusta cómo te estoy dando, pequeña zorra?

Nunca le había hablado de ese modo y por un segundo temí haberlo arruinado, pero en su lugar, Bella se mojó aún más

Algo dentro de mí explotó, sabía que mi esposa era una gatita sexual, siempre lo había sabido, algo dentro de mí lo intuía, pero ahora, al ver cómo me rogaba que fuera más fuerte, más rápido, tan solo más, agradecía ser tan paciente, pues ahora la tenía a ella gritando llena de placer.

—Ed… Ed… mi amor… yo… voy… a… voy… voy...

Noté sus manos y piernas temblar, y supe que estaba a punto de caer, así que me salí de su interior y la acerqué al sofá, Bella recargó sus brazos y cabeza en el sofá, dejando el espacio suficiente para que su vientre no chocara con nada, luego seguí impulsándome contra ella, entrando y saliendo una y otra vez.

—Necesito… Edward… necesito.

Sabiendo que quería llegar, me incliné sobre ella apartando su cabello y besé su cuello al mismo tiempo que llevaba mi mano a su sexo para acariciarlo.

Bella explotó enseguida, embestí un par de veces más hasta que liberé mi carga.

Ninguno dijo nada por un largo tiempo, ambos recuperándonos del asombroso orgasmo, podía sentir la respiración agitada de Bella. Salí de su interior, sonriendo al hilo blanco que bajó por su muslo.

Me puse de pie con toda la intención de cargar en brazos a Bella y recostarla para que ambos pudiéramos descansar, pero ella se tensó y alejó mis manos de su cuerpo.

—¡No me toques!

Fruncí el ceño sin saber cómo reaccionar.

—Nena, mi amor.

—No me digas mi amor, no lo digas después de lo que me has hecho.

—¿De lo que te he hecho? ¿Qué hice? Tuvimos un orgasmo glorioso.

—Algo que nunca debió pasar, esto estuvo mal, fue un error.

—Bella…

—No me toques, te dije que no, pero tú nunca escuchas, nunca lo haces.

—Te escucho y hago lo que tú quieres todo el puñetero tiempo, sin importar que sea algo que yo no quiero, siempre te hago caso porque quiero que seas feliz, porque quiero hacerte feliz, pero esta vez no, por esta vez serás tú quien se calle y me escuche a mí, porque esto no fue un error, ¡maldita sea!, no lo fue, fue lo mejor que hemos hecho en mucho tiempo, es lo mejor que hemos hecho en todo nuestro aburrido matrimonio.

—¿Qué quieres decir con eso? —cuestionó Bella enojadísima.

Pepillo conciencia: La has cagado, la has cagado en grande.

Bella tomó su playera y shorts y se dirigió a la habitación.

—Espera, Bella, no me entendiste.

—Lo entendí perfectamente bien, Edward, al parecer follarme como a una puta fue lo que siempre quisiste hacer.

—Eso no fue lo que quise decir.

—Pues me ha parecido que sí.

Intentó cerrar la puerta detrás de ella, pero no se lo permití, no había manera de que esta vez la dejara ganar la discusión, estaba harto de tener que callarme y simplemente aceptar sus deseos. La amaba, pero había llegado a mi límite.

No podía culparme por algo que ambos claramente disfrutamos.

—¿Qué tiene de malo lo que hicimos? ¿Por qué tengo que sentirme culpable o soportar que tú creas que fue un error? Estamos casados, Bella, somos un matrimonio libre para poder hacer lo que nos plazca en nuestra intimidad.

—Tratarme como a una puta no es algo que yo considere correcto.

—No te traté de ese modo.

—¡¿Y cómo carajo explicas lo que me hiciste hace tan solo un minuto?! Te dije que no quería hacerlo, no me gusta hacerlo ahora que tengo al niño en el vientre, pero no te importó lo que yo quería, solo me cogiste cual puta que compraste.

—Maldita sea, Bella, es imposible hablar contigo —bufé saliendo de la habitación, sintiéndome derrotado.

—¡No me dejes hablando sola!

—¡¿Y de qué carajo quieres que hablemos?! ¿De cómo te violé en la alfombra? ¿De cómo confundí tus gemidos de placer y ruegos porque fuera más rápido? ¿Qué se supone que haga, Bella? Te deseo, te deseo a todas horas, te deseo con la misma fuerza con la que te amo, pero estoy harto, estoy cansado de tener que esconder que quiero hacerte el amor a todas horas, estoy cansado de tener que anteponer una moral estúpida y arcaica. Eres mi esposa y te respeto, pero ¡con una mierda!, a veces quisiera que dejaras tu estúpida restricción sobre tu sexualidad y la disfrutaras junto a mí.

—Disfruto nuestra intimidad.

—¿Cuál? ¿La que solo puedo estar encima de ti? ¿Aquella en donde masturbarte está prácticamente prohibido? ¿En donde ni siquiera puedo dormir desnudo junto a ti porque te parece erróneo?

—Sabías cómo era.

—No, no lo sabía realmente, yo pensé que eras una gatita adicta al sexo que solo lo escondías por las apariencias, por la forma en que te educaron, imaginé que una vez fueras mi esposa serías dinamita pura en la cama. Me encanta hacer el amor contigo, pero a veces necesito un poco de lo que acaba de pasar, verte olvidar cualquier maldita restricción y entregarte a mí, porque hasta ahora, hasta el día de hoy, sentí que realmente eras mía, sentí por completo como te entregabas a mí.

»Durante estos seis años te he hecho el amor creyendo que realmente ni siquiera te gustaba estar conmigo, intentando ignorar que quizás solo lo hacías porque se supone que era lo que debías permitir hacer, pero por primera vez, realmente sentí que estabas conmigo por placer, porque me deseabas tanto como yo te deseaba a ti, que me necesitabas como yo a ti.

Bella apartó la mirada, incómoda.

—Pues lo lamento, Edward, lamento tanto desilusionarte, pero si querías una puta barata para cogerte de la forma que tú querías, nunca debiste casarte conmigo, porque yo no soy ese tipo de mujer.

Grité de impotencia, creí que estaba llegando a algún lugar, pero intentar razonar con mi esposa era una causa perdida, compartí con ella cómo me sentía y solo recibí indiferencia de su parte.

—Por lo menos si me hubiera casado con una puta barata como tú las llamas, ella me entendería mucho mejor o por lo menos no me culparía por algo que ella claramente quería.

—¡Pues ve y jódete a quien se te dé la puta gana, Edward!

—¡Pues quizás lo haga!

Me puse el pantalón, la playera y los tenis, tomé mi billetera y las llaves del auto y salí del departamento sintiéndome cansado y hastiado de lo que en algún momento fue uno de los momentos más maravillosos que podía recordar.

Escuché algo rompiéndose dentro del departamento, pero no tuve ni siquiera la motivación para buscar dentro de mí un poco de preocupación por saber si Bella estaba bien.


Hola

Punto importante a aclarar, es una historia de pocos capítulos, pero los capítulos serán relativamente largos 😉

Yanina, muchas gracias por la ayuda con la revisión del capítulo, eres la mejor en el mundo entero.

Dejenme sus comentarios, opiniones, críticas, teorías o lo que quieran compartir conmigo en un review.

Nos vemos muy pronto


Recuerden que pueden unirse al grupo de facebook "The follies and evils by Teffi" en donde encontrarán adelantos, imágenes, información extra de las historias y muchas otras actividades, además de que podrán acosarme con mayor libertad 😘😘😘 jajaja.