Inquebrantable Tú — Capítulo I
Un par de risas en una habitación lejana a las demás, donde se reunían los líderes de una Nación y era estrictamente prohibido que cualquier persona, en especial, niños, entraran, se escuchaban por doquier.
—¿Ya?
—No.
—¡¿Ya?!
—¡No!
Cualquiera diría que el Rey de Konoha, era un tirano, terrible con su propio país, y el dictador personal de su familia.
—¡Apúrate papá!
Pero la única verdad que conocía Sakura, de sólo siete años de edad, era que su padre era el ser humano más tierno y amoroso que había conocido en su corta vida.
Konoha años atrás, era gobernada por un verdadero dictador, y la gente se podía ver con miedo. Nadie era feliz, y para terminar su desgracia, la ciudadela era bastante pobre.
—Si haces mucho ruido, tu madre vendrá y te llevará a tu habitación a ponerte los costosos vestidos de la señora Yamanaka, y sabes qué tardas más de dos horas poniéndotelo.
Sólo las mentes dotadas de lógica e intelectuales, lograron derrocar el cruel gobierno que Konoha poseía. Una lucha que cobró muchas vidas, incluso, la del creador de aquella conspiración que terminó en un rotundo éxito, heredando la victoria a su único hijo.
—De acuerdo.
Kizashi Haruno, joven y participe de la victoria, días más tarde de la posesión del trono, contrajo nupcias con la mujer que más amaba, y la que le apoyó durante toda la guerra, no sólo rezando, sino codo a codo con él.
Una desconocida que fue llevada al campo de batalla por la misma Reina de su país, Kirigakure.
—Aquí está, lo sabía, no se había perdido.
Ambos guerreros, temidos por las masas, fueron ganándose el corazón de las personas una a una durante el periodo de su mandato. Atrayendo la atención de los gobernantes de otros países, convirtieron a Konoha en una potencia, que al principio era vista con ojos de soberbia por los demás jefes de naciones, y que ahora, era una amenaza por lo rico que era.
—¿Por qué lo has escondido detrás de esa pared?
Parecía marchar todo muy bien, teniendo una hermosa hija después de varios años de mandato, Kizashi y Mebuki Haruno, anunciaron que sería el único bebé que tendrían, pues Mebuki tenía una condición genética que le impedía embarazarse, y Sakura, era un milagro.
Presionados por el antigüo consejo con la idea de tener un varón porque una niña no tendría la suficiente valentía para dirigir a una Nación, Mebuki mandó a asesinar a todos los que creían que su hija llevaría a Konoha a la ruina, luego de que su esposo le comentará que su viejo instructor le pidió tener un bebé bastardo con una de sus siete hijas, que eran, casi como hermanas de él.
—Es un regalo que he estado esperando por darte, mi padre, tu gran abuelo, me lo dio a tu edad.
El pequeño milagro que había nacido sano, era la máxima adoración de Kizashi, tener algo tierno entre sus brazos luego de haberlas manchado de sangre durante años, lo calmó lo suficiente durante el resto de su vida. El retoño de Mebuki la hacía feliz, pero no podía dejar que su padre la consintiera demasiado, pues sería una niña malcriada.
—¿Qué es eso?
Las Navidades en el castillo eran muy animadas durante la noche, a excepción de las tardes, los reyes Haruno, recibían a toda la realeza, nobles y miembros de los gremios más influyentes de Konoha sólo para hablar de negocios, y de eso, ya llevaban mucho tiempo haciéndolo.
Y entre toda esa gente, el futuro esposo de la pequeña Sakura.
—Ábrelo cariño.
No estaba decidido aún, Kizashi evitaba hablar del tema, no podía imaginar a su pequeña hija con un hombre que ni siquiera sabía si podía hacerla feliz, en cambio, Mebuki buscaba al candidato perfecto para que la Nación estuviese en buen estado para el mandato de su hija y futuro yerno.
—¡Una espada!
Ese día de Navidad sería distinto, Mebuki le haría saber a Kizashi sobre su decisión, y ambos lo discutirían juntos, faltaban años para casar a su hija, incluso, todavía era una niña. Pero las charlas en las cenas de Navidad, se centraban en el matrimonio y negocio de la princesa Sakura.
—Es una daga, la usé con el anterior Rey de Konoha, gracias a ésto, tenemos todo lo que ves, los horizontes verdes y lejanos del castillo, nos pertenece, no sólo a ti o a mí, a la gente del pueblo también.
Aquellos comentarios ponían nervioso a Kizashi.
—¡Es asombroso papi! Pero... si mi mami me ve usándolo, se pondrá furiosa.
Pero lejos de no hacer feliz a Sakura, había algo que lo perturbaba.
—Esperemos mi niña, que nunca tengas que usarlo.
Ningún hombre amaría a Sakura de verdad, sólo querrían el trono, la corona y el poder.
—Pero si gracias a ti y a mí mamá estamos en paz, o eso dice mi profesor Kakashi.
Él tenía suerte, en medio de la desesperación, encontró una luz que lo amó cómo es y luchó debidamente con él. Y siempre estaba a su lado, apoyando sus decisiones, animándole a continuar con un cargo de tal dificultad.
—Tiene razón, pero no quisiera que la tradición se esfumara. Por ahora mi dulce niña, lo volveremos a guardar, pero considéralo mi regalo adelantado de Navidad.
Y después de ese sentimiento perturbador, había algo que desde hace tiempo le estrujaba el corazón, y debía simularlo frente a su esposa y su hija.
—¡Muchas gracias papi! ¡Te amo!
Como era normal en aquel tiempo, y como lo hizo él y su padre con el rey anterior, algún día, intentarían derrocar su gobierno.
—Yo te amo mucho más, mi pequeña flor de cerezo. Ahora ve arriba con Miss Yoshino y tu madre para que te arreglen, ésta Navidad será espléndida, te lo aseguro.
Sakura dejó a su padre solo, en las paredes de esa habitación fría y lúgubre, dónde nunca debía poner pie un niño.
Las pequeñas pisadas dejaron de oírse, Kizashi sonrió, volviendo a guardar la caja donde estaba la daga, en la pared, ni siquiera su esposa sabía que estaba ahí, un arma que ella misma pidió a Kizashi jamás entregar a Sakura, pues no quería que su hija conociera la violencia en su vida.
Esa tarde helada, el Rey dejó aquel cuarto, iría a dónde su esposa, quién ya estaba preparada en las escaleras principales del castillo, para recibir a la multitud que celebraría con ellos la feliz Navidad.
Caminando por un largo pasillo, encontrándose con sus caballeros muy cercanos a él, viejos camaradas que lucharon junto a él. Se encontró con Obito Uchiha, el comandante de la guardia.
Una pequeña charla surgió entre ellos.
—Hemos puesto cobertura en el sur del castillo ya que se han visto maleantes por esa zona, ya la hemos resguardado, aunque algunos de los guardias interinos no estarán en sus posiciones, muchos de ellos irán también a vigilar el pueblo para mantenerlo a raya, en éstos días ha habido saqueos, queremos evitarlos a toda costa, mi señor.
—Me parece bien, el año que entra habrá que realizar un llamado a los jóvenes que quieran entrar a la guardia, muchos se retiran por estos meses —Obito asintió ante el pedido del Rey—. Dejando eso de lado, ¿Tu familia vendrá a la cena?
—Ellos aceptaron, piensan que los niños Uchiha deben ser cercanos a la princesa para protegerla. Disculpe, pero ellos creen que la princesa necesitará ayuda en un futuro, y están pensando en hacer de su hijo mayor, su protector.
—Esos asuntos se discutirán más adelante, un niño cuidando de una niña, él también debe tener otras obligaciones con su familia, aunque me alegra ver ese espíritu de protección, mi esposa está encantada con ambos niños, y a mí también me llena de orgullo saber qué después de tantos años, incluso tu familia ha sabido aceptar el Reinado Haruno, no debe ser fácil.
—El anterior gobierno también nos torció las manos, por suerte, lo tenemos a usted, quien se ha comportado como debe ser.
—Gracias Obito. Tú también deberías estar en la cena junto a nosotros, eres casi como de la familia. Sin las llaves de ésta sala, no hubiese podido llevar a conocer a Sakura la profundidad del castillo. Cuento contigo.
—No agradezca, Lord. Sobre lo de la cena, había quedado con Kakashi de ir a beber a una taberna, por éstas fechas su padre ha fallecido y lo he notado algo decaído. Como su mejor amigo, es mi deber apoyarlo.
—Trabajan a mi lado todos los días del año, por supuesto que deben hacerlo, dile también que puede tomarse unos días fuera del castillo, que vaya a visitar la tumba de su padre, sé que desde ese día no ha querido ir, pero hay que aprender a vivir con ello, y el primer paso, es aceptar lo que pasó. Pueden ir a beber, las cervezas irán a mi nombre, acéptalo como un regalo de Navidad de mi parte.
—Qué bondadoso es usted, se lo haré saber a Kakashi, seguro se pondrá de buen humor —el joven sonrió—. Me alegro que usted sea nuestro rey.
—Sólo no tomen demasiado, aún necesito un buen instructor para mi hija.
—Por supuesto —Se inclinó al máximo y después lo dejó solo, debía cubrir las horas restantes de su jornada.
Me alegro que no haya más diferencias, éste es el país por el que murió mi padre... y el que te quiero dejar Sakura, todo a su debido tiempo.
Muy dentro de sí mismo lo sabía.
Lo había estado soñando.
La paranoia lo consumía.
Y no quería afectar a su hija, ni a su esposa.
Se lo calló completamente.
Pero a la mente no se le podía engañar.
Kizashi sabía que no era una casualidad haberle regalado aquella daga a su hija, ni mucho menos, enseñarle dónde estaba escondida.
Después de recibir a algunos invitados, y con un dolor de cabeza terrible, Kizashi se postró sobre el trono para quitarse el estrés que ya llevaba cargando algunas horas, aún tenía que recibir a más visitantes, que habían estado en la biblioteca por el frío infernal que hacía afuera, por los ventanales, podía ver a su retoño mientras jugaba con su instructor y los hijos de sus compatriotas, que también eran amigos de su hija, le hacía feliz ver que había un Uchiha jugando a la par de ella.
Relajó un momento sus ojos, en cualquier momento su esposa iría a buscarlo y regañarlo por dejar sin previo aviso a los invitados a su cargo.
Si tan sólo se hubiese quedado con su esposa a fingir un poco de alegría con gente que poco conocía.
O si sólo hubiese salido a jugar con su pequeña hija y los demás niños un momento.
No, Kizashi sabía lo que estaba esperándole.
Unos segundos después de haber cerrado sus ojos, la Máxima autoridad del país, yacía retorciéndose del dolor sobre el trono que su padre nunca pudo tener.
Sus ojos se pusieron en blanco después de quejarse unos momentos, pidiendo ayuda desesperadamente, pero recordó las palabras de su caballero;
"Los guardias interinos no estarán en sus posiciones", con la garganta desgarrada, y con las manos llenas de su propia sangre.
Tenía, enterrada sobre sí mismo, la daga que recién le había entregado a su hija, y la misma, con la que le había quitado la vida al peor dictador de Konoha.
Sus ojos fueron cerrándose, y ya no tenía las fuerzas para seguir quejándose del dolor que le provocaba la hemorragia.
Sin esperanzas, sin saber el por qué del acto, Kizashi murió con la imagen de su hija y su esposa, pero sobre todo, el culpable de su asesinato.
¿Por qué... tú...? Aún tengo... un mundo maravilloso qué darle... Sakura... no la lastimes...
Kizashi había dado su último suspiro, y el culpable, escapó sin alertar a nadie.
—Kakashi, ¿Por qué tardas tanto? —unos pequeños pasos retumbaron sobre la baldosa que aturdía a la persona delante de ella.
Sin pensarlo dos veces, el joven Kakashi se abalanzó sobre su alumna para no dejarle ver la terrible escena que se acababa de cometer.
—¿Kakashi?
Ya era tarde, la pequeña escuchó algo caerse, y el maestro comenzó a llorar sobre el pequeño hombro de la niña.
—Princesa... por favor, no mire, no mire, se lo ruego.
Sakura vio la silueta de su padre sobre la baldosa que ella misma pisaba, con la diferencia que chorreaba a montones el líquido rojo que provenía del rey caído.
El cuerpo de Kakashi continuó protegiendo a la niña, pero de nada servía, Sakura pudo ver todo.
No sabía qué era la muerte, pero a partir de ahí, conocería la escena que por diez años le quitaría las ganas de vivir.
El inquebrantable padre, había dejado éste mundo para no volver más.
No tardó la multitud en rodear el cuerpo del rey, y la esposa, completamente devastada, culpó a todo el mundo, pero más, al confiable comandante del castillo, quién manchó sus manos levantando al rey y postrándolo en el trono.
Sakura sólo podía aferrarse al cuerpo de Kakashi, las lágrimas no caían. Fue abrazada también por su madre y por los hijos de los camaradas de su padre, quienes en ese momento, eran todos traidores del castillo.
Ch. 1 — Finalizado
Hola, me he tardado mucho en escribir, no sé cuánto tiempo pasó realmente, pero quería volver con algo nuevo, Inquebrantable Tú se ha vuelto un proyecto ambicioso de muchas formas para mí, pero espero les agrade la sencillez con la que escribo.
Extrañé demasiado volver a escribir, no saben cuánto, una disculpa.
Espero éste capítulo les haya agradado y se den una vuelta, debo decir que las actualizaciones no serán diarias (ojalá sí lo fuera JAJAJAJA), pero me estoy esforzando demasiado para que tengan al menos un capítulo a la semana.
Si les llamó la atención no olviden escribir qué onda, sus comentarios ayudan muchísimo a un creador, aunque claro, no es obligatorio:)
Mil gracias por pasarse, nos vemos en el siguiente.
Cuídense.
