Disclaimer:
a) Ninguno de los personajes de Miraculuos Ladybug me pertencen.
b)Todos los derechos pertenecen a su creador: Thomas Astruc así como a sus empresas productoras.
c) Hago esto sin fines de lucro o ganancia alguna.
d) De Fan para Fans
e) La historia aquí contada es de mi imaginación con un tema para nada original, con trama cliché, diálogos insípidos. Y un humor carente de sentido común.
Notas del autor:
-Quisiera aclarar primero que nada que he tomado a los personajes de Quantics Kids: Melodie, Kid Mime, Sparrow y Mercury. Los nombres serán cambiados a excepción de Melodie.
-Será un Universo Alterno desarrollado en Londres
-El protagonista será Félix canon, usaré la descripción física de como aparece en la tercera temporada (Es decir como copia de Aidren), una pequeña mención a su historia personal canon y no como aparece en el PV de Miraculuos.
-Y será Feligrette porque me gusta la pareja
Capítulo 2: Me llamo Bridgette
La primera cosa de la que fue consciente fue a nada. Se sintió flotar en la nada, lentamente comenzó a sentir el peso de su cuerpo. La sensibilidad se iba extendiendo desde su cabeza hasta sus pies, siendo capaz de percibir cada parte de su cuerpo.
Abrió los ojos con dificultad, su visión era borrosa. Se frotó los ojos esperando que las luces y sombras tomaran una forma mas conocida. Parpadeo mirándose en mitad de un cruce peatonal con su uniforme escolar. Las personas caminaban con prisa de un lado a otro antes del cambio de semáforo. Ella imitó al resto y se colocó en una esquina.
El frío viento rozaba su piel pero no le incomodaba en lo mas mínimo. Era de noche y no distinguía la zona de la ciudad donde estaba, solo veía las personas caminando de un lado a otro con prisa. Observó un momento a su alrededor pero nada le era conocido.
Se acercó a un chico que venía distraído en el móvil. Intentó llamarlo pero fue ignorada, hizo un puchero —gracias— murmuró mirando a los lados.
Busco a alguien no demasiado aislado del mundo, una sonrisa se dibujo en su rostro cuando se fijo en una chica esperando el autobús. Se acercó con algo de timidez, pero se detuvo antes de hablar. Se sintió confundida ¿Qué quería preguntar?
La chica se levantó y ella abrió la boca para hablar pero se calló. Se hizo a un lado para dejarla pasar, pero la chica se tropezó, intentó ayudarla a no caer, pero le fue imposible. La chica paso a través de su cuerpo como si de aire se tratara. No se movió tratando de procesar lo que estaba pasando con ella.
Se quedó un momento en shock mirando a la chica levantarse y quejarse de su mala suerte. Ella observó sus manos, parecían normales, toco su rostro y estaba ahí, podía sentirlo. ¿Entonces? ¿Por qué hace un segundo era vapor?
Cerró los ojos un instante, se colocó de pie, empezó a caminar hasta la mitad de la banqueta donde se detuvo de golpe y espero. Abrió un ojo lentamente con algo de temor, pero las personas seguían caminando sin notarla, y si chocaban con ella simplemente la atravesaban. Veía su propio cuerpo volverse vaporoso mientras pasaban al otro lado.
—Soy un fantasma, ¿Soy un fantasma? ¡Soy un fantasma!— se abrazó a sí misma regresando a la parada de autobús. Se recargó y podía sentir la superficie sólida en su espalda. Eso solo agregaba mas preguntas a su cabeza. Era capaz de sentir, pero podía tocar algunas cosas y otras no.
Trató de recordar, pero no había nada en su cabeza. No sabía su propio nombre, no sabía que era un fantasma hasta escasos minuto atrás. Se preguntaba qué debía hacer. No sabía ni dónde vivía o vivió. Era un fantasma, ¿no? Su conocimiento mundano le indicaba que cumplía con las condiciones para ser uno.
—Esto está muy mal— se cubrió el rostro con ambas manos. Estaba perdida, sola y sin una sola dirección.
—Es raro ver un espíritu errante— la voz de una chica a su lado la hizo voltear. Alguien la veía, casi saltó de la emoción. Pero esa emoción y la sonrisa de su rostro se marchitaron un poco al ver a la dueña de esa voz. Era una chica llenita, vestida con un saco blanco, camisa negra, pantalones azules y un gorro negro que le cubría parte de la frente. Su piel era mortalmente blanca. Más bien parecía mármol blanco incluso tenía unas partes cuarteadas. Su cabello era negro, un negro demasiado profundo, las hebras del mismo parecían ondear en vapor en las puntas. Un aura blanquecina brillante la rodeaba también.
—La primera impresión siempre es mala, no te preocupes, soy Anne— se presentó con una sonrisa extendiendo la mano.
Se apenó sonrojándose ligeramente —lo siento, solo no esperaba— negó con la cabeza —Yo soy….— quiso regresar el saludo, pero no le fue posible. Se quedó pensativa un momento bajando la mirada.
—Tranquila— se rió divertida —muchos cuando recién morimos no recordamos cosas incluso que somos fantasmas, con el tiempo lo harás y te acostumbras a la apariencia— le sonrió amablemente.
—Gracias— aunque no estaba segura si acostumbrarse era algo que quería hacer. Miró a la chica curiosa —¿Qué es un espíritu errante?— cuestionó sin saber cómo seguir con la conversación o qué quería saber exactamente.
—Cuando mueres sueles estar atado al lugar donde eso paso, sueles mostrar la forma en que moriste— se quitó el gorro mostrando un hueco en su frente. —Tranquila, una bala perdida es poco común pero después de veinte años lo aceptas— se encogió de hombros mientras cubría su cabeza. —Los errantes como tu no están atados, por lo general le toma mucho tiempo a un fantasma ir y venir libremente por este mundo— extendió una mano mostrando la calle.
—Entonces con tiempo, ¿Podré recordar quién soy?— preguntó mas animada, algunas de las declaraciones que escuchó sonaban un poco raras pero esa le pareció la de mayor importancia.
—Así es, con nosotros el tiempo nos ayuda a controlarnos, aprender, recordar, algún día recordarás quién eres y cuándo lo hagas sabrás porque no te fuiste, así podrás remediarlo— agregó guiñandole un ojo. —Aunque tu aura es algo débil, casi no tienes, es raro que puedas vagar por ahí— la examinó con cierta curiosidad. Pero su atención se desvió a un chico atractivo de unos veinte años que caminaba hacia la parada. Se sentó a un lado de la chica y esta sonrió. En un segundo ya estaba abrazándolo desde la espalda pasándole los brazos por el cuello. —Mi asunto pendiente fue amor— explicó acariciándole la mejilla al chico, el cual se estremeció y se ajustó la bufanda mientras esperaba su transporte. —Dicen que si te quedas con ellos y mueren te pertenecen en la otra vida— suspiró soñadora al decir eso último. —También puedes debilitarlos y acelerar el proceso— le guiñó un ojo con complicidad sin perder esa sonrisa.
La imagen le resultó muy contrastante entre la idea de que alguien muriera y la meta de la chica de tener amor. —¿Y cuándo tengas amor podrás cruzar?
—Eso dicen— respondió con simpleza ladeando la cabeza.
La idea de que con tiempo podría recordar para terminar sus asuntos pendientes sonaba bien, pero una parte de ella quería recordar pronto—¿Hay alguna forma de que recuerde más rápido?
—No sé mucho sobre eso siendo sincera, yo no sé cuánto tiempo pasó antes de recordar, pero bueno una bala en la cabeza tiende a confundir las ideas— abrazó mas al chico el cual volvió a estremecerse, causando una sonrisa de satisfacción en ella. —Pero tienes el uniforme de la escuela de niños ricos— su tono no fue muy amable al mencionar esa escuela mas bien se escuchó como molestia o asco. —Si vas seguramente podrías buscar entre los anuarios y ver si te encuentras, podrías saber tu nombre— el chico se levantó con su pasajera invisible pegado a él. —Solo sigue al final de la calle, edificio grande y elegante con nombre pomposo, no te puedes perder— le dio las indicaciones con prisa mientras el chico subía y las puertas se cerraron. Le sonrió despidiéndose con un gesto de la mano.
Se ánimo a sí misma a seguir el camino, las palabras de la chica sobre el edificio eran muy exactas. Un enorme edificio lujoso con un gran letrero. Le tomó algunos intentos cruzar la puerta de madera. Algo en aquel lugar le resultaba nostálgico, tomó aquello como una buena señal. Tras seguir algunos letreros pudo encontrar la biblioteca, pensó que las cosas serían sencillas.
La cadena de obstáculos que siguió cuando encontró el lugar no se pueden enumerar. Lidio con atravesar la puerta, tomando varios intentos. Cuando logró entrar debió encontrar la sección de anuarios, lo cual fue complicado ya que ese lugar era ridículamente grande para ser biblioteca escolar. Descubrió que atravesar algo y moverlo eran muy diferentes. Le tomó horas de esfuerzo intentado mover uno de los anuarios, fuera de que uno tembló no logró mas nada. El esfuerzo físico la estaba drenando de toda energía. Por un momento juro haber sentido hambre.
La luz del día la hizo darse cuenta que pasó toda la noche en aquel lugar y lo único que había conseguido era haber tirado un libro al suelo. Un sonido en la puerta la hizo girar, las puertas se abrieron de par en par dejando pasar a la encargada de la biblioteca. No supo cómo lo supo pero estaba segura que esa mujer era la encargada.
Su esfuerzo de horas se fueron a la basura cuando la mujer después de un recorrido rápido entre los pasillos encontró el anuario y lo colocó en su sitio. Suspiro pesadamente, estaba cansada, sin avances notables, sin mencionar que si intentaba algo seguramente esa mujer echaría por suelo sus intentos como justo había pasado.
Decidió ir a rondar por la escuela, si supo quién era esa mujer al verla, tal vez merodear por la escuela le ayudaría a recordar más cosas. Con ánimos renovados emprendió su tour sin rumbo definido. Sin ser consciente terminó en un aula que le resultó familiar.
Recorrió el lugar, paseando entre los asientos, se acercó al pizarrón cuando acercó sus dedos lo atravesó —ahora sí— se quejó molesta consigo misma por la falta de cooperación de sus… ¿habilidades?
Observó el salón un momento, se acercó a un asiento en particular que llamaba su atención. Se sentó observando todo, le gustaba ese sitio le resultaba cómodo. Los alumnos fueron llegando lentamente, con cada uno que entraba le daba los buenos días. Se sintió tonta sabiendo que nadie le respondería, pero en cierto modo le reconfortaba hacerlo.
Vio a un chico rubio entrar, le pareció que era un chico atractivo. Se apeno al pensar que tal vez su razón de ser era la misma que la de Anne, eso de verdad sería vergonzoso. —B-buenos días— tartamudeo a causa de esos nervios. Casi se palmeó la frente por la traición de sus emociones, pero se consoló a sí misma diciendo que eso no importaba porque hizo el ridículo sin testigos.
Pero para su sorpresa el chico le respondió claramente molesto —Buenos días.
Abrió los ojos de sobremanera. Le respondió, le había respondido y no podía ser solo su imaginación, ¿verdad?. Tenía que comprobar que era verdad, no solo una coincidencia o un engaño de su propia mente ansiando ser notada. Se levantó acercándose al chico. El rubio había decidido leer, estaba segura que lo que estaba haciendo era de mala educación pero tenía que asegurarse.
La mirada del chico se centró en ella, estuvo segura de eso porque la miraba con una furia asesina que la hizo estremecerse. —¿Qué?— preguntó de forma tosca el rubio mirándola seriamente.
Le tomó un momento salir de su estado de sorpresa—Oh, no nada… solo— acertó el dedo índice y tocó la frente del chico. Eso fue suficiente para hacerla sentir explotar de felicidad, se cubrió la boca con ambas manos ahogando sus gritos de alegría.
—Hola, ¿qué pasa amigo?— alguien saludo al rubio.
El chico que le había lanzado una mirada amenazadora, la promesa de una muerte lenta y dolorosa si seguía molestándolo, se giró para responder al recién llegado. Ella levantó las manos como señal de calma. Pero el ojiverde ya no le estaba prestando atención alguna. regresó al asiento con una nueva idea. Le pediría ayuda a ese chico. Podría revisar el anuario por ella, incluso podría convencerlo de encontrar su casa. Sería más fácil para ella saber porque no estaba del otro lado. Se estremeció al pensar en aquello, ir al otro lado le resultaba aterrador. Pero era un fantasma, debía cruzar ¿no?
Un rechoncho profesor entró haciendo que todos los estudiantes se sentarán. Ella ya estaba en ese lugar, miro a los lados. Aparentemente ese sitio estaba vacío, eso era buena suerte. Podría esperar una oportunidad para conversar con el rubio si se podía quedar cerca.
El anuncio del profesor tensó a los alumnos, el ambiente se volvió mas sombrío. Un accidente, tuvo que dejar de prestar atención al profesor cuando la mirada acusatoria del ojiverde se clavó en ella. Se removió inquieta trato de sonreírle pero antes de decir algo el chico había salido del salón.
Aun el profesor lo miró extrañado, los compañeros que lo habían saludado antes se miraron entre ellos, parecían preocupados.
Siguió deprisa al chico, atravesó la puerta al primer intento. Lo cual la hizo sentir feliz, pero no tenía tiempo para celebrar corrió al ver como se alejaba. El chico se encerró en el baño de chicos. Un pequeño debate moral se presentó en su mente hasta que decidió que era mejor entrar.
—Espero que no haya sido una emergencia— atravesó el muro con los ojos cerrados. Espero unos segundos, no escuchó nada. Entreabrió un ojo, saltó hacia atrás de la sorpresa emitiendo un pequeño grito ahogado, había estado a escasos centímetros de él.
El chico estaba cruzado de brazos con la espalda recargada en el muro mirándola como si fuera la peste en persona. Trago grueso e intentó no sentirse intimidada. Se aclaró la garganta —Félix— había escuchado a los amigos del rubio llamarlo así —sé que estoy invadiendo tu privacidad pero-
—No me interesa saberlo Bridgette— el chico la interrumpió con un tono áspero, de forma amenazante dio una zancada quedando frente a ella —no te ves como el resto por eso me confundiste pero te lo diré una sola vez, no me importa que haces aquí o porque regresaste a la escuela, mantente lejos de mi— dicho eso abrió la puerta, salió sin verla cerrando la puertas tras de sí.
La chica supo que debía sentirse desesperanzada por la declaración del rubio . Pero estaba demasiado contenta, dio pequeños saltos de alegría que ahora no tenía que contener. —Me llamo Bridgette— gritó alzando ambas manos en el aire.
