He aquí el primer capítulo de Dryad. Espero que os guste.
𝐼. 𝐹𝑜𝓇𝑒𝓈𝓉 𝒹𝓌𝑒𝓁𝓁𝑒𝓇𝓈
El bosque en el que se encontraban era Dryads' Forest, un lugar exclusivo donde solo había estas criaturas femeninas. Muchos líderes políticos raciales consideraban a las habitantes de allí como una subespecie, ya que no podían ser humanas.
Mitológicamente, las dríadas eran los espíritus de los árboles. Eran protectoras del bosque y la naturaleza en sí. Por estas dos razones, los raciales líderes políticos consideraban que la aceptación de aquellas féminas trescientos años atrás había sido un error.
Las dríadas pertenecían al plano mitológico, a un relato que servía para explicar la realidad involucrando más criaturas fantásticas. Por eso, el no poder saber por qué estaban ahí, era una gran incógnita. Ellas se negaban rotundamente a contestar la pregunta.
Además, las féminas se negaban a ceder su territorio para que los humanos se expandieran comercialmente. No ayudaban a los que las habían aceptado "fácilmente", impedían el progreso.
Aunque los humanos vieran a las dríadas como una mosca que no paraba de molestar, a ellas no les importaba. Ellas se protegían entre sí. Ellas no necesitaban nada más a parte de su bosque y compañía.
Los líderes políticos raciales no estaban felices con lo independientes que eran el grupo de féminas al principio. Mostraban que no les importaba su existencia durante los primeros doscientos años, pero las dríadas que eran más jóvenes querían ver más del mundo. Si ellas salían del bosque, pasaban a estar bajo protección japonesa si los políticos lo permitían poniendo sus propias condiciones.
Cuando una dríada se adentraba en la civilización, se destacaba con facilidad. Las dríadas eran conocidas por su belleza y compatibilidad con la naturaleza. Mucha gente podía ser bella físicamente, pero la compatibilidad con la naturaleza era fácil de percibir al ser algo distintivo de ese grupo de féminas.
Tras la jubilación de All Might, se contaba que había alrededor de treinta dríadas dispersadas en Japón que habían dejado su arboleda.
Centrémonos en una de esas dríadas.
Tomemos como protagonista principal a Cirene.
"Hoy es el día."
Esas eran las palabras que no paraban de repetirse en la cabeza de Cirene y las que salían de sus labios cada vez que le preguntaban por su buen humor.
Corriendo por el bosque, la joven disfrutaba de haber llegado a la edad en la que le permitían salir del límite de la arboleda. Ella saltaba de la emoción y reía cada vez que se topaba con alguien de golpe y le contaba la razón de su felicidad.
—¡Cirene-chan, tenemos que ir al centro!
La chica paró de golpe y se giró hacia atrás, donde una anciana le sonreía y le hacía un gesto para que fuera hacia ella. Sin dudarlo, la joven fue hacia la mujer y le dio la mano. Dando unos pocos pasos, se pusieron delante de un majestuoso roble.
—¿A través de su árbol, Heladia-bā-sama?
La aludida sonrió y asintió con la cabeza. Agarrando más fuerte la mano de Cirene, la anciana pasó a través del árbol junto a la sorprendida muchacha. Cuando dieron un paso más, salieron del roble de más de doscientos años para estar justo delante de un roble notoriamente más joven.
Heladia, Cirene y todas las habitantes de la arboleda eran capaces de transportarse a otros lugares usando un árbol como medio. De árbol en árbol es como se transportaba la gente de ese lugar. Era algo completamente común para ellas hacerlo, aunque solo después de cierta edad se permitía que las niñas lo hicieran solas.
Dejando ir la mano de la mayor delicadamente, la chica avanzó hasta ir a un espacioso claro donde había tres centenas de féminas y fue saludándolas mientras buscaba un lugar donde sentarse mientras iba pasando por donde podía.
—Perdón, perdón. ¿Te he pisado, Yanira?
—No, Cirene. Pero casi.
Yendo más cuidadosamente, la muchacha fue preguntando por cada lugar que veía libre a sus compañeras.
—¿El lugar a tu derecha está disponible, Melody-nee-san?
—No, aquí va Heliodora. Lo siento, Cirene-chan.
La chica sintió ganas de lanzar un suspiro. Cuando había una reunión, siempre era de las últimas en llegar, y, como Heladia tenía la manía de avisarla a ella a última hora cada vez que se reunían todas, no podía pedirle a ninguna que le reservase un lugar. Claramente, muchas ya habían pedido para que reservasen lugar.
—Ileana, ¿el lugar de tu...?
—Perdón, Cirene, pero es que Calisto-chan me pidió que le guardara un lugar.
Volviendo a avanzar y, por consiguiente, yendo cada vez más lejos de donde las ancianas se colocaban para explicar la situación, la joven se frustró un poco. Queriendo acercarse lo más posible adelante, la muchacha se puso a analizar más a fondo sobre los lugares que había libres. De repente, sintió como le daban pequeños tirones a su blanca túnica hasta las rodillas. Se giró y encaró a la niña de no más de ocho años.
—Lydia-chan, deja de agarrarme la túnica.
—Pero, Cirene-nee-san, yo quiero sentarme contigo~—dijo la pequeña, hinchando sus mofletes como una ardilla.
—Entiendo, pero...—se interrumpió a sí misma cuando vio que ocuparon el lugar donde previamente estaba Lydia en menos de cinco segundos de verla levantada—¡Menodora-nee-san, eso no es justo!
—¡La justicia es subjetiva, cariño!—contestó Menodora, enviándole un beso al aire.
Tendió la mano a la pequeña y fue mirando capa espacio vacío que encontraba con mucha más intensidad que antes. Debía encontrar un lugar para sentarse fuera como fuera. Lo más cerca posible tenía que sentarse. Si hacía falta, haría lo mismo que la desvergonzada de Menodora para sentarse.
—Cirene-chan, aquí tengo un lugar para ti—dijo una voz a la cuarta fila, haciendo la ola con la mano.
—¡Emelina-nee-san!—exclamó la aludida, avanzando más rápidamente con Lydia detrás suyo medio tropezando con las demás dríadas.
Cruzando las piernas, rápidamente se sentó en el lugar a la derecha de su amiga y sentó a la pequeña en su regazo. Sonrió ampliamente a Emelina, agradecida, y le preguntó si sabía la razón del por qué habían sido reunidas en ese momento además de la prueba anual.
—¿No lo sabes?—preguntó, sorprendida, con las cejas alzadas.
Los ojos púrpuras llenos de incredulidad de Cirene la miraron, como si hubiera hecho la pregunta más estúpida del mundo.
—Es cierto, Heladia-bā-sama no te cuenta mucho a ti, ¿pero en serio no te ha contado que hoy también las pequeñas van a tomar conciencia?
—¿Es en serio?—preguntó Lydia, metiéndose en la conversación al oír la contestación de la rubia—¿Ya no voy a ser la más pequeña?
Emelina asintió con la cabeza y le revolvió el pelo a pesar de sus refunfuños molestos.
—Vamos, queda media hora para que oficialmente comience la reunión y tengo que explicarte los chismes nuevos que han recorrido por la arboleda desde la última vez que nos vimos, Cirene-chan, Lydia-chan.
Tanto Cirene como la pequeña hicieron un puchero. La mujer joven que tenían delante era los ojos y oídos del bosque. Era la que dominaba el círculo de los cotilleos además de la encargada de la red espía de la arboleda. Y cuando explicaba los chismes, no se callaba ni aunque le taparas la boca con hiedra.
Acabad con mi sufrimiento, pensó Cirene, sintiendo como su energía se iba cada vez que Emelina decía una palabra más, Esta media hora se siente como si fueran en realidad quince horas de tortura... Deberían hacer ilegal que Emelina-nee-san explicara chismes.
La de pelo púrpura sentía como su alma se le iba por la boca y como las fuerzas abandonaban su cuerpo.
Que se calle ya, pensó la joven, por favor. La quiero, pero que se calle de una vez.
—Silencio, por favor, queridas—pidió Heladia, sonriendo con los ojos cerrados.
Las conversas finalizaron al instante al haber hablado la anciana. Heladia era la más respetada en Dryads' Forest al ser la más mayor en el lugar. Y, a los ojos de los humanos, ella también era su representante política.
La más anciana asintió, satisfecha por la rápida reacción de las chicas. Abrió sus ojos de un avellana cálido mirando a cada una de las dríadas sentadas en la hierba y se detuvo al ver que faltaban dos.
—¿Dónde se encuentran Melina-chan y Tea-chan?
Emelina levantó la mano, pidiendo en silencio poder hablar.
—Puedes hablar, Emelina-chan—le concedió la anciana.
—Melina-nee-san está vigilando a las pequeñas para que no haya problemas con su nacimiento de conciencia. Tea-nee-san se encuentra vigilando el perímetro utilizando su sensibilidad al máximo—respondió la rubia, casi al instante.
—Gracias por informar, Emelina-chan.
La aludida asintió.
Mirando a cada banda, las ancianas al lado de Heladia trajeron una esfera de color verde lima con un puñado de tierra dentro cada una y las dejaron en el suelo. Las catorce esferas permanecieron sin moverse en lo más mínimo.
Cirene tragó duro y contuvo las ganas de lanzarse hacia una de las esferas y demostrar que podía hacerlo.
—Tu puedes, Cirene-chan—la animó Emelina, levantando su puño al aire. Lydia imitó el gesto de la mayor.
La de pelo púrpura asintió, intentando convencerse de que podría. Aunque ella cumpliera el requisito de la edad para poder salir de la arboleda y quedar bajo la protección de Japón, la chica aún tenía que pasar la prueba para tener el permiso conjunto de las demás dríadas que habitaban el bosque.
La prueba consistía en coger la esfera de treinta centímetros de diámetro y enfocar sus poderes en ella. Dentro de la esfera había un gran puñado de tierra fértil con un esqueje. El objetivo era hacer crecer la planta en menos de diez minutos de la forma correcta hasta que cogiera el tamaño de un bonsái.
—Como primer punto del día, mis niñas—empezó a hablar Heladia—, veremos cuáles de las catorce que han pedido poder salir del límite van a poder cumplir con su objetivo—miró a cada chica que solicitó el derecho a hacer la prueba—. Podéis levantaros y venir.
Cirene se levantó sin dudar y se dirigió con sus temblorosas piernas hacia el sitio donde se encontraba de pie la más anciana de la arboleda. Sonrió a pesar de los nervios y se agachó para recoger una esfera con sumo cuidado. Cogiendo aire, esperó tranquilizarse mientras sus compañeras del bosque hacían lo mismo que ella.
—Empezad—dio la orden Heladia.
Juntando su poder sobre la naturaleza en sus manos, Cirene se dispuso a imbuir poco a poco su poder hacia el esqueje en el centro de la esfera. Frunció las cejas cuando notó la dificultad de hacer crecer el esqueje que tenía. Poniendo una pizca más de fuerza en su poder que se dirigía al centro, Cirene se imaginó lo que quería que sucediese. El esqueje tenía que empezar haciendo fuertes raíces mientras crece construyendo un tronco sólido. El proceso era muy lento, y la tarea que se les impuso a las dríadas que querían salir era multiplicar el crecimiento todo lo que pudiesen hasta conseguir que el árbol estuviera en una buena condición.
Sintiendo que pequeñas raíces salían del pequeño esqueje, la chica de pelo púrpura se permitió sonreír un poco mientras cerraba los ojos suavemente para que le fuera más fácil concentrarse. Imaginando el trayecto de las raíces para crecer en un hermoso bonsái, dejó de pensar en ir yendo con extremo cuidado para no perder el control y matar la planta. Se arriesgaría en poner casi toda su fuerza en conseguir multiplicar el crecimiento para salir de la arboleda y explorar el mundo exterior.
Al sentir que la esfera se rompía, los ojos de Cirene se abrieron de golpe.
¿Pero qué rayos?, se preguntó ella.
El bonsái había roto la parte superior de la esfera. Ella había provocado que el bonsái creciera demasiado. Era, al menos, dos veces más grande de lo que debería.
Bueno, mierda, pensó derrotada, mordiéndose el labio inferior con nerviosismo.
No podía pedir otro esqueje para hacerlo crecer. Había echado a perder la oportunidad que tenía para explorar lo que había fuera de los límites. Se había propasado en su intento. Y ese error la hacía tener que esperar un año más en la arboleda.
Miró a sus costados, para poder ver los resultados de las otras dríadas. Había siete bonsáis muertos por haberse propasado en dar energía al árbol, dos esquejes aún no habían construido el tronco y tres bonsáis no habían llegado a la construcción de las ramas. Solo un bonsái había crecido de forma correcta.
—Felicidades, Yanira-chan—dijo Heladia, colocando su mano encima de la cabeza de la chica.
Al menos, una de nosotras lo ha logrado, sonrió Cirene, triste.
El mayor sueño de la dríada era salir y explorar lo que había más allá de Dryads' Forest desde que le dijeron que había otra civilización fuera de ellas en esta región. Su sueño de la infancia permaneció hasta el principio de su adolescencia.
A los trece años, ella pensó sobre lo difícil que era el rendirse por las adversidades que se le cruzaban en el camino. Cirene pensó que ella podía tomar la prueba el próximo año, pero le sabía mal por la gente del exterior. ¿Ellos tenían más oportunidades para cumplir sus metas?
He dado una pequeña introducción para saber qué pasa aquí. He explicado la situación lo más resumidamente posible para más adelante ir explotando este punto y he dado pequeños datos sobre cómo es Dryads' Forest y los poderes que tienen las habitantes de allí.
Y sí, ahí viven unas trescientas féminas. Exactamente, ahí viven, en este momento, trescientas dieciocho dríadas. Todas tienen un papel importante en este fic, aunque no las conoceréis todas ni las conoceréis de sopetón.
