Harry había preparado té para los dos, ambos lo habían tomado sin hablar, y esa era la tónica desde hacía 24 horas.
Pero mentiría, esa había sido la tónica desde que hacía tres meses les habían colocado como compañeros de habitación.
Harry no lo había entendido, no comprendía cómo de todos los reclutas de su promoción, justamente le tenía que tocar como compañero Malfoy.
La explicación que le dio Peters, el jefe de aurores del cuartel de entrenamiento, cuando fue a quejarse no le gustó más.
—Potter, ¿no ves el problema de tener a Malfoy aquí?—le había dicho, y Harry claro que lo veía, era su puñetero compañero de habitación, pequeña habitación, para más señas.
—Lo veo, pero...
—Por mucho que Malfoy fuera declarado inocente en los juicios hace dos años, a nadie le ha gustado que aplique a auror.
Harry podía entenderlo medianamente, aún había cierto recelo por aquellos que habían sido exculpados, el padre de Malfoy no había sido uno de ellos, aunque él y su madre sí. Él mismo había testificado a su favor.
—Bueno, él tiene derecho como cualquier otro, supongo—dijo Harry, pero sin entender por qué tenía que ser su compañero. Creía que Lennor, un recluta de primer año, había pertenecido hacía varios años a Slytherin.
—No todo el mundo piensa como tú, Harry.
—Él y yo no nos llevamos bien, en serio, señor—intentó hacerse entender—. No es buena idea.
—¿Por qué testificaste a favor de Draco Malfoy en su juicio?—Harry no esperaba esa pregunta, de hecho esperaba que no todo el mundo conociera esa información.
—Porque debía hacerlo, yo sabía más sobre cosas que le ocurrieron en la guerra y ...
—Por eso, tú debes ser su compañero, quizás no lleguéis a ser grandes amigos, pero eres alguien justo y no le juzgaras por su pasado.
Harry no estaba del todo seguro respecto a eso, él podía ver que Malfoy había sido obligado a pertenecer a algo que en realidad no quería. Que había sido amenazado con matar a sus padres si no cumplía la misión que le habían encomendado.
No le delató en la Mansión Malfoy, y en el fuego maldito que devoró la sala de los menesteres fue quien trató de detener a sus propios amigos.
No, quizás no fuera justo que Draco Malfoy fuera a Azkaban por el resto de su vida, pero tampoco que ellos dos cohabitaran juntos, cuando era obvio que difícilmente se soportaban.
Harry creía haber madurado en esos dos años tras la guerra, pero Malfoy siempre había sido un grano en el culo; y una debilidad para su paciencia.
Salió del despacho de Peters, y volvió a su habitación, su compañero ya se había instalado y elegido su lado. Sin tan siquiera preguntar, echarlo a suertes o algo similar.
Tan Malfoy, él tan solo tomaba.
A pesar de todo, y de lo molesto que estaba con esa imposición, ambos hicieron como si el otro no existiera. Y no les resultó muy complicado, la verdad.
Harry pasaba todo el tiempo posible con sus amigos; Ron y Dean se unieron con él a la academia, y pasaba más tiempo en la habitación de ambos que en la propia.
Aunque Ron, al principio, se había quejado aún más que Harry por no poder ser compañeros, ahora casi no hablaban del tema.
Cuando volvía a su habitación, Malfoy siempre estaba leyendo, rara vez le miraba, y en muy pocas ocasiones se dirigían la palabra.
Sin embargo, era incapaz de no prestarle algo de atención en sus clases.
Era bueno, y eso no podía negarlo. Era rápido, aplicado, y contra todo pronóstico, no armaba problemas.
¿Dónde estaba el chico quejica y egocéntrico que él había conocido?
Los entrenamientos eran duros, las clases también los dejaban agotados, pero todos estaban deseando que llegara el domingo para tener media tarde libre.
Todos sabían a lo que iban, y el entrenamiento no era un juego.
Podían reunirse en un pub cercano a las instalaciones, jamás vio a Malfoy ir. De hecho, nunca lo vio relacionarse con nadie más; algo que a nadie parecía importarle realmente.
Y una duda comenzó a hacerse bola en su cerebro, ¿por qué había decidido Malfoy justamente esa profesión?
Jamás le imaginó siendo auror, era todo lo contrario de lo que uno pensaría sobre él. Y aún así, allí estaba.
A Harry le costaba no mirarle cuando estaban fuera, pero dentro, en su habitación, hacían como si el otro no existiera.
¿No debía ser duro para Malfoy que parecía no tener ningún amigo allí?
Harry bebía su té mirando por la ventana, el día anterior igualmente se había quedado apostado en la ventana, como si mirando el exterior fuera a saber más sobre la situación.
Malfoy seguía leyendo, y Harry se quedó mirándole. Parecía tranquilo, como si aquello solo fueran una vacaciones. ¿Cómo era capaz de hacerlo?
—Tus pensamientos son ruidosos—dijo el rubio sin levantar la mirada de su libro.
—Pues vas a tener que acostumbrarte, nos quedan 29 días juntos.
En ese momento sí le miró, le taladró con sus ojos grises. Pero no le dijo nada más, y Harry sentía que si pasaba un minuto más sin hablar se iba a volver loco.
—¿No estás preocupado?—le preguntó, el rubio suspiró y cerró su libro.
—Sí, lo estoy.
—¿Entonces cómo puedes parecer tan tranquilo?
—¿Qué me preocupe va a cambiar algo?
No, no cambiaría nada, sinceramente.
—No sabía que fueras alguien tan centrado—dijo Harry sin filtrar sus propios pensamientos.
Malfoy alzó una de sus cejas, de ese modo que él tan bien conocía, y sonrió.
—Hay muchas cosas de mí que no sabes.
Harry se atragantó con su propia saliva, y tuvo que tomar un vaso de agua ante la atenta mirada del otro mago.
Quizás, lo de permanecer en silencio, no fuera tan mala idea después de todo.
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Pues aquí estoy de nuevo, séptimo día encerrá XDD
¿Ofenderá esta historia a alguien? Teniendo en cuenta que siempre hay algo que ofende a alguien, sí.
Pues un besete para todas, y gracias por la buena acogida.
Shimi.
