Resúmen
: Camus reflexiona sobre su relación con Milo y los motivos que lo llevaron a alejarse de él.
Romance Sanctuary II
Camus x Milo
Cuando sea mañana…
COUPE BORÉALE
El solsticio de invierno me dió la bienvenida al Santuario, habían pasado casi tres años desde que la misión de entrenar a Cristal me separó de tierras griegas. Estar de vuelta es extraño, tal vez sean los años de exilio en Siberia o que conozco el verdadero nombre del causante de la oscuridad en este recinto sagrado lo que me produce la sensación de que ya no pertenezco aquí.
Sin contratiempos cruzo los doce templos hasta la cámara del Patriarca para dar informe de que el caballero de la corona boreal ya se encuentra en función y está en espera de instrucciones; y al mismo tiempo, poner de nuevo mis servicios a las órdenes de Arles. Al abandonar el recinto papal suelto el suspiro que contuve durante toda la sesión, pues me es difícil actuar con lealtad frente a ese hombre. No obstante, debo hacer lo posible por mantener las apariencias por el bien del plan del maestro Dohko y la infanta Athena.
Al terminar de instalarme en el interior de mi templo pienso en lo conveniente que es tener a Milo fuera del Santuario en este momento, estoy seguro que al sentir mi paso por escorpio me habría enfrentado por el tiempo que lo he estado evadiendo. Y honestamente no sé si estoy preparando para verlo.
Según los rumores de los soldados, en este momento, Milo debe estar regresando de su primera misión como caballero, por lo que es probable que esté aquí el día de mañana. Lo que me da el tiempo suficiente para decidir que voy hacer con él.
Desde niños el santo de escorpio fue la única variable de mi vida. Pues lo que surgió de un acto de caridad hacía un asustado niño se convirtió en la amistad más sincera que he conocido. Milo fue el único en aceptarme tal como soy: nunca le importó mi carácter serio, ni hubo burlas por mi extraña forma de hablar griego; él simplemente comenzó a llenar esa soledad con sus tontos juegos y escandalosas pláticas. Y con el paso del tiempo, nuestra amistad comenzó a ser más cercana y peligrosa.
Lo cual se evidenció después de que ví a Aioros huir del Santuario con la infanta Athena en brazos. Aunque en aquel momento no fuí capaz de darme cuenta de la gravedad de los hechos, solo sé que al momento de observar la escena sentí que algo me era arrancado del cuerpo. La angustia que me invadió fue tan grande que en cuanto el toque de queda se retiró fuí a ver al Patriarca en busca de algún consuelo. No obstante después de relatarle todo lo acontecido él dijó:
—Acuario, por tu valor te diré que el caballero de sagitario nos ha traicionado —alzó la voz.
—Su Excelencia, sé que no conozco del todo a Aioros, pero no creo que él fuera capaz semejante acción— refuté. No sabía porqué pero algo dentro de mí me decía que su Santidad mentía.
—Pones mi palabra en duda acuario —gritó.
—No, Patriarca —dije asustado.
—Camus, tienes dos cualidades que pocos caballeros poseen: un gran corazón, el cual ocultas con ese frío carácter, pero que demuestras al cuidar siempre de los tuyos— habló con una voz calmada que me heló la sangre mientras se acercaba a mi. —Y un agudo intelecto, que te hace peligroso. El cuál te recomiendo usar ahora— amenazó.
Por primera vez en mi vida, tuve miedo.
—Pero no temas, si me obedeces nada te pasará, ni a tu único amigo— puso su mano en mi cabeza y al instante quedé paralizado al sentir lo sencillo que le sería matarme. —Te hará bien reflexionar sobre tu lealtad en Oymyakon.
—Sí, su Excelencia— contesté al saber que no tenía salida.
—Bien. En dos meses te haré entrega de la armadura de acuario y más te vale no hacer nada estúpido. Ahora retírate.
Salí corriendo hacia la casa de escorpio, para verificar que mi niño estuviera bien. No entendía lo que le había pasado a su Santidad, sólo era consciente que su amenaza era verdadera. Y en cuanto me enteré, por boca del propio Milo, que él también había visto algo esa noche, que Aioros desapareció, juré que haría lo posible por protegerlo de la oscuridad del Patriarca.
En mi décimo cumpleaños Arles me envió a la región más fría de Siberia, donde por primera vez sentí como el destino, que en mi infancia agradecí por elegirme para ser un caballero de Athena, me castigaba por algún motivo. Y aunque Mü y el maestro Dohko me confiaron la verdad de lo ocurrido, tras un año de exilio, debo admitir que el único consuelo lo obtuve con las constantes cartas de Milo, dónde con cada palabra llenaba la soledad que me rodeaba.
No obstante, la naturaleza peligrosa de Milo se me reveló el día que regresé de Oymyakon, pues el pequeño y regordete niño había quedado atrás; dejando ante mi a un adolescente sumamente atractivo, quien no era consciente del caos que me provocaba; con cada mirada traviesa que me dedicaba, o al sentirlo temblar cada vez que por accidente llegaba a tocarme.
Incluso sus acciones despertaron mis celos, al saber que había, varios incautos esperanzados de poder obtener la más mínima atención del futuro santo de escorpio.
Y en un acto de completa vanidad, al enterarme que Milo prefería mi compañía sobre la de Aioria, me atreví a besarlo mientras dormía, con la esperanza de calmar la sed que tenía de él; pero esa acción sólo incrementó mi necesidad de tenerlo cerca, además el remordimiento que me persigue por violar su inocencia y amistad sólo reafirmó que traspasar los límites de nuestra relación nos pondría en peligro a ambos; así que decidí, por el bien de los dos, ignorar mis sentimientos.
Por suerte el Patriarca, quien aún no confiaba en mí, vio prudente mandarme de nuevo a Siberia. Y mientras terminaba de empacar, Milo aprovechó para tentarme con sus tristes ojos turquesa, sus provocadores labios y su inocencia; y como Adán, un hombre débil ante las pasiones terrenales, mordí la manzana prohibida.
Durante los años en Múrmansk, intenté por todos los medios posibles sacar de mi organismo al octavo custodio. Enfoqué toda mi atención en instruir a Cristal, quien sufrió de un estricto entrenamiento, que reveló el máximo potencial de sus habilidades como caballero. Comencé a tener mayor comunicación con el maestro Dohko y Mü para planificar la caída de Saga, lo que me llevó a mermar la comunicación con Milo. Pero la verdadera razón que detuvo por completo el envío de cartas, fue la culpabilidad que sentí al buscar consuelo en los brazos de Liam, el guardián de Bluegard cuyos ojos azules y desinhibida personalidad me atrajeron; no obstante el joven guerrero nunca logró opacar a Milo. Incluso admito, con profunda pena, que Liam fue una víctima de mis malas decisiones, pues durante las noches que compartimos juntos pensaba que el cuerpo que mis manos recorrían, la voz que escuchaba entre gemidos y los ojos que me veían con pasión, eran los del santo de escorpio.
Por ahora sólo debo concentrarme en la misión, por las pocas palabras que crucé con Shura y Deathmask es obvio que ellos están a disposición de Arles; y me atrevo a decir que el caballero de cáncer oculta más cosas de las que dice saber, él si es peligroso. Aldebarán y Aioria aparentemente no están al tanto de la situación. En cuanto a Shaka y Afrodita debo esperar hasta que regresen de su entrenamiento para ver en qué parte del tablero jugarán.
*
Al día siguiente, y tras finalizar mis nuevas labores, me dirigí al templo de escorpio dónde me permitieron esperar a Milo en su habitación, a sabiendas de lo feliz que estaría el custodio al verme de regreso. El lugar sigue casi igual a la última vez que estuve aquí, a excepción de un cofre abierto sobre su escritorio y que, por alguna razón, llamó mi atención. En su interior había varias hojas cuidadosamente dobladas y acomodadas una tras otra; al azar tomé una de ellas y comencé a leer.
Mi amado Camus:
Estoy comenzando a caer en la desesperación por no saber nada de tí por más de cinco meses, que he optado por comenzar a escribir estas cartas para poder sentir que aún formo parte de tu vida.
Tengo que ser honesto contigo, hace un mes hice algo malo: besé a Aioria pensando que con él podía olvidarte. Pero mis acciones sólo me llevaron a complicar las cosas con el gato dorado y, a su vez, aclararon mi mente para saber que esto que he estado sintiendo por ti durante años es amor.
Si lo pienso creo que me enamoré de ti a los pocos meses que nos volvimos amigo, pero mi entendimiento de la vida en aquel entonces no me dejaba comprender lo mucho que significas para mi. Y no es que ahora conozca todos los secretos del universo, pero sé que puedo comprender como todas aquellas acciones que tenías conmigo me llenaron de amor por ti.
Cómo cuando al atardecer, en lugar de seguir hasta tu templo, pasabas las noches conmigo contándome toda clase de historias hasta que el sueño podía más que mis ganas de escuchar tu voz. Debo admitir que me gustaba el acento extraño con el que hablabas antes, era tan tú que me fascinaba.
Admiro lo inteligente que eres y tu gusto por enseñar; así como tu forma tan cálida ser, aunque no se la muestres a todos, y que salía a mi rescate cada vez que Deathmask me tomaba el pelo o se burlaba de que no podía con la carga del entrenamiento que Saga nos ponía hacer.
También fuiste la única constantes en mi vida, pues no importaba que tan lejos estuvieras, sentía que podía contar contigo. Incluso cuando nos besamos imaginé que eso haría que fuéramos más unidos. Pero veo que sólo logró aumentar la distancia entre nosotros hasta que con tus alas escapaste de mis manos.
Y sin embargo aún no pierdo la esperanza que algún día regreses a mí.
Siempre esperando tu regreso.
Milo
Leí todas las cartas donde Milo plasmó en palabras todos sus sentimientos de amor por mí; no sin antes reclamar la ingratitud que envuelve mi alma de témpano de hielo por hacerlo a un lado sin la más mínima consideración.
Tan perdido estaba en mis pensamientos que me tomó de sorpresa la llegada Milo y al sentir sus brazos rodeándome quise saber si todo lo de sus cartas era verdad, necesitaba una confirmación de sus labios para estar seguro de que no me arrepentiría de que la decisión de estar con él valdría la pena cualquier sacrificio. Pero al verse expuesto, y el escorpión volvió a ser el niño asustado que esconde bajo su sonrisa fanfarrona. Así que presioné todos los puntos bajos que sabía me darían la respuesta que quería escuchar de Milo, y funcionó.
Esa noche mientras me saciaba con el cuerpo y la escandalosa voz de mi niño, pensé que mientras tuviera que ensuciarme las manos en mi misión de espiar a Saga y sus aliados, solo tendría que aferrarme a la cálida luz que Antares brindara sobre mí para consolar mi alma; en lo que esperamos el tiempo en que Athena esté lista para destruir la oscuridad del Santuario.
Fin.
Nota del autor:
Nuevamente agradezco a Arodnas por su paciencia para betea este capítulo.
Así mismo gracias por el tiempo que tomaste para leer esta historia y espero te guste. Cualquier comentario que quieras hacer siéntete libre de dejarlo.
Próxima historia
Romance Sanctuary III
Deathmask x Afrodita
por Arodnas
Nos vemos en marzo. :)
