Renuncia: todos los derechos de la obra Kimetsu No Yaiba pertenecen a Koyoharu Gotouge. Sus personajes son usados en esta obra con fines de entretenimiento y no buscan lucrarme de alguna forma.

Capítulo 1: En la soledad de estos días

——Los pétalos del cerezo comenzaban a caer a un ritmo más acrecentado. No eran los únicos, los demás arboles también empezaban a tirar sus hojas.

Bajo uno de estos, y para sorpresa de todos, se encontraba Inosuke sentado, con la mirada perdida en una hoja de un árbol en sus manos.

Aoi no quería decir que lo había estado observando, pero era negar lo evidente. Inosuke había estado actuando muy extraño últimamente, y para nadie era un secreto que algo traía distraído al joven. Claro, no es como que los gritos y un inminente "ataque porcino" ante el silencio de los días, fuera a pasar desapercibido. Cada que alguien pasaba por la finca preguntaba por la falta del escándalo.

Tanjiro y Zenitsu estaban en una misión ese mismo día, sería corta y por lo que dijo el kasugaigarasu, no necesitarían ir los tres. Fue sorpresivo y preocupante -sobre todo para el mayor de los Kamado- que el azabache declinara la invitación. Todo bajo la excusa de que le dolía el cuerpo desde la misión anterior.

En la hacienda no había casi nadie. Solo estaban él, Shinobu y Aoi. La pilar estaba en su laboratorio y la joven pelinegra había estado haciendo aseo. Kiyo, Naho y Sumi estaban comprando víveres y Kanao estaba entrenando con Genya fuera del territorio.

Por motivos que ella desconocía, quería aventarle un palazo con la escoba y ver si reaccionaba. Se había acostumbrado a los desastres y el bullicio, y le incomodaba que se quedara quieto por tanto tiempo. Sentía que era un explosivo a punto de hacer ¡SPLAT!

Se sopló el flequillo a pesar de que no le estorbaba y continuó barriendo el suelo. No sabría decir de donde demonios sacó aquel interés repentino por Hashibira, pero era momento de enterrarlo. ¿Y qué si actuaba extraño? Por primera vez la hacienda estaba durando limpia, sin que este llegara e hiciera regueros de algo o rompiese una pared.

El mosco que le picase merecía su propia espada nichirin.

—Aoi-chan~ —le llamó Shinobu desde la puerta de su laboratorio, mientras se colocaba su haori. La aludida acudió inmediatamente a su encuentro—. Tengo algo muy importante que hacer, te quedarás a cargo en mi ausencia ¿está bien?

—¿Piensa tardarse? —dudosa, cuestionó. Si Shinobu la dejaba a cargo, significaba que debía salir a algún lugar lejano o iría de misión y no sabría cuanto tardaría. No les gustaba esta última; un día despertar y no saber si aquellas serían las últimas palabras que escucharían de la pilar, les atormentaba el alma.

Una de esas sonrisas que tendía a regalar Shinobu, como si dijese "no te preocupes", fue la única respuesta que recibió a su pregunta.

—Podrás informarme de lo que ocurra cuándo vuelva. —finiquitó, dispuesta a marcharse.

Antes de hacerlo, le entregó una pequeña caricia en el hombro a Kanzaki, buscando reconfortarle. Luego se acercó a Inosuke, y por primera vez en el día, este movía su mirada verdosa de la hoja en su mano, para conectar con los ojos violetas de la espadachín.

—Nos vemos, Inosuke-kun~ —movió los dedos de una de sus manos, en señal de despedida; mientras que con la otra, se sostenía de su muslo para inclinarse levemente en dirección del joven cazador.

Él solo se le quedó viendo, arrastrado por sus pensamientos hasta el interior de sus memorias, que buscaban conectar sucesos con acciones irrelevantes. Algo en la voz de Shinobu lo transportaba, a un momento, a un lugar.

Kochou no se quedó a esperar por una respuesta al verlo divagar en su cabeza, por lo que en un abrir y cerrar de ojos, se alejaba de la entrada principal de la hacienda, agitando su mano en despedida de la chica de las coletas.

Una vez sola, Aoi se disponía a continuar con sus deberes, cuando la estridente voz alarmista de su único acompañante la detuvo de ipso facto.

—¡Eh! ¡¿A dónde se fue?! —exclamó mirando a su alrededor, claramente en busca de la pilar.

—Se acaba de ir —respondió amarga, colocando una mano en su cadera; mirándole reprobatoriamente—. Se despidió de ti, pero le ignoraste. —entrecerró los ojos, intentando taladrarle el alma desde su lugar.

Inosuke le miró con el ceño fruncido, pero un rubor empezaba a asomarse desde la parte trasera de sus orejas, extendiéndose hasta sus mejillas. Inconscientemente reconocía que había sido su culpa no despedirse. Pero vamos, es el rey de la montaña de quién hablamos. Que acepte la culpa ¿era opción para él?

Sentir ese calor molesto en la cara le fastidiaba, y de paso sentía que brillaba cual farol. ¿Donde habría dejado la mascara?

—Venga, que ahora que por fin estas de vuelta —volvió a entonar Aoi, con aquel tono de mandamás que le fastidiaba el doble a Inosuke—, no vayas a descomponer mi trabajo. Donde te pille en alguna de tus desventuras, te dejo sin cena.

¡Esa mujer! ¿Como se atrevía a hablarle así? ¡Y al rey de la montaña!

—¡¿Sin cena?! —se levantó de un brinco, dispuesto a rebatir.

De cierta forma, Aoi se sintió mejor. En silencio admitía que era menos incómodo para su persona tenerlo armando escándalo, que como un fantasmón deambulando por ahí cual alma en pena.

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