Capítulo 2.

Bruce despierta a las ocho de la mañana con la sensación de tener los labios de Tim sobre los suyos.

Un nudo se forma en su garganta al recordar la forma en que la niña había desparecido silenciosamente por las escaleras mientras él se quedaba sentado frente a la computadora, expectante.

(Quizás esperando que la niña se aferrara a su cuerpo, que fuera ella quien le cubriera con sus frías manos para poder fingir que no ha sido él quien ha iniciado el asunto).

Bruce agita su cabeza y se levanta dispuesto a empezar el día. Tiene que darse una ducha y pasarse por la oficina a hablar con Fox.

Y desayunar, le recuerda su estómago con un gruñido.

Bruce se frota los ojos antes de entrar al baño, usando toda la voluntad del mundo para no pensar de nuevo en Tim.

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Bruce baja a la cocina con uno de sus tantos trajes negros a la medida, su cabello ligeramente húmedo y su organismo exigiendo tomar el desayuno de una maldita vez.

Entonces los ojos azules de Bruce se encuentran con los de Tim.

La niña se encuentra sentada en la barra de desayuno vistiendo unos jeans azules y una sudadera de la NASA, su cabello sigue húmedo de la ducha y la ve comer lo que Bruce piensa es el segundo panqueque bañado en jarabe.

La niña no esconde su ceño fruncido.

Bruce no logra evitar la mueca de asco, los panqueques de Alfred siempre han sido terribles, pero nadie ha tenido el valor (o el corazón) de decírselo.

-Buenos días, Tim.

-Buenos días, Bruce.

- ¿No deberías estar en la escuela?

Tim traga y se ríe por lo bajo, con esa risa traviesa y hasta maliciosa que hace que Bruce recuerde que Timothea es solo una niña.

-Es sábado, Bruce.

Por supuesto.

-Claro.

Bruce se sienta del lado opuesto a Tim, sintiendo la ausencia de Alfred como nunca. Un silencio incómodo reinando en la escasa distancia que hay entre el murciélago y su protegida.

(Tratando de no pensar en que horas atrás ha estado besando a la niña frente a él).

Alfred aparece para salvarlo de su miseria momentos después.

-Buenos días, amo Bruce. Hice panqueques, ¿gusta?

Tim no esconde su risa ante la mueca que hace Bruce.

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Bruce regresa a la mansión cerca de las seis de la tarde, hastiado del roce de la tela contra su piel y de los constantes "Señor Wayne" que ha estado escuchando todo el día.

(A veces, Bruce se pregunta si la oficina sería tan molesta para un Bruce que no es Batman).

Alfred le tiende una taza de café a la vez que extiende su brazo para recibir el abrigo de Bruce con paciencia. Tal y como lleva haciendo por casi quince años.

-La señorita Tim se encuentra en la cueva, señor. Ha estado entrenado con mucha energía. Me da la impresión… - Y Alfred se detiene para mirarlo a los ojos, como si lo inspeccionara. – Me da la impresión de que ella espera acompañarlo esta noche a patrullar.

Bruce, durante un momento, se ha olvidado de Tim y del traje de Robin.

-No sé si sea prudente dejarla salir dos noches seguidas, Alfred.

-Bueno, señor, tampoco es prudente combatir criminales vestido de murciélago, pero aquí estamos.

La sonrisa del mayordomo no se oculta, sino que se muestra sarcástica y altanera, pero también preocupada.

(Y es que Alfred siempre se preocupa…)

-Gracias por el café. - murmura Bruce antes de dirigirse a su estudio para bajar a la cueva.

Pensando.

¿Debería hablar con Tim sobre lo de la noche anterior?

Por un lado, Bruce sabe que debería disculparse y hacerle saber a Timothea que nadie (ni siquiera Batman) tiene derecho a tocarla sin permiso, que ella es una niña y que no importa si viste el traje de Robin, ella seguirá siendo una niña a la que un adulto no debería tocar.

Por el otro lado… Tim ha sido quien inicio el beso, o bueno, el beso directo, habría que aclarar.

Tim es una niña, una niña demasiado inteligente para Gotham (Bruce sabe lo difícil que es la vida cuando se tiene demasiada inteligencia) cuyos padres la han criado en una negligencia asombrosa aun dentro del nivel socioeconómico donde viven.

La pobre es una niña con ambiciones heroicas y un amor por Batman que el detective no logra entender.

Bruce es el adulto, debería ponerle un alto a lo que sea que pase por la cabeza de Tim antes de que las cosas se salgan de control.

Baja las escaleras de la cueva con lentitud, sintiendo el frio golpeando sus mejillas.

Entonces ve a Tim revisando unos archivos frente a la computadora, el traje de Robin puesto a excepción del antifaz.

Bruce admite, en silencio, que definitivamente hay algo enfermo dentro de su persona. Algo que va más allá de combatir el crimen, del vacío de sus padres, de la muerte de Jason, del abandono de Dick, de la indiferencia de Selina.

Muy en el fondo de su ser, hay algo despreciable y malicioso.

Admitiendo su derrota, se acerca a Tim por detrás y la abraza, escondiendo su cara en el pálido cuello de la chica y aspirando su aroma.

Tim no dice nada, y Bruce tampoco lo hace.

Un acuerdo mutuo de que no van a discutir el asunto, al menos no ahora.

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Tim lo acompaña a patrullar esa noche, también la siguiente, y la siguiente a esa.

Es un miércoles por la noche cuando la niña le informa que tendrá que regresar a su casa por unos diez días, ya que sus padres regresaran a Gotham para arreglar unos asuntos de la empresa.

Bruce insiste en que Timothea se lleve el traje de Robin oculto en su mochila, "Solo por si acaso", le dice. La ojiazul cede a la presión y hecha el traje a su mochila junto con su computadora portátil.

En menos de quince minutos, Alfred la va a llevar a su propia casa, donde estará con su propia familia.

Bruce se pregunta si a Tim se le escapará decirle a su madre sobre ellos, sobre la cueva, sobre el traje de Robin, sobre…

Sobre sus besos cada vez menos inocentes.

El murciélago suspira y aleja el pensamiento de su mente, obligándose a vivir el presente. Entonces recuerda un pequeño detalle.

-Ten, es para ti. – Y le tiende una caja a Tim.

La caja luce enorme en las manos de la chica, ella la abre y descubre un celular plateado junto con su cargador y un par de auriculares.

- ¿Para mí? Yo ya tengo un celular.

-Este es por si Robin ocupa hacer una llamada de emergencia.

Tim asiente, dando a entender que capta la diferencia.

-Tiene mi contacto, el de la cueva. Así como el de Oráculo y Nightwing.

-Claro. – murmura Drake antes de cerrar la caja y meterla a la mochila y finalmente cerrarla.

-Gracias, por cierto. – le dice con cierta timidez, sus mejillas algo sonrosadas.

Bruce niega con la cabeza.

-No es nada.

Tim se abalanza sobre él sin avisar, no en busca de otro beso robado, sino de un abrazo que se siente casi paternal.

Pero Bruce ignora el grito desesperado de la niña por cariño, y en su lugar, le besa el cuello de forma posesiva.

Bruce sabe que se va a ir al infierno, pero eso no impide que le susurre a Tim lo linda que se ve.

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Notas: Dios mío, a veces miro lo que escribo y me sangran los ojos de lo forzada que se siente la redacción. En fin, el talento no se obtiene quejándose.

Quería comentarles que este capítulo en específico se situaría en 2011, por lo que el arco de Red Robin estaría en el 2017 (aprox), pero esto está sujeto a cambios.

Estoy consciente que Tim estudiaba en esas escuelas tipo internados hasta después de la muerte de su madre, pero decidí ponerla en una escuela normal para facilitar el concepto de que es Robin por las noches.

Siempre se me ha hecho curioso que Tim fuera un prodigio intelectual y atlético y que aun así no fuera adelantado de año, por lo que me decidí a seguir el ejemplo de Malcolm in the Middle y asumir que Tim, aunque estudia el grado acorde a su edad, es parte de un grupo de "talentos", por lo que seria equivalente a ir unos dos o tres años delante de un alumno normal.

Finalmente, creo que de las relaciones de Tim ajenas a la Young Justice, solo mantendré a Stephanie y Tam Fox, simplemente porque brinda facilidad a la historia.

Los reviews son gratis, mis vigilantes.

¡Gracias por leer, besos!