Hetalia no me pertenece bla bla bla.
Spring, 1975.
Era común que en días ventosos, fríos y lluviosos, la concurrencia en las misas mermara e incluso nadie se presentara al servicio.
El padre Scott no los culpaba. Para quienes no poseían un auto, caminar por treinta o cuarenta minutos por caminos inconclusos llenos de lodo era algo titánico.
Incluso se le haría raro ver a alguien presentarse bajo esas circunstancias.
El hombre suspiró, era obvio que nadie vendría al último servicio del día. Se colocó el abrigo, guardó el sermón que había preparado en uno de los bolsillos internos de la prenda, cerró la parroquia y corrió de camino a su vivienda. Una pequeña casa con un sótano que fungía como almacén a 150 metros de donde estaba la iglesia.
En cuanto llegó puso el abrigo en pechero y colocó la tetera en la estufa. La encendió, viendo las pequeñas llamas bailando en el mechero. Así fue como comenzó a ensimismarse en las memorias.
Recordó cómo fue que comenzó todo, lo que había ocurrido durante el verano del año pasado, el sexto rigiendo la parroquia.
15 de Mayo de 1974. Una fecha que definitivamente no olvidaría.
Estaba atardeciendo cuando el grupo de chicos volvía del centro de Inverness a Westhill. El cerraba con llave la parroquia, sosteniendo algunos libros, dispuesto a ir a su vivienda y trabajar en un próximo sermón cuando sintió el primer globo de agua estrellándose en su espalda y empapándole. Le siguieron otros cinco antes de que los chicos estallaran en risas.
El padre se dio la vuelta, justo para recibir otro globo directo en la cara. Soltó lo que sostenía y los chicos dejaron de reír, entendieron rápidamente que habían cruzado la línea y corrieron a casa. Todos a excepción de una joven.
Aquella muchacha se apresuró a llegar a el. Le ayudo a levantar los libros, ofreciendo disculpas en reiteradas ocasiones. El encuentro había sigo breve y sin importancia para ella, pero algo se implantó en el corazón de Scott aquel día.
Desde entonces salía a barrer la entrada de su parroquia a la misma hora en que los chicos solían pasar por allí.
Al principio soportaba las burlas de esos chicos con tal de tener un breve vistazo de su rostro o su cabello del color del trigo. Fingía desinterés e intentaba no mostrase ansioso si ella no se presentaba o si por el contrario, la chica se acercaba a saludarlo.
Su conciencia le decía que aquel sentimiento no estaba del todo bien, pero el se obligó a pensar en que solo existía cariño fraternal y agradecimiento.
Eso fue hasta que en una tarde fresca y lluviosa de verano, la banda de chicos regresaba a Westhill.
La mayoría iban borrachos, gritando majaderías o cantando a todo pulmón. La única a que precia estar en sus cinco sentidos era ella, ya que los acercaba más a la orilla del camino jalándolos, tratando de evitar accidentes con los escasos automóviles que pasaban por allí.
Scott los vio pasar desde la puerta, rodando los ojos frente al estado en que se encontraban los chicos. Hasta que se fijó en la camiseta blanca mojada de la joven y en el hecho de que no llevaba un sostén.
Agacho la mirada de inmediato y cerró la puerta. Cuando finalmente anocheció y llegó la hora de que el cerrara, Scott fue hacia su vivienda.
Probó darse una ducha fría pero no le sirvió de nada.
Terminó masturbandose, fantaseando con los senos de aquella muchacha. Se vio a si mismo tocándolos, estrujando sus tetas, saboreando sus pezones.
Ahogó un gruñido cuando llegó al orgasmo. Limpio el semen de su mano y volvió a ducharse.
No lo había hecho algo así desde que entró al seminario. Era una práctica repugnante, condenada por el credo y que le había costado mucho dejar de practicar. Se sentia sucio y al día siguiente, tuvo la sensacion de que le observaban. Veía en todas direcciones pero no había nadie.
Aun cuando entendía que no estaba bien, se convenció de que esas fantasias no le harían daño a nadie.
Y desde ahí, con la conciencia comenzando a insensibilizarse, los ojos de Wallace comenzaron a viajar más al sur cada que aparecía aquella chica en el camino.
Ya no solo era su rostro y sus pechos.
El padre empezó también a fijarse en sus piernas y desde ahí, a fantasear con estar entre ellas.
Jaja, lo último rimó sin querer xD
Ya les dije que este no es un fic bonito, ¿verdad?
La mayoría de los capítulos serán cortos y narrados desde la perspectiva de Scott. En unos dos o tres empieza lo feo.
También aclaro, no tengo idea de cómo son las estructuras básicas del catolicismo (no tengo los sacramentos, vaya, mis padres ni siquiera me bautizaron cuando era una bebé) así que disculpen si de pronto ven errores.
Agradezco infinitamente a Surem por darle favorito.
Comentarios, dudas... son libres de dejarlo en la caja de comentarios.
Me pueden hacer muy feliz con tan solo unas palabras y un click.
