N/A: ¡Nuevo capítulo! Gracias a todos aquellos que opinaron para hacerme saber que les gustó la idea del fic :D No os imagináis lo que anima ^^ Espero que este os guste también XOXO
(2) La proposición
En honor a la verdad, el demonio tuvo que ponerse la bufanda solo una semana y media después de aquella conversación.
Draco se despidió de Finch-Fletchley con un movimiento de cabeza nada más llegar al segundo piso de la residencia. Era miércoles y acababan de concluir la jornada nocturna. Las ojeras le llegaban hasta la cintura y habían adquirido un aterrador tono violáceo.
Llegó a la habitación número 17 y entró, cerrando la puerta con un ruido sordo a su paso. Estaba cabreado. Y cansado. Mucho. Pero hacía tiempo que había superado la cantidad mensual recomendada de pociones somníferas, a las que por otro lado se había vuelto adicto, por lo que surtirse de un vial -que seguro encontraría en el laboratorio de San Mungo- no era negociable. Un sanador que no cuida de su propia salud era un ejemplo lamentable de profesional, y no pensaba caer tan bajo.
…O tal vez sí, gruñó cuarenta minutos después, ya duchado y en pijama, delante del dormitorio 10 de la tercera planta. El dormitorio de Potter, concretamente.
El slytherin miró a ambos lados del largo pasillo, ya iluminado con la luz del amanecer. No quería ser descubierto por nadie, especialmente cuando estaba a punto de hacer algo especialmente bochornoso. Pero estaba solo. Los del turno de mañana se habían evaporado sobre las seis, y los de la noche, como él, tendrían que estar durmiendo ya. Solo le quedaba rezar por que Potter no hubiese aplicado un hechizo silenciador sobre la habitación. Así que, conteniendo la respiración, golpeó tres veces la puerta y esperó.
Casi medio minuto después, suspiró al ver que no iba a recibir ninguna respuesta. Bien, bueno. En realidad había sido una tontería dejarse caer por allí. Que Potter no hubiese contestado era lo mejor que le podría haber pasado. Lo más inteligente sería regresar a su cama y concentrarse en descansar. Tal vez algo de música clásica le ayudaría. Y podría tomar una infusión de raíces de valeriana mientras tanto.
En ello iba pensando cuando, a mitad del corredor, escuchó abrirse una puerta tras él.
- ¿Malfoy? -era Potter, su voz sonaba adormilada-. ¿Has llamado tú?
Draco se giró para enfrentarse a su interlocutor al tiempo que valoraba la posibilidad de mentirle. Evaluó al gryffindor, con el pelo más revuelto que nunca, sin gafas, y apenas unos bóxers encima para dormir. La madurez le había sentado para muy bien, maldijo en su fuero interno, repasando todos esos bien formados músculos que seguro habrían sido el goce de gilipollas como Fletchley. Si yo durmiera tan bien como debe de hacerlo él también tendría sus mismas ganas de entrenar, pensó, conocedor de que el moreno era el rey del gimnasio de la planta baja, donde Draco le veía día sí y día también en los momentos en los que se dirigía al comedor o a la biblioteca.
La diferencia, aparentemente, la marcaba una cama.
- En realidad… -vaciló, pero es que estaba desesperado. Así que mandándolo todo al carajo, y tras deducir que el daño ya estaba hecho, rehízo los pasos que le habían alejado del otro y se plantó justo delante de él. Potter tenía el ceño fruncido, desconcertado con su presencia-. Necesito pedirte un favor. ¿Es… estás solo? -preguntó, lanzando un tímido vistazo al oscuro interior del dormitorio que no había sido cubierto por el atlético cuerpo del moreno.
El gryffindor apoyó el hombro contra el marco de la puerta y se cruzó de brazos, tensando los músculos de la zona. Lucía casi…amenazante, en opinión de Draco.
- ¿Y eso te importa porqueeee…? -quiso saber no obstante Potter, emulando la particular forma que había adquirido él al hablar a veces, conocida por la mayoría de los internos, y esbozándole una sonrisa burlona que Draco achacó a su mierda de imitación.
A tomar por culo todo.
- Mira, mejor déjalo, no estoy para bromas -le espetó el slytherin, dándose ya media vuelta para volver a su habitación. No iba a permitir que el imbécil se riera de él, cosa que inevitablemente sabía que seguiría haciendo en cuanto Draco le descubriera el verdadero motivo de su visita. Así que no, muchas gracias, su orgullo podría debería sobrevivir intacto hasta final de curso-. Que te den.
- No, Malfoy, ¡espera!
Y entonces una mano tiró del hombro del rubio hacia atrás con tanta fuerza que acabó proyectándole sobre algo mullido. Draco frunció el ceño en la oscuridad de la habitación y observó a Potter cerrar la puerta con suavidad tras él. Pues estaba solo, sí, apreció el slytherin mientras se incorporaba torpemente y observaba alrededor… lo que buenamente pudo, que no fue mucho, hasta que segundos después el moreno encendió la lámpara de cera que había en la mesita de al lado de la cama.
- Ponte cómodo -le pidió Potter mientras se metía en la cama y le indicaba con la palma de la mano el lugar en el que esperaba que se acostara él-. Imagino que has venido para dormir, ¿no? No eres el primero.
Draco no supo qué decir. Le había dejado pasmado el hecho de que el gryffindor no hubiese puesto ninguna pega a una propuesta que ni siquiera había llegado a pronunciar. Pero este ya le había asegurado que "no era el primero" en solicitarle algo así, y se imaginó que tal vez Fletchley estuviese en lo cierto, y que aquella cama fuera realmente el milagro que necesitaba. Y parecía además que Potter no iba a pedirle sexo a cambio porque, aunque le costara creerlo, al final sí era un alma de la caridad.
- Venga, Malfoy, date prisa, que son las ocho y media de la mañana…
Bueno, pensó Draco suspirando quedo cuando finalmente se cubrió con las mantas de la cama y Potter apagó la luz. Habría preferido no tener que compartirla, sobre todo por su tamaño, individual, y el obvio hecho de que su compañero no había propuesto un encantamiento ensanchador para los dos, pues le obligaba inevitablemente a rozarse con él cada vez que se movía. Pero necesitaba tan desesperadamente dormir bien y el gryffindor estaba poniéndoselo tan en bandeja, que no estaba por la labor de protestar.
Algo que seguramente habría sucedido si hubiese visto la sonrisa torcida de Potter en la oscuridad.
