II

Estaba saturada de trabajo y eso le gustaba. Lo consideraba un alivio pues de esta manera podía tener la mente ocupada y, a la vez, alejada del pensamiento que llevaba meses consumiéndola. Ir de aquí para allá por todo el ministerio con los brazos llenos de informes, asistir a reuniones y preocuparse por mantener la buena reputación de su oficina le absorbía todo el tiempo. Le gustaba.

Porque cuando no estaba escribiendo larguísimos informes, cuando no escuchaba y participaba en reuniones o no se preocupaba por hacer de su oficina la mejor del ministerio, le perseguía un enorme arrepentimiento. La atormentaban los recuerdos y la consumía el remordimiento. Y todo eso la hacía sentir fatal, porqué ella sabía que no debía haber gritado todo eso, que jamás debió sacar su varita para atacarla.

Varias veces se imaginó que ella iba a verla a su oficina, pasando por encima de todos, o la esperaba a la salida para pedirle hablar, para pedir una oportunidad que no iba a serle negada. Y luego imaginaba (y eso tenía más sentido considerando sus acciones) que era ella, Hermione, quién iba a buscarla para disculparse, para pedirle perdón. Pero ambas eran tan orgullosas que ninguna de las dos cosas ocurrió y ella tuvo que obligarse a dejar de guardar esperanzas. No iba a regresar y ella tampoco iba a buscarla.

Se cruzó con ella un par de ocasiones en el ministerio, se miraban unos segundos y luego cada una seguía con su vida. Ninguna palabra, ningún gesto, ninguna sonrisa… Nada que pareciera indicarle que quisiera hablar. Al menos hablar… para terminar bien.

—¿No estás trabajando demasiado?

Ella gruño y no levantó la mirada.

—Hermione, te estoy hablando. ¡Hermione!

Levantó la vista asustada y miró con enfado al hombre delante suyo. Tenía ganas de meterle la pluma por la nariz.

—¿No estás trabajando demasiado?—preguntó Harry, apoyando sus brazos sobre el escritorio para acercarse a su amiga.

—Hay cosas que tengo que hacer, Harry.

—¡Yo también! Pero me doy mis descansos—contestó Harry—, y sé que tú te llevas todo el trabajo a casa.

—Es importante.

—Sí, pero creo que hay media docena de personas allá afuera a la que le pagan por hacer lo que tú haces ahora. Los he visto flojear cuando entre…

—Es importante—repitió Hermione y volvió a mojar la punta de su pluma en el tintero para reanudar con su informe.

Harry suspiro.

—Han abierto un pub en el Callejón Diagon, muy interesante según lo que me dijo Seamus…

—Estaré ocupada, Harry—dijo Hermione—. Y sabes que no me gustan esos lugares…

—El sábado en la noche—la cortó Harry—. Ginny me ha dicho que te irá a buscar y ya quiero verte tratando de resistirte… A las siete, ¿bien?

Y, antes de que Hermione pudiera replicar, Harry se había marchado de su oficina volviendo a dejarla sola.

Como Harry le dijo, Ginny iba a estar esperándola a la salida del trabajo ése sábado por la noche. No escucho excusas ni quejas y la metió en la bañera apenas llegaron a su apartamento, cuando Hermione salió de la ducha, Ginny ya estaba presionándola para que se fuera a cambiar. Hermione la obedeció sin muchos ánimos.

Iba a ir, iba a acompañar a sus amigos pero ante el menor descuido se iba a largar del pub. Era su plan.

Cuando llegaron al local, Harry y Ron ya estaban dentro esperándolas, además de Luna y Neville.

Pasaron varias horas y varias botellas en su mesa. Hermione no tenía ánimos de bailar así que se dedicó a vaciar de un trago todos los vasos que se ponían delante. Empezaba a sentirse mareada pero le gustaba y a sus amigos pareció agradarles que se mostrara feliz, así que no la detuvieron ni le dijeron nada. Ella más que nadie se merecía disfrutar la noche así.

Pero estaba claro que el alcohol empezaba a pasarle factura y de pronto estuvo más elocuente sobre cierto tema de lo que había estado antes.

—¿Crees que me extraña?—preguntó Hermione a Ginny.

—¿Quién?—preguntó Ginny, aunque conocía la respuesta.

—Pansy—contestó Hermione y Ginny frunció los labios al escuchar ése nombre—. ¿Crees que me extrañe? No-no la he visto esta semana…

Ginny no quería seguir andando por allí, temía que Hermione se pusiera a llorar o cometiera una estupidez allí en medio del local. Se lo pensó (todo lo que podía pensar con tanto alcohol en la sangre) y contestó ambiguamente.

—Quizá…

Quizá.

La palabra se quedó grabada en mente. Quizá Pansy la extrañaba. Quizá Pansy quería verla. Quizá la esperaba. Quizá…

Cuando Hermione pensó que sus amigos estaban demasiado ocupados entre ellos, se levantó murmurando que iba al baño. Robó una de las pequeñas botellas y se la metió en la túnica, fue al baño, se lavó la cara y luego se desapareció.

Sus amigos tardaron varios minutos en caer en cuenta de su ausencia.

Ambas mujeres escucharon el clásico sonido de una persona aparecerse detrás de la puerta. Hermione ahogó un grito y negó con la cabeza con mucha fuerza mientras Pansy la miraba muy confundida. De inmediato, Hermione se acercó a su oreja y le habló muy bajito, como preocupándose de que no la escucharan.

—No digas que estoy aquí.

—¿A quién?

Pero antes de que Hermione pudiera contestar, alguien tocó la puerta con fuerza y luego Pansy escuchó voces. Calculaba que había más de tres personas fuera, volvió la vista hacía Hermione y ella negó con la cabeza. Estaba confundida, volvieron a tocar la puerta y Pansy suspiró. Fue a abrir.

—Potter—dijo al reconocer al chico parado frente a ella.

—Eh, Pansy…—murmuró Harry rascándose la cabeza. También olía a alcohol—. ¿Has visto a Hermione?

—No—mintió ella—, ¿se les ha perdido?

—Ajá—Ginny Weasley se adelantó—, y nos ha dado la impresión de que podría estar aquí.

—¿Por?

—Pues ha estado hablando de ti toda la noche—contestó Ginny. Pansy sonrió— y fue al baño y no regresó, y no está en su casa…

—¿La buscaron ya en su oficina?—preguntó Pansy con fingida inocencia—. Ya saben como le gusta el trabajo, quizá ha decidido terminar un informe pendiente ahora que está más motivada…

—¿Estás segura de que no ha venido a verte?—inquirió Ron.

—Creo que sabría quien se mete a mi casa y quien no—respondió ella sin perder la calma—. Si se les ha perdido es su problema pero deberían apurarse a encontrarla, no es conveniente que arme un espectáculo, ¿no?

Era claro que, a pesar de su excelente actuación, ninguno de los chicos le creía a Pansy. Los tres se miraron entre sí y ella levantó las cejas.

—¿Estás segura?—insistió Harry.

—Sí.

—Nos estás mintiendo—terció Ron, tratando de mirar por encima de Pansy—. ¡Hermione!

—Cállate, Weasley—siseo Pansy—. No está aquí, ya pueden irse.

Ron hizo el amago de empujar a Pansy para pasar, pero la chica fue más rápida y sacó su varita del bolsillo para apuntarlo con ella.

—¡Eh!

Harry y Ginny habían sacado sus varitas también y la apuntaban con ellas.

—Guarda eso, Potter—dijo Pansy con frialdad—. Eres un auror y todo lo que hagas es responsabilidad de tu oficina. No les va a gustar, ¿verdad?

Él bajo la varita a regañadientes e hizo que Ginny hiciera lo mismo.

—Bien.

—Genial, ¡ya pueden irse!—dijo Pansy mientras bajaba su varita—. No regresen, ¿sí? Pero háganme saber si encontraron a Granger, me debe oro y no se va a morir sin pagarme. ¡Adiós!

Y les cerró la puerta en la cara.