I

—Vamos Liena —le decía su amiga de mechón teñido.

—Pero el autobús ya va a partir —dijo la rubia esbelta.

Liena siguió a su amiga, se fueron caminando con sus libros en brazos. Estaba con un poco de endeble, pero siguió a su amiga de todos modos.

La ciudad de Salem de Oregon era relativamente más tranquila a diferencia de otras ciudades del norte. No había tanta agitación social, por lo menos no lo había en tanta intensidad. Su economía se basaba en procesar alimento agrícola.

Pasaron por el parque Aldrich, sus hogares quedaban a más de diez calles, pero valía la pena ver los árboles que adornaban a esos vecindarios y la tranquilidad.

—Siempre vale la pena ir caminando por este lugar —dijo Lina dando una sonrisa a unos chicos.

—Sí, pero esta vez estaba con desgano —lo decía sonrojándose al ver como unos chicos posaban su mirada en ella.

—Si no estuviéramos caminando, no te ganarías esas lindas miradas —dijo Lina guiñándole el ojo a uno de esos chicos.

—Lo que quieras amiga —dijo siguiéndole el juego a Lina.

Ya habían pasado casi seis calles, en ese momento a Lina se le ocurrió preguntarle a Liena sobre su fiesta.

—¿Qué planeas este 27 de junio? ¿Harás una fiesta? ¿Invitarás a la banda de los chicos de preparatoria? De verdad que son buenos, el bajista con esa melena, hace que suspire —dijo abrazando con fuerza sus libros.

—Tranquila Lina... ¿De preparatoria? ¿De verdad? —se guardaba más comentarios.

—¿Qué tiene de malo? —dijo con seriedad.

—No he dicho que, si es bueno o malo, sino que... "sabemos" como son los de preparatoria —no quería hacerle recordar que tenían una fama peculiar.

Mientras charlaban de forma amena, alguien paso por su lado de forma algo apresurada. No midió sus fuerzas porque hizo que ambas rubias se cayeran.

—¡Lo siento niñas! Disculpen mi imprudencia —se notaba algo asustada y dándoles ayuda.

—Bueno, tenga más cuidado señorita —dijo Liena algo adolorida y con una mueca de disgusto.

—No esté tan distraída señorita —dijo Lina con mucha molestia.

—Lo tendré muy en cuenta, niñas, con permiso —se alejó de manera presurosa.

La mujer de cabello rubio oscuro se fue con mucha prisa de allí, no sin antes voltear a ver a las muchachas. Antes de doblar al final de la calle volteó por curiosidad para mirar una vez más a esas chicas. Algo de la primera chica que le respondió le llamó la atención por unos momentos. Se fue con cautela esta vez.

II

—¡Una nueva era debe comenzar! ¡Nuestros líderes dejaron esa tarea inconclusa! ¡Nuestro deber es terminar con aquella labor! ¡Un mundo mejor es nuestra meta! ¡Eso solo se puede llegar con la perfección! ¡Esa niña es la clave! —hablaba con una pasión única ese hombre—. ¿Quién quiere un mundo mejor?

Se notaba algo rara la mirada de aquel hombre. Esos ojos... como los de todos allí no eran normales, no solo eso en sí. Las miradas no tenían nada de sustancial para algo bueno.

—¡Lo queremos! ¡Lo ansiamos! ¡Lo deseamos! —decían todos al unísono.

—No basta con quererlo, no basta con desearlo o ansiarlo, debemos trabajar para ello. Estos años jamás hemos dejado de lado el sueño de nuestros líderes, ellos nos enseñaron que se puede llegar al mundo ideal, con las personas ideales, porque las que son nocivas o son un estorbo deben perecer. Sé que no somos numerosos como antes a pesar de tener nuevos miembros, pero les aseguro que somos lo suficientes para poner a este lugar a nuestra merced y algo más... —mostraba mucha confianza al dirigirse a su séquito, se hizo a un lado para dar paso a alguien.

Esa persona sorprendió a los antiguos miembros y dejaba con muchas preguntas a los nuevos. Estaba con una capucha y capa que no dejaba ver bien toda su persona.

—Nos ayudará a poder traer a nuestro Grial de la perfección, pero todo a su tiempo —dijo el líder con seguridad.

El líder les dio una mirada que hizo que se dispersaran poco por poco hasta salir de ese lugar de ubicación desconocida. Solo se quedó la persona que fue presentada mirando a fuera de ese almacén abandonado.

III

—¿Por qué? ¿Acaso su vida de ellos no valía nada? —decía eso mientras no se levantaba del piso de la sala.

Fue a su habitación con demasiadas cosas cargadas en su mente. Olvidar todo aquello... era tedioso, más cuando estar allí es consecuencia de lo pasado años anteriores.

Se pasó buscando por horas algo que solo lo utilizaba para no perder el camino de su deber y promesa.

Sacó algo que tenía forma de libro pequeño. Solo observo las primeras fotos de allí. Cabello blanco, rostro sin pizca de malicia. Rubia, mirada angelical. Ellos no merecían ese destino.

—¡Ay chicos! Lo que daría por volver en esos momentos y no salir por mi capricho a ese día de campo, pero nada asegura que hubiésemos estado bien de todas formas, aunque valdría la pena intentar si se pudiera... ¿No? —todavía algo en ella no le hacía entender que ella no tuvo la culpa.

Miró dos fotos más en las cuales había una chica rubia con un cabello que aparentaba ser corto y una niña con cabello castaño corto y de gafas.

—Supongo... que mis palabras son solo cosas que el viento se lleva como si nada —dijo con una leve sonrisa mientras cerraba ese pequeño álbum.

Bajó nuevamente y vio la carta en la mesa de la cocina, esa carta debía desaparecer, pero no servía hacer eso.

Eso era la señal para conversar con Liena sobre ciertos vacíos en su vida. Ella necesitaba saberlo. Lana desde que supo sobre su hermana, le sugería contar eso a Liena cuando tenga la edad de comprender hechos de la vida. Marie se negó, se decía que ya todo había acabado. Se supone que el paradero de ellas era de desaparecidas, así debía seguir.

—¡No es así de simple! No puedo decirle simplemente que no soy lo que ella cree, pero tampoco puedo seguir con este egoísmo, se supone que ya no soy esa niña de antes. Lo que sí debo seguir haciendo es protegerla —tenía ambas manos en su rostro con sus codos en la mesa.

En ese momento suena el timbre de la casa, guarda rápidamente la carta en su bolsillo y se dirige con peleas internas en sí.

IV

—Hola señora Marie, adiós Liena, me tengo que ir, llegó sana y salva, es un punto a favor para mí, soy una chica responsable, piense en darle permiso para un concierto el día de mañana, irá conmigo —decía eso mientras se alejaba con una sonrisa.

—Lo pensaré Lina, cuídate y salúdame a tu madre —dijo de manera agradable.

Lina siguió su camino a casa, Liena pasó junto a su madre. El rostro de su madre cambió al ver a su hija. Tenía que decirle, pero... ¿Cómo?

—¿Qué tal la escuela Liena? —se lo dijo mientras le servía un vaso de agua.

—Ha sido un día normal, no me quejo con las clases, y menos con el profesor de francés —dijo queriendo sonar como su amiga.

—¿Ese profesor ingles por el que las madres desearían volver a estudiar? —dijo en tono de burla.

—El mismo —le respondió con gracia.

Ambas rieron al mismo tiempo, desde que fue a una reunión de padres, no podía dejar de pensar en esas madres que no dejaban de mirar al profe y a... ella.

La miraban con cierto asombro y desdén. Era una madre muy joven, ¡Corrección! Joven es muy poco.

Como no tenía esposo, era punto de habladurías por parte de algunas de esas madres, algunas cosas eran algo despectivas.

Ni que decir de los padres de algunos compañeros y compañeras de Liena, no dejaban de tratar de hacerle conversación a la joven madre.

Por eso había ocasiones donde prefería no ir, aunque eso sea regaño por parte del consejero escolar.

Liena se da cuenta que algo no está bien en su madre, la nota algo angustiada.

—¿Todo bien mamá? —dijo con curiosidad.

—Claro... bueno, no del todo. He pensado en algo, pero son problemas de adultos, no te preocupes hija —le dijo mientras acariciaba su cabeza.

—Soy como tu amiga mamá —bebió un poco del agua y continuó—, por ende, no dudes en decirme que te aqueja.

—¡Oye! Eso es lo que siempre te digo —le respondió con alegría.

Liena dudo, pero debía decirle nuevamente.

—Madre, he tenido ese sueño nuevamente... ya sabes —dijo con dificultad.

Entendía perfectamente las dudas que tenía Liena, pero debía ser cuidadosa en tratar de decir algunas cosas.

—Entiendo hija... ¿Sabes? —cambiaba de tema—. Estoy algo melancólica, vas a cumplir quince años, no falta casi nada para que ya seas mayor de edad, pero para mí seguirás siendo mi niña.

—Eso ya lo sé mamá... Espero que al ser casi mayor de edad... podamos hablar de algunas cosas —dijo con pena eso último.

Realmente necesitaba decirle, pero tenía miedo. Estaba cerca su cumpleaños y renacía ese peligro.

Comenzó a cambiar de tema y tema. Hasta que llegó la noche, falta una hora para la media noche. Se sentía muy angustiada, no dejaba de leer la carta al lado de la chimenea.

—Mamá... Sigues angustiada, ¿No? —dijo Liena de manera comprensiva mientras bajaba de la escalera.

—Es muy difícil... es muy difícil la vida de un adulto, pero la cereza del pastel ha sido la pequeña historia de mi niñez que te conté —dijo mirando al fuego, evitó que vea la carta.

—Podría escuchar otra pequeña parte madre —dijo con una sonrisa.

Lo pensaba y pensaba, ¿Era mejor ahora o después? Lo correcto era cuando ella tuviera la edad para entender.

—Voy a contarte una historia que sucedió hace más de una década —hizo un silencio de no más de treinta segundos—. Solo quiero que las preguntas sean al final de cada relato.

—Está bien mamá —dijo mientras se sentaba al frente de la fogata.

—Se debe de saber y comprender el pasado para saber que tienes presente y poder forjar un futuro —comenzó a recordar—. Todo lo más importante sucedió un 15 de junio de 1957, lo recuerdo muy bien...

Liena enfocaba toda su atención en su madre y lo que empezaba a relatar...