Disclaimer: Todos los personajes aquí mencionados, son propiedad de Kishimoto-sensei, a excepción de los que no sean reconocidos son de mi propia autoría.
Notas de autor, aclaraciones y demás, se encuentran en la parte inferior del capítulo. ¡Disfruten la lectura! :D
Espejo.
2 de Octubre.
Hinata entró a la casa, colgó su capa en el perchero y se disponía a llegar a la cocina a dejar todos los insumos que había comprado durante la mañana, esa tarde la comida le tocaba a la mayor de todas las chicas, así que procuró dejar todo a la vista para no causarle problemas. Estuvo tentada a comerse una manzana de las que acababa de traer, pero eligió dejarla para más tarde como postre o para la merienda. Tomó los girasoles que había dejado en la mesa y se dirigió a la puerta.
Una corriente helada recorrió la espalda de Hinata, recargado en el marco de la puerta estaba Kabuto mirándola, ¿Cuánto tiempo llevaría allí?, ni siquiera lo escuchó llegar, pero parecía molesto.
-Llegaste más tarde de lo normal- Le soltó y comenzó a caminar hacia ella, Hinata retrocedía cada paso que el chico daba- ¿Dónde estabas?- Se topó con la pared y buscó una salida, la mirada de Kabuto le estaba dando miedo, reunió fuerzas y habló.
-Hu...hubo un anuncio real en la plaza- Kabuto la acorraló con sus brazos y la obligó a mirarlo, no le creía- Me detuve pa…para saber que…-La abofeteó, interrumpiendo lo que estaba diciendo e inmediatamente se le llenaron los ojos de lágrimas por el dolor.
-No te creo- se alejó un poco de ella y le quitó las flores de las manos. Las observó y las arrojó al suelo con fuerza- Pensé que estabas clara de que si ibas a traer esas estúpidas ramas tenían que ser las más baratas.-Le tomó la cara con una mano-Que sea la última vez que llegas tarde y desperdicias dinero a lo estúpido- Se marchó dejando a una Hinata adolorida, estupefacta y humillada. Quiso romperse allí mismo, llorar por lo asustada que estaba de ese hombre y que no sabía cuánto tiempo más estaría de esa forma. Respiró profundo para calmarse, puso una mano en su pecho y pudo sentir su corazón a mil por hora. Unas pequeñas lágrimas se asomaron por sus perlados ojos y las dejó correr por sus mejillas, recordando el consejo que le había dado Inochi esa misma mañana.
Cuando por fin se calmó, recogió los girasoles y caminó a paso tranquilo hasta la sala de costura.
-¡Al fin llegas!- Le reclamó una chica castaña de ojos turquesas- El vestido está casi terminado y tu ni tus luces- Dos chicas más la miraron con desaprobación, sin embargo, la más pequeña de todas, le dirigió una mirada de complicidad, fue entonces cuando todas se percataron de sus ojos rojos-Oye, ¿estás bien?- Se le acercó pero Hinata le pasó una flor y se alejó entregándole a las otras 3 sus propios girasoles. La más pequeña, llamada Hanako la miró con la pregunta en los ojos, pero Hinata negó con la cabeza y se dispuso a tomar su lugar para darle los toques finales al vestido en el que habían estado trabajando toda la semana; un modelito color celeste con flores sobre el corsé y las mangas.
Estuvieron en silencio por varios minutos hasta que la puerta fue abierta por Kabuto, quien venía acompañado por Orochimaru y a Hinata la hizo sospechar. El hombre no se aparecía por la sala de costura a menos que llegara alguien nuevo o llamaran a alguna de las chicas porque habían venido por ella, así que se sorprendió, en menos de una semana dos chicas habían sido elegidas, o eso pensó. Sintió la mirada penetrante de Kabuto y no pudo evitar estremecerse, Hanako se mantuvo cerca de ella en todo momento.
-Buenas tardes, señoritas- Habló el dueño con voz fría y su rostro era impasible como siempre. –Tengo un anuncio que hacerles, el príncipe Naruto celebrará dentro de los próximos días un baile por su veinteavo aniversario, por lo que tendremos que acelerar la elaboración de vestimentas de gala, debemos de realizar por semana por lo menos 4 vestidos- Escuchó el sobresalto de las chicas a su alrededor, en días normales ellas 5 tardaban alrededor de 4 días en tener un vestido terminado, por lo que la nueva orden implicaba doblar o incluso triplicar el trabajo de cada una de ellas. Todavía no habían comenzado y ya sentía el estrés venírsele encima como una piedra que caía sobre sus hombros.-Es probable que en este baile el príncipe elija a su esposa, por lo que tendremos mucha afluencia de doncellas solteras buscando el vestido de sus vidas, así que a trabajar- Salió sin decir ni una palabra más seguido de Kabuto, no le pareció extraño que no mencionara la apertura de puertas el día del baile, lo que menos quería eran distracciones para ellas y darles la oportunidad de escapar de alguna forma de la casa. Suspiró.
-Bueno, manos a la obra, Akemi-llamó a la chica castaña- selecciona los vestidos que podrían ser una buena opción para este evento, el resto desmontalos y en cuanto los tengas, ve al almacén con Hanako para dejarlos- Ambas asintieron y Hinata miró hacia la chica morena de rasgos finos que estaba en la esquina- Harumi, tú me ayudarás a terminar el bordado de este vestido y Yuki- llamó a la última, pequeña y rubia con pecas adorables- Es tu momento, diseña para nosotras vestidos para trabajar- la chica le sonrió radiante y con los ojos vidriosos asintió enérgica, Hinata les sonrió a todas y se les acercó-Nos organizaremos durante la comida para ir a comer de una en una y no dejar la confección detenida, igualmente cuando vengas posibles clientes a probarse sus vestidos, tendremos que levantarnos una hora antes todos los días y probablemente nos durmamos mucho más tarde, así que será duro, pero podremos lograrlo- Habló con tal convicción que sus compañeras pronto se pusieron a realizar el trabajo que se les había asignado.
Cuando había una situación difícil que manejar en el trabajo, alguna de ellas enferma, lastimada o alguien acababa de ser desposada y el grupo se reducía, Hinata siempre tomaba la iniciativa de resolverlo, se sentía con la responsabilidad de cuidarlas y protegerlas. Sobre todo, le ocurría en mayor medida con Hanako, era como su hermanita menor, ya que ella la había encontrado hacía 3 años, cerca de la panadería del pueblo buscando algunas sobras del pan que hubieran desechado sin éxito. A los pocos días, la niña ya se encontraba en la casa de modas trabajando a sus escasos 10 años. Cada que había alguna tormenta, la niña se deslizaba en la cama de Hinata para sentirse protegía del caos exterior.
Escucharon un ruido en la ventana que estaba detrás de Yuki, era aquel chico de nuevo, el hijo del carnicero, Akatsuchi, quien tenía los ojos puestos en ella desde que la vio ayudando a unos niños cerca de la iglesia. En un principio, la chica al enterarse de que el muchacho tenía un interés por ella, pensó que sus días de trabajo ya estaban contados, porque el chico iría a pedir su mano y se casarían. Error. Si el hombre que te quisiera desposar no tenía ningún título nobiliario, podrías olvidarte de la boda tan rápido que parecería que nunca ocurrió. Esos eran los términos que Orochimaru había implementado poco después del ingreso de Hinata como costurera. Aunque había otra opción, que tu propia familia viniera a buscarte, pero como esa posibilidad era mucho más remota que la anterior, todas soñaban y anhelaban por el día en el que un noble las pretendiera. La saludó por la ventana antes de seguir su camino, Yuki le dedicó una sonrisa amable y un gesto con la mano y se sentó en su lugar para comenzar con los bocetos que serían los que trabajarían toda la semana.
Hinata tomó el vestido en el que debía trabajar y se enfocó en él lo que quedaba del día.
3 de octubre.
A la mañana siguiente, después de haber desayunado todas, fueron a la sala de costura a comenzar la carrera contra reloj que les esperaba, Yuki ya tenía dos bocetos, lo que adelantaba muchísimo el trabajo, entre Akemi y Harumi trajeron las telas del almacén, Hanako tomó las medidas y Hinata cortó los moldes, Yuki seguía bocetando tan rápido como podía para ayudar en el resto del trabajo. Era tanto el barullo que tenían en la sala que no escucharon la puerta de entrada abrirse y no vieron al hombre de mediana edad con cabellos castaños y ojos blanquecinos que se dirigía al despacho de Orochimaru.
Kabuto al escuchar la razón de la visita del hombre se puso nervioso. A pesar de los esfuerzos que había hecho a lo largo de los años por alejar a los pretendientes de Hinata, nunca se imaginó que un familiar pudiera venir a buscarla; porque la apariencia entre ambos era sumamente similar.
El chico mantuvo a todos alejados de ella porque era él quien quería desposarla, no porque tuviera algún sentimiento hacia ella ni mucho menos, sólo la deseaba, varias veces estuvo a punto de arrebatarle su virtud, pero su tío había descubierto sus intenciones y comenzó a estar presente en las sesiones de castigo que les daba a sus empleadas. En particular, la que más aparecía en esa sala era la propia Hinata, a quien Kabuto golpeaba por cualquier excusa que le pareciera suficiente para realizar tan atroz acción. No podía evitarlo, escuchar los gemidos ahogados de queja y dolor que salían de los labios de la chica con cada azote eran música para sus oídos, muchas veces los retenía en su memoria y después de dejar ir a la chica y quedarse solo en la habitación, se daba placer a si mismo imaginándola como sería ella debajo de él, cada curva de su cuerpo, sus pechos, su cintura, como hundiría los dedos en su cadera, como la marcaría como suya, escucharla soltando esos gemidos tan delicados cada vez que entraba y salía de ella, como sólo pronunciaría su nombre, como lo gritaría, cuál sería su rostro cuando llegara al orgasmo. Sólo podía imaginarlo, pero no quería seguir imaginando.
Debía pensar y debía hacerlo rápido, porque no iba a permitir que se llevaran a la mujer que él quería.
Orochimaru terminó de escuchar la historia del hombre que tenía enfrente. Le hacía mucho sentido el cómo la chica pudo haberse perdido y llegar ahí, al ser tan pequeña lo más seguro es que no recordara nada, así que, al ser el tutor legal de Hinata en ese momento podía tomar decisiones sobre su futuro en ese momento. Le llegó a preocupar la reducción de su personal en menos de una semana, sin embargo, el castaño le había dado tantas pruebas, que no podía simplemente rechazarlo y no tenía razones suficientes para retenerla. Además de que bastaba mirarlos para notar sus similitudes, piel clara, nariz recta, la forma de los ojos de ambos era casi idéntica y sus iris perlados no dejaban lugar a dudas.
Mandó llamar a Hinata al estudio con Kabuto, mientras dialogaba sobre el papeleo que debían hacer para ceder la representación legal de la chica. Tocaron a la puerta y en el umbral apareció Hinata más pálida que se costumbre y con un deje de terror en sus ojos, no le puso mucha atención al castaño desconocido. Al entrar Kabuto, Orochimaru le dedicó una mirada tan gélida que pudo congelar hasta el mismo infierno. Hiashi la miró de arriba abajo en silencio.
-¿Me llamó, señor Orochimaru?- La chica se tomó las manos tratando de ocultar el temblor que había en ellas por la presencia de Kabuto tan cerca de ella, pero mantuvo firme su mirada en los ojos del dueño, como siempre lo hacía. Hinata había entrado a esa sala 3 veces desde que Asuma y Kurenai se habían ido, la primera fue cuando le dijeron que ella iba a permanecer ahí con él durante un tiempo, la segunda fue cuando la agregaron al personal y la tercera fue cuando encontró a Hanako y le pidió a Orochimaru que la rescatase.
-Así es, toma asiento por favor- Le señaló una silla junto al hombre de ojos pálidos como ella y fue la primera vez que ella le puso atención, él la estaba mirando fijamente. Algo dentro de su mente se agitó y su corazón comenzó a palpitar muy rápido. Duraron unos segundos así, hasta se había olvidado de la presencia de Kabuto en la sala, hasta que Orochimaru carraspeó y cortó el contacto; la chica se sentó y se dispuso a escuchar. –Hinata, quiero presentarte a lord Hiashi Hyuga, quién ha estado en la búsqueda de su sobrina, hija de su fallecido hermano gemelo Hizashi, por varios años y la ha encontrado en ti.- Hizo una pausa. La chica estaba estupefacta, ¿Su sobrina? ¿Ella? ¿Tenía familia? Y lo más importante, ¿Habían ido a buscarla? Miró al que se había proclamado como su tío, quien la miraba nostálgico, tal vez recordando a su hermano en su rostro. –Por lo tanto, a partir de este momento, él pasará a ser tu tutor legal y tendrás que irte con él esta misma tarde. Tienes todo este tiempo para ir a recoger tus pertenencias de tu habitación y despedirte. Adelante.-
Desde que Hinata había salido del estudio, todo había sido un borrón, había recogido sus vestidos, sus artículos de aseo personal y la pequeña cajita de recuerdos que tenía, los envolvió en la colcha de parches que tenía sobre la cama, se la cargó al hombro y miró por última vez la habitación que la había visto crecer, y sintió nostalgia, por todos aquellos momentos que vivió con Kurenai, con Asuma y todas aquellas veces que esas cuatro paredes la habían resguardado en su dolor.
Cerró la puerta y se dirigió a la sala de costura para despedirse. En cuanto abrió la puerta, las chicas estaban llenas de lágrimas, se acercaron a abrazarla y ahí fue donde ella se quebró. Las iba a extrañar, muchísimo.
Comenzó a pasar de una por una, dándoles un abrazo larguísimo y diciéndoles las cosas que no les había dicho nunca, pero al llegar con Hanako, la chica no pudo sacar palabras para decirle, fue con las que más duró y lloró.
-Hanako- Le apartó unas hebras de cabello negras de su rostro -Mírame- Le pidió en un susurro y la niña lo hizo –Todo irá mejor, encontraré la forma de llevarte conmigo mientras tanto, se paciente ¿Si? Te sacare de aquí, te lo juro-Besó su frente, se separó de ella y dedicándole una sonrisa se dirigió hacia la puerta de la sala, tomando su bulto en el proceso.
Tanto Hiashi como Orochimaru la estaban esperando en la entrada del establecimiento y despidiéndose del dueño le dijo adiós al lugar que había sido su hogar, las chicas la miraban por la ventana con lágrimas en los ojos y una sonrisa. Siguió a su tío hasta un carruaje hecho de roble, en las ventanas había cortinas de terciopelo en color lavanda; el cochero muy amablemente le ayudó con sus pertenencias y subió un tanto cohibida, Hiashi le ofreció la mano para ayudarse a entrar y se sentó del lado izquierdo del carruaje. Los asientos eran muy cómodos, aunque estaban un poco gastados eran muy confortables.
Después de que Hiashi subiera, se sentó en el asiento frente a Hinata y le dedicó una sonrisa amable, el cochero arrancó y pudo ver entre las cortinas la expresión rabiosa de Kabuto antes de girar en la esquina y perderse de vista.
¡Hola! Aquí les dejo el segundo capítulo de la historia, ojalá lo disfruten.
¡Gracias por leer!
Kairovi.
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