Ya ve como no muerdo- dijo hablándome de usted cómo si fuera una diosa. -Fíjese ya está mojada- comento con el mismo tono de voz, que usaba mi madre, complacida por sus guisos. Luego se metió, se movió, resoplo y grito como si se hubiera olvidado que yo estaba abajo tiesa, bien tiesa.
Me miró.
-No sientes ¿Por qué no sientes?- Pregunto después.
- Si, siento. Pero el final no lo entendí.
- Pues, el final es lo que importa- dijo mirando el techo. ¿Ay estas niñas? ¿Cuando aprenderán? Y se quedó dormido.
Yo me pase toda la noche despierta como encendida, anduve caminando por mis piernas corría un líquido, no era mío, el me lo había echado. Al amanecer volví envuelta en mis pensamientos. Cuando el me sintió solo estiró su brazo, invitandome a dormir con el. Despertamos con los cuerpos encimados.
-¿Por qué no me enseñas? Le dije
-¿A qué?
-¿Pues a sentir?
-Eso, no se enseña se aprende.- contesto
Entonces me dispuse apender, por lo pronto me puse flojita tanto que hasta parecía lela.
Kakashi hablaba mientras caminábamos sobre la arena, mientras yo repasaba todo lo aprendido la noche anterior. Tratando de comprender en que momento debería de sentir y es que algo debía estar mal conmigo.
Mientras el me llenaba de su líquido, yo apenas podía sentir como me calentaba, el trataba de enseñarme pero yo, no aprendía a sentir.
De que tanto hablaba el Hatake, la verdad ya ni me acuerdo. Pero así era el, parecía que hablaba con la pared, sin esperar una respuesta, sin pedir mi opinión Urgido solo de atención.
Por esas fechas estaba planeado como ganarle al Jounin más reconocido Maito Gai, el decía que era un pendejo.
-No debe de estar pendejo, dónde te preocupa. - le dije una tarde mientras veiamos el atardecer.
-Claro que es un pendejo y tú qué te metes ¿Quien pidió tu opinión?- soltó un poco irritado.
- Hace 4 días que hablas de lo mismo, ya me dió tiempo de tener una opinión.
- Valla con la señorita, no sabe ni coger y ya quiere dirigir escuadrones. Me está gustando- dijo dándome una nalgada.
Cuando terminó la semana me devolví a mi casa, como si no hubiera desaparecido un mes completo sin avisar de mi paradero.
Mi padre me recibió de regreso, sin preguntas ni comentarios.
No estaba muy seguro de su futuro, mi padre tenía problemas con el mismo clan Hyuga así que se dedicó a festejar que por fin había conocido el mar y de haber salido a una misión de supervivencia.
¿ Por qué no vendrá kakashi- San?- comento mi padre tras 15 días de ausencia.
-Anda en eso de ganarle a Gai - sensei.- respondí a mi padre un poco dudosa.
Yo, ya no era parte del equipo 8 desde que Kurenai- sensei se caso y nos había dejado en manos de Yamato un ex- miembro de raíz, Lo cual no funciono ya que su nula experiencia con un equipo de rastreo lo limitaba.
Aunque también habían pasado cosas buenas, Kiba y Shino se habían convertido oficialmente en líderes de sus respectivos clanes, yo estuve en cada ceremonia en honor a ellos.
Mi corazón no podía estar más que feliz mis amigos, mis hermanos por fin eran reconocidos, aunque debo aceptar que un poco de decepción apareció en mi interior.
Yo solo había logrado llegar a chunnin.
Asi, que sin misiones y sin un equipo me dedique a convertirme en una buena ama de casa, pero con todo el tiempo encerrada en mi casa. Comencé a desesperarme.
Un tarde me dispuse a visitar el hospital de Konoha, por mi buena suerte laidy Tsunade estaba ahí.
Había una fila de gente,así que me toco esperar, cuando por fin llegó mi turno.
Me senté y me dijo, a qué has vinido aquí, Hinata-chan, Se le notaba un poco ebria, no era un secreto que la Quinta Hokage gustará del sake y de las apuestas.
Le dije muy seria:
-Quiero sentir- se me quedó mirando yo también la mire, era una mujer hermosa, por su blusa escotaba podía notar sus enormes senos, su perfecto rostro.
-Nadie viene aquí a eso- soltó un poco asombrada. - se que después tu padre vendrá a reclamar-
¿Usted tampoco siente? Pregunté, ante la respuesta comenzó a desvestirse, tomo una silla la puso delante de mi buscando que la mirara.
-Aqui tenemos una cosita- dijo metiéndose una mano - con esto se siente, se llama timbre y cuando estés con algún hombre piensa que este es el centro de tu cuerpo, que con el miras, oyes y olvídate que tienes brazos, piernas y verás que sientes.
Luego se vistió en un segundo y me empujó a la puerta. Tomo su sake y siguió trabajando.
Continuará...
