Capitulo dos
– Así que… ¿tú eres Isabella? Mi hermana no deja de hablar de ti.
– ¿A si? Yo creía que solo hablaba de Jasper…
– Sí... de él también habla mucho… demasiado –entrecerró los ojos levemente
Nos quedamos en silencio unos segundos más, el teléfono de Edward comenzó a sonar y se alejó unos pasos para hablar por él. Y yo como una idiota, no pude quitarle los ojos de encima. Por la expresión de su cara, deduje que estaba hablando con alguien que le agradaba mucho, no dejaba de sonreír y sus ojos brillaban con ternura.
– Yo también te quiero… –lo oí decir antes de colgar.
Y al oír esas palabras todo encajó… eran verdad los rumores que lo relacionaban con Tanya, y yo como una estúpida continuaba teniendo la esperanza de que fuesen solo eso, rumores. Bajé la mirada apesadumbrada, no tenía opciones, Edward estaba "pillado". Estaba a punto de dar media vuelta y acercarme a un teléfono público para llamar a alguien que viniese a buscarme. Cuando de repente recordé a mi amiga Rose, era mi mejor amiga cuando vivía en Phoenix, ella siempre había sido decidida y muy atrevida y su lema era muy simple "carpe diem". Sonreí para mis adentros. ¿Y qué si Edward tenía novia? Aprovecharía cada segundo que pudiese pasar a su lado.
Alcé la mirada nuevamente y él me estaba mirando fijamente. Sin más, unos cuantos hombres tamaño cuatro por cuatro nos empujaron para dejar el paso libre, cuando busqué el motivo por el cual hacían eso, Tanya Denali salía del ascensor con aires de grandeza. Mi ceño se frunció en el instante en el que le dedicó una mirada muy extraña a Edward, era como si estuviese advirtiéndole de algo. Él le devolvió una mirada fría para luego bufar y negar con su cabeza. No entendí a que venía esa conversación mental que acababan de tener, pero tampoco quería ahondar mucho en el tema. Tanya nunca me había caído bien, además era una pésima actriz. Lo realmente importante era que Edward Cullen estaría a mi lada durante una hora, ambos encerrados en un coche rumbo a Forks.
– ¿Nos vamos? –me preguntó
Yo sólo pude asentir, él se puso una gorra y unas gafas de sol y yo sonreí. Si pensaba pasar desapercibido sólo por una gorra lo llevaba claro, yo lo reconocería a kilómetros aun así, cualquier fan podría hacerlo. Lo seguí a lo largo del hall del hotel rumbo a la calle. Mientras caminábamos en silencio no pude evitar comparar el comportamiento de Edward con el de Tanya.
Ella no se ocultaba para pasar desapercibida, es más, se hacía notar para que todo el mundo supiese que era ella, Edward era todo lo contrario, no tenía guardaespaldas, no era egocéntrico y lo único que parecía querer era pasar desapercibido.
Caminamos por una acera uno al lado del otro, como de la nada parecieron dos chicas de unos quince años con lágrimas en los ojos, me sorprendió que Edward, el lugar de poner nervioso y salir corriendo se parase a hablar con ellas, les firmase autógrafos e incluso posase para un par de fotos. Yo en silencio me hice a un lado esperando que el acabase de hacer su trabajo, porque eso era su trabajo al fin y al cabo. Cuando las niñas se fueron se acercó se quitó las gafas de sol, clavó sus ojos en los míos y sonrió algo avergonzado.
– Lo siento… es algo que no puedo controlar –se disculpó.
– No te preocupes, lo entiendo –susurré.
Caminamos unos pasos más y nos detuvimos al lado de un coche demasiado conocido para mí, Edward sacó las llaves de su bolsillo y me abrió la puerta del acompañante. Lo fulminé con la mirada aunque él no era el objetivo de mi ira.
– ¿Dónde está? –pregunté en un susurro con voz dura.
– Se ha ido con Jasper, yo necesitaba su coche para volver a casa –dijo algo sonrojado.
No quise contestarle, en su lugar me mordí la lengua y me senté en el interior del coche con la mirada clavada en mis manos. No entendía el comportamiento de Alice, en solo unos minutos había descubierto que me había mentido en un par de ocasiones ¿en que más me habría mentido a lo largo de los años?
– No te enfades con ella –susurró Edward– Piensa que no es fácil ser mi hermana.
Bufé de nuevo y miré por la ventana, intentado ocultar las lágrimas que comenzaban a agolparse en mis ojos. Edward detuvo el coche en el arcén y cogiendo mi barbilla hizo que lo mirase a los ojos. Y allí me quedé, colgada una ver más… esos dos orbes verdes eran mi perdición, a través de la televisión y las fotografías se veían hermosas, pero tenerlos en frente era impresionante, me podía perder en ellos durante horas, el mundo podía arder a mi alrededor que a mí no me importaría mientras pudiese ver esos ojos.
– ¿en qué piensas? –preguntó.
Yo desperté de mi aturdimiento y miré sus labios para no volver a caer en sus ojos y perderme de nuevo. Craso error… ¡madre mía! ¿Cómo se suponía que debía controlarme con semejante espécimen a centímetros de mí? Tragué en seco y decidí mirar mis manos entrelazadas en mi regazo, algo mucho más aburrido que me ayudaría a formar un pensamiento coherente.
– No entiendo porque me ha mentido –confesé–. Se supone que es mi mejor amiga, podía confiar en mí, no volvería loca ni nada parecido. Lo entendería.
– Es muy buen punto… pero piensa en el suyo –me dijo–. No es fácil ser mi hermana como ya te dije, antes de mudarnos desde Chicago, todas sus amigas lo eran por interés, no es grato que no te quieran por ti mismo.
Alcé la mirada, él miraba hacía la carretera y hablaba en susurros. Apenas lo conocía, pero podía jurar que se sentía culpable porque Alice no tuviese amigas de verdad en Chicago, yo lo sabía, ella me lo había dicho, pero nunca imaginé que pudiese ser Edward el motivo.
Y una vez más me golpeé mentalmente… ¿cómo no pude darme cuenta antes de que Alice y Edward eran hermanos? Carlisle y él eran dos gotas de agua, eso sin contar con los ojos de Esme, su madre, eran iguales a los suyos, verdes, profundos, cálidos…
– Siento repetir mi pregunta, pero… ¿en qué piensas? –dijo sonriendo.
– En que soy un poco lerda… –me sonrojé– durante dos años no me he dado cuenta de nada, Alice me mentía y yo le creía sin más… eso sin contar que nunca asocié vuestros apellidos y mucho menos el parecido con tu familia.
Se rió con dulzura…
– Alice también es muy buena actriz… supongo que será de familia –y volvió a reírse.
Yo acompañé sus risas, él encendió en coche y continuamos nuestro camino hacía Forks.
Edward POV
Sonó el despertador… pasaban de las diez pero yo estaba tan cansado como si hubiese dormido ¿Cuántas horas? Hice la cuenta mentalmente… cinco horas. El avión había aterrizado en la madrugada, veníamos desde Nueva York, el estreno de dos noches atrás había sido un éxito.
Me desperecé y le di un capón a Emmett que dormía en la cama de al lado. Si a eso se le puede llamar dormir, casi parecía que hibernaba, despertarlo era misión imposible. Fui al baño y llené un vaso de agua, me puse al lado de su cama y lo observé durante unos momentos.
Tenía el pelo revuelto y pegado a la frente, la boca abierta por donde salían los ronquidos que se asemejaban a los bramidos de un oso y su cuerpo descansaba envuelto en las sábanas. Sonreí pensando en lo que le iba a hacer. Vacié el contenido del vaso en su boca y no tardó mucho en levantarse de golpe y comenzar a toser como un loco. Dejé caer el vaso al suelo que solo revotó en la alfombra y eché a correr hacia al baño cerrando la puerta en cuanto pude cruzarla. Emmett comenzó a golpearla con fuerza y temí que la echara abajo.
– ¡Cullen, cuando salgas te vas a enterar! –gritó Emmett al otro lado de la puerta.
Me carcajeé y me metí en la ducha sin hacerle caso.
Una hora después ambos estábamos desayunando como si no hubiese pasado nada. Emmett era mi mejor amigo, era casi como mi hermano. Nos conocíamos a la perfección porque ambos empezamos juntos en el mundo del cine. Siempre coincidíamos en los castings y en más de una ocasión nos tocó trabajar juntos, como en la película que ahora estábamos promocionando.
Por suerte hoy era el último día de nuestra agenda, después tendríamos dos semanas libras para descansar después de tanto ajetreo, y yo lo agradecía en sobremanera. Además, estábamos en Seattle, podría ir a Forks a ver a mi familia después de estar tantos meses sin vernos.
– Es hora de trabajar – dijo una muy sonriente Kate apareciendo por la puerta.
Kate era nuestra asistente durante la promoción, nos cuidaba como si fuese nuestra madre. Siempre estaba ahí para ayudarnos y escucharnos cuando lo necesitábamos. Emmett y yo nos miramos y pospusimos en pie a la vez, la seguimos a lo largo del pasillo y no tardamos en ver a una despampanante Tanya.
– Eddie –gritó en cuanto nos vio.
Yo fingí que no la oía y miré hacia otro lado..
