2. Día de examen desastroso
Aquella noche la joven Hyūga tuvo sueños acogedores donde estaba con su padre, en el bosque bajo la luz de luna llena, cientos de luciérnagas los rodeaban al compás del viento y encantadores sonidos de la noche. Esa hermosa imagen se fue oscureciendo hasta que hubo un punto en que sus pensamientos quedaron envueltos en un manto negro pero acogedor del cual no quería levantarse.
—Hotaru...
Una voz lejana comenzó a llamarla, pero no le hizo mucho caso, se sentía muy bien donde estaba. Aunque oscuro, estaba tranquila y no tenía la preocupación de convertirse en shinobi.
—Hotaru...
—No molestes... —gruñó la muchacha tratando de quitarse las suaves manos que la movían.
—Hotaru...
En la insistencia hizo que la chica tuviera una oleada de ira y echó un golpe al aire. Seguido de ello escuchó un grito, esa voz le fue tan familiar que se exaltó de inmediato y levantó de golpe dándose cuenta que había golpeado a Hinata por la nariz.
— ¡Hinata! —La chica no sabía qué hacer, sólo agitaba las manos frenéticamente mientras repetía sus disculpas atropelladamente — ¿Te encuentras bien?
La joven se levantó del suelo agarrándose la nariz enrojecida, está moviendo de una de sus manos le indicó que le restara importancia al asunto.
—Se está haciendo tarde...
—Oh... —articuló Hotaru sin emoción una vez que recordó lo que le aguardaba ese día en la academia, esa lamentable realidad le robaba la esperanza de tener buen inicio.
—Quiero saber cómo te fue ayer con mi padre...
Definitivamente iba a ser la mañana para levantarse con el pie izquierdo. Con esos placenteros sueños y el descanso reparador que tuvo, además del ánimo ajetreado con el que empezó su mañana, casi olvidaba la desastrosa tarde con el líder del clan Hyūga quien le dio la paliza de su vida. Pero recordó todo ello no por los posibles golpes en su cuerpo, más bien un agonizante estruendo proveniente de su estómago la hizo doblarse en sí misma y sacar un quejido moribundo.
Ahora tenía un hambre de monstruo, de seguro no se saciaría a menos que comiera un buey.
Para desviar el foco de la tarde anterior Hotaru empezó a hablarle a Hinata de lo hambrienta que estaba y no entró mucho en detalles cuando preguntaba, en parte para no preocuparla y también como forma de aceptación a lo que afrontaba. La paliza ya formaba parte del pasado, o al menos así lo quería dejar, pues sabía que vendrían peores de parte de Hiashi Hyūga y tenía que prepararse mentalmente para seguir sobreviviendo.
Era extraño volver al comedor donde estaba toda la familia reunida tras faltar a una comida. Ellos sentados sobre sus rodillas en sus respectivos espacios, emanaba una seriedad y un silencio sepulcral que ni las chicharras se animaban a cantar para al menos dejarle saber que aún estaba en la tierra y no atrapada en alguna dimensión espiritual. Hotaru odiaba comer con la familia, aunque tuviera años sentada con ellos nunca se acostumbró a esa atmósfera tan pesada y silenciosa que empeoraba ante la mirada reprobatoria de Hiashi ante el mínimo movimiento que hiciera.
Hotaru no quiso mirar a nadie, tal vez ya todos estuvieran enterados de lo que ocurrió en el dojō, por eso el motivo de esas miradas mientras buscaba su lugar. Nada del otro mundo, no le gustaba arruinarse las mañanas. En especial por un personaje del cual no deseaba ni verle las hebras del cabello, Neji. El desprecio entre ambos era mutuo, ella lo odiaba a él por ser tan arrogante, y él en cambio, a pesar de ser un chico engreídamente tranquilo se aseguraba de mostrarle a ella un desprecio especial, que se enterara de sus miradas, e incluso cuando pasaban por el mismo pasillo tenía que al menos empujarla con su hombro.
Hotaru estaba mentalizada para tener un día tranquilo, estar calmada, aunque los pronósticos de la realidad no eran prometedores. Por ello, en cuanto se sentó junto a Hinata comenzó a engullir las sobras insípidas en silencio, procurando que ni se escuchara cuando masticaba para evitar algún tipo de reprimenda.
Ni siquiera dio los buenos días.
Eso hizo que la pesada mirada de Hiashi se pusiera en ella, la cual trataba de ignorar.
—Los exámenes son hoy ¿Verdad?
La pregunta hizo que la joven se atragantara con el arroz que apenas masticó ¡Vaya a forma de traer a colación temas complicados! Y para el colmo el hombre había metido a Hinata de por medio.
Como era de esperarse, el aura severa del líder intimidó a su hija haciendo que esta fuera tímida al dar su respuesta:
—S... sí...
—Creo que no hay que abundar mucho sobre ello, saben cuáles son las exceptivas sobre ustedes.
Hotaru no quiso mirar, pero supo que ese comentario estaba especialmente dirigido a ella. Hiashi no era hombre de eufemismos, decía las cosas tal cual eran, pero no le apetecía hablar mucho. Deseaba evitar enojarse por cualquier subida del temperamento por parte de la muchacha que lo pusiera de malas tal como la noche anterior en la cena que, apenas pudo tocar sus alimentos debido a la furia aun hirviendo en su sangre.
–Sucesos han dado inestabilidades a la integridad de nuestro clan. Esta generación ha salido problemática y débil a diferencia de nuestros antecesores y este es su momento de que asuman la responsabilidad como miembros del clan Hyūga, enmienden sus errores y muestren ser dignos de la sangre que llevan. Es muy importante siempre levantar nuestro apellido, en especial cuando a algunos parece que no les importa últimamente —la vieja Hokona finalizó sorbiendo del té verde que solía tomar religiosamente todas las mañanas. Después, su mirada cortante se dirigió brevemente a la joven pelinegra que no tuvo necesidad de siquiera verla, sabía a la perfección que hablaba de ella. Era tan intensa, desde hace mucho deseaba contarle cuatro verdades bien fuertes pero hacerlo era considerado como pecado capital dentro el clan, Hokona era muy respetada, pero ya llegaría el día.
El resto del desayuno se pasó en esa tensión. A cada bocado que la joven tragaba eran como piedras que caían en su estómago.
Con sólo pensar en el examen se le hacía un nudo en el estómago, era su segundo examen de graduación y sabía el gran peso que tenía en sus hombros, Hiashi no consentiría otro fracaso. Pero aun así, las ganas de no presentarse eran más fuertes que la densa mirada del hombre sobre ella, creía que era mejor vivir en la calle... incluso estaba considerando pedirle a Naruto que le hiciera un espacio en su casa, a lo mejor no le molestaría.
El motivo por el que Hotaru reprobó el examen anterior no fue por falta de habilidades pues nunca las demostró como para que se las considerara tan malas como sus compañeros alegaban. Su historia era sencilla, básicamente no se presentó a ningún examen, se puso a vagar por los alrededores hasta el día siguiente donde Iruka-sensei se presentó su casa y allí tuvo soportar el largo sermón de Iruka-sensei mientras Hiashi la perforaba con la mirada.
Este año no iba a ser la excepción, estaba decidida a no convertirse en shinobi y estaba dispuesta a afrontar las consecuencias de lo que eso llevaría: ser expulsada del clan Hyūga. Conocía tan bien a Hiashi Hyūga que se adelantaría a su veredicto una vez se enterara que no presentó el examen nuevamente. Tampoco olvidaba lo que habló con él a noche anterior, y en ese momento sacó una conclusión, si no era una hija digna para su padre tampoco sería Hyūga.
Hotaru le pidió a Hinata que se adelantara, esta simplemente la miró preocupada a sabiendas de que su amiga estaba mostrando las señales de que algo no muy bueno pasaba por su mente. Pero se calló cualquier comentario, Hotaru era demasiado obstinada y cuando se le metía hacer algo en la cabeza era imparable.
Antes de marcharse Hotaru pasó por su habitación, empacó algunas cosas en un bolso discreto para evitar cualquier tipo de mirada extraña. Se aseguró de dejar muchas de sus pertenecías, pues sabía que si llevaba muchas cosas con ella la primera en notarlo sería Hinata y quería evitar que la buscaran.
Justo cuando pensó que su plan de discreción iba a la perfección, aconteció que ocurrió algo que amenazaba con su plan. En el pasillo para salir de las habitaciones venía un desagradable personaje en dirección contraria, Neji Hyūga. Al verlo, ni se molestó en disimular su desagrado, puso cara de asco como si estuviera oliendo heces de animal.
Trató de caminar lo más apartada posible, para que no la notara, cosa imposible pues Neji la había puesto en su rango de visión, incluso veía la comisura de su labio extendido hacia arriba en gesto de arrogancia.
Ella estaba decidida a no dejarse provocar por él, se mentalizaba para la situación que se avecinaba.
—Si te dice algo, no lo escuches... —se lo repetía una y otra vez como si se tratara de un conjuro para protegerse.
Cuando vio que el chico se detuvo justo cuando pasó por su lado repitió esas palabras con más fuerza. Pero sin importar cuanto se esforzara, el genio de la familia Hyuga siempre tendría algo que la haría detenerse.
—Por fin, ya era hora que te largaras...
Esas palabras la tomaron por sorpresa, ¿Cómo es que se dio cuenta...?
Ella se volvió hacia él con los ojos abiertos desmesuradamente mientras él la miraba con superioridad, y ahora ante su expresión, su sonrisa altanera se ensanchó mucho más.
—Eres tan predecible, Hotaru. Piensas en blanco y negro. Incluso cuando Hiashi se dé cuenta ni le sorprenderá saberlo.
Ella ahora frunció el ceño.
—Esa es la verdad, eres así. Pero a los débiles cobardes como tú siempre les es difícil aceptar su destino.
El desgraciado trataba de provocarla, Neji podría ser muy tranquilo pero cuando estaba con ella sacaba su peor parte, también lo hacía con Hinata aunque con esta era menos invasivo. Sabía que él guardaba mucho rencor en su corazón, y en especial hacia ella quien era una total fracasada y se la consideraba parte de la rama principal.
—Creo que irte es lo mejor. Después de todo harás como cuando íbamos juntos a la academia, y tu fracaso sólo nos avergonzaría más como clan.
Hotaru tensó la mandíbula para canalizar su enojo. Este Neji trataba de buscarla, y al decir eso la había encontrado. No le importaba si esas palabras vinieran de Hiashi, pero que fueran de alguien como él, inconcebible.
—Puede que mi destino sea ser una fracasada, pero siempre voy a ser mejor que tú ¿Sabes por qué, Neji? —ella vio como Neji se tensó en su lugar, él sabía a lo que se refería.
Imitó su sonrisa altanera mientras señalaba la frente donde estaba la marca de maldición de la familia Hyuga que él tenía bajo de su banda pero ella no.
Jamás había sacado a colación el tema, pues esa era una de las debilidades más grandes del genio. Una de las razones era porque Neji era fuerte, y como sabía que su fuerza no igualaba la de él trataba de mantener al margen cualquier tema que pudiera suscitar a una pelea, pero ella ya había alcanzado el punto donde no le importaba nada echar a perder las delicadas paredes de la casa.
Como esperó, la reacción posterior sacó la peor parte del muchacho, quien sin pensarlo siquiera la tomó bruscamente por el cuello y la estampó en la pared como si fuera una pegatina. Lo había hecho enojar tanto que su agarre firme temblaba, incluso había activado el Byakugan.
En ese momento sonrió llena de satisfacción, ya llevaba mucho tiempo que quería decírselo pero como no iba a volver más ya se ahorraría el protegerse de los intentos de homicidios. Ahora sólo debía salir de esa situación.
—Si vuelves a decir eso, te mato... —masculló mientras apretaba al agarre sobre su cuello.
—Ya no me volverás a ver, no tienes que molestarte.
Aunque mal parada, Hotaru había ganado esta batalla. No pudo sonreír más grande ese día cuando vio la cara de fastidio en el Hyuga, había mancillado su orgullo. Por lo que no tuvo de otra que soltarla e irse gruñendo por lo bajo.
Más tarde ese día, Hotaru se encontraba saltando por los edificios de la aldea. De seguro ya terminarían los exámenes. Esperaba que a su amigo rubicundo le hubiese ido bien, últimamente se mostraba muy entusiasmado en convertirse en ninja. Aunque no compartía sus ideales admiraba su determinación, y al parecer tenía claro a dónde quería ir. Ella en cambio, después de auto-expulsarse del clan ni siquiera sabía dónde ir,
Ella iba en dirección a la academia, esperaba ver a su amigo para que compartiera con ella su experiencia del examen. Ya lo imaginaba con la banda en la frente y una sonrisa llena de orgullo después de lo duro que había trabajado, con esa imagen en mente sonrió. A pesar de que ella odiaba a las personas que se comportaban como arrogantes, Naruto no lo era aunque se ensalzara muchas veces. Después de todo, tras toda esa torpeza y habladuría, conocía esa pasión que tenía por todo aquello relacionado a ser shinobi y alcanzar su sueño.
Desde la latitud de un edificio bastante a la academia pudo observar la muchedumbre de estudiantes graduados y padres orgullosos, pero entre todos ellos no pudo ver a Naruto.
Frunció el ceño, eso no era buena señal. Siendo como era él estaría en medio de la multitud vociferando de alegría.
Le costó encontrarlo, estaba bajo la sombra de un árbol sobre un columpio con el semblante decaído, y sin la banda ninja que tanto deseaba. Poco después vio como se le acercó Mizuki-sensei e intercambió unas palabras con él. Por alguna razón no le gustó esa sonrisa que le dio al final, daba la promesa de algo misterioso. Aunque debía admitir que lucía sexy, ella lo había visto un par de veces y creía que era atractivo, esa clase de miradas lucían bien en Mizuki-sensei, pero no dejaba de tener un mal sabor concerniente a esa última.
Cuando vio que el hombre dejó sólo a Naruto, ella decidió aparecer en escena. Al hacerlo, dibujó una gran sonrisa, pues al parecer su repentina presencia agradó al rubio.
— ¡Hotaru! ¿Qué haces aquí? ¿Por qué no estuviste en el examen?
Ella soltó una carcajada suave.
— ¿Por qué no vamos a otro lado y hablamos? No quiero que Iruka-sensei me vea por aquí... Pienso tomar esa invitación del otro día comer ramen. Yo invito.
El rubio asintió con una débil sonrisa no muy propia de él. La chica se preocupó, Naruto se encontraba decaído. Pero no había nada que un buen tazón de ramen no pudiera arreglar.
Ambos jóvenes se fueron en un pestañeo al ramen de Ichiraku en un intento de huir de esa atmósfera tan sofocante, tenían muchas cosas que contarse, en especial ella a Naruto. Lo que no sabían, es que en su intento de escapar de cierta persona ya estaban bajo la vista de Iruka Umino y el tercer Hokage quien retuvo al maestro de ir a por Hotaru en cuanto la vio aparecerse.
—Debo hablar contigo, Iruka.
Tras una ráfaga de viento, maestro y Hogake fueron a uno de los cuartos de la torre del Hokage. Allí, Hiruzen procedió a servirse un poco de té, indicando que iban a hablar largo y tendido.
El anciano invitó al joven maestro a tomar asiento en uno de los muebles mientras le extendía una taza de té la cual ni siquiera probó cuando la agarró por simple cortesía, en ese momento lo último que quería era tomar algo pero el calor que desprendía la taza entre sus manos lo ayudaba a relajarse un poco. Su cara mostraba lo agobiado que sentía, durante todo el día su mente giró en torno a sus dos estudiantes más problemáticos.
—Quiere hablarme de Naruto ¿No es cierto? —dijo el joven maestro más como una afirmación que una pregunta.
—En parte... —contestó el Hogake de forma inconclusa, despertando la curiosidad en el otro—. Sé que Naruto no es tu única preocupación.
—Sí... —le respondió el maestro al son de un suspiro agotado sobre el humo que desprendía el té—. También está Hotaru, no sé qué hacer con ella... Estoy pensando seriamente en que se le expulse de la academia.
— Es porque reprobó el examen otra vez ¿Verdad?
—No sólo eso, ella no tiene ningún interés en convertirse en shinobi, falta el respeto enormemente a lo que implica ser un ninja y avergüenza a su familia. Ella no está a la altura de estar siquiera en la academia.
Hiruzen siguió observándolo, quería escuchar cada palabra salir de su boca.
—Su nivel de insolencia es incluso mayor a la de Naruto, y eso que ambos parecen ser muy amigos. Me preocupa que su actitud influencie la determinación de Naruto en seguir su camino...
—Entiendo lo que quieres decir, la actitud de Hotaru es preocupante pero tampoco es bueno precipitarse a los hechos.
Las calmadas palabras del Hokage llamaron profundamente la atención de Iruka.
— ¿La conoce bien, Lord Hokage?
—Sí... —respondió el hombre pensativo, al parecer dentro de sí parecía estar reviviendo un recuerdo importante con relación a la muchacha, desafortunadamente Iruka no tendría la oportunidad de saber qué era lo que pensaba sobre su problemática estudiante que tal vez lo ayudaría a entenderla mejor—. Escucha bien Iruka, sé que tienes razones para preocuparte sobre Hotaru, pero no tienes por qué hacerlo. Esa niña tiene una triste historia que tal vez nunca llegues a conocer porque me he encargado de que nadie la sepa por respeto a los deseos de su padre, una historia que ni ella misma conoce por su propio bien. Te puedo asegurar que el corazón de Hotaru no es malo, simplemente está perdida en el camino que debe seguir, ella no sabe aún cuál es su camino así que no la apartes así sin saber lo que debe hacer.
Aquellas palabras punzaron el pecho del maestro. Una luz se encendió en su cabeza que a la vez tocó las fibras de su corazón, al instante un sentimiento de culpa lo invadió haciendo que su semblante decayera y así mismo su ánimo, recriminándose por haber dicho tales palabras sobre ella... Y el fallo tan grande que había cometido como profesor.
—Qué tonto soy... Se supone que soy su maestro pero me he olvidado de lo más importante, no sólo enseño, debo guiar a mis estudiantes para que encuentren su camino ninja. Bajé tanto la guardia... Me concentré tanto en enseñarles a que aprendieran cada lección que olvidé asegurarme de que cada uno tuviera un camino qué seguir.
Hiruzen sonrió complacido al ver que el joven maestro había aprendido una gran lección.
—Por eso confío en ti para que hagas que Hotaru empiece a tener el enfoque correcto de lo que es ser un shinobi de verdad. Eres un gran maestro, sé a partir de ahora harás todo lo posible para ayudarla.
Iruka en respuesta soltó una risa algo apenado.
—Me halaga demasiado, Lord Hokage. No lo merezco.
—Acéptalo, muchacho.
—Entonces, en cuanto a la historia de Hotaru ¿A qué se refiere con eso?
El Hokage se tomó su tiempo para responder, el asunto era muy delicado y por respeto al padre de la joven, el cual era un shinobi excepcional, ese secreto quedó entre ellos. Sin embargo, Hiruzen Sarutobi tan sólo tenía unas pinceladas sobre la situación.
Volviendo a esos días atrás, cuando el Hyuga después de casi un año sin dar señales de su misión regresó con un bebé en brazos, neurótico, contándole la historia sin muchos detalles. Le pidió de favor que no se incluyera en los registros de Hotaru ni el lugar de nacimiento, y en caso de que le pasara algo a él, que se asegurara de que ella nunca dejase la aldea. Sin importar cuanto le insistiera hablar del asunto con más detalle le dijo que él solo debía cargar con su pecado. Él lo hizo así en caso de que ella quisiera saber más sobre sus orígenes, no tendría ni la más mínima pista.
Pero Sarutobi no estaba de acuerdo con él, pues tarde o temprano las cosas salían a la luz, y con ese espíritu intrépido que aún dormía en su interior, algún día sería una fuerza imparable cuando se propusiera a buscar respuestas.
—Una cosa sólo puedo decirte, nadie sabrá con exactitud la historia de Hotaru. Cuando llegue el momento sólo ella lo sabrá, y en sus manos quedará si hacer que otros la sepan en el futuro.
Iruka asintió, más resignado que complacido por la respuesta que le dieron. Pero gracias a esa reunión con el Hokage sabría mejor como abordar la situación con ella sin llegar a los extremos de expulsarla.
Hiruzen se encontraba mirando hacia la nada, tenía una expresión relajada, parecía pensar en algo que lo hacía sentir con cierta satisfacción debido a la sonrisa apenas perceptible.
—Naruto y Hotaru... Interesante combinación. Esos dos son dos caras de la misma moneda, su amistad con Naruto le hará mucho bien a la pequeña Hyūga.
Iruka sonrió, más para si mismo burlándose por intentar terminar aquella amistad. Se comportó no muy diferente a aquellas personas que también menospreciaban al rubio, esta vez con Hotaru.
—De lo otro que quería hablarte era sobre Naruto...
En ese momento, Hotaru disfrutaba de un sabroso tazón del ramen del ramen de Ichiraku. Era lo mejor que le había sucedido en el día, ya llevaba su segundo tazón mientras escuchaba la historia del fracaso legendario del gran Naruto Uzumaki en el examen, su clon no sirvió ni para moverse.
Hotaru sabía que Naruto era un mal estudiante, pero la pasión que le ponía a las cosas y la luz que irradiaba en sus orbes azules no hacía más que en parte darle pena por lo sucedido, pero sabía que se recuperaría, él era fuerte. A pesar de eso, Naruto aún lucía triste ¿Qué palabras motivadoras podría decirle alguien como ella que no deseaba ser ninja?
Se lamió los labios grasientos después de haberse bebido el caldo del ramen y miró a su amigo. Ya había terminado de hablar y ahora la miraba apenado con aquellos ojos azules tan puros como el agua cristalina de un río.
Su pecho se encogió, no podía simplemente quedarse callada.
—Bueno, sabes que siempre serás bienvenido al club —dijo ella con una risa nerviosa, se recriminaba mentalmente pues ese no fue el mejor comentario que pudo haberle dicho ¿Por qué no un '¡Sé que lo lograrás en próximo año!' o algo por el estilo? Sí, Hotaru Hyuga por ese lado era la peor amiga que alguien pudiera tener.
Naruto sonrió con un halo de tristeza que la conmovió, no le gustaba verlo así.
—Es que deseaba mucho graduarme este año, de veras...
—Lamento mucho no entenderte —le expresó frustrada, apretando los bordes del tazón.
Después, ocurrió un pequeño silencio entre ambos. Pero no pasó mucho tiempo antes de que Naruto volviera a abrir la boca para seguir con la conversación.
—Hay algo que no entiendo... Hotaru, vienes de una familia talentosa ¿Por qué no quieres ser ninja? Ni siquiera te he visto usando taijutsu.
Hotaru soltó un gran suspiro, no le gustaba hablar del tema.
—Es que... no sé —resopló—. Simplemente me siento que no es mi lugar, no tengo ninguna a motivación o un sueño que seguir...
—Pues en ese caso ¡Quizás necesites encontrar tu propio camino ninja! —Exclamó el muchacho esta vez exaltado, se paró de su asiento extendiendo ambas manos al aire—. Tal vez necesites vivir una experiencia emocionante ¡De veras! ¡Lanzarte de un precipicio o algo por el estilo!
Ante la respuesta, ella rió con ganas.
—Ah... Naruto, ¿Te han dicho lo gracioso que eres?
La carcajada de Hotaru era suave, y dulce. La reacción tan linda de la joven hizo que Naruto se sonrojara un poco y rascó su nuca acompañando a la chica en su risa.
—Ah, ya sabes... tengo un gran sentido del humor ¡De veras!
Entonces, ambos jóvenes comenzaron a reír otra vez. Algunos que pasaban los veían extrañados pensando que no había nada de qué reírse, en especial si se estaba con el niño del zorro de las nueve colas. Pero ignorante a la situación y toda una experta en ignorar a los demás Hotaru disfrutó de unas carcajadas que nunca pensó que no pasarían ese día.
—Oye Naruto, tengo que pedirte un favor... —Hotaru se revolvió incómoda en su asiento, estaba un avergonzada por lo que estaba a punto de pedirle—. ¿Podría quedarme unos días en tu casa?
¿¡EH!?
Y como esperó, aquella exaltación se escuchó en todo el vecindario. Esa reacción en Naruto no le sorprendía para nada, aunque fueran amigos no eran tan cercanos como para considerarse los mejores amigos y hacerse favores personales. Pero en vista la situación, la única persona con la que podía contar era Naruto Uzumaki.
—B...Bueno Hotaru... No es por ofender, pero ¿P... por qué? —el rubio le hablaba atropelladamente mientras se rascaba la nuca, parecía estar muy nervioso.
Ella suspiró.
—Es una historia complicada...
La respuesta cargada con un deje consternado hizo calmar un poco al muchacho, a juzgar por su cara debía ser muy importante para pedirle ese favor. Naruto pocas cosas sabía sobre la vida de ella, pero sí era consciente que llevaba una vida complicada.
Viviendo en un mundo donde a gente lo despreciaba su única amistad con Hotaru era una de las cosas que lo había salvado de sentirse demasiado solo.
—Está bien, te ayudaré.
A continuación, la chica mostró una gran sonrisa. Una linda y alegre sonrisa que nunca antes había visto en la calmada Hotaru, ver tal cosa en la muchacha de las sonrisas tranquilas era como ganarse la lotería.
Poco después se fueron hacia el apartamento de Naruto. Durante el trayecto no hablaron mucho, al parecer el nerviosismo que tuvo anteriormente volvió a aparecer, esta vez parecía más pensativo cosa inusual en el extrovertido Uzumaki.
Por más que la chica se esforzara por entrar en su cabeza, no daba con el motivo por el cual de repente estaba así. Pero la respuesta era más simple de lo que ella imaginaba, él jamás había llevado a una chica a su casa, y aunque fuera despistado tenía una noción de lo que era dar una buena impresión a los demás.
Hotaru desvió la atención del chico por un momento y atisbó los alrededores, no recordaba haber pisado esa parte de la aldea. Era una porción muy poblada, donde quiera que veía no había otra cosa más que casas, y a lo lejos se podían apreciar los rostros Hokage. A ella le gustaba mucho ese monumento de la aldea, sentía que al mirarlos su energía se renovaba y que podría hacer cualquier cosa. Lástima que desde el distrito del Clan Hyuga apenas eran visibles, todo estaba rodeado de imponentes árboles frondosos donde la visión de la poblada aldea era lejana, aunque esta tampoco le desagradaba.
Eran buenos los cambios de ambiente, por fin en su interior Hotaru sentía que en realidad estaba en la aldea oculta entre las hojas y no abandonada en un tétrico bosque donde vivía en tensión familiar a todo momento. Pero inmediatamente pensó en Hinata, le pesó imaginar lo preocupada que estaría una vez que se diera cuenta que no volvería esa noche ni en las siguientes al clan.
Sacudió su cabeza para quitar los pensamientos recriminatorios que la acusaban de tomar decisión tan egoísta. A pesar de todo, ella sabía qué era lo mejor para ambas y el clan.
—Ya llegamos —anunció él tomando el pomo de la puerta mientras la miraba. En cambio, ella apenas despertaba de su ensoñación, todo este tiempo mientras pensaba estuvo en piloto automático, lo siguió sin siquiera darse cuenta.
Naruto se rascó la mejilla rayada con su dedo a lo que giraba el pomo con cierta duda.
— ¡Bienvenida a la casa más genial del mundo! ¡De veras! —seguido de ello saco una risa frenética que salió para ocultar los nervios.
Cuando Hotaru entró esquivando la espalda de Naruto, se encontró con un desastre. Típico de Naruto, no podía esperar más. Lejos de molestarle todo esto resultaba un hallazgo pues nunca había estado en la habitación de un chico, y más una como esta.
Pensando en los dormitorios de la familia Hyuga, las cuales eran tradicionales e insípidas hasta morir, el de Naruto era muy alegre, con una cama poco tradicional, paredes pintadas de amarillo y posters con ninjas y ramen. Simplemente acogedor y divertido, exceptuando por el desastre que había en la mesa de comedor donde la adornaban envases desechables de ramen que parecían estar ahí desde hace días y ya comenzaban a emanar un extraño hedor.
Ella no fue la única que lo notó, pues Naruto con sigilo, como si Hotaru no lo estuviera viendo, echaba los envases en la cesta de la basura la cual estaba en peor estado, de la misma ya se asomaba comida olorosa y sobre esta se paseaban las repugnantes moscas.
Ella simplemente sonrió ante los esfuerzos de Naruto de burlar al ojo que todo lo ve.
—Veo que necesitas un poco de ayuda con la limpieza ¿No? —dijo la Hyuga lanzando su pequeña mochila al sillón y ató su sedoso cabello negro en una cola de caballo.
Naruto puso cara de no saber que decir y a cambio se puso a reír sin mucha emoción. Él no le gustaba limpiar, sólo lo hacía cuando era estrictamente necesario, en otras palabras cuando se quedaba sin ropa limpia para salir y entonces se veía obligado a lavar unos cuantos pantalones.
Ahora que Hotaru estaba con él la labor de limpiar su habitación fue grande, y sorprendentemente divertida. La chica en ningún momento se quejó de los olorosos pantalones desperdigados en el baño, de la comida caducada que todavía guardaba en el refrigerador, o cuando limpió debajo de su cama y de esta sacó sucios de tal vez toda su vida. Incluso cuando estuvieron lavando su ropa comenzaron una pelea absurda con agua que Naruto ganó tras una ola incontrolable de emoción y le lanzó el cubo con agua donde se limpiaron sus pantalones sucios de hace meses, esperando una paliza de parte de la joven esta sólo rió y le dio un amistoso golpe en el hombro.
Terminaron de los toques finales a la habitación casi al atardecer pero disfrutaron tanto que apenas sintieron el tiempo pasar, pero sus cuerpos estaban cansados, y con un suspiro lleno de alivio chocaron sus puños victoriosos y fue cada uno por su lado a descansar.
Naruto se lanzó a la cama, y Hotaru se fue al baño a darse una ducha para quitarse cualquier residuo de agua olorosa que su amigo le lanzó.
Sin lugar a dudas esa fue la mejor tarde de su vida, con el rubio a su lado cualquier labor tediosa o trivial podría ser la más divertida de todas. Haciendo memoria, los pocos momentos que disfrutó tanto, todos ellos fueron en compañía de Naruto. Estaba feliz, por tanto tiempo no había pensado en su familia, ni la penetrante mirada de Hiashi o el insufrible de Neji.
Después de salir del baño tan fresca como una lechuga se ofreció a comprar la cena, por preferencia del rubio la cena de esa noche sería ramen, igual que el almuerzo. Hotaru no era tan amante al ramen o hacia alguna comida en particular, a excepción de tener una pequeña manía con los dulces, con los Dangos siendo específicos cuando estaba en los días rojos.
Decía que siempre y cuando estuviera en un lugar tranquilo no le importaba comer lo mismo las tres veces al día.
Lo que ninguno de los dos nunca se imaginó es que tras esa experiencia su amistad iba a ser más estrecha. Una vez que el ramen instantáneo estuvo listo, se sentaron en el sofá mientras mantenían una amena conversación. Pero una vez que terminaron de comer y entraba más la noche la conversación se tornó más profunda.
— ¿Qué hay de tus padres, Naruto?
—No los conocí, tengo entendido que murieron cuando era muy pequeño... No los recuerdo muy bien.
— ¿Pero sabes qué pasó con ellos?
Antes de responder, Naruto se rascó el mentó pensativo.
—Bueno, no estoy seguro. Como no tengo familia alguna nunca supe qué pasó con ellos.
— ¿Al menos sabes cómo lucen?
Naruto negó con la cabeza.
Ese detalle la contristó un poco, era triste estar así de solo en el mundo, sin saber quiénes fueron sus progenitores o sin tener conocimiento de algún familiar cercano y encima recibir el rechazo de otros sin razón aparente. Hotaru creía entender el dolor de su amigo, pero no se consideraba tan desdichada como él, al menos sabía que pertenecía a las malas a la familia Hyuga, Hinata era como casi una hermana, tuvo un padre maravilloso que murió como un héroe pero... Ahí estaba, ese dolor y soledad.
— ¿Qué hay de ti, Hotaru? —Preguntó él con ojos irradiando curiosidad—. ¿Qué hay de tu familia?
Con sólo pensar en contestar la pregunta se le hizo un nudo en la garganta. No le gustaba hablar de su familia, por lo general evitaba esos temas con él pero ahora, entre la penumbra donde él se molestó en contarle sobre su vida consideró injusto permanecer callada.
—Al menos conocí a mi padre, él murió hace dos años.
El rostro de Naruto se descompuso, ahora la miraba reflejando el mismo dolor que ella mostraba en su rostro evitando encontrarse con sus ojos. Sus manos temblaban, luchaba por mantener sus lágrimas dentro mientras recordaba los lindos momentos que pasó con él.
— ¿Y tu madre?
—Pues qué te digo... nunca la conocí. De hecho, mi padre nunca habló de ella y tampoco me dio curiosidad saberlo. Mi vida en el clan por un lado y mi papá del otro, no tuve tiempo en pensar en ella.
Hotaru no había reparado en ese detalle antes. Desde pequeña siempre había visto a su padre, él siempre fue quien la abrazó en las noches de frío, incluso recordaba su voz al cantarle en las noches cuando solían dormir en el bosque, fue él mismo que le contó historias increíbles sobre shinobis y dragones. Sin darse cuenta de alguna forma su padre llenó aquel espacio, fue todo, tanto madre como padre, de manera que no necesitó una figura femenina para decir que tenía una madre.
Aunque le pareció raro que en ninguno de esos escenarios su padre le hablase sobre su madre, o hiciera un comentario sobre a ella, aunque sea uno pequeño. Tenía entendido que cuando las parejas tenían hijos era porque se amaban, o al menos quedaba algo de esa persona en ellos, pero en ese tiempo ni le mencionó si estaba viva o muerta. Nada. Ni un nombre.
Qué raro...
Su mente se desbordó en suposiciones sobre los motivos por el que su progenitor no le hablaría sobre su mamá. Comenzó a atar cabos, analizó el trato de la familia Hyuga, buscó cualquier cosa entre sus memorias que pudiera ser una posible explicación. Si ella no era deseada en el clan, no era a causa de su padre pues tenía la reputación de hombre respetable, sino por su madre, y quizás ese fuera el motivo por el que nunca le hablara de ella. Pero ¿Por qué? ¿Acaso no la amaba?
—Hotaru ¿Estás bien? —la voz del rubio la sacó de su abstracción, sus pensamientos la estaban alterando demasiado. Se dio cuenta que inconscientemente se estaba haciendo daño, sus uñas estaban a punto de penetrar la carne de su brazo de tan fuerte que era su frustración al no tener nada que le diera las respuestas que quería.
Respiró profundamente para guardar calma y miró hacia su amigo de ojos azules. De repente se preguntó de quién Naruto heredaría ojos tan bonitos.
— ¿A quién te pareces? —preguntó sin pensar.
El rubio puso un gesto de confusión.
— ¿De qué hablas?
—Ah, perdona. Me refería a quién te pareces de tus padres pero recordé que no sabes como lucen... que tonta.
— ¡Uh, no! ¡Para nada! A veces he pensado en lo mismo. Puede que no conozca a mis padres, pero siempre me ha gustado pensar que me parezco a mi mamá. Sino ¿De dónde crees que viene este rostro tan atractivo?
Tras eso último ambos estallaron en carcajadas durante un rato.
— ¿Y tú Hotaru? ¿A quién te pareces?
—Pues, soy muy parecida a mi papá...
Naruto parpadeó sorprendido, eso no se lo esperaba.
Debía admitir que después de Sakura una de las chicas más lindas de la academia era Hotaru, tenía una piel tersa y facciones tan agraciadas que estaría muy lejos de pensar que eso lo heredaría de un hombre. A decir verdad, Naruto tenía su propia imagen sobre lo que era un hombre... Pero claro, los hombres en el clan Hyuga eran una gran excepción, ellos se llevaban el premio del pelo más sedoso y la piel más bonita.
Hotaru sonrió ante la mirada perpleja de Naruto.
En cierto punto de su conversación, Hotaru vio conveniente cambiar el tema.
—Me quedé pensando en lo que estuvimos hablando esta tarde, sobre lo del camino ninja... ¿Cuál es el tuyo? ¿No se supone que es lo mismo? Ser ninja implica seguir un camino lleno de sangre y sufrimiento, es lo mismo para todos. Pero cuando te veo a ti hablar con tanta pasión ¿Por qué crees que en tu caso será diferente?
—Bueno, yo pienso que aunque tengamos que pasar por el mismo camino, cada persona tiene un sueño diferente que cumplir. Por ejemplo ¡Yo quiero convertirme en Hokage! ¡Para que todo el mundo algún día me deje de mirar mal! ¿Ves? Es diferente a lo que todos en la academia quieren.
—Es cierto —respondió la muchacha con una carcajada—. Es un gran camino ninja, de seguro serás un Hokage genial.
Esa noche duraron hasta tarde hablando sobre ello. Algo que sorprendió a nuestra protagonista es que ese día habló sobre el mundo ninja junto a Naruto, y por primera vez no se sentía abrumada al hacerlo.
Sin darse cuenta el sueño la venció y no supo nada más, ahora estaba disfrutando plácidamente de un sueño reparador. Pero entonces, le vino al pecho un mal presentimiento, esa sensación la levantó esa noche de súbito.
De su cuerpo emanaba sudor frío, cosa extraña porque no había tenido pesadillas. Incluso atisbó bien a su alrededor para asegurarse de que estaba en casa de Naruto y no fue parte de un sueño cruel que le jugaba su mente. Efectivamente estaba ahí, ella estaba durmiendo sobre el sofá donde ellos estuvieron hablando.
Se levantó y caminó en medio de la habitación, esperó a que sus ojos se ajustaran a la oscuridad. Por un momento no vio nada sospechoso hasta que observó la cama de Naruto vacía y tuvo un terrible presentimiento, en otra circunstancia simplemente hubiera asumido que estaba en el cuarto de baño, le gustaría pensar eso pero no, iba mal desde el momento que vio la cama del muchacho tan arreglada como la dejaron esa tarde mientras limpiaban.
¿A dónde fue a altas horas de la noche? Era casi media noche y toda la aldea estaba durmiendo.
Aun con el pijama puesto, que consistía en una camiseta y un short se dispuso a buscar sus zapatos e ir a donde sea que estuviera Naruto.
Estaba tan centrada en encontrar una respuesta dentro de ella que, tras escuchar un sonido proveniente de la ventana se sobresaltó e instintivamente dio un salto hacia atrás. Cuando vio la figura que se encontraba frente a la ventana del cuarto sus ojos se abrieron de par en par. No esperaba toparse con alguien de esa forma, y mucho menos con esa persona.
