UNO: La liberación
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El primer encuentro fue luego de la guerra.
Encerrado en una celda, privado de mis sentidos, pasé los días en espera de una sentencia. Las visitas eran pocas, pues no todos estaban felices de tener al maldito renegado que inició gran parte de todo lo ocurrido. Tenía la aldea en contra, a los Kages, a los ancianos, e incluso a los que alguna vez fueron mis compañeros de clase. ¿Me importaba? Para nada. Era lo que merecía por haberme comportado como un estúpido por tantos años. Mi pasado estaba tallado en piedra, aunque se quisiera ocultar, la marca siempre estaría visible para todo el que la viera.
Solo tres personas venían a verme.
La primera, Naruto, con sus efusivas palabras en busca de alguna respuesta de mi parte, como esperando que me alegrara de su promesa cumplida de hacerme regresar. No podía contestarle, mi boca vendada solo era liberada en dos ocasiones para alimentarme. Aun así, él continuaba con su diatriba para informarme de cómo iban las negociaciones para mi supuesta liberación, cómo la gente esperaba que salieran bien las cosas a mi favor, y demás ilusiones que solo él se imaginaba como reales. Parecía ser un niño que solo escuchaba lo que quería.
La segunda, por supuesto, Sakura. No había necesidad de ver para saber que se sentaba frente a mi y acomodaba sus cabellos mientras decía pocas palabras con una voz que pretendía sonar dulce, pero para mi era irritante. Había accedido a regresar, a pelear con ellos, e incluso le pedí perdón en ese momento en que herido y con mi brazo destruido ella intentaba sanarme. Pero eso no significaba que tenía en vistas a futuro de darle lo que tanto ansiaba. No la quería de esa manera, y jamás lo haría. No estaba en mis planes sentir algo por nadie, ni siquiera el sentir.
Y la tercera, Kakashi. Él era el que menos hablaba, solo llegaba a comunicarme las decisiones tomadas hasta el momento y, tras un suspiro cansado, se retiraba a seguir con sus obligaciones.
Y en esa rutina se había convertido mi vida en la celda. Cada dos días, si no eran todos, recibía la visitas de las únicas tres personas a las que les agradaba.
El tiempo pasó, perdí la cuenta a las tres semanas de estar allí, debido a que ya no me importaba seguir consciente de mi alrededor. Pero, entonces, un día algo distinto ocurrió en esa monótona prisión.
Una cuarta persona apareció.
No sentí su chakra hasta escuchar pasos indecisos a pocos metros. Parecía muy pronto para que trajeran el almuerzo, y mucho más para la visita temprana de Naruto. Se detuvo frente a la puerta y solo recibí un leve aroma a flores. Los segundos pasaban y no emitía palabra, hasta que la escuché:
-U-uchiha-san, m-mi nombre es Hinata... Hyuuga Hinata. He venido a escoltarlo a la Torre. Ya... ya tienen listo su veredicto.
No reconocí esa voz, tampoco el nombre, pese a saber sobre su clan.
Pero maldita sea que olía bien.
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Continuará.
Nota:
Buenas, ¿cómo va?
Sé que les dije que actualizaría esta historia cada dos semanas, aproximadamente, pero ocurrió que me quedé pensando por días si no era hacer trampa solo mandar el prólogo y que se las arreglaran con lo poco que pudieron leer, jajajaa.
Pensé que no terminarían de entender cómo iba la cosa con esto, así que decidí obviar mi regla autoimpuesta, y darles el primer capítulo una semana antes, así saben más o menos cómo es esto.
Aquí lo tuvieron, y espero que les haya gustado. Recordarán que dije que serían capítulos cortos, y en primera persona (lloro de pensar en escribir así porque no me sale. Estuve escribiendo parte del capítulo 9 y cuando terminé me di cuenta que un 90% lo había hecho en tercera persona. No me acostumbroooo).
Bueno, hasta aquí llego yo. Nos vemos en la próxima actualización, esta vez sí en dos semanas porque estoy con muchos exámenes, o estaré, porque empiezo este lunes (si quieren rezar por mi, o mandarme buenas vibras, son recibidas, je). Si quieren preguntarme algo, o contarme x cosa, adelante.
Ok, me retiro.
Besitos.
KonohaaGirl.
