El amor a primera vista

Al ver marcharse a aquel hombre mi corazón se sentía como si hubiese dejado de respirar, mi mirada solo se dirigía a aquel hombre y por un instinto que me superaba comencé a correr hasta alcanzarle bastante lejos del jardín mi respiración se entrecortaba por el cansancio que había sido alcanzarle.

—¡Espere! —grite mientras me recuperaba de ese largo trecho recorrido, su mirada calma se fijó en mí y dude en entregarle aquello o tan solo pedirle disculpas… —Quiero… ¡Quiero que tenga esto! —le entregué el abanico que por tanto tiempo me había pertenecido.

—No puedo aceptarlo, pertenece al emperador. —me entristecí y aun así puse el abanico en sus manos.

—Esto es ahora tuyo. —contesté con valentía vi como una sonrisa discreta se posaba en sus labios y por tanto también en los míos, asintió para luego marcharse me quedé viendo su partida hasta que decidí marcharme hasta el jardín nuevamente donde quedaba mucho menos gente que por la mañana.

Estaba sentada delante de una hermosa fuente de agua cuando escuché a una joven gritar, la muchacha lloraba y rogaba a la emperatriz que no la echasen que necesitaba estar aquí me dolió el corazón pues ella al igual que yo necesitaba esto. ¿Qué habrá hecho? Muchas preguntas se creaban en mi cabeza e incluso la de la razón de darle mi abanico al general Shintaro ¿era acaso amor? O tan solo agradecimiento por traerme hasta aquí a salvo… ¿amor? Cuando él solo me trajo como ganado, si fuese amor ya se encuentra sentenciado desde mi entrada a este lugar ¡incluso aunque fuese una sirvienta jamás podríamos estar juntos!

—¡Kusanagi Takenoko! —un hombre de cabellos azules me llamo, un hombre bastante alto de piel morena que vestía con ropas parecidas al del general Shintaro. —sígueme. —comenzó a caminar a un paso rápido y elegante.

Tras acercarnos hasta una parte alejada del jardín donde había un lugar cubierto por telas de varios colores casi transparentes mi corazón comenzó a latir a mil por hora el imponente hombre de piel morena y cabello azul marino se detuvo e hice lo mismo, él parecía esperar instrucciones de la figura que estaba dentro.

—Hazla pasar Daiki, ya es bastante tarde — una voz dulce y apacible lleno el silencio del jardín y él abrió las cortinas indicándome que hiciese una reverencia ante la ¿emperatriz?

—Takenoko de la casa Kusanagi la saluda Luna del imperio. —Bajo la cabeza en señal de respeto y luego al levantarla se encontró con una mujer hermosa de piel de porcelana tan blanca como la leche con mejillas sonrosada, ojos como el cerezo en flor de primavera al igual que su cabello tan largo que llegaba hasta debajo de su cintura no había visto a mujer más hermosas nunca, la emperatriz se acercó hasta la muchacha quien se había paralizado por el aire que imponía.

—El Cabello seco cual paja —menciono tras tomar un mechón de su cabello del color del atardecer, tomó el rostro de Takenoko y la chica sintió las suaves manos de la emperatriz Satsuki. —Tu piel esta maltratada por el sol —Siguió hablando consigo misma para luego seguir con las manos de la joven ¿acaso al emperador le gustaban las granjeras? Se pregunto mientras mencionaba: Sus manos están maltratadas, es como si hubiera sido una criada— le reprocho mientras se volvía a sentar en su asiento la niña se había quedo allí quieta sin saber que hacer… ¿decepcionada? Quizá… —Daiki llévala a la casa de la hierba —Fueron sus últimas palabras hasta ser casi arrastrada por el mismo hombre que le había llevado hasta su alteza.

Habían caminado en silencio hasta más allá del jardín cuando la joven de cabello naranja pregunto al hombre que la escoltaba con interés:

—¿Qué es eso de la casa de la hierba?

Sin miedo aquel hombre respondió:

—A las concubinas se les divide en casas, hay casas donde solo las favoritas del emperador pueden estar es esa zona de allá —se detuvieron un momento en lo que él apuntaba a la lejanía a un lugar donde se veían hermosas flores— las otras son casas para chicas no tan afortunadas como la casa de la grulla, la casa del tigre, la de la mantis también está la casa de la serpiente y por último tú casa, la casa de la hierba…

— Ya lo entiendo. — Respondió con una calma muy diferentes a la de las demás chicas seleccionadas para vivir allí pensó el moreno… —Solo viviré allí hasta que muera ¿no es así?

—No hasta que mueras… algún día puedes ser elegida por algún general o tan solo quedarte ahí… Todo puede cambiar según pase el tiempo. —sentencio el moreno mientras la escoltaba hasta su nuevo hogar era un palacete simple donde tendría su propio aposento…

¿Algún general me elegiría para ser su esposa? ¿El general Shintaro lo haría? Una pequeña sonrisa se posó en sus labios ¡entonces el emperador no podría verme jamás! Eso le dio motivación para aceptar estar en la casa de la hierba.

Los días eran parecidos a estar en casa las más jóvenes ayudaban a la señora mayor era una antigua concubina del abuelo del actual emperador que fue abandonada en esta casa había que limpiar, ayudar y cocinar todo lo que la joven de cabello anaranjado conocía a la perfección; todos los días junto a las demás iban a ayudar a las aguas termales como tarea asignada por la emperatriz a la señora mayor según muchas una manera de deshacerse de todas las moradoras de la casa de la hierba.

—Dicen que hay un jardín dentro de la casa del dragón con árboles del color de tu cabello… —habló una de sus compañeras mientras se dirigían hasta la casa de baño.

—Así es, son arboles magníficos están cerca de los aposentos del emperador —la voz calma de la señora mayor mientras le sonreía a la más joven de sus florecillas como solía decirles. —No es bueno que hablen de la emperatriz muchachas eso jamás trae cosas buenas.

Las chicas que venían atrás hablando sobre la mujer más hermosa de palacio, se adelantaron hasta llegar con las demás.

—Hemos estado años aquí muchas se van con generales, solo decíamos que la emperatriz quiere que nos larguemos de aquí… —habló una en voz baja. —aun así, nos preguntábamos porque Kusanagi-san está aquí, es mucho más linda que cualquiera de nosotras…

La señora mayor le dio un pequeño golpe a las piernas de la chica que estaba hablando sin medir sus palabras, todas se quedaron en silencio hasta llegar a la casa de baño donde todas se pusieron a trabajar para esperar a las personas que habitualmente solían asistir como las damas de la casa del dragón y la emperatriz junto a su sequito.

Por la misma mañana en casa de una vieja bruja donde se encontraba consultando su fortuna el mejor líder y estratega en los campos de batalla Midorima Shintaro, la anciana hacía extraños movimientos de manos algo exagerados y se movía al compás de los espíritus que le poseían para desvelar los misterios del futuro.

—Habrá un día en que el atardecer de otoño y el cielo despejado de invierno se junten en un infortunado encuentro, deberás tomar la decisión de seguir con lo que conoces o luchar por —hubo un silencio bastante largo hasta que la mujer siguió con lo que le decía. —aquella chica. —Esto último se lo dijo tomando su muñeca con una fuerza descomunal para su ya vieja complexión, los ojos del hombre se abrieron de par en par al escuchar las siguientes palabras de la vieja:

— ¡Si eliges a esta joven tu fuerza dominara el imperio!

La mujer le soltó lo que indicaba que era hora de dejar su paga en la mesa como cada vez que iba a pedir guía; Camino con calma y aun así el corazón de Shintaro latía con fuerza ¿Qué significaba aquello? ¿Su fuerza dominaría el imperio? ¿Cómo sería eso posible? Esta vez la anciana se había equivocado totalmente jamás un simple hombre como él podría lograr eso menos por una mujer, pensó en su fallecida esposa hacía años que no había estado con otra mujer.

Midorima se dirigió hasta el hospedaje donde se encontraba esperándole su gran compañero Takao un subordinado el mejor de sus filas, y a veces un buen amigo que tenía el general.

— ¿Qué te ha dicho? —preguntó como de costumbre, mientras bebía un poco de sake para pasar el tiempo.

—Esta vez no me ha dicho nada pertinente. —Respondió tomando la copa de sake que le ofrecía el pelinegro, dio un suspiro molesto por las palabras de la vieja.

—No te preocupes ya volverá a decirte que te convertirás en el guerrero número uno de japón —La voz burlona de su compañero calmó un poco el ambiente, solo una mala predicción. —Hoy un ladrón entro a tu cuarto, ten esto alcanzó a robar —Le tendió el abanico de la hija del antiguo general Kusanagi, una sonrisa a pesar de lo dicho por el chico recordó sus palabras al dárselo. —¿Esa chica te gusta? —le pregunto serio como nunca solía estar.

—Pertenece al emperador, el mismo mando a por ella ¿crees que me dejara acercarme? —le miro enojado mientras daba otro sorbo a su vaso.

Ninguno de los dos hablo hasta que el sake se acabó, indicando la hora de ir a dormir se levantó casi tambaleándose hasta su recamara guardo el abanico bajo su almohada cerrando los ojos por un momento; al caer la noche escucho ruido afuera de su puerta y con mala cara se dirigió a abrir la puerta y se encontró con su compañero de viajes Takao lanzó un suspiro antes de invitarle a pasar, pero este se negó.

—Vamos a divertirnos un poco —Kazunari tenía una sonrisa de oreja a oreja —Aomine me dijo que la casa de la hierba son las encargadas de los baños termales, quizá así te desestreses un poco. —El pelinegro sonrió y esa sonrisa no le convencía, aun así, lanzó un suspiro y comenzó a seguir al pelinegro.