Disclaimer:Los personajes y ambientes de Naruto no me pertenecen, son propiedad del gran Masashi Kishimoto. La trama de la historia sí me pertenece.
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II
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Estaba ahí tirado, en el duro y frío suelo de aquél pasillo, recostado contra la pared. Su cuerpo tenso, agarrotado como nunca antes; era razonable, esa situación no se comparaba a ninguna otra que haya vivido.
Respiraba con agilidad, el rápido movimiento de su pecho le daba ansiedad, una ansiedad de los mil demonios. Sudaba, era la novena vez que secaba sus manos con la ropa, esa maldita ropa que le asfixiaba. Tenía un pequeño corte en su labio inferior –producto de morderlo constantemente– por el cual supuraban unas mínimas gotitas del líquido vital de vez en cuando, ardía pero no era preocupante.
El amanecer estaba dando indicios de aparecer en cualquier momento, ese prometía ser un día agradable, estaba seguro de ello. Sus ojos comenzaban a ver borroso producto del cansancio, picaban. No importaba, se conformaba con mantenerlos cerrados unos minutos de tanto en tanto mientras estaba en esa espera. Su mejor amigo se encontraba casi en las mismas condiciones que él, a su lado.
A pesar de su estado deplorable de nerviosismo, se encontraba realmente feliz. Este amanecer traía consigo una nueva etapa. Una etapa en la cual se había esforzado por pertenecer. Estaba realmente agradecido de ser parte de ésta. Aunque en ese momento solo se lamentaba de dos cosas: que Hyuuga Hiashi, sus hijas Hinata y Hanabi, Tenten, Rock Lee, Maito Gai, Yamanaka Ino, Sai y Kakashi, le vieran en ese estado tan vulnerable. Lo que más le pesaba.
Bueno… En realidad… No era lo que más angustiado lo tenía en ese momento. Sino el hecho de que no le habían dejado entrar en la sala para darle su apoyo. Para acompañarla a ella.
A Sakura.
A día de hoy, nadie sabía exactamente cómo había sucedido aquello. Había sido repentino pero a la vez pausado y constante.
Se había vuelto cotidiano ver a la alumna de la anterior Hokage caminar entre los mercadillos y tiendas, seguida unos cuantos metros por detrás por el último Uchiha.
Si ella cargaba más bolsas de las que él consideraba sobrepasaba la cantidad ideal para su estado –una bolsa era el máximo–, aparecía a su lado de repente y se ofrecía a cargarlas por ella, sin aceptar un no como respuesta; le acompañaba hasta que ella terminara con sus compras y la dejaba en su casa después.
Si ella se quedaba viendo mucho tiempo algún artículo para bebés en la vitrina de cualquier tienda, unas horas después lo tenía en su puerta, envuelto con un bonito papel de regalo.
Algunas veces Sasuke aparecía con un pequeño arreglo de flores del cual siempre sacaba la flor más bonita y se la obsequiaba, luego le acompañaba hasta el cementerio donde depositaba las restantes en la tumba de Neji en señal de respeto. Se había convertido casi en un ritual permanecer en silencio junto a ella, dándole su apoyo y escuchando cómo le contaba a la lápida –a Neji– sobre el rápido y sano crecimiento de su hijo. Descubrió que haciendo eso, ella sanaba poco a poco el dolor de su pérdida. Estaba ahí, aún era muy reciente y fresca, pero le daba valor para continuar, por su hijo.
Otras tantas el Uchiha se ofrecía a llevarla de paseo, alegando que caminar algunos minutos al día le haría bien en su estado. Paseaban tranquilamente, sin apuros, disfrutando algunas veces de esos silencios cómodos; la complacía en sus antojos cuando pasaban por algún puesto de comida y regresaban a la casa de Sakura cuando le parecía que era suficiente para ella, nunca quería agotarla.
En las reuniones que organizaba Naruto, a Sakura siempre se la veía en compañía de Sasuke; llegaba con él y se iba con él. Lo mismo ocurría cuando visitaba a Hanabi y Hinata en la casa Hyuuga, hasta había hecho buenas migas –cordiales– con Hiashi, por extraño que pareciera; ellos lo apoyaron cuando sugirió que sería más cómodo para Sakura si la próxima vez eran ellos quienes la visitaban en la casa, sobre todo al ver el prominente vientre que se cargaba la mujer en ese momento.
Había veces en las que Sasuke se ofrecía –le avisaba– a prepararle el almuerzo o la cena; el desayuno no porque no quería molestarla en su descanso, pero lo hubiera hecho de igual forma. Era en esos momentos en los que Sakura se soltaba más y le contaba lo que había hecho en esos años, sobre Naruto, la aldea, sobre ella, sobre él, su historia con Neji. Él la observaba con atención, dejando que se desahogara todo lo que quisiera sin decir nada, era paciente. Sakura se lo agradecía.
Naruto se había desternillado dela risa cuando un día en el que había ido de visita a casa de su embarazada amiga, se había encontrado a Sasuke haciendo la limpieza. A él poco le importó y le soltó una amenaza de muerte si ensuciaba un mínimo rincón de la casa de Sakura. Quien por cierto, estaba más sonrojada que su cabello e hiperventilaba de la pena ante esa situación, pero ninguna excusa le había servido para hacer desistir a Sasuke de su objetivo.
Sakura había visto de primera mano la terquedad del hombre al hacer lo que él creía correcto para su bienestar y el de su bebé. Hasta se las había arreglado para acompañarla al hospital para sus chequeos, aun cuando ella le insistió que Hanabi siempre se encargaba de ello. No a gusto con eso, también consiguió meterse a la consulta para así estar preparado para cualquier urgencia, según él. A Hanabi le había resultado extraño y a la vez gracioso el comportamiento de este hombre que no conocía bien –por no decir nada–, pero estaba tranquila de que alguien estuviera al pendiente de Sakura como él lo hacía, más en su estado. Podía apostar a que su primo hubiera hecho lo mismo. Además, era consciente que la ayudaba a sobrellevar su luto; Hanabi quería que la persona que había logrado llegar al corazón de su primo fuera feliz. Es lo que Neji habría querido.
Es por todo esto y más que a la gente dejó de parecerle raro ver al Uchiha acompañar a la bella flor de Konoha en el día a día. Así pasaron los siguientes meses hasta llegar a ese momento en la sala de espera del hospital.
Se levantó como un resorte de donde estaba sentado al ver a Shizune entrar al lugar. Hanabi casi lo había tirado cuando ambos se acercaron a la mujer, más no le dio importancia; la muchacha estaba igual de impaciente que él.
–Felicidades, es un niño muy sano –les comunicó a todos con una gran sonrisa, estaba feliz por su amiga de entrenamiento médico. –Ya los hemos revisado y ambos se encuentran bien.
Sasuke sonrió y el alivio inundó todo su cuerpo, su ser. Solo podía pensar en su Sakura y en el niño; ni siquiera fue consciente de todo el ajetreo que hacían los demás ante las buenas noticias.
–Ahora están en una habitación. Sakura se encuentra un poco exhausta pero quería verlos. Acompáñenme, podrán estar un momento.
Shizune no necesitó persuadirlos más mientras la seguían, el inconveniente fue decidir quién entraría primero, estaba más que claro que todos querían serlo. Sin embargo, Sakura ya había decidido.
–Sasuke –se hizo el silencio ante las palabras de Shizune–. Tú entrarás primero.
Sasuke abrió los ojos con asombro, pero no lo dudó un segundo más y entró.
Su corazón latió como un caballo desbocado ante lo que sus ojos veían. La luz del amanecer entraba por el ventanal, dándole una imagen etérea a la mujer que estaba en la cama. Sakura tenía expresión de cansancio, un cansancio que era opacado mil veces por la sonrisa de felicidad que tenía dibujado en su bello rostro, mientras contemplaba con un profundo amor al pequeño bulto que sostenía en sus brazos. Esa hermosa escena se grabaría a fuego en las pupilas del Uchiha.
–Sasuke-kun –él salió de su trance al escucharla, se acercó con nerviosismo.
–Sakura –murmuró–. ¿Cómo te encuentras?
–Muy cansada. Fueron muchas horas allí dentro. Este cansancio ni siquiera se compara con algún entrenamiento. Pero valió la pena –concluyó acariciando la mejilla de su retoño –. ¿Quieres cargarlo? Vamos, no seas gallina. Lo has estado esperando todo este tiempo.
Sakura se burló ante la cara de espanto que había puesto Sasuke ante su ofrecimiento. Le regaló una sonrisa reconfortante para animarlo. Él asintió un poco dudoso y ella le depositó con cuidado a su hijo en los brazos.
Sasuke quedó maravillado, por todo lo que representaba. Era tan pequeño, no pesaba casi nada y temía que se le cayera; parecía tan frágil, lo era. Tenía una vida entre sus brazos. Con cuidado lo cargó en un brazo y utilizó su otra mano para acariciar con sumo cuidado su sonrosada mejilla regordeta. Estaba muy tranquilo, ajeno a todo su alrededor. Encima de su pequeña cabecita podían verse unas pelusitas que formaban su cabello, era castaño. Continuó admirándolo unos largos segundos, hasta que acarició su pequeña mano. Su aliento se atoró en sus pulmones, se paralizó.
Le estaba viendo.
El bebé le estaba mirando con unos enormes y hermosos ojos color verde jade. Como los de su madre, tenía su mirada. Y le estaba mirando a él, lo observaba a los ojos con una infinita paz que lo llenó por completo. Se conmovió tanto que una lágrima recorrió su mejilla.
–Sasuke-kun –Sakura lo había estado observando todo ese tiempo, y le sorprendió su reacción; no sabía que tener a su hijo en brazos le conmovería de aquella forma.
–Sakura… –musitó con la voz estrangulada, luego le miró–. Gracias.
Ella sonrió.
Gracias por permitirme ser parte de este momento.
La puerta se abrió interrumpiéndolos, Sasuke se limpió rápidamente el rostro. Todos ingresaron, intentando hacer el menor barullo posible.
–Lo siento, Sakura. No pude frenarlos –mencionó Kakashi.
–No es cierto, Sakura-chan. Kakashi-sensei quería entrar tanto como todos –era Naruto.
–Te estabas tardando demasiado –acusó Hanabi con el ceño fruncido hacia Sasuke; a él le salió una gota de sudor, se había ganado el odio de la chiquilla por entrar primero.
–Hanabi –corearon Hinata y su padre, en reprimenda.
– ¡Lee, Gai-sensei! ¡Estamos en un hospital y hay un recién nacido! –regañó Tenten en un susurro amenazador ante los hiperactivos hombres que estaban por explotar de felicidad.
– ¡El fruto del amor de mi eterno rival y mi bella flor ha nacido! ¡Puedo sentir la vitalidad de una nueva vida recorrer por todo mi cuerpo!
– ¡Así se habla, Lee! ¡Honremos a Neji utilizando esta energía para dar dos vueltas a la aldea con las manos!
– ¡Hagan silencio ustedes dos! –rugió Tsunade que apenas había llegado a la habitación.
–Tiene la frente de la fea.
– ¡Sai! –reprendió Ino ante la falta de tacto del hombre–. No le hagas caso, pequeño. Tú sí serás un niño muy guapo.
– ¡Cerda! –se indignó Sakura ante el insulto camuflado de su mejor amiga.
–Se parece a Neji-nii-sama –se abrió camino la voz de Hanabi por encima de todo el revuelo, era una suerte que el bebé no llorara, al parecer estaba muy entretenido viendo a Sasuke; ella se había encaramado junto al hombre para contemplar al pequeño–. Sakura-nee-sama, ¿ya sabes qué nombre le vas a poner?
Todos guardaron silencio. Expectantes.
–Hiroto –dijo segura y con una sonrisa–. Su significado es: Ser un gran chico que pueda volar libremente.
La imagen de Neji pasó por las mentes de todos, conmovidos.
Él había sido el pájaro enjaulado que consiguió ser libre.
Sakura había elegido un nombre muy apropiado y con un gran significado para el hijo de ambos. Ella se encargaría de que su hijo siempre volara alto, sin ninguna cadena.
–Hyuuga Hiroto –escucharon decir a Hiashi con aprobación al acercarse a Sasuke para ver al pequeño. Se conmovió, era como ver al hijo de su hermano cuando era un bebé.
–Hiroto –murmuró Sasuke, ajeno a todos–. Te protegeré con mi vida –el pequeño Hiroto rodeó el dedo de Sasuke que acariciaba su mano.
– ¡Oye! ¡No quieras acaparártelo todo! –le acusó Hanabi–. No te preocupes, Hiroto-chan. Tu tía Hanabi siempre te protegerá.
– ¡No se olviden de mí! –se escuchó la voz de Naruto.
Sasuke dirigió su mirada a Sakura, se sonrieron con suavidad. Aun no sabía en qué posición estaba con ella, pero debía estar bien encaminado ya que ella le había permitido ser el primero en tener en brazos a su tesoro más preciado, su hijo. Daría todo de sí para llegar a su corazón de nuevo, más que nunca ahora que parecía que había formado un lazo con el pequeño Hiroto. Y cuando ese día llegara…
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–Bienvenido, Sasuke-kun.
–Estoy en casa.
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–Padre. ¿Puedes contarme la historia de mi nacimiento?
–Acércate, Hiroto. Te contaré la historia de dos niños a los que el destino les marcó con oscuridad, pero fueron salvados por otro niño escandaloso que les dio una gran lección de vida y les hizo cambiar. Gracias a eso pudieron encontrar el camino de la luz, cambiando sus destinos con sus propias manos. Y se enamoraron de una mujer que los salvó de la soledad…
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Gracias por leer!
