Pensaba que la muerte sería más agradable. Imaginaba que quizás se apagarían todas las luces y quedaría flotando en la nada por el resto de la eternidad, como la siesta que se merecía desde hace rato. En vez de eso, yacía sobre húmedo suelo rocoso y le pesaba el cuerpo como un saco lleno de piedras. Escuchaba voces que provenían de todas las direcciones. Algunas, podía reconocer; otras, las más distantes, eran de completos desconocidos. Suponía que debía quedarse dormido de vez en cuando, solo que no tenía referencias del paso del tiempo en este lugar. En vez de soñar, recordaba. O más bien, veía escenas de su vida como un espectador omnisciente.
Ben cierra los ojos y el mundo se llena de luz vespertina; brotan de la roca paredes decoradas y un ventanal que cubre toda una pared. De repente está en un estudio con vistas a una ciudad moderna y vibrante, Hanna en Chandrila. Se materializa una mujer joven de rostro apacible. Leia Organa Solo toma notas en un pad mientras reproduce y pausa numerosos hologramas, desplegados en el escritorio delante de ella. Parece escuchar en uno de estos, alguna noticia desafortunada porque suspira y se echa hacia atrás en la silla, masajeándose las sienes. Al hacer esto, queda a la vista un protuberante vientre redondo, debe estar cerca de la fecha de término.
"Tienes suerte de estar ahí, pequeño, aquí afuera es todo un caos todavía" mira hacia abajo y sonríe mientras coloca una mano en la parte baja. "Si pudiera conservarte ahí un par de meses, quizás sea suficiente para que lo solucione todo".
La paz de la tarde se ve interrumpida por una energía siniestra que suena como miles de serpientes arrastrándose y siseando amenazantes. Llegan desde los rincones del estudio y pronto lo cubren todo como enredaderas negras y humeantes. Leia no las ve, sigue con su trabajo. Ben quiere advertirle, pero no está allí, no en verdad. Se arremolinan a los pies de su madre como si una barrera invisible les impidiera tocarla. Sin embargo, son implacables en su avance, un hilo fino logra franquear la barrera. Se dirige al vientre como un proyectil. El dolor lo atraviesa de pies a cabeza, hasta dejarlo retorciéndose.
"Te temen. Nyâsh midwan" murmura una voz horrible en la lengua arcaica de los sith "Búscame y serás libre de este dolor, woyunoks".
Leia permanece ajena a la oscuridad que lo atormenta, hasta que se posa la mano nuevamente sobre el abdomen. Lo percibe, pues su rostro bello se arruga con angustia. Posa la otra mano y cierra los ojos. Inhala por la nariz y exhala lentamente por la boca al tiempo que conjura al lado luminoso de la fuerza. No habla, pero Ben comienza a escucharla en su mente "Estoy aquí, Ben. Tranquilo". Las oscuras enredaderas comienzan a retraerse, hasta que desaparecen por completo, llevándose con ellas el dolor.
Leia sigue meditando hasta que está segura de no percibir aquella energía que atosigaba al bebé. Solo entonces, abre los ojos diciendo en voz alta y vehemente.
"Estoy aquí, Ben. Siempre estaré".
Toda la escena se desarma cual castillo de arena. Es reemplazada por otra: Han y Leia sentados contra el respaldo de su cama matrimonial, y un pequeño Ben acurrucado entre ellos, jugando con una nave Ala-Y miniatura.
Hablan de la última misión de Han, de la cual acaba de llegar, no salió como esperaban. Hablan en voces bajas y cautelosas, como si temieran que el infante de 3 años entre ellos pudiese entender.
"...Casi no la contamos" dice Han entre dientes "Tuvimos suerte de que Lando llegara a tiempo."
"¡Tío Wanwo!" chilla alegremente Ben y la pesadez sobre los hombros de sus padres se esfuma.
"¡Así es, cazadorcito! El Tío Lando le salvó el pellejo a tu viejo" sacude afectuosamente la suave melena azabache de su hijo "No vayas a decírselo ¿Eh? Se le subirá a la cabeza."
"No lo hago" promete con ojos grandes y serios, lo que causa que sus padres estallen en risas.
"Iré a prepararte un baño" Leia se estira y le da un rápido beso en los labios a Han "Apestas a wookie".
"¡Ey!" protesta el aludido, sin poder evitar una sonrisa torcida. Luego mira a Ben de lado, como si se le hubiese ocurrido una idea. Toma el edredón, se cubre el brazo y con la mano hace un hueco como la boca de un títere.
"¡Cuidado, Ben! ¡El exogorth va a devorar la tripulación!" hace un rugido ahogado e intenta cazar la nave de juguete.
Ben pega un grito y salta. Maniobra la nave en sus manitos, saltando de una punta a la otra de la cama, escapando de exogorth. La habitación se sume en caos mientras los muchachos corren haciendo efectos sonoros a los gritos, como el sonido de los cañones láser que el Ala-Y de Ben dispara al monstruo. La batalla parece estar llegando a su fin, con Han encogiéndose ante los ataques veloces del pequeño. Ben está completamente compenetrado con la lucha.
"¡Oh no! me atrapó" Han se sacude melodramático al tiempo que se toma del cuello con el títere improvisado, como si estuviese siendo mordido.
"¡No!" grita el niño aterrado, extiende la mano libre en dirección al monstruo y una fuerza invisible surge de lo profundo de su ser. Han sale disparado hacia la pared opuesta, arrastrado por un agarre violento alrededor del brazo cubierto con el edredón. Su espalda se estrella con un sonoro ¡PLUM! contra la pared. Se instala un silencio sepulcral.
Han queda un poco mareado; por un segundo, le dirige a su hijo una mirada de temor. Leia aparece corriendo preocupada, examina la habitación que quedó patas arriba.
"¿Qué fue eso?"
Su padre se incorpora, rascándose la nuca.
"Solo estábamos jugando."
"¡No hay necesidad de ser tan bruto! Mira como quedó Ben."
El pequeño, sin entender que acaba de suceder, queda en medio del fuego cruzado. Sus padres comienzan a discutir con voces elevadas. Sabe que acaba de cometer un error grave ¿Qué pudo haber sido? Le hizo daño a papá, mamá está enojada, eso lo convierte en un niño malo. Tantas emociones se vuelven demasiado y rompe en un llanto desolado.
Los adultos se callan, recordando al tercer presente. Leia se apresura a tomarlo en brazos.
El Ben del presente observa la mirada fulminante que Leia le dedica a Han por encima del hombro. A su vez, su padre se retira al cuarto de baño mirando al niño de reojo, con cautela.
Otra vez la imagen se disuelve. Ben yace de nuevo en aquel extraño lugar vasto y oscuro.
"Ugh" se queja y el sonido hace eco. Se siente emocionalmente apaleado ¿Este es el fin de los que tuercen el destino para salvar a quien aman? El rostro gris, sin vida de Rey se cruza por su mente en un recuerdo común, no de los hiper realistas de recién. Aunque es borroso y lejano, le causa una punzada terrible que le da ganas de vomitar. Se tranquiliza pensando que si él está aquí, ella debe estar corriendo, sonriendo, viviendo en algún lugar. La galaxia la necesita como necesita sus soles.
"El problema más grande del universo" enuncia una voz infantil que se acerca hasta sonar directamente en frente suyo "es que no nos ayudamos entre nosotros".
El desuso ha vuelto hasta el más simple de los movimientos en una odisea. Ben apoya las palmas y codos contra el piso, elevándose lo suficiente como para llevar la mirada hacia el origen de la voz. Un niño de mirada severa, cachetes regordetes y cabello rubio está acuclillado delante suyo. Lo examina detenidamente, como si lo estuviese evaluando.
"Levántate" le ordena al tiempo que se incorpora y le ofrece la mano "Tenemos mucho que hablar".
Chandrila: capital temporal de la Nueva República, en sus comienzos.
Nyâsh midwan: significa "enorme poder" en la lengua de los sith.
Woyunoks: significa "pequeño, niño" en la lengua de los sith.
Exogorth: gusano espacial gigante. Leia y Han escapan de uno en el episodio V.
