Suigetsu Hōzuki

Jefe de equipo de la Universidad de Iowa

Naruto Namikaze es un cabrón hijo de puta.

Sólido como un armario, lo observo curvarse sobre la colchoneta de prácticas, las manos aseguradas como equilibrio, su mirada firme mientras Sasuke lucha por un agarre en él.

Namikaze es uno de los pocos de nuestro equipo que puede ganar a Sasuke en su propio deporte.

Llevándome el silbato a los labios, me preparo para soplar, para terminar su práctica de combate, que se ha convertido en un combate de meadas.

Como el chico nuevo en el equipo —transferido de Luisiana—, Namikaze todavía se está probando a sí mismo, a pesar de su registro impresionante. Casi imbatible, sus estadísticas son merecedoras del dos veces ganador de NCAA que es, y son la razón por la que fue reclutado de su universidad.

El entrenador de Iowa lo quería. Lo cortejó.

Yo lo fiché.

No sé qué promesas le hizo el entrenador al chico —tutores, más dinero de becas, su taza en las vallas publicitarias de la universidad—, pero era lo suficientemente atractivo para atraerlo de la seguridad de una beca por otra, y traerlo a la boca del lobo de su rival.

Y a mi casa.

Naruto Namikaze es mi nuevo compañero de piso.

Se levanta con su metro ochenta y estrecha la mano de Sasuke con un apretón rápido. Se alejan del otro, de espaldas, sin ganador, y sin amor entre ellos.

Tomo unas toallas, tendiendo una para el chico nuevo.

Me la quita de la mano, llevándosela a su rostro sudoroso. Bajándola por la nariz ligeramente desviada que ha sido rota muchas veces. Sobre su ojo izquierdo morado. Sobre su ceja rota, un tajo por tener su rostro presionado demasiado fuerte sobre la colchoneta la semana pasada.

El tipo es un desastre.

Un desastre gigante y sudoroso.

Sin embargo…

—Chico nuevo, ¿vas a salir con nosotros esta noche?

Se detiene, con sus patas de mamut quietas.

—¿Dónde van a ir?

Me encojo de hombros.

—No sé… por ahí. A los bares. ¿Importa? —No es como si él conociese algún bar en la ciudad, por Dios. Él tiene que ir donde vamos nosotros o se queda en casa, solo.

—No lo sé. Tal vez.

—Un consejo Chico Nuevo: Cuando alguien te tiende la mano, se la tomas.

No voy a suplicarle al tipo que salga con nosotros, pero ocasionalmente, es divertido tenerlo alrededor, y es agradable tener sangre fresca en la casa de campo.

Naruto reflexiona sobre mis palabras.

—¿Quiénes van?

Otro encogimiento de hombros.

—No lo sé, un grupo de tipo.

—¿Quieres decir una fiesta de salchichas?

—Que te jodan.

—¿Eso es un sí? —Se ríe.

—Yo, Jūgo, Johnson. Tal vez Sasuke y Kiba. —Aunque para ser honestos, esos dos están muy dominados, no es probable. Estarán en casa esta noche, sentados en el sofá viendo películas para chicas, con el brazo metido hasta el codo en el pantalón de sus novias, o acurrucados, o lo que sea que demonios hagan.

Me guardo para mí el hecho de que probablemente no van a salir esta noche.

Bastardos afortunados, en su lugar consiguiendo acostarse.

—Entonces, ¿vas a venir o qué? No puedes quedarte escondido en casa todo el fin de semana… se te va a marchitar la polla si no te acuestas con alguien.

Arquea una ceja golpeada.

—¿Quién dijo que pretendo acostarme con alguien?

¿Pretendo acostarme con alguien? ¿Quién demonios habla así?

Alzo la mano para detener cualquier rareza que vaya a salir de su bocaza.

—Voy a fingir que no dijiste eso.

—Lo que sea. —Se aleja, lanzando su toalla blanca sudada al carro de la ropa cuando pasa a su lado y tomando una limpia de la pila en su camino al vestuario.

Sigo detrás de él.

Se detiene en su casillero, desvistiéndose. Se quita el pantalón corto, se quita la camiseta y lanza una mirada sobre su hombro.

—¿Si voy esta noche, vas a dejarlo estar? Me estás volviendo jodidamente loco.

Se rodea las caderas con una toalla de felpa.

—No, no voy a dejarlo. Estoy intentando mostrarte cómo funciona todo, enseñarte una cosa o dos.

—¿Tú? —Se ríe—. Tienes que estar de broma. ¿Qué demonios voy a aprender de ti?

—Bueno, para empezar, eres demasiado agradable. Las chicas siempre van tras imbéciles. Con un rostro así, tienes que esforzarte para hacer que deseen tu polla.

Curva el labio de una forma nada atractiva.

—Caramba, gracias.

Lo sigo a las duchas.

Sasuke Uchiha permanece bajo un chorro de agua, el vapor alzándose a su alrededor mientras se lava su cabello oscuro. Frunce el ceño cuando me ve, girándose para enfrentar la pared de azulejos de la ducha, mostrándonos la enorme barrera de su espalda.

Su tatuaje, un ave fénix renaciendo rodeado por localizaciones geográficas, también me mira malhumorado.

— Uchiha, dile al Chico Nuevo que aquí a las chicas les gusta salir con idiotas. —El imbécil me ignora, pero me río, él siempre está bromeando, ese tipo—. ¿Al menos le dirías que es demasiado amable con las chicas?

Silencio.

—Tú sabes cómo son las chicas, les gusta cuando tú…

Sasuke finalmente habla, mascullando:

— Suigetsu, déjalo solo, por el amor de Cristo.

Jesús, tan gruñón este tipo.

—¿Vas a salir esta noche, Uchiha ?

Frotándose las axiles, farfulla de nuevo:

—Probablemente no.

—¿Por qué? ¿Vas a ver The DUFF?

Levanta los brazos sobre la cabeza mientras se enjuaga el cabello y se gira lentamente para mirarme de soslayo con los ojos entrecerrados.

— Suigetsu , ¿por qué no te metes en tus asuntos?

—Bueno, ¿vas a hacerlo?

—No, imbécil. Voy a ver lo que quiera ver.

Sí, claro. Se ha quedado en casa tres fines de semana seguidos, viendo películas con su novia y jugando a las casitas con los niños que cuidan.

Mira hacia Naruto y comenta con desprecio:

—Hazte un favor a ti mismo, Namikaze , no dejes que este idiota te dirija. Eres demasiado bueno para ser asociado como su compinche.

Cierra el agua, lanzando otra mirada irritada en mi dirección.

—Si no te vas a duchar, Suigetsu, despégate de su trasero y márchate de aquí.

Continuará...