La historia es una adaptación del libro Until It Fades de K. A. Tucker y los personajes pertenecen a Stephenie Meyer. Si tienes la oportunidad te recomiendo que leas el libro original.
Capítulo 1
Marzo 2010
La camioneta Subaru se detuvo de repente en el aparcamiento frente a la Estación de Policía del condado de Balsam, el fresco manto de nieve reviste el asfalto haciendo que las calles estén resbalosas.
Y mi estómago se hunde al darme cuenta que he sido engañada por mi propia madre.
—¿Qué ha pasado con ir al centro comercial, mamá? —Ella ha estado en silencio desde que salimos de la entrada; asumí que estaba enojada conmigo. Estos días, ella siempre lo está.
—¿De verdad creíste que podíamos fingir que no pasó nada e ir de compras? —Sus ojos permanecen enfocados adelante mientras dice—: Tuve que meterte en el coche de alguna manera.
La he visto hacer el mismo truco con nuestro labrador dorado, Bingo. Él piensa que va a ir al parque, entonces con entusiasmo salta en el asiento trasero, meneando su cola y con su lengua colgando, solo para terminar en el veterinario. Cae cada estúpido año.
Esto es mucho peor que un viaje al veterinario.
Apagando el motor, se desabrocha el cinturón de seguridad.
—Bueno. Sabes porque estamos aquí.
Cuando no desabrocho mi cinturón de seguridad, ella lo alcanza y presiona el botón de soltar por mí. Su expresión es dura, su tono parece agotado. —Denuncié al señor Philips a la policía ayer. Necesitan tu declaración, así que vamos a entrar y les va a contar todo ahora mismo.
—Pero… —Mi estómago se cae al mismo tiempo que mi corazón viaja hacia mi cuello—. ¡Me prometiste que no harías esto!
—No hice esa promesa, Isabella.
Oh Dios mío… Necesito avisarle a James antes de que ella me fuerce a entrar allí.
Es como si leyera mi mente. Me arrebata el teléfono de mis manos.
—¡Eso es mío! ¡Devuélvemelo! —Me zambullo por él, pero lo sujeta muy fuerte, golpeando mis manos.
—La policía lo querrá como evidencia.
—Eso es invasión de mi privacidad. —Estoy haciendo lo mejor que puedo para poner un calmado pero desafiante frente. Por dentro, estoy gritando. Porque hay evidencia en mi teléfono que debí haber borrado.
James me dijo que lo borrara y le aseguré que lo hice, pero no fue así, no todo. No borré el mensaje donde me dice que soy hermosa. Me encanta tumbarme en mi cama y releerlo.
—Ya deja este tema. Por favor, mamá. O ¿qué tal si vamos a ver al director? Deja que despida a James si piensa que es necesario. ¿Bueno? —suplico.
La cara de mi madre se contorsiona. —El director es su padre. El superintendente es su tío. ¡Y su madre es una Balsam! ¿De verdad crees que quieren que esto salga a la luz? Encontrarán una manera de mantenerlo debajo de la alfombra.
Era lo que exactamente James y yo estábamos esperando cuando, dos noches atrás, mi madre me oyó bajar de puntillas las escaleras y me siguió —en silencio, con su camisón y la bata de estar en casa— afuera, en la esquina, donde James me estaba esperando en su coche.
No estoy segura de qué la enojó más: que me atrapó escapándome para encontrarme con mi profesor de inglés, o que trate de venderle la excusa de "me está ayudando con mi trabajo durante las vacaciones de primavera", estando en la vereda a la una de la madrugada.
—Aparte, es muy tarde. La policía está investigando. —Respira
profundo para calmarse—. Tengo una obligación, Bella. Esto es lo que los buenos padres hacen cuando se enteran que un hombre de treinta años se ha estado aprovechando de su hija adolescente.
Detengo las ganas de rodar mis ojos. Eso solo la enfurecería más.
—No pasó nada. Aparte, la edad de consentimiento es dieciséis. Para de hacerlo sonar como si fuera un viejo sucio. —James es divertido y guapo, y puede pasar como si estuviese en sus veinte. Viste jeans rotos y Vans, conduce una motocicleta y escucha The Hives y Kings of Leon. Estoy lejos de ser la única muchacha de la escuela que cae a sus pies. Me encapriché de él desde el primer día que me senté en su clase.
—¡Es tu profesor! ¿Y por qué clase de idiota me tomas? Sé exactamente lo que está ocurriendo, así que deja de mentirme. —Toma la manija de su puerta.
Y sé que no voy a llegar a ningún lado si continúo negándolo.
—Pero, mamá… —Le agarro su antebrazo, sintiendo como los músculos se tensan bajo mi apretón. Estoy peleando para que mi labio no tiemble—. Por favor. Lo amo y él me ama. —Me lo dijo. Silenciosos susurros entre besos robados después de salir del colegio mientras me ayudaba con mi portafolio para las solicitudes de la universidad. Ruidosos gritos entre nuestros alientos enredados las dos noches que he logrado escapar e ir en mi bici para verlo.
Hay un débil parpadeo de pena en sus ojos antes de que se endurezcan. —Apenas tienes diecisiete, Bella. Es un encaprichamiento, solo eso. No durará. No es real.
—No, es diferente.
—Lo que sea que te ha dicho, cualquier promesa que te hizo, son todas mentiras. Eres una niña hermosa y joven, y te dirá lo que quieras escuchar si eso significa que él tendrá sexo.
—Te equivocas.
—¡Incluso si es así, no importa porque no puedes estar con él, Isabella!
—¡Eres… imposible! —Golpeo el salpicadero con mis manos, lágrimas de frustración queman mis mejillas. Ella no está escuchando. No le importa cómo me siento. No le importa lo feliz que él me hace.
Sus ojos se enfocan en el parabrisas, en el mantito de copos de nieve que se asienta contra el cristal. El coche no tuvo suficiente tiempo de calentarse en los cinco minutos de viaje. —Un día verás que estoy en lo cierto. Hasta entonces, necesitas dejar de ser tan egoísta.
¡Egoísta! —¡Pero no estamos lastimando a nadie!
—¿De verdad? ¿Qué crees que este lio va a hacerle a nuestra familia? ¡Todos tenemos que vivir aquí! Y tus hermanos tienen que ir al mismo colegio. Los rumores y… —Suspira—. Estoy segura que la gente está ya preguntándose acerca de nuestras habilidades parentales. Seremos el centro de conversación en cada cena desde Belmont hasta Sterling después de esto.
—¡Sí, porque tú nos denunciaste! —Para alguien que está tan preocupada por su imagen, estoy sorprendida de que no esté ansiosa de mantener esto oculto como James y yo lo estamos.
—¡Maldita sea, Isabella! —explota—. Estás desesperada porque te traten como adulto. Muéstrame que te lo mereces y empieza a actuar como uno. Toma responsabilidad por tus propias acciones.
—¡Está bien! ¡Terminaré con él! —Incluso mientras grito las palabras, sé que es una promesa vacía. No voy a terminar nada con James.
—Oh, se termina, bien. Y un día, cuando seas madre, con suerte en mucho tiempo, entenderás porque estoy haciendo esto.
Un día cuando seas madre… seguido de "porque yo lo digo", son sus frases. Pero ¿nunca tuvo diecisiete y estuvo enamorada? —No puedes hacer esto. Vas a arruinar su vida. ¿Qué pasa si lo meten en la cárcel?
—Ahí es donde pertenece si se aprovecha de sus estudiantes.
—No se está aprovechando de nadie.
—Por favor. Hoy eres tú y mañana será una inocente chica de quince años.
Escucho lo que no dice: que no soy tan inocente.
Dejo escapar un suspiro. —Fue solo una vez.
Sacude su cabeza con enojo. —¿Ha estado pasando desde que rompiste con ese chico?
Aparto mi mirada.
—¿Por qué no te quedaste con él?
¿Qué? —¡Odiabas a Alec! —Nunca he visto a mamá tan feliz cómo el día que le dije que dejé a mi novio fumador novio de tres meses, de lejos, mi relación más larga antes de James. Ella ni siquiera preguntó porqué, o si estaba bien. No le importó.
—A este punto, le daría la bienvenida con los brazos abiertos — murmura
—No quiero a Alec. —No he pensado en él desde el día que terminé las cosas. No sé lo que vi en él. Suspendía la mitad de sus clases y probablemente seguirá jugando videojuegos y embolsando la compra en Weiss dentro de diez años.
No lo quiero, ni a ninguno de los otros novios con los que he estado. Son solo eso. Niños.
James es un hombre, y me hace sentir inteligente, hermosa y con talento. Me trata como si fuésemos iguales. Hablamos de todo desde arte hasta música y lugares alrededor del mundo que quiere que vea con él. Me hace pensar acerca de mi futuro.
Nuestro futuro.
—Nos mudaremos a Filadelfia después de graduarme el próximo año. James conseguirá un trabajo allí y yo voy a ir a la universidad de arte. Me ha estado ayudando con mi portafolio. Mamá, deberías verlo, es impresionante. —Este es el ángulo correcto. De la universidad es de lo único que habla en casa.
¿Bella, dónde estás solicitando plaza?
Bella, no irás a cualquier sitio decente con esas notas.
Bella, no sobrevirás sin una educación universitaria.
Ella suspira, bajando su mirada hasta su regazo.
—Te lo dije, estamos enamorados. —Contengo mi aliento. A lo mejor esto es solo una táctica de miedo. A lo mejor suspirará otra vez y después me dirá que me ponga el cinturón de seguridad y…
—Sal del coche. Nos están esperando.
Lágrimas calientes recorren mis mejillas. —¿Que va a hacer papá cuando descubra que me trajiste aquí? —Estoy agarrando un clavo ardiendo y las dos lo sabemos. Mamá y papá estaban peleando por mí a puerta cerrada anoche, por lo que ella debe haberle dicho su plan. Él debió de estar en desacuerdo, pero incluso él sabía que ella haría lo que quisiese. Así es como es.
Que él no estuviera esta mañana en casa es algo. Aunque no es que esté mucho para empezar. Ella agarra su bolso y sus llaves, y sale del coche sin decir una palabra.
Considero sujetar las cerraduras de las puertas y tomar una postura, pero sé que es inútil. De una u otra manera, Renee Swan siempre se sale con la suya.
Entonces me limpio las lágrimas con mi mano y abro la puerta del coche. —¡Te odio! —grito, utilizando toda mi fuerza y enojo al cerrar la puerta.
A lo mejor todavía puedo correr.
¿De verdad pueden hacerme hablar?
¿Necesito un abogado?
Fuertes pisadas crujen en la nieve detrás de mí y mi espalda se tensa. —¿Está todo bien aquí? —pregunta el sheriff Banner con su voz delicada y autoritaria.
—Sí, Marvin. Solo estamos aquí para que Isabella haga su declaración. —Mamá y el sheriff has estado en la misma liga de bolos durante veinte años. Claro que va a ir directamente a él.
Respiro hondo y me giro para ver al hombre mayor, sus mejillas rosas por el viento frío del invierno. Tiene una sonrisa amable, pero no me dejo engañar. Está a punto de ayudar a mi madre a arruinarme la vida.
Pero los Philips tiene un montón de influencia por aquí, me recuerdo a mí misma. Y la gente ama a James. Lo amaban cuando llevo al equipo de béisbol de Balsam al campeonato estatal, y lo amaron más cuando renunció a su trabajo de profesor en Philly para mudarse de vuelta a su casa y enseñar aquí. Tal vez será suficiente para conseguir que los cargos de mierda se retiren. James dijo que es técnicamente es un delito menor y aquellos se botan todo el tiempo, quizás nada grave saldrá de esto. Entonces, nos reiremos últimos. Y ¿cuándo me mude a Philly con él?
Mi madre estará muerta para mí.
Con una sombría determinación y lo que se siente como una bola de plomo en mi estómago, marcho los escalones hacia la estación.
Ella se equivoca. James y yo estamos destinado a estar juntos.
Es real.
Y nunca la perdonaré por esto.
Diciembre 2010
Me siento con las manos cruzadas delante de mí, luchando contra la necesidad de encogerme en mi asiento mientras observo en silencio a Sue Clearwater arrastrar su bolígrafo a lo largo de mi currículum. Jessica me advirtió que la dueña de Diamonds parecería un poco intimidante, con su rostro severo y su tono áspero.
Necesito tan desesperadamente este trabajo que he estado inquieta por los nervios toda la noche y esta mañana. Cuando entré por la puerta del restaurante hace quince minutos, abrumada por las voces zumbantes, las ollas que retumban en la cocina y el potente olor de los panqueques calientes y el tocino chisporroteante, mi estómago se agitó lo suficientemente rápido como para hacer mantequilla.
No ayuda que Sue me entreviste en una cabina, en medio de todo el ajetreo, donde innumerables pares de ojos pueden observarme con abandono; algunos simplemente robando vistazos, otros mirando fijamente.
¿Siempre están tan interesados en el posible nuevo personal? ¿O es solo un interés en mí, la zorra de la escuela secundaria que trató de meter a James Philips en la cárcel?
—No tienes experiencia como camarera. —Sue lo dice tan francamente que no me doy cuenta si simplemente está declarando un hecho o señalando una razón por la que esta entrevista debe terminar ahora.
—No, señora. Pero aprendo rápido.
—¿No es así con todos? —murmura secamente, más para sí misma—. ¿Estás viviendo con Jessica?
Asiento. —Desde hace unos tres meses. —En el apartamento que comparte con su padre, que conduce un camión de larga distancia y que está en casa una noche al mes. Me mudé de la casa de mis padres cuando cumplí dieciocho años, cuando mi madre ya no podía obligarme a quedarme. Después de todo, su obligación legal es albergar a sus hijos hasta que alcancen la mayoría de edad. Y Renee Swan siempre apoya la ley.
—¿Y cómo va eso? —pregunta Sue.
—Bien. —En su mayor parte. Jessica no es la herramienta más afilada del cobertizo y rara vez se calla; una pesadilla por la mañana temprano cuando prefiero beber mi café en soledad tranquila y ella se comporta toda burbujeante. Pero no puedo quejarme porque me ha dado un lugar para vivir y ella será la razón por la que obtendré este trabajo, si lo obtengo. Además, es prácticamente la única amiga que me queda.
Por la expresión de la cara de Sue, solo puedo imaginar lo que piensa de Jessica. Su opinión no puede ser tan mala, dado que no la ha despedido, y aceptó su petición de entrevistarme.
—Veo que fuiste cajera en el Weiss de Balsam, desde noviembre del año pasado hasta marzo.
—Sí. Así es. Cinco meses.
—¿Qué pasó?
—No hubo un buen acuerdo. —Me trago el nudo que se está formando, pensando en el día en que la gerente, Susan Graph, me llevó a su oficina para entregarme mi paga de vacaciones y decirme que sería mejor que no volvía más, debido a lo que pasaba en mi vida personal. Esto, después de solo un mes antes de darme una reseña de empleada brillante. Lo peor de todo es que tengo que comprar allí porque es la única tienda de comestibles en Balsam—. Puedo trabajar en los turnos que quiera. Temprano en la mañana, a media noche... lo que sea. — Intento no parecer demasiado desesperada, pero no creo que lo esté logrando. Por otra parte, tal vez a los empleadores les gusten los empleados desesperados... Y yo aguantaré casi cualquier cosa. Jessica gana buen dinero en propinas. La clase de dinero que necesito para poder ahorrar y alejarme lo más posible del Condado de Balsam. Llevo meses esperando un puesto de trabajo aquí.
—¿Cómo llegarás aquí? ¿Tienes un coche?
—Con Jessica, por ahora. Y pensé que podría comprar algo barato después de unos meses. —Diamonds está a quince minutos en coche de Balsam, en la Ruta Treinta y tres, demasiado lejos para ir en bicicleta.
El bolígrafo de Sue vuelve a mi educación. Ella frunce el ceño. — ¿No has terminado el instituto?
—No, señora.
Me mira desde detrás de unas gafas de montura gruesa, su pelo rizado y castaño enmarcando su cara con un corto crop. Si tuviera que adivinar, diría que tiene unos cincuenta y tantos, aunque es difícil de decir. —¿No sabes lo importante que es tener tu diploma de secundaria?
Trago saliva contra la creciente vergüenza. —Lo sé, pero... He decidido tomarme un año libre. —Había pensado en mentir sobre ello en mi currículum, pero Jessica me advirtió que Sue me despediría por mentir si alguna vez se enteraba.
Además, es imposible que Sue no haya oído hablar del "lío de Philips", como le gusta llamarlo a mi madre. Todo el mundo por aquí lo sabe. Se ha hablado en las noticias locales desde que James fue arrestado hace nueve meses.
—La gente te lo pone difícil, ¿verdad? —Lo plantea como una pregunta, pero tengo la sensación de que ya sabe la respuesta.
Asiento con la cabeza.
—Todo ese asunto con ese profesor es... —Sue frunce los labios y yo aprieto los dientes, esperando que diga algo como "¿Qué clase de chica eres?" o me dé un severo "Debería darte vergüenza". Ella estaría lejos de ser la primera. Lo he oído muchas veces y desde todas las direcciones, parece, especialmente después de que me retracté de mi declaración diez días después; luego de enterarme de que ningún fiscal de distrito obligaría a una "víctima" de diecisiete años a declarar, y se retiraron los cargos en su contra. En la tienda, donde la familia y los amigos de James han pasado más de una vez por mi lado, haciendo comentarios sobre cómo merezco ser castigada por tratar de arruinar su reputación, cómo debo ceñirme a los chicos de mi edad, cómo alguien necesita enseñarme a cerrar las piernas. En la escuela, donde los muchos estudiantes que adoran a James me persiguen por los pasillos, silbando "zorra", "puta" y "buscadora de atención". Caminando por la calle principal, donde los extraños me señalan a sus amigos.
Me he convertido en una celebridad local, tan ridículo como suena.
—Tú y él... se acabó, ¿verdad? —dice en su lugar.
Abro la boca para negar que haya empezado, pero sus ojos se estrechan, como si se diera cuenta de la mentira. Y entonces respondo con una pequeña inclinación de cabeza, incluso cuando mi garganta se estrecha y los primeros pinchazos de lágrimas tocan mis ojos. Genial, voy a llorar en mi entrevista. Estoy segura de que Sue se morirá de ganas de contratarme ahora.
Pero toda la dura prueba todavía me duele hoy, más que el día en que James fue puesto en libertad bajo fianza y no respondió a mis llamadas y mensajes de texto. Me convencí a mí misma de que no tenía otra opción que evitarme, que debía ser una condición para su liberación.
Y lo fue... en parte.
Los rumores comenzaron rápidamente y se extendieron como un virus estomacal en una guardería, igual de desagradables. Susurros en la clase de arte —pero no tan silenciosos como para no poder escucharlos— sobre cómo me había lanzado sobre él y luego lo había acusado de violación; cómo me rechazó y yo estaba tan enojada que decidí destruir su vida; cómo yo era una acosadora que se había quedado en su casa a altas horas de la noche, esperando poder verlo. Si alguien consideraba la alternativa —que James y yo habíamos estado juntos, que fui forzada a dar una declaración— se lo guardaba para sí mismo.
Se retiraron los cargos y se restituyó el trabajo de James, solo que ya no estaba enseñando mi clase de arte. Ya no me miraba cuando pasábamos por los pasillos.
Era como si lo que teníamos, nunca hubiera sucedido.
Como si yo no existiera.
Sue se aclara la garganta. —Bueno, eso es lo mejor. De todas formas, nunca va a salir nada de eso.
—No, supongo que no —coincido en voz baja. Lástima que me haya llevado tanto tiempo verlo.
Una camarera pasa con un plato de cebollas fritas y mi estómago se revuelve con el olor.
—¿Estás bien? Estás muy pálida de repente.
—Estoy bien. —Echo un vistazo a Jessica, metiendo una orden en el ordenador. Sonríe y me levanta un pulgar. Ojalá pudiera tener tanta confianza como ella.
Una mujer en la mesa dos me está mirando fijo. Es la doctora Ramona Perkins, mi dentista. O ex-dentista. En abril, recibimos una llamada telefónica para decirnos que su oficina estaba reduciendo su carga de pacientes y que ella ya no sería capaz de aceptar a mi familia para citas. En una ciudad de tres mil, Odontología Perkins es el único consultorio. Ahora mi familia tiene que conducir casi treinta minutos, al lado lejano de Belmont, para que le atiendan sus dientes.
Mi madre se encontraba en estado de shock al principio, dado que empezó con el padre de Ramona, John Perkins, cuando se mudó a Balsam hace veinte años. Pero después de algunas preguntas, se enteró de que la doctora Perkins es mejor amiga de la madre de James, Melissa Philips.
Las otras dos mujeres tienen la decencia de apartar la mirada, pero la doctora Perkins me lanza una mirada altiva y luego dice en voz alta: —Las esposas tendrán que aferrarse a sus maridos cuando vengan aquí, con esa sirviéndoles.
—¿Sabes qué? Creo que es mejor que hablemos en mi oficina. — Sue levanta su cuerpo rechoncho y bajito de la cabina, recogiendo mi currículum en su camino, sin mirar a Ramona. Me conduce a través de la cocina, donde un hombre grandote de piel de ébano está tirando panqueques por el aire con una mano y agitando una olla de sémola en la otra con una precisión hábil—. Ese es Leroy. Aquí es el cocinero jefe.
—Pero me lleva a casa por la noche y lava mi ropa. En ocasiones también se refiere a mí como "marido". —Harry guiña un ojo, y luego su rostro se divide en una amplia sonrisa.
Fuerzo una sonrisa, pero me temo que es desagradable en el mejor de los casos porque el hedor a la grasa de las freidoras forma una piscina de saliva en mi boca.
—Tres mesas de cuatro acaban de entrar —le advierte Sue—. No sé por qué está tan ocupado de repente. Debería estar allí cubriendo mesas. Terminaremos esto rápido. Aquí está mi oficina, justo…
Me pierdo sus palabras cuando cruzo la puerta marcada BAÑO DE EMPLEADOS, lo que es justo a tiempo de sumergirme en el inodoro antes de que mi harina de avena haga su reaparición.
Sue me espera cuando salgo unos minutos más tarde, con los brazos cruzados sobre su amplio pecho, la mirada en su rostro ilegible pero alarmante de todos modos.
—El olor de la salchicha debe haberme hecho mal.
—¿No puedes soportar el olor a salchichas de desayuno y quieres trabajar en un restaurante? —Casi puedo oír el "eres idiota" que ella mentalmente agregó al final de eso.
—No sé qué pasó. Supongo que estoy muy nerviosa. —Realmente necesito este trabajo—. Prometo que no volverá a suceder.
Retuerce sus labios, pensando y luego suspira con exasperación. —Quédate aquí. —Desaparece en su oficina y regresa un momento después—. Guardo una caja en mi oficina. Entre todas mis camareras, tenemos por lo menos cinco sustos como este al año. Prefiero que mis chicas lo sepan de una forma u otra antes que tenerlas tirando platos y olvidando órdenes durante todo el día porque están consumidas por la preocupación de la duda. Así que hazme un favor. Vuelve allí y haz pis en esto.
Miro fijo el delgado envoltorio de papel de aluminio que acaba de meter en mi mano, sintiendo mis mejillas arder. —No… No estoy… Esto no lo es… Estoy tomando la píldora.
—¿Estás cien por ciento segura de eso?
Hago silenciosamente las matemáticas en mi cabeza. Ha pasado cuánto tiempo desde…
Oh Dios mío.
—Sí, eso pensé. Ve, ahora. —Sue me guía a través de la puerta con una mano fuerte, cerrándola detrás de mí.
Con un rostro enrojecido, fallo con el envoltorio, aunque no sé por qué. No es que ella no sepa lo que estoy haciendo. —¿Esta debe ser la peor entrevista que ha tenido? —grito con una risita débil mientras me coloco en el asiento, bastón en mano, esperando estar haciéndolo bien.
—No. Una chica de cerca de Sterling te ha vencido. Los policías entraron y la arrestaron justo después de que ella terminó de decirme lo confiable que era. Resulta que robó a su empleador anterior el fin de semana anterior.
—Supongo que no consiguió el trabajo. Y sospecho que tampoco lo haré.
Sobre la descarga del inodoro, oigo a Sue gritar: —¡Dos minutos para los resultados!
Me tomo mi tiempo lavándome las manos mientras que espero, evitando el palito que se encuentra en la parte posterior del inodoro, formando su respuesta. La sensación de fracaso me abruma. Pasé mucho tiempo preparándome para la entrevista de hoy, planchando una sencilla blusa blanca que me prestó Jessica, rizando los extremos de mi pelo rubio cenizo para que caiga bien sobre mis hombros. Jessica dijo que a Sue le gusta el maquillaje sutil, así que me salté el delineador de ojos negro y me decidí por un brillo de labios en lugar del color rosa brillante que usualmente llevo.
Las cacerolas están golpeteando y voces fuertes están gritando órdenes en la cocina. —Sé que está ocupada. No pasa nada si tiene que ocuparse de sus clientes. Ya conozco la salida.
No hay respuesta, y empiezo a pensar que Sue se ha ido hasta que grita: —¡Se acabó el tiempo!
Respirando profundo, alcanzo el palo con una mano temblorosa.
—No, no, no... —Mi espalda golpea la pared y me deslizo hacia el piso, con mis ojos pegados a la segunda línea de color rosa oscuro. No hay duda.
Oh Dios mío.
¿Pero, cómo? ¡Estoy tomando la píldora! Por supuesto, me perdí unas pocas aquí y allá, especialmente durante los últimos dos meses.
Lágrimas calientes bajan por mis mejillas mientras agarro la prueba, pensando en la única noche en que esto podría haber ocurrido.
Estaba tan herida…
Tan borracha.
Tan estúpida.
Como si no hubiera jodido mi vida lo suficiente. ¿Cómo voy a hacer esto? No puedo vivir en casa de Jessica con un bebé, y no pienso regresar a casa. No tengo trabajo y ¿quién diablos va a contratarme?
La puerta se abre sin aviso y Sue entra, mirándome con los brazos envueltos alrededor de mis rodillas, sollozando de manera incontrolable. No se necesita de un genio para adivinar el resultado, supongo.
Vacila, pero solo por un segundo. Tengo la impresión de que Sue no es el tipo de persona que se anda con rodeos. —¿Sabes quién es el padre?
Pregunta justa para hacerle a la puta de la ciudad, supongo.
Asiento con la cabeza.
—¿De cuánto estás?
Hago los cálculos en silencio. —¿Siete semanas, tal vez? ¿U ocho?
—¿Le vas a decir? ¿Para que te ayude?
—No lo sé.
—Es justo.
Evito mi mirada hacia el suelo de linóleo rosa desvanecido. Creo que he estropeado mis posibilidades de conseguir este trabajo.
Jessica viene por el estrecho espacio. —Harry dijo que estabas… — Su voz se interrumpe cuando ve la prueba en mis manos—. ¡Oh no… Bella! —Sus manos van a su estómago, presionando contra él—. ¡Oh no, oh no, oh no! —Después de un momento—. ¡Todo esto es culpa mía! —
Parece lista para ponerse a llorar.
—No estás exactamente equipada para tener la culpa por esto, Jessica —señala Sue.
—No, pero fui yo quien convenció a DJ para que trajera a su amigo de Nueva York a esa fiesta, para que él y Bella se conocieran.
—¿DJ, tu ex? —Sue escupe su nombre. Supongo que le disgusta. A la mayoría de las personas les pasa. DJ Demetri es una serpiente disfrazada de chico atractivo. Si el dinero se pierde de tu casa en una fiesta, puedes apostar que está en su bolsillo. Si hay un puñetazo y él está cerca, puedes apostar que él lo provocó. ¿Ventana rota o pared pintada con spray? Revisen sus huellas dactilares. Nunca entendí cómo Jessica podía ignorar la dudosa honradez. Solo ha dañado su reputación.
Los cabellos rubios de Jessica se balancean con su cabeceo.
Sue suspira. —¿Y supongo que el tipo que fue arrestado con él es este amigo de Nueva York? —Todo el mundo por aquí ha oído hablar de DJ y otro chico que fue arrestado por comerciar marihuana y coca en Belmont al día siguiente de esa fiesta. Fue un alivio para mí, porque dio a la gente algo más de qué hablar. Jessica fue lo suficiente inteligente como para dejar a DJ de inmediato, aunque lloró una semana después.
Otro movimiento de cabeza.
Otro suspiro pesado. —Pensándolo bien, no me apuraría en decir algo. Nadie necesita saber que el papá de tu bebé es un traficante de drogas. No es como si fuera capaz de ayudarte desde la cárcel de todos modos, y parece que va a estar allí un tiempo.
—Pero la gente me vio entrar en su camioneta. —En realidad, vieron a Felix arrastrarme en su furgoneta después de que me lancé por una chica que me escupió en el pelo. En todos los meses de cotilleos y burlas desde que arrestaron a James, era la primera vez que reaccioné físicamente. Estaba borracha y furiosa; no pude evitarlo.
Felix encendió un porro y nos quedamos en la parte de atrás de su camioneta VW durante horas, quejándonos de lo jodida que era la vida mientras la fiesta se alborotaba alrededor de nosotros. Se sentía bien hablar con alguien que no conocía a un alma por aquí, además de DJ y no parecía importarle si me acosté con mi profesor o no.
Wow, no note que tan largo era el capitulo hasta el momento de adaptarlo, como habran notado Bella ha tenido bastantes incidentes en un mismo año y si bien su actitud al comienzo puede molestarnos prometo que mejora jaja
Espero que lo hayan disfrutado y si gustan dejarme un rr para hacérmelo saber, estaré encantada. Tambien dejenme saber si encuentran algun error en la adaptacion, intento corregirlo varias veces pero puede que se me pase algun nombre, si es asi no duden en decirmelo
Nos leemos en el próximo episodio.
