Territorio Gris
Capítulo 2: Demonios
—¿Aún nada? —pregunto, quizá por enésima vez.
—No, Bakugo, no hemos recibido ninguna emergencia.
Bufo. No tengo nada que hacer, pero no puedo estar quieto. Camino de un lado a otro de la oficina. Debiera estar allá fuera, haciendo algo, lo que sea. Ni siquiera puedo salir a patrullar. A esta gente le gusta tomar turnos para que el trabajo sea equitativo. Pura mierda. En vez de estar afuera, haciendo algo útil, estoy aquí atrapado, esperando que pase algo.
Me preparé durante cinco años para esto, cinco jodidos años. En primer año me secuestró una pandilla de villanos encabezados por un sujeto con la particularidad más extraña que ví jamás, y sobreviví, gracias a All Might. Por mi culpa, tuvo que enfrentarse a ese sujeto y retirarse después. Nadie nunca había sospechado lo acabado que estaba ese hombre, él mismo me lo confesó más tarde. Después vino Mirio Togata, el gran Lemillion, clamando que él sería quien ocupara el lugar del Símbolo de Paz. Pura mierda.
Pasé los siguientes años pateando cualquier culo que se interpusiera, esforzándome más que todos los demás extras, mi objetivo más claro que nunca. Voy a ser el mejor puto héroe que haya pisado esta puta tierra. Mejor que el imbécil de Mirio. Mejor que All Might. Se lo debo, después de todo.
Me gradué de la U.A. como el mejor de mi clase y obtuve mi licencia. Hoy debuto como héroe profesional. ¿Y ahora no puedo siquiera salir a patrullar? ¿Ni una miserable patrulla? ¡Son las once de la noche, carajo! ¡Mi turno termina a las doce! Y no ha pasado ni una mierda en esta puta ciudad. Si no pasa nada dentro de los próximos quince minutos, juro que saldré allá afuera y—
—¡Atención! Se ha producido una explosión al oeste de la agencia… —avisan por altoparlante. ¡Sí, mierda! ¡Una explosión en la ciudad! En dos segundos tengo mis guanteletes puestos y estoy listo para partir. Casi tengo un pie fuera de la oficina cuando—
—¡Atención! Se están produciendo más focos de incendio, las explosiones se están sucediendo una detrás de otra. Se cree que puede haber un ataque organizado… —¿Ataque organizado?
—¡Divídanse por zonas! ¡Rápido! —Yo doy media vuelta y entro en la oficina.
—¡Bakugo!
—¡Adelántense! —les ladro. Corro hasta la sala de vigilancia. Allí tienen imágenes en varias pantallas de lo que está pasando, todas imágenes individuales de los incendios.
—¿Ground Zero? —me dice uno de los vigilantes de la sala.
—Deja, que quiero buscar algo. —Me siento frente a una de las computadoras. Si se trata de un ataque organizado debe haber un patrón. Consigo visualizar una imagen general.
Puedo verlo, definitivamente no es casual. El bastardo que causó las explosiones dibujó un círculo en torno de la agencia. Así que es una provocación dirigida hacia nosotros.
Mi teléfono vibra en mi pantalón. Lo extraigo del bolsillo en un acto reflejo. Pero entonces me doy cuenta de que no es el teléfono del trabajo. Es mi teléfono personal, que yo mismo había dejado apagado hace horas. Un mensaje de un número desconocido. ¿Coincidencia? No lo creo. Abro el mensaje. Son números. Y no, no pueden ser simples números, son coordenadas. Tecleo rápidamente en el sistema de búsqueda. No me jodas. El lugar queda cerca, aunque fuera del anillo de incendios y no hay ningún incidente en esa zona particular. ¿Qué es esta mierda?
Me doy cuenta de que el resto de los héroes ha partido hacia los distintos incendios, así que estoy solo, no puedo pedir refuerzos. Puede ser una trampa, sería estúpido ir sin un plan de respaldo. Pero tampoco puedo ignorar el llamado. Quien sea que esté mandando esto, me está llamando personalmente. Y hay razones suficientes para pensar que el mensaje y las explosiones están relacionadas. No tengo opción, debo ir.
Salgo de la agencia y parto hacia el lugar. Corro y me impulso con detonaciones controladas. Poco a poco me voy acercando. Al llegar noto que es cierto, aquí no ha pasado nada. Ni explosión, ni incendio. El lugar exacto que indican las coordenadas es un edificio alto. Un edificio residencial. Mierda. Mi teléfono vuelve a vibrar. Otro mensaje del número desconocido. "En la azotea". ¡Mierda! Saben que estoy aquí. Miro hacia el edificio. ¿Debo avisar a los habitantes para evacuar? ¿O acaso es lo que quieren que haga? Si pido que se evacue el edificio, se hará el caos en la calle, donde las personas serán blancos fáciles. No. Debo irme con cuidado y averiguar más. Pero antes, envío mi ubicación a mis compañeros por si esto terminara saliéndose de mis manos.
Invoco una explosión de mis manos, salgo disparado en el aire. Espero que los habitantes no se alteren demasiado. Aterrizo en la azotea, rodo por el piso hasta que vuelvo a pararme, listo para atacar.
Miro alrededor. Está oscuro, da la impresión de que no hay nadie. Pero no hay duda de que estoy siendo observado. Alguien está por ahí, evaluando cada movimiento que hago, cada paso que doy. Si tan sólo dejaran este juego de mierda y—
Giro y lanzo una explosión hacia quien se me acerca desde atrás. Pero mi detonación es bloqueada por alguien que no logro ver. Se oye un siseo, el humo no me deja ver. Cuando se disipa, ya no hay nadie a la vista.
Me mantengo en guardia. Pasa un segundo. Luego pasa otro.
Un nuevo ataque llega desde un flanco. Otra vez respondo con una explosión, otra vez es consumida antes de dar en el banco. Oigo el siseo, aparece el humo. No, no es humo. Parece vapor. El atacante debe tener una particularidad relacionada con un líquido.
Apenas se despeja mi vista, ya no hay nadie. Me estoy aburriendo de esto.
—¡Si vas a atacarme, hazlo de una vez! —Silencio. Pero sé que va a volver a atacar.
Oigo pasos corriendo hacia mí. Me aparto antes de que me intercepten. Pero entonces, ataque tras ataque es lanzado en mi dirección en forma de ráfaga. Los rechazo todos, pero mientras más disparo, menos puedo ver. El maldito humo. Intento tomar la ofensiva, pero el bastardo se me adelanta, predice mis movimientos y me bloquea antes de que pueda atacar realmente. Tampoco me puedo permitir explosiones muy potentes, estamos peleando sobre un edificio habitado. Esta mierda no me gusta nada. Bien, cambio de estrategia. Espero que este bastardo sólo esté usando agua.
A la siguiente ráfaga de líquido, dejo que me empape. Con el brazo alzado, disparo hacia arriba. Todo mi alrededor queda iluminado. Alcanzo a ver una silueta. Me abalanzo contra ella, voy a mandarla a volar. Mis manos chocan contra otro par de manos, doy de cara contra mi oponente. Al momento en que activo mi explosión, líquido escurre y la sofoca. Nos debatimos en una prueba de fuerza, mi particularidad contra la suya. De a poco voy ganando terreno, mi oponente empieza a ceder. Hasta que cae de rodillas. Ya es mío. Arrojo una patada en su dirección, oigo cómo cae al piso, cómo jadea. En un momento el vapor de disuelve. Ante mí está un chiquillo, no más que un adolescente, llevando unos lentes que de seguro son de visión nocturna.
—Maldito mocoso. —Me le acerco, voy a sacarle la madre a ese—
—¡Suficiente! —dice una voz desde las sombras. Me pongo en guardia. El chiquillo que estaba en el suelo se para y se hace a un lado.
Entonces aparece. Un tipo de mediana estatura, menudo, vestido con ropa formal. Y una máscara de All Might cubriéndole la cara. Aprieto los puños, la sangre me hierve.
—¿Eres tú el que causó las explosiones? —pregunto entre dientes.
—Sí —responde burlonamente.
—Bastardo… —Empiezo a avanzar. Sea cierto o no, sé que este tipo es peligroso.
—Espera, espera —dice, y me muestra que tiene una especie de control remoto en la mano—. Supongo que lo notaste, pero estamos encima de un edificio habitado, en medio de un barrio residencial. Si intentas atacarnos, te prometo que voy a volar el lugar. —Puedo escuchar la sonrisa en su voz.
Aprieto los dientes. Este bastardo me tiene acorralado y lo sabe. Se las ha ingeniado para traerme aquí, solo, y con una sola movida ha tomado de rehén a todos los habitantes del edificio sin que lo sepan. ¿Qué es lo que quiere conseguir? ¿Es sólo un acto terrorista o hay algo más? ¿Por qué me ha llamado a mí de entre todos los héroes? ¿Quién es este tipo?
—¡Al menos muestra la cara, hijo de puta!
—Hmm, me parece bien. —¿En serio? ¿Así de fácil? El tipo desliza la máscara fuera de su cabeza, la deja caer al piso y me mira—. Hola, Kacchan. ¿Cómo te va? —dice, con una sonrisa en la boca. No digo nada—. ¿Qué? No me digas que no me recuerdas. —Entonces suelta una risotada—. ¡Debe ser que me dabas por muerto! —Sigue riendo. Soy incapaz de contestar—. ¿No vas a decir nada? Que raro, nunca has sido de los que se quedan callados. Bueno, no importa. Sólo quería venir a saludar, ver cómo estabas. Yo estoy bien, por cierto. No me he suicidado ni nada.
—Deku…
—Sí, ahora todos me llaman Deku. Esto es lo que soy ahora, ¿te gusta? Me costó llegar hasta aquí, pero nada se consigue sin—
Un haz de luz cae sobre nosotros. Quedo cegado por un momento. Es nuestro helicóptero de vigilancia. Contestaron a las coordenadas que envié.
—Tus refuerzos llegarán luego. Fue bueno verte. ¡Nos vemos! —Apenas alcanzo a ver cuando me lanza el control remoto. Sólo entonces reacciono. Me arrojo al suelo, cae justo en mis manos. Cuando levanto la vista, él ya no está. Ni él ni el mocoso. Me incorporo de un salto y corro hacia el borde de la azotea. Miro hacia abajo, busco por todos lados, casi esperando verlo estampado en el pavimento. Pero no hay nada. No hay nada. No hay nada.
Estoy frente a su casa. Frente a la puerta que lleva su nombre. Aunque vivíamos cerca, no puedo recordar la última vez que estuve aquí. Ahora está bajo vigilancia. Después de los últimos eventos, han tenido que poner policías. El policía de turno me dio permiso para pasar. Y aquí estoy, a sólo un timbre de distancia de volver a pisar ese departamento. Pero dudo. Me digo que es porque no quiero molestar a la pobre mujer, que ya ha pasado por mucho. Pero tengo mis razones para hacer esto. No hay forma de que pueda eludirlo.
Toco el timbre. No pasa mucho. Inko Midoriya me abre la puerta. Primero se asoma tímida, pero cuando me reconoce, le cambia la cara.
—Bakugo, sabía que ibas a venir. Por favor pasa —dice, y abre más la puerta. ¿Me esperaba?
—Con permiso. —Entro. Aunque han pasado años desde que he estado en este lugar, tengo la sensación de que aquí dentro las cosas no han cambiado mucho. Como si el tiempo no hubiera pasado. Siento un nudo en la garganta. Trago para quitarme esa sensación.
—Toma asiento. ¿Quieres un poco de té? —No alcanzo a negarme cuando la mujer ya ha puesto un vaso en frente de mi. Le agradezco y doy un sorbo por cortesía. Ella se sienta en frente de mí. Se hace un silencio pesado, sólo para retrasar la conversación que se viene. Qué mierda.
—Sé que las cosas son difíciles para usted, y lamento tener que hacerle estas preguntas de nuevo. Pero tengo dudas y necesito saber.
—¿No puedes revisar los registros de la policía? —pregunta ella, desviando la mirada.
—Ya lo hice, pero en ese entonces la investigación no llegó a nada. Está claro que les faltó indagar más. —Ella guarda silencio por un momento, pero luego suspira y asiente.
—No voy a decirte que está bien, pero responderé todo lo que pueda. —Bien, es un buen comienzo.
—¿Cómo estaba… Izuku el último día que lo vio? —pregunto. Ella se toma un momento antes de contestar, como si le doliera escuchar el nombre.
—Me avergüenza decirlo, pero se veía igual que siempre. Se levantó temprano, tomó desayuno normalmente y partió a la escuela. Supe que apareció en televisión con el ataque de ese villano. Tú estabas ahí. —Yo asiento—. Hablé con él por teléfono. Me aseguró que estaba bien. Me dijo que me quedara tranquila, que iba a llegar un poco tarde. Pensé que estaría emocionado porque había visto a All Might. Pero nunca volvió. Cuando desapareció pensé que tal vez algún villano le había hecho algo en represalia, pero nunca se supo nada. La policía no investigó lo suficiente. —Hace un silencio, veo que está haciendo un esfuerzo por no llorar—. Jamás pensé que mi Izuku terminaría como… —No termina la frase, el llanto la vence. Espero un poco a que se calme.
—¿Sabe si Izuku tenía motivos para convertirse?
—No me explico por qué haría algo así. Tenía tantos deseos de ser un héroe, pero su condición no lo permitía. —Guarda silencio por un momento, todavía secándose las lágrimas—. Nunca me dijo nada, y tal vez fue mi fracaso como madre no verlo a tiempo, pero creo que Izuku cargaba con mucha frustración y que nunca supo qué hacer con ella. —Otro silencio—. ¿Sabes? Él te tenía mucho aprecio, creo que quería ser como tú. Sé que se distanciaron con los años, pero nunca dejó de admirarte. Volvía a casa y me contaba que eras el mejor en deportes, o que habías enfrentado unos matones en la calle. Debe ser por eso que hizo el ataque, quería llamar tu atención. Ojalá no lo hubiera hecho en la forma en que lo hizo.
—No hubo muertos —digo de repente. Ella me mira confundida
—Pero…
—La prensa hizo un escándalo, pero sólo hubo heridos y daños estructurales. No mató a nadie. —Los ojos de la mujer se llenan de lágrimas otra vez, y sonríe débilmente. Parece aliviada, como si no le acabara de decir que Deku es un villano que pertenece a una organización de criminales.
—Tal vez esté mal de mi parte preguntar, pero… ¿Cómo está? —pregunta, rogándome con la mirada. ¿Qué debo contestar? ¿Que Deku se ha vuelto un sociópata? ¿Que plantó bombas en la ciudad para causar terror? ¿Que ya tiene una orden de arresto? Ante mi silencio ella insiste—. ¿Está… bien? —Entonces lo entiendo. Esta mujer ante todo es madre y Deku, sociópata o no, sigue siendo su hijo. Pienso cuidadosamente antes de responder.
—Se veía en buenas condiciones, no parecía estar herido o enfermo.
—¿Sabes a dónde fue?
—No, ahora lo están buscando. Después del ataque se fue sin dejar rastro.
—Si lo atrapan, ¿qué le va a pasar?
—Tendrá un juicio y algún tipo de condena. —La mujer baja la vista, pensativa. Entiendo entonces que el policía de afuera no es solamente para protegerla, sino para evitar que intente hacer algo.
—Te lo digo, Bakugo, Izuku pudo haber elegido un mal camino, pero no es un criminal. Tal vez sólo necesita que lo salven de sus propios demonios —dice, mirándome con ojos llenos de total convencimiento, unos ojos que se parecen mucho a los de él. Yo trago pesadamente, la garganta se me aprieta de nuevo. Ella termina de arreglarse el rostro. Entonces aparece de nuevo esa débil sonrisa—. ¿Quieres ver su habitación? Está tal cual como la dejó.
No puedo. No puedo hacer esto. No aguanto más.
—Disculpe.
Me paro, me inclino rápidamente y me abalanzo contra la puerta sin dar explicaciones. Tampoco le doy explicaciones al policía. Empiezo a correr. Corro con todas mis fuerzas. Me alejo del edificio. Las calles de mi infancia pasan a mi lado. Pero no quiero pensar. No quiero recordar. Así que corro sin parar. Poco a poco voy dejando atrás el suburbio. Me voy acercando al bosque. A ese que íbamos a jugar cuando éramos niños.
Sigo corriendo. Corro con todas mis fuerzas. Los árboles de mi infancia pasan a mi lado. No quiero pensar. No quiero recordar. Sigo corriendo. Mis piernas se mueven solas. No sé cuánto tiempo llevo corriendo, pero no siento el cansancio. De repente veo el río más allá. Corro más rápido. Me detengo justo cuando acaba el camino y empieza la quebrada. Jadeo. La garganta se me aprieta más. Siento que me ahogo. Tomo una gran bocanada de aire y grito.
Grito. Grito tan fuerte como puedo. Pero la sensación no se va.
De repente todo me viene a la cabeza. La lápida que lleva su nombre, los golpes, los insultos. Desde hace cinco años que lo sé. Fui yo. No fue ninguna coincidencia que me hiciera ir a una azotea, o que apareciera el día de mi debut. Está jugando conmigo, está jugando con mi cabeza, y lo está disfrutando. Había aprendido a vivir sin que nadie me llamara Kacchan. Incluso había aprendido a vivir ignorando esa culpa de mierda que siempre estuvo ahí por mucho que me hiciera el imbécil. Y ahora el mocoso que me tendía la mano ha regresado de la muerte convertido en un puto villano que pone bombas. O que me hace creer que las pone. Dijo que las explosiones eran suyas, me amenazó con volar ese edificio con las personas dentro, pero cuando buscaron por explosivos, no habían. El desgraciado sólo me hizo creer que sí. El patrón de las explosiones, los mensajes, me manipuló todo el tiempo, sólo porque quería confrontarme personalmente. Pero no mató a nadie. Las bombas fueron puestas estratégicamente. Quería causar daño en el lugar, quería causar miedo, pero parece que no quería matar. ¿Por qué? ¿Será que tiene un plan? ¿Estará pensando matar en el futuro? ¿Acaso quiere vengarse de mi? ¿O sólo es alguien que necesita ser salvado de sus demonios?
Pero, ¿y si yo fuera uno de esos demonios?
