A lo mejor el siguiente capitulo es el ultimo. No prometo mucho pero me esforzaré para traerlo pronto y algo decente.


Aquella misma noche la pasó una vez más en el bosque. Comprende a Jaspe. Le gusta estar solo. Durmió en la cueva, la guarida de la gema. O más bien, solo estuvo ahí refugiándose y viendo la lluvia. Este podría ser su nuevo hogar, y no era tan malo. No tenía sueño. Este nuevo estado suyo lo mantuvo despierto sin sentir cansancio. Es más un diamante que un humano ahora, y no necesita dormir, además aunque de verdad quisiera, no podría haberlo hecho. Sentía aún la adrenalina y éxtasis por dentro. Se reía de su suerte.

Se sentía imparable, y recordó el momento en que sus poderes comenzaron a manifestarse de esta forma. Sin embargo, un acontecimiento reciente es el que más lo atormenta: el momento en que controlarlo todo se le salió de las manos, y eso fue hace tres días.

Ser rechazado por Connie fue un golpe bajo a su ego y le dio duro. La extraña. Quizá la visite mañana. Connie se llevará la sorpresa de su vida.


En casa de los Maheswaran, todo transcurría con normalidad. La Dra. Maheswaran preparaba el desayuno para su familia. Su esposo, sentado a la mesa leyendo el periódico, esperando su omelette. El timbre resonó y Priyanka atendió, abriendo los ojos al ver de quien se trataba. Por poco y no lo reconoce. — ¿Steven?

— ¿Qué tal, doc?-Responde de manera confianzuda.

—Eh… ¿cómo has estado? Sigues tan…rosa.-Comenta.

—Sí. Descuide, un pequeño cambio. Me estoy acostumbrando a esto.

— ¿Seguro? ¿No deseas que te realice otro chequeo de rutina?

—Demasiada palabrería. ¿Me va a dejar pasar?-Espeta con actitud agresiva.

—Oh, c-claro. Adelante.-La distrae el comportamiento evasivo que está teniendo. No es normal en él.

— ¿Dónde está Connie?-Dice de inmediato al entrar a la vivienda, y no verla por ningún lado.

—En su cuarto.-Responde el señor Maheswaran, sin alterarse por la presencia de Steven, creyéndola amistosa.

—E-en realidad creo que aún no despierta.-Interrumpe su esposa. —Debe seguir dormida. Ya la conoces, le obsesiona estudiar para su universidad y se ha desvelado estos días.-Algo sospecha ella y no le agrada. Mejor proteger la integridad de su hija.

—Que coincidencia. Igual yo.-Responde el más joven. —Le va a alegrar verme.

—Steven, espera.-Alcanza a tomarlo por el hombro antes de que suba las escaleras, deteniéndolo a medio camino. —No quiero ser grosera, pero no deberías estar aquí. ¿Puedes volver más tarde? No quieres importunar a Connie.

— ¡No me toque!-Expresa. La mujer se desconcierta. El muchacho está actuando muy raro. Lo supo desde el principio. Antes de poder reaccionar, Steven acorrala a ambos adultos y los encierra a cada uno en una burbuja de cuarzo. Priyanka rueda por las escaleras hasta chocar con una pared. Los dos gritan por socorro. El señor Maheswaran está asustado. No entienden que sucede. Intentan romper la burbuja pero es inútil. Golpean su prisión con los puños gritando por auxilio, o mínima misericordia a quien los encerró ahí, pero Steven los ignora y llega hasta la habitación de la chica. Abre la puerta y en efecto encuentra a Connie dormida, con el cuarto a oscuras. Se acerca y la zarandea lo mínimo para hacerla despertar. La joven se despierta. No esperaba ver a Steven, y desperezándose, con extrañeza, cuestiona por qué está ahí. —Luces distinto.-Añade con ligera impresión.

— ¿Qué, no te gusta el nuevo Steven?-Alardea.

— ¿Estás bien, qué pasa?-Cuestiona, ladeando la cabeza.

— ¿No puedo solo venir a ver a mi chica?

— ¿Tu chica?-Reacciona más activa ahora, y sus mejillas se sonrojan al recordar todavía su propuesta de matrimonio. —Steven, tú…-Los gritos de abajo la hacen reaccionar. Ignorándolo, sale del cuarto apurada a ver a sus padres, y al ver la situación en la que están metidos, se alarma. — ¡¿Qué les hiciste, por qué?!-Grita alterada, de vuelta al muchacho.

—Estaban interfiriendo en mi camino. Pero no tengo que darte explicaciones.

— ¡¿Qué, te volviste loco?! ¡Libéralos!

Se encoge de hombros como si no fuera nada, y una sonrisa ladina en el rostro. —Connie, yo ya estoy loco por ti, eso es obvio.-Desde su lugar observa a quienes pudieron ser sus suegros. Tan patéticos sin poder escapar. La burbuja de cuarzo es su truco más antiguo y fácil; y dos simples humanos no pueden liberarse de esta. —Que lastima que tus papás se enteren de esta forma, ¿no crees?-Connie ha empezado a llorar al ver a su amigo tan cambiado. Él nos es así. Él nunca la lastimaría de esta forma. Lo ve en sus ojos. Tiene los ojos de un Diamante.

— ¿Por qué haces esto?-Connie a su vez le exige a Steven. — ¿Es porque te dije que no? ¡Por favor recapacita! ¡Este no es el Steven que yo amo!

— ¿Vaya, ahora sí dices amarme?

— ¡Siempre lo he hecho, pero este ya no eres tú!

— ¡El nuevo Steven te gustará más!...Connie, estoy dispuesto a perdonarte y dejar pasar ese pequeño momento vergonzoso.-Muestra una sonrisa que trata de demostrar simpatía. —Nunca pasó, podemos intentarlo otra vez.

— ¡Connie, lo que sea de lo que esté hablando, no cedas!-Exclama su padre.

—Míralos, no tienen ni idea.-Se burla. —Todo esto porque su hija no les cuenta las cosas más importantes.-Steven tiene ese pequeño rencor con su amor; el no contarles que le fue propuesto matrimonio. ¿Acaso entonces para ella no significó nada? De otra forma no les ocultas ese tipo de detalles a tus padres. —Diles, Connie. Ellos quieren saber.

— ¿De que esta hablado?-Cuestiona su madre sin comprender.

— ¡Bien, bien, lo siento!-Dice ella. — ¡Mamá, papá, lo siento! ¡No quise decirles, no quise preocuparlos! ¡Steven se me propuso para casarnos!-La expresión de los mayores es de shock puro. ¿Pedir matrimonio a una edad tan joven? ¡¿En qué pensaba Steven?!— ¡No es que no me importara, es que no quería alterarlos!-Le confiesa. — ¡Perdóname! ¡Si eso era todo lo que querías, ya déjalos en paz!

—No, no. Eso no es suficiente. Tendrás que hacer más que eso si quieres que te perdone.

— ¡¿Qué quieres que haga?!

—Aun necesito oír la aprobación de ellos.-Con un ademan de su mano, las burbujas reducen su tamaño, obligando a los adultos a encogerse como pueden ante el miedo de ser aplastados. Gritan de terror y dolor en un espacio tan pequeño.

— ¡Esta bien, está bien, no les hagas daño! ¡Yo acepto! ¡Acepto ser tu esposa!-Sus padres, en su encierro, aun reniegan lo que Connie está diciendo. Pero están acorralados. El chico todavía hace crecer picos por dentro de toda la burbuja, amenazando a los mayores e infringiéndoles más dolor y pánico. Claramente Steven tiene la ventaja en la situación. Connie lamenta no tener su espada cerca. —Steven, por favor.-Se hinca y le ruega. —Podemos ser Stevonnie juntos, como tú querías.-Forza una sonrisa, y sus ojos están cristalinos. —No me importa perder mi individualidad. No tendremos que estar apartados uno del otro nunca más.

—Connie, ser Stevonnie ya no me basta.

— ¡Entonces haré lo que me digas!-Steven, complacido, y aparentando compasión por ella, se rebaja a su altura. Le peina el cabello tras la oreja y aprovecha a susurrarle algo. Ella llora aún más. — ¡Por favor no! ¡Lo que sea menos eso, no me pidas eso! ¡No lo haré!-Steven hace las burbujas más reducidas, engrosando la superficie de sus prisiones a tal punto en que Connie ya no ve a sus padres desde afuera, como si las burbujas se hubieran polarizado como los vidrios de un auto. Además, en el proceso las volvió tan gruesas que retienen el sonido y ya no se escuchan sus quejidos de dolor hacia el exterior. Connie se cubre el rostro; no lo piensa más. No lo soporta más. Avergonzada y presionada, comienza a desabrocharse los botones de su blusa de dormir. Steven le ofrece llevarla de la mano y ella acepta, rendida. La rodea de los hombros y la guía de vuelta a su recamara. Ella no se lo impide y lo acompaña.

Connie no es capaz de oír como se quejan sus padres, pero ellos sí pueden oír como sufre su hija, y se queja, y reniega, y llora, y grita. Lo hizo por un acto de amor hacia ellos, para salvarlos, pero ella no está recibiendo lo mismo. Más que el dolor físico, el dolor del corazón es lo que los está matando a todos.