Espera intrigante
El trayecto fue tenso desde el momento en el que se metieron en el coche… Nadie dijo nada durante varios minutos, mientras salían del recinto escolar. Lo único que se podía oír era la sirena de la ambulancia, con el coche de Ukai yendo rápido para no perderla, y la respiración silenciosa de todos. Tsukishima miró a su alrededor y sus ojos se posaron en Daichi, que estaba sacando el teléfono.
–¿Qué estás haciendo? –preguntó Tsukishima.
–Poniendo un mensaje en el grupo sobre lo que ha pasado. Siento que tienen que saberlo lo antes posible.
–Aunque coincido en que deben saberlo, creo que los padres de Nishinoya deberían enterarse primero.
Daichi asintió.
–Es cierto.
–Eh, ¿entrenador? – preguntó Yamaguchi tímidamente– ¿Crees… Que Nishinoya estará bien?
Ukai resopló, no queriendo dar falsas esperanzas. Teniendo en cuenta el daño que había visto y lo rápido que Nishinoya se desangraba… Y eso que tenía las toallas taponando la herida.
–Solo podemos tener esperanza- dijo.
–Es demasiado cabezota como para rendirse tan fácilmente– comentó Tsukishima. Todos, salvo Ukai, le miraron–. Quiero decir que es el tipo de persona que pelea. Así que dudo que vaya a rendirse sin luchar.
Tsukishima no estaba seguro de si estaba diciendo la verdad o solo trataba de convencer a los otros para que no se preocupasen más… Quizás era una mezcla de ambas.
–Bueno, en eso no te equivocas– exclamó Daichi–. Nishinoya no se va a rendir.
Yamaguchi sonrió vagamente. Mientras, en la ambulancia, los paramédicos que atendían a Nishinoya se movían sin parar y comprobaban sus signos vitales cada dos segundos.
–¡La presión sanguínea está bajando! ¡Actualmente en 83/58! ¡Necesitamos una transfusión de sangre!
–¡Estamos en ello! –respondió otro.
El monitor del corazón subió ligeramente mientras otra paramédico comprobaba el pulso.
–¡El pulso se está acelerando otra vez! – dijo antes de volver a parar el constante sangrado– ¡La hemorragia está parando!
–¿Has encontrado de dónde sale tanta sangre?
–¡Sí!
–¡Bien!
–¡Ya casi estamos! – gritó el conductor.
La tensión aumentó cuando los dos vehículos llegaron a la entrada de emergencia. Ukai aparcó justo en la puerta.
–Ok, vosotros tres esperad en el coche. Estaré de vuelta enseguida.
Antes de que ninguno pudiera objetar, Ukai salió del coche y corrió hacia la ambulancia. Daichi y Yamaguchi miraron por la ventana, e incluso Tsukishima mostró un poco de interés en lo que estaba pasando.
Los paramédicos saltaron de la ambulancia y uno de ellos abrió las puertas traseras. Sacaron la camilla, revelando al líbero tumbado en ella. El chico estaba más pálido de cómo le habían visto la última vez, y aún parecía estar sufriendo por el dolor. Los ojos de Ukai se ensancharon ante su condición.
Varios de los paramédicos introdujeron rápidamente a Nishinoya en la entrada de emergencia, mientras una se quedaba con Ukai. Esta le comunicó que la condición de Nishinoya era mala y necesitaba tratamiento ininterrumpido. Le pidió que volviera con los tres estudiantes del coche y esperaran en la sala de espera, antes de correr al interior. Ukai hizo lo que le pidió y se acercó al coche haciendo gestos para que los chicos salieran. Ninguno dudó en obedecerle.
–¿Cómo está? – preguntó Daichi.
Ukai sacudió la cabeza.
–No muy bien. La paramédico me ha dicho que ha perdido mucha sangre y que tienen que tratarle de inmediato.
–¿Hay… Hay alguna opción de que él…?– Yamaguchi no quiso terminar la frase.
–No ha llegado a decir tanto. Voy a esperar aquí y a llamar a los padres de Nishinoya. Si queréis quedaros, podéis… Pero si fuera vosotros, llamaría a vuestros padres. Estarán preocupados, sobre todo si la policía está en el instituto.
Todos, incluso Tsukishima, accedieron a quedarse y contactar con sus padres, quienes se sintieron aliviados al escuchar que estaban sanos y salvos y desearon que Nishinoya también lo estuviera. Luego, los cuatro se metieron dentro. Tras registrarse, les dijeron que se sentaran hasta tener noticias. En ese momento, Ukai llamó a los padres de Nishinoya.
Estaba hablando con la madre de Noya quien, comprensiblemente, estaba triste y completamente aterrorizada. La conversación terminó una vez ella dijo que estaría pronto en el hospital. Ukai suspiró mientras salía, diciendo que necesitaba tomar algo de aire y, de paso, esperar a la madre de Nishinoya. Cuando salió, Daichi tomó aliento y sacó su teléfono… Dudando, escribió al equipo.
Daichi: Chicos… ¿Habéis oído lo que ha pasado?
Tanaka: ¿El qué? ¿Te refieres a los cientos de coches de policía del instituto? ¡Sí, es una locura!
Daichi se sorprendió ante lo rápido que se habían presentado los coches patrulla.
Daichi: Bueno…
Sugawara: Daichi… ¿Está todo bien? ¿Estabais en el gimnasio cuando ha llegado la policía?
Daichi: No, pero… Ha pasado algo…
Sugawara: ¿El qué?
Daichi respiró profundamente mientras, aún dudoso, contaba lo que había pasado.
Daichi: Es Nishinoya… Le han apuñalado.
Al principio todo estuvo en silencio, pero enseguida el chat empezó a echar humo.
Sugawara: Espera… ¿Qué?
Tanaka: ¡¿LE HAN APUÑALADO?! ¡¿QUIÉN DEMONIOS HA SIDO?! ¡QUIENQUIERA QUE SEA LO PAGARÁ CON SU VIDA! ¡LO VOY A MATAR!
Y, por supuesto, más personas se añadieron a la conversación.
Ennoshita: ¡He visto una ambulancia pasar por mi casa antes! ¿Era… Era por casualidad la de Nishinoya?
Narita: ¿Va a estar bien?
Kinoshita: ¿Cómo puede ser? ¡Parecía estar bien en la práctica!
Kageyama: Si Nishinoya ha sido apuñalado, ¿entonces ese tipo también llegó a vosotros, capitán?
Hinata: ¿QUÉEEE? ¿NISHINOYA ESTÁ HERIDO?
Tsukishima comenzó a molestarse por la constante vibración de su teléfono, así que lo sacó y comenzó a teclear.
Tsukishima: ¿Podéis por favor callaros? Mirad, voy a ser honesto, Nishinoya no parecía estar bien la última vez que le vimos pero no sabemos nada aún. Estamos en el hospital ahora mismo… ¡Dios!
Tanaka: BUENO, DISCÚLPANOS POR ESTAR PREOCUPADOS
Sugawara: Daichi… ¿Quién está contigo ahora mismo?
Daichi: Tsukishima y Tadashi… Éramos los que nos encontramos a Nishinoya en ese estado. El entrenador también está aquí, pero está hablando fuera con sus padres.
Hubo un breve silencio.
Sugawara: ¿Has… Tenido noticias de Asahi? No está contestando en el grupo.
Los ojos de Daichi se abrieron como platos; se giró hacia los otros dos.
Yamaguchi: Yo le vi irse con Nishinoya hace un rato.
Sugawara: Ok, entonces Asahi no estaba ahí cuando atacaron a Nishinoya… Asahi no se habría sentado a mirar si hubiera pasado.
Tsukishima: Chicos, estáis dando demasiadas vueltas al tema… Probablemente está ocupado o algo así.
Ennoshita: Puede que Tsukishima tenga razón… Le escuché decir que tenía algo que hacer.
Hinata: ¿Os han dicho algo ya de Nishinoya?
Tsukishima puso los ojos en blanco.
Kageyama: Estoy seguro de que acaban de llegar, ¡idiota! ¡No le van a curar en dos minutos!
Hinata: Bueno, ¡lo siento! ¡Solo quiero saber cómo está!
Tsukishima: El rey tiene razón… Por una vez.
Kageyama: ¡¿Disculpa?!
Tsukishima: No llevamos aquí tanto tiempo.
Daichi sonrió al leer el mensaje y ver cómo Kageyama no tenía ninguna duda de que Nishinoya iba a estar bien. Al menos uno de ellos tenía esperanza absoluta. Justo cuando Daichi iba a responder, las puertas se abrieron de golpe. Todos en la sala de espera saltaron en sus sitios y se giraron para ver quién era.
Para su asombro, vieron a la estrella del Karasuno jadear. Parecía preocupado y alarmado. Los tres jugadores de voleibol vieron que Ukai no estaba con él. O Asahi había usado otra entrada o evitado de alguna forma que Ukai le viera. Daichi se levantó y comenzó a caminar hacia Asahi. Antes de que el capitán pudiera decir una palabra, el as le agarró por los hombros.
–¡¿Cómo está?! ¡¿Está bien?! ¡¿Sigue vivo?!
Daichi miró a su alrededor y vio que todo el mundo les observaba. Suspiró y se giró hacia los de primer año.
–Vuelvo enseguida.
Daichi apartó las manos de Asahi de sus hombros y le guió fuera de la sala de espera. Una vez estuvieron fuera de la vista de todos, Daichi respiró profundamente.
–No sabemos nada aún… No ha pasado tanto tiempo desde que llegamos. Ya había perdido mucha sangre cuando la ambulancia llegó.
–¿Cómo… Cómo ha podido pasar? – la voz de Asahi temblaba– Hace nada estaba hablando de cómo no podía esperar para las Nacionales. Y ahora está…
–Créeme, ha sido un shock para todos. Yo estaba hablando con Tsukishima y Tadashi sobre cómo podían mejorar cuando Nishinoya entró. Tsukishima dijo que Nishinoya le había dicho que le habían apuñalado en una pelea. Yo estaba cogiendo algunas cosas para parar la hemorragia mientras Tadashi llamaba a la ambulancia.
Asahi apretó los puños con ira.
–¡Quienquiera que haya hecho esto lo va a pagar! – amenazó con un tono bajo– No puedo creer que alguien haya hecho una cosa como esta.
–Todos estamos en shock… Pero salir a encontrar a este tipo no es una buena idea. No podemos arriesgarnos a que hiera alguien más. Además, si Nishinoya escapó de él, hay posibilidades de que aún esté en la escuela… Por eso está la policía ahí ahora.
–¡Espero que lo encuentren! ¡Se merece que lo encierren para siempre!
–Yo también lo espero… Y no solo por el bien de Nishinoya. Por el de todos los que puedan verse involucrados. No sabemos sus motivos.
Asahi asintió lentamente.
–¿Cómo… Cómo de malo es?
Daichi notó un escalofrío al recordar el cuerpo casi sin vida de Noya sobre aquella piscina de su propia sangre.
–Es mejor que no hayas estado allí…
Asahi se encogió ante el tono de Daichi.
–Oh…
–Bueno, deberíamos volver– declaró el capitán tras un nuevo suspiro–. Los otros deben estar preguntándose qué nos lleva tanto tiempo.
Asahi asientió y los dos amigos comenzaron a hacer el camino de vuelta.
–Y… ¿No llegaste a verle?
–No, por suerte. Si lo hubiéramos hecho, me habría asegurado de que todos estuvieran bien. Quiero decir… Me habría asegurado de que Tadashi y Tsukishima sacaran a Noya de allí primero. Pero ahora solo podemos esperar.
Asahi permaneció en silencio mientras entraban en la sala de espera. Tsukishima acababa de terminar de calmar la conversación y levantó la vista hacia los dos estudiantes de tercero.
–Oh… Habéis vuelto– dijo Yamaguchi.
–¿Has corrido todo el camino hasta aquí? – preguntó Tsukishima.
–Sí… ¿Cómo iba a comprobar si no que estaba bien?
–Quizás esperando a que dijéramos algo más.
–¡Pero quiero saber cómo está nada más se tengan noticias!
Tsukishima puso los ojos en blanco. Daichi y Asahi se sentaron y, poco después, Ukai y la señora Nishinoya entraron.
–¿Os han dicho algo?
Todos negaron con la cabeza. Ukai no mencionó la aparición de Asahi, de modo que supusieron que le había dicho que los demás estaban dentro. La señora Nishinoya parecía estar a punto de romper a llorar.
–Gracias– exclamó con la voz turbada–. Gracias por estar ahí para ayudarle. No sé lo que podría haber pasado si… Si no hubierais estado ahí…
–No tiene que darnos las gracias. Solo hicimos lo que cualquiera habría hecho– respondió Daichi.
Lo que la mujer acababa de decir golpeó a los tres estudiantes que habían estado en el gimnasio. ¿Qué hubiera pasado si no hubieran estado ahí cuando Noya entró? Ninguno quiso saberlo.
Los seis se sentaron en la sala de espera. El grupo aún seguía mandando mensajes, pero no de una manera tan constante. Todos permanecieron en silencio mientras esperaban que el doctor atravesara aquella puerta y les diera alguna noticia. La señora Nishinoya tenía un ojo puesto en su teléfono, a la espera de recibir un mensaje de su marido, que se encontraba en la estación de policía. Después de tres, cuatro horas, tal vez más o tal vez menos, nadie llevaba la cuenta, la puerta se abrió y un doctor la atravesó con un portafolio en las manos. Entonces… Todos escucharon el nombre que habían estado esperando.
–¿Nishinoya Yuu?
Los seis se levantaron y el doctor asintió.
–Síganme, por favor.
El doctor dejó pasar a todos antes de volver a atravesar la puerta. Luego se puso a la cabeza, guiando a los demás a un área donde no había muchos médicos.
–¡¿Cómo está mi hijo?! – la voz de la señora Nishinoya se quebró nuevamente.
Todos se tensaron al ver al doctor bajar la mirada hacia las hojas del portafolio, para instantes después redirigirla al grupo.
–Nishinoya-kun ha tenido mucha suerte. Hemos descubierto que fue apuñalado en el costado, pero la herida no era lo suficientemente profunda como para dañar los órganos internos. Sin embargo, sí lo era para que se desangrase como lo ha hecho. Ha perdido mucha sangre así que hemos tenido que hacerle una transfusión para cerrar la herida. Creemos que esa ha sido la causa principal de su pérdida de consciencia y la aceleración de su pulso pues nada más empezar la transfusión comenzó a estabilizarse. Aún necesita más tratamiento, pero está estable.
Un silencio recorrió el grupo.
–Entonces… ¿Va a estar bien?
–Hasta donde sabemos, sí. Vamos a estar atentos esta noche, solo para asegurarnos, pero creo que puedo afirmar que estará bien.
Y entonces el alivio recorrió al grupo. La señora Nishinoya y Asahi parecían a punto de echarse a llorar; Daichi y Yamaguchi parecían buscar el objeto más cercano para poder sostenerse; Ukai suspiró y Tsukishima dejó caer una pequeña sonrisa difícil de ver desde lejos.
–¿Cuánto tiempo ha dicho que estará aquí? – preguntó Ukai.
–Diría que máximo una semana… Pero se quedará al menos unos días.
Ukai asintió mientras la señora Nishinoya se levantaba.
–Eh… Yuu está en el equipo de voleibol en su colegio y su equipo va a ir a las Nacionales dentro de unos dos meses. ¿Estará recuperado para entonces?
Todos abrieron los ojos como platos. Habían estado tan metidos en lo que había pasado con Noya que ni siquiera pensaron cómo iba a afectar al juego.
–A juzgar por la herida, debería estar recuperado antes de las Nacionales. Sin embargo, no tendrá mucho tiempo para practicar como el resto de sus compañeros.
Supusieron que Noya no estaría de vuelta enseguida, pero les alivió escuchar que volvería justo a tiempo para las Nacionales.
–Mi recomendación es dejarle descansar dos semanas antes de dejarle volver a practicar deporte. Sugiero encarecidamente que vaya a sesiones de terapia física que le ayuden a fortalecerse, pero depende de usted, señora Nishinoya.
–Lo pensaré– asintió.
–Nishinoya-kun está dormido en este momento, pero podéis visitarle un par de minutos. Se está haciendo tarde y vosotros deberíais volver a casa pronto.
Los cuatro estudiantes asintieron, de acuerdo con lo que el médico les decía. Este se giró entonces hacia la señora Nishinoya y Ukai.
–Me gustaría hablar con ustedes un minuto.
Los dos adultos se miraron antes de asentir. El doctor se volvió entonces hacia los estudiantes.
–Vosotros cuatro podéis adelantaros. Si el estado de Nishinoya-kun cambia, avisadme enseguida.
–¡Hai! – respondieron todos.
–Le encontraréis en la habitación 204. Bajando el vestíbulo, la segunda puerta a la derecha.
Los cuatro asintieron antes de seguir las indicaciones del médico. No les llevó demasiado tiempo encontrar la habitación de Nishinoya. Una vez dentro, vieron a su compañero tumbado, inconsciente. Su expresión facial parecía más calmada, su tono de piel casi había vuelto a la normalidad y su respiración era prácticamente normal. Su pelo estaba caído y pegado a su cara.
El monitor marcaba pulsaciones regulares. El grupo pudo ver una bolsa de sangre cerca de su cama y un tubo IV en su brazo. Llevaba una bata de hospital y varias vendas alrededor de su estómago que podían verse a pesar de la bata.
–Al menos… No parece estar sintiendo dolor.
Los demás asintieron. Daichi sacó su teléfono y comenzó a escribir el grupo.
Daichi: Nos han dicho que Nishinoya va a estar bien… Aún está inconsciente y tiene que quedarse en el hospital algunos días, pero saldrá adelante… Os explico el resto más tarde.
Daichi guardó su teléfono cuando vio a Asahi acercarse y arrodillarse a un lado de Noya. Tomó la mano del inconsciente líbero y cerró los ojos como si estuviera rezando. Mientras Daichi comprobaba las reacciones del equipo, que naturalmente eran todas de alivio, todo lo que Tsukishima y Yamaguchi podían hacer era quedarse ahí y observar lo que pasaba.
–¡Idiota! – murmuró Asahi– ¡Me has asustado muchísimo! ¡No te atrevas a hacer algo así de nuevo!
–Lo… Siento.
Asahi levantó la cabeza en shock, al igual que el resto del grupo. Todos observaron a Nishinoya abrir los ojos y dedicarles una mirada acuosa. Se miraron los unos a los otros, sin saber qué hacer o decir. No esperaban que despertase tan pronto.
–¡Voy… Voy a buscar al doctor! – anunció Yamaguchi antes de correr hacia la puerta.
Cuando se hubo marchado, todos volvieron a mirar a Nishinoya.
–¿Cómo… Cómo te encuentras, Noya? – preguntó Daichi, a pesar de saber perfectamente la respuesta.
–Podría… Estar mejor, pero estoy bien– Daichi frunció el ceño ante lo exhausto que sonaba. Nishinoya trató de sentarse, pero el dolor le golpeó en el costado y tuvo que morderse el labio para no gritar–. Maldita sea…
–Oye… Ve con cuidado– dijo Asahi, preocupado.
–Sí, te han apuñalado, ¿recuerdas? – señaló Tsukishima, sin rodeos. Daichi y Asahi le lanzaron una mirada pero Noya sacudió la cabeza.
–No… Está bien. Gracias por ayudarme, chicos. Decídselo a Tadashi.
–Nos alegramos de que estés bien– añadió Daichi.
Noya asintió antes de suspirar.
–Si Asahi está aquí, ¿eso significa que…?
–El resto del equipo no está aquí, si es lo que te preguntas– dijo Tsukishima–. Este tipo decidió correr todo el camino hasta el hospital y montar una escena en medio de la sala de espera.
Los ojos de Asahi se abrieron. Noya le miró.
–¿En serio?
–Bueno… Eh…
–Solo estaba preocupado por ti– saltó Daichi–. Pero el resto del equipo lo sabe y saben también que vas a estar bien.
Nishinoya sonrió.
–Bueno, creo que hablo en nombre de todos cuando te pregunto esto– exclamó Tsukishima–. ¿Qué te ha pasado, exactamente?
La sonrisa de Noya desapareció; sabía que les debía algún tipo de explicación. Después de todo, ¿quién podría haber predicho que entraría tan repentinamente en el gimnasio con una herida como aquella?
–Bueno…
El sonido de la puerta abriéndose le interrumpió. Tadashi entró corriendo en la habitación, seguido por el doctor, Ukai y la señora Nishinoya. Los ojos de Noya se abrieron al ver a los dos últimos.
–¿Mamá? ¿Entrenador?
–¡Oh, dios mío, Yuu! – exclamó la mujer.
–Es bueno verte despierto– Ukai sonrió.
–Es sorprendente verte despierto– añadió el doctor mientras dirigía sus pasos hacia él–. No contábamos con que despertarías tan pronto.
Nishinoya solo pudo encogerse de hombros. El doctor se acercó a comprobar sus signos vitales.
–En una escala del 1 al 10, ¿cuánto dolor sientes?
–Mm… 5 o 6, creo.
–¿E incomodidad?
–7 u 8.
El doctor asintió.
–Es normal, teniendo en cuenta lo que has pasado y cuánta sangre has perdido. Vas a estar en cama durante los próximos días para evitar que se salten los puntos y que te sientas mareado.
–¿Y si tengo que ir al baño?
–Podemos avisar a alguien para que te ayude o… Hay otra opción– sus ojos se posaron sobre una bolsa impermeable junto a la cama.
Noya gruñó. No le gustaba la idea de estar encerrado en el hospital durante días, ¡aquello iba a matarlo! No podría jugar al voleibol… Sus ojos se abrieron al darse cuenta de aquello. Por fortuna, su madre conocía aquella mirada y respondió a la pregunta no pronunciada de su hijo.
–El doctor ha dicho que estarás de vuelta antes de las Nacionales.
Noya suspiró aliviado, pero sabía que había algo más.
–¿Pero?
–Me temo que no tendrás tanto tiempo para practicar– terminó el doctor.
–O-Oh…
–Ey, no te preocupes, Noya. Te podemos ayudar con eso– Daichi miró a Ukai–. ¿Cierto, entrenador?
Ukai asintió.
–Claro. Y aún puedes echar una mano en el club.
–Gracias, chicos– respondió Noya con una sonrisa.
El doctor terminó de comprobar los signos vitales del líbero.
–Parece que todo está en orden. Se está haciendo tarde así que podemos dejar lo de mirar tu herida para mañana.
Nishinoya aceptó. Entonces, el médico se giró hacia los demás.
–Vosotros deberíais volver a casa ya. Es bastante tarde.
Ukai miró a los estudiantes.
–Yo puedo acercaros a casa. Considerando lo que ha pasado, no sería seguro que volvierais solos.
–Pero estaremos…– la mirada de Ukai obligó a Tsukishima a pensarse dos veces sus palabras– Está bien.
–Yo querría quedarme un poco más, si es posible. Mi marido me ha dicho que estará aquí dentro de poco– exclamó la señora Nishinoya al doctor. Este asintió.
–Bueno, vamos a dejarte descansar– dijo Ukai al líbero–. Tómatelo con calma.
–Estaré de vuelta pronto, ¡no os preocupéis!
Ukai no pudo evitar sonreír antes de girarse hacia los otros.
–Vámonos. Vuestros padres deben estar muy preocupados.
Los demás asintieron y se despidieron de Noya. Mientras se marchaban, Tsukishima no pudo evitar darle vueltas al asunto: Nishinoya estaba en el entrenamiento como siempre y nada parecía ir mal. ¿Ahora, de pronto, termina en el hospital? No tenía sentido. Pensó en preguntarle a Asahi o incluso a Tanaka si Noya estaba teniendo problemas con alguien… Pero había sido una noche larga y seguro que tendrían pronto las respuestas.
La única pregunta era ¿quién podía haber herido a Nishinoya? ¿Era del Karasuno… O alguien más?
