Bien, aquí está la parte dos y final de este mini fic. Como dije en el capítulo anterior, en esta parte las cosas se ponen muy calientes para mi ZenNezu en dos momento del fic, pero no hay nada tan explícito como tal porque no voy a hacerles un lemon bien hard a ellos. Son la ship más tierna que tengo. Fuera de eso, no hay nada más que tenga que añadir. Espero que lo disfruten :D

Disclaimer: Los personajes no son míos.


Dos.

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11.

Zenitsu casi siente que se está acostumbrando a la rutina de besos antes de dormir en la que ha caído—casi sin querer, realmente—con Nezuko. No se queja ni nada, porque mientras ella se sienta cómoda y feliz, él no le negaría nada—y también se siente en eufórico cada vez que la besa—. Además, no está siendo obligado a hacerlo. Sin embargo, hay noches en las que siente que se está aprovechando, cuando su boca se vuelve codiciosa y abandona la de ella para empezar a explorar otras partes, como su cuello y más allá. Entonces se obliga a frenar sus deseos. No debe manchar a alguien tan puro como ella. Debe sentirse incluso afortunado de si quiera poder compartir uno que otro beso con esa mujer.

Se mantiene firme en ese pensamiento, hasta esa noche.

Una noche en donde los recuerdos la atormentan más; en donde llora dormida y se despierta agitada. Una noche en donde ella entre sollozos le pide que por favor no la deje; que no se muera. Zenitsu hace todo lo posible para intentar calmarla, pero solo deja de llorar cuando él asiente y promete que no morirá—una promesa inútil, porque tarde o temprano tendrá que partir de ese mundo también—antes de que ella lo haga. Cuando todo se queda en silencio, el rubio no pregunta qué tipo de sueño tuvo para que se aferre a él tan desesperadamente, como asegurándose de que es real, de que está ahí; de que está vivo. Él simplemente limpia cualquier rastro de lágrimas y le besa la frente en repetidas ocasiones. Cada beso es un intento desesperado por arrancarle de la memoria los malos recuerdos y cualquier rastro de esa pesadilla.

Es entonces cuando ella lo besa. Es un beso demandante y urgente que le roba el aliento y lo deja fuera de sus sentidos por algunos segundos. Ella lo empuja contra la pared y se sube en su regazo, esparciendo besos a lo largo de su mandíbula y cuello, dejando su piel ardiente en cada punto que toca. Está claro que Nezuko lo insta a que hagan más que besos, y físicamente le duele decir que no, porque sus emociones están desequilibradas en ese momento, y lo que necesita es calmarse.

Las emociones intensificadas y la interrupción tan repentina de la euforia hacen que Nezuko lo empuje y se pare inmediatamente. Zenitsu ni siquiera puede retenerla e intentar explicarse, aturdido como está. No está seguro de por qué está enojada hasta que ella gira hacia él, mirándolo desde arriba, con los ojos encendidos e irritados por las lágrimas que derramó, y luego se da cuenta de que la ha subestimado todo el tiempo.

Porque ella sabe exactamente cuál es su problema: piensa que la pobre niña Kamado está inestable emocionalmente y que cualquier movimiento en falso puede quebrarla, y Dios, está muy enojada con él por eso. Nezuko no quiere que él piense que cuando está con ella camina en medio de un campo con muchos vidrios rotos.

El asesino de demonios solo puede mirarla, sentado desde su lugar. ¿Qué espera ella que él haga? No puede evitar la frustración que lo invade a pesar de que sabe que ella tiene razón. Pero hay algunas cosas que no puede hacer, al menos no por el momento, y le ha jurado a su hermano que él la protegerá, incluso si tiene que protegerla de ella misma.

—No voy a romperme —le dice ella, todavía ardiendo, aunque el sonido de su ira ahora es mucho más bajo. Ella avanza hacia él, lentamente, con la gracia que sólo ella posee —. No soy una flor en medio de un campo en ruinas, Zenitsu.

Él continúa fijo en su lugar, incapaz de respirar, como si esperara su orden para hacer eso. De un momento a otro, Nezuko ya lo ha alcanzado, lo suficientemente cerca como para sentir su calor incluso sin su toque. Él finalmente respira, y con ese primer aliento, recuesta su cabeza contra la pared.

—Nezuko-chan, me pones en grandes aprietos —él dice, soltando otro suspiro desganado —. Tanjirou me va a halar las piernas mientras duerma.

Ella se ríe con tristeza y le pasa los dedos por el cabello. Cuando la mira, la luz de la luna a través de la ventana forma un halo alrededor de su cabeza. Sin embargo, sus ojos, sus ojos brillan sobre él tan seguramente como la luna lo hace sobre ella.

Y entonces Zenitsu sabe que ya se ha rendido. Era una batalla perdida, de todas forma.

12.

Zenitsu le pide que confíe en él mientras baja sus labios hacia los de ella. Él prueba su respuesta, la siente en la oleada de su cuerpo contra el suyo. Él se ríe de su entusiasmo, pero no se apresurará, por mucho que le gustaría devorarla con las manos y la lengua. Eso no funcionaría, no cuando la noche todavía es relativamente joven y son las únicas dos personas despiertas ahora.

Sus dedos trazan el borde deshilachado de su escote, el vestido blanco en el que ella suele dormir. Su aliento se vuelve superficial, enganchándose cuando él toca su piel. Zenitsu está a punto de soltar las mangas alrededor de sus hombros para soltar el vestido, pero entonces tiene una idea mucho mejor. Con una línea de breves besos a lo largo de su clavícula, él se va.

Nezuko emite un sonido de decepción que se transforma en un gemido de sorpresa cuando él vuelve a acariciar su abdomen, con los brazos extendidos sobre sus caderas para mantenerla en su lugar. Aunque ella no puede verlo, su sonrisa se vuelve lobuna. Él se deleita al escuchar la aceleración de su pulso; el calentamiento de su piel que puede sentir incluso a través de la tela ligera de su vestido. Se mueve más abajo.

Ahora sus manos encuentran el dobladillo irregular de la prenda, y evita temblar cuando las desliza debajo de ella para acariciar sus muslos. Mantiene su toque ligero, separando sus rodillas hasta que ella comienza a relajarse debajo de él. Luego baja la cabeza aún más, le da un beso en la parte interna del muslo, primero tan gentil como puede, y luego deja que sus dientes rocen la piel sensible. Nezuko grita, sus manos solo pueden alcanzar las de él, pero no pueden evitar que pruebe la carne que nunca ha sentido el toque de otra persona. Él se alza inmediatamente y la mira con preocupación.

—¡Lo siento! —dice apresuradamente, arrepentido por haberse dejado llevar tan rápido por la lujuria —. Si quieres que me detenga, lo haré.

La chica lo mira brevemente, y después aparta sus ojos de él. —N-no. Está bien. Sigue.

Él mantiene su mirada por un momento, allí a la luz de la luna, luego asiente y vuelve sus atenciones hacia la curvatura refinada de su rodilla, el músculo magro de su pantorrilla, para después descender a la piel increíblemente suave de su muslo. Empuja la falda hacia arriba y fuera del camino, admirando lo que ningún otro hombre ha visto. El pensamiento lo asombra, el hecho de que ella confía en él, que lo quiere, que el cuerpo tembloroso y excitado que está debajo de él es tan suyo como de ella…diría que se trata de un sueño de no ser por lo real que todo se siente.

Lentamente, con reverencia, engancha sus dedos en los costados de su ropa interior, desliza el trozo de algodón y cinta sobre sus caderas, la ayuda a patearla y apartarla del camino, y así, ella está abierta a él.

Nezuko lo está mirando, deseándolo, con la mitad superior apoyada en los codos y los dedos clavándose en las mantas. Su cabello negro cae como cascada y se enreda en algunas puntas, sus labios están separados por un deseo fascinado. Nunca se había visto más como una diosa, aunque fuera de la Tierra, parece una de esas deidades antiguas que prometen una buena cosecha y campos fértiles. Ella lo mira a la espera de lo que sea que esté pensando hacer.

Tragando saliva, él baja la cabeza para saborearla.

Su reacción es inmediata y poderosa; ella echa la cabeza hacia atrás con un gemido irregular. Zenitsu la oye pronunciar su nombre una y otra vez, como una oración, y se siente orgulloso de sí mismo. Él la acerca más, coloca sus hombros debajo de sus piernas para mantenerla firme y entierra su rostro entre los suaves pliegues de su lugar más íntimo.

Nunca ha hecho esto antes, él es tan virgen como ella, y se está guiando sólo por el instinto, pero igual piensa que lo está haciendo medianamente decente, a juzgar por los ruidos que la chica emite. Zenitsu aprende cómo se forma, cómo sabe, cómo huele, que ruidos hace su cuerpo, y cada experiencia se intensifica por el hecho de que es Nezuko, específicamente ella, lo que él está disfrutando ahora. Él arrastra su lengua a lo largo del borde de un pliegue y luego la sumerge.

Ella se aferra a su cabello ahora, sus piernas tratando de cerrarse alrededor de su cabeza. Su risa baja envía otro estremecimiento a través de ella, la vibración es suficiente como para hacerla llorar. Su espalda se arquea y su nombre proviene de sus labios más fuerte, con más urgencia en el momento en el que su delicada ministración se vuelve más áspera, menos controlada, y entonces su gloriosa boca está sobre un manojo de nervios que la hace quedar en blanco, y Nezuko puede sentir como el nudo que se había formado en la base de su vientre lentamente se va deshaciendo, hasta que siente que explota. Hay un grito áspero, una dulce humedad y un jadeo de alivio.

Zenitsu entonces la mantiene firme en su lugar mientras su cuerpo se sacude. Cuando ella deja de moverse, la mira. Yace frente a él, sonrojada, sudando, completamente agitada por lo que él ha hecho. Apenas puede levantar la cabeza para mirarle, pero suena satisfecha. Él se ríe y se arrastra sobre ella para depositar un beso en su mejilla. Luego intenta levantarse, con la esperanza de aliviar su propia excitación por su cuenta, pero, por supuesto, Nezuko no lo deja. Ella lo arrastra de nuevo hacia ella, lo besa con fuerza, y luego su mano está desabrochando sus pantalones, liberándolo y acariciándolo.

Es tan alucinante el hecho de que realmente esto esté pasando que a Zenitsu no le importa que ella no tenga práctica y que esté ansiosa por lo que está haciendo. Él la guía durante esos últimos momentos, mostrándole en silencio lo que necesita, y ella entiende, por los dioses de arriba y de abajo, ella entiende y él agradece a cada uno de esos dioses que ella aprende rápidamente cualquier cosa que se le enseñe. Su nombre sale de su boca mientras se derrama sobre su mano. Durante interminables minutos simplemente se acuestan juntos, jadeando, ambos saciados hasta el nivel de los huesos.

Cuando recuperan el aliento, Zenitsu toma a Nezuko en sus brazos y la abraza hasta que se duerme. Y solo entonces, con la luna en lo alto y el fuego apagado dentro de él, se queda dormido también.

13.

Lo último que recordaba era el olor a sangre y carne quemada y luego todo se volvió negro. Su oído es lo único que funciona ahora, pero no le preocupa como debería. Puede valerse de él completamente.

Puede escuchar el corazón furioso y desbocado de Inosuke, que le grita que él no necesita protección y que es un estúpido y que por favor no se muera. También escucha las agujas y los hilos; la piel siendo unida nuevamente, la respiración agitada de Aoi, concentrada en un arduo trabajo. Escucha muchas personas que entran y salen a pasos apresurados, y después no hay nada. Nada excepto el sonido familiar de Nezuko. A juzgar por los latidos de su corazón, ella parece estar un poco aturdida desde que se han quedado solos, perdida en sus pensamientos profundos. No nada bueno, tampoco, del sonido constante que emite de preocupación. Zenitsu intenta llamarla, pero no puede. Su voz no sale. Tampoco puede verla, pero sabe que su expresión debe reflejar tristeza, y eso no le gusta.

Ya extraña hablar con ella, pero la única que habla es Nezuko. Las últimas semanas lo han sintonizado con el agradable sonido de su voz mientras ella le cuenta sobre su hogar, canta las canciones que aprendió cuando era niña, le hace preguntas interminables sobre el mundo abierto que se extiende en la distancia por todos lados. ¿Qué plantas silvestres pueden comer? ¿De dónde viene él? ¿Qué recuerda de su niñez? ¿Alguna vez ha ido a la gran ciudad? ¿Cuál es su color favorito? ¿Qué comidas le gustan y cuales le disgustan? Él las ha estado respondiendo lo mejor que puede, aunque ella no pueda escucharlo.

Pero esta noche, esta noche Nezuko no tiene preguntas. Esta noche ella es un cascarón vacío y Zenitsu solo escucha pena y definitivamente miedo.

—No me dejes…

Cuando la escucha llorar, piensa que ya ha tenido suficiente de esto, y se obliga a sí mismo a respirar más fuerte y volver al mundo.

En el momento en el que abre los ojos, Zenitsu está acostado en la cama y siente su cuerpo arder, por lo que deja escapar un gemido dolorido. Siente la garganta seca, sus oídos pitan unos segundos y la vista es borrosa. Lo siguiente que sabe es que está siendo estrangulado por lo que, Nezuko e Inosuke piensan, es un abrazo. Cuando finalmente es liberado y puede respirar mejor, pregunta que ha pasado. La niña Kamado, entre lágrimas, le cuenta de su última misión, de la quemadura que ahora adorna su espalda y de que aparentemente quedó fuera por unas largas semanas. Entonces su petición hace eco en su cabeza…no me dejes, había dicho.

—Permaneceré siempre contigo, Nezuko-chan —él promete, y sabe que esta vez debe cumplir esa promesa.

—Pues más te vale, idiota —comenta Inosuke, pero lo deja pasar porque ha hecho reír a Nezuko, y porque sabe que ha preocupado también a su mejor amigo.

14.

Las estrellas se extienden por encima, innumerables pequeños puntos de luz que aún no ofrecen ninguna iluminación. La luna está menguando, ladeada, perdiendo la plenitud que tenía hace solo unas noches, cuando prometió quedarse junto a Nezuko lo que le queda de vida.

Le recuerda de repente al lugar al que llamó hogar por un tiempo. Le recuerda de repente al abuelo.

Zenitsu no ha pensado mucho en esos momentos de su vida. Prefiere anular los recuerdos para no sentir la pesada carga del dolor. No le ha contado a nadie sobre todo eso que ha guardado durante mucho tiempo. Cada persona ya carga su propia cruz, de todos modos. pero esta noche, cuando tiene su cabeza en el regazo de Nezuko y ella está acariciándole el cabello, se siente listo para liberarse y se encuentra contándole todo sobre su vida y sus días como aprendiz de la respiración del trueno.

Le cuenta del orfanato en el que pasó la mayor parte de su infancia, le dice que no tuvo la fortuna de conocer a sus padres—omitiendo que no fue querido y fue abandonado—. Le cuenta del abuelo, como lo conoció. Le dice de la gran estafa de su vida y de cómo el anciano pagó por él. Le ofrece sus mejores y más divertidas historias sobre su duro entrenamiento, como el día en el que fue alcanzado por un rayo y el color de su cabello cambió. Le cuenta también, con un poco de amargura en su voz, sobre el tipo que entrenó un tiempo con él bajo las enseñanzas del expilar del trueno—pero se guarda para sí mismo el desenlace de esa amarga historia—. También habla de la forma en la que conoció a Inosuke y a Tanjirou. Le cuenta todo lo que pasa por su cabeza en ese momento, y Nezuko escucha atentamente.
Sus hombros se relajan un poco; el fantasma de una sonrisa revolotea en sus labios.

No ha hablado tanto de sí mismo en una conversación, al menos no que pueda recordar, como lo ha hecho ahora. Nunca sintió que a alguien le importara saber acerca de él, de todas formas. Pero Nezuko es diferente. Ella siempre fue diferente. Lo que hizo el rubio fue como un catálogo de presentación: este es Agatsuma Zenitsu; de donde viene, como se hizo, y por qué ahora está aquí con ella.

Hace una pausa, pensando qué decir a continuación, mientras siente como los dedos de la mujer recorren los contornos de su cara.

Entonces él comienza a contarle sobre la primera vez que escuchó el sonido del amor. Fue en una boda. Él era sólo un niño, pero admiró desde lejos a esas dos personas tan enamoradas y se preguntó si alguna vez podría ser parte de algo como eso. Si alguna vez sería merecedor de recibir tal sentimiento y ser adorado como lo más precioso del mundo. Por eso idealizó el matrimonio como la muestra más grande del amor.

—El matrimonio, de donde vengo —le dice Nezuko con una media sonrisa melancólica —, se toma muy en serio.

—Por supuesto que se debe tomar muy en serio, Nezuko-chan. El matrimonio es el acto de amor más puro que conozco.

Hay un breve momento de silencio, y después Nezuko se está levantando del lugar en donde ha estado sentada por lo que parecieron horas. Zenitsu se sienta y la mira atentamente, curioso por lo que sea que ella esté planeando. Ella recoge su cabello en un moño improvisado y luego lo toma de la mano para hacerlo ponerse de pie y los conduce a ambos bajo las copas de un árbol que parece llevar años allí plantado. Aún con las manos entrelazadas, se para frente a él y sonríe.

—Faltan muchas cosas para la ceremonia tradicional, pero podemos hacerlo igualmente —ella dice suavemente, sin perder la sonrisa que adorna sus labios. Zenitsu sigue sin entender muy bien a qué se refiere, pero el panorama le queda un poco más claro cuando ella continúa hablando —. Zenitsu, gracias por ser quién eres. Gracias por tu interés en mí, porque has hecho de mis problemas tus problemas, y sé que siempre puedo contar contigo. Gracias por existir en mi vida.

El mundo cambia dentro de él, y algo cae en su lugar. Se está casando simbólicamente con Kamado Nezuko.

Zenitsu la abraza, entierra su rostro contra su cabello y respira su aroma. Hay una opresión en su pecho, una visión borrosa, y la sensación familiar de las lágrimas saladas recorriendo sus mejillas no se hace esperar. Para combatirlo, la captura en un beso, como si esa fuera una forma remotamente viable de aclarar su cabeza.

—Te amo —él murmura sin aliento cuando suelta sus labios un momento después —. En serio, en serio te amo, Nezuko-chan.

Un voto de matrimonio nunca se rompe, y ante el árbol viejo, las estrellas que prestan su antigua luz, la luna menguante y el cielo que sirve como su dosel de boda, ella le da la sonrisa más radiante que ha visto en mucho tiempo.

—También te amo.

15.

Si esto es una farsa, si esto es un sueño, entonces él nunca quiere despertarse. Quiere vivir eternamente en la ignorancia si se le permite.

Ella se levanta contra él con el más mínimo de los toques, brazos delgados que se enrollan alrededor de su cuello y el vientre tenso presionando contra su abdomen. Él gime en su boca, provocando el mismo sonido de ella.

Se hunden en las mantas juntas. Ella desabrocha su kimono viejo y desgastado y lo ayuda a hacer lo mismo con sus respectivas prendas. Él siente sus piernas alrededor de su cintura, el lento arrastre de un talón sobre su espalda baja, aunque ella obliga a sus manos a permanecer a sus costados, confiando en él. Con cuidado, Zenitsu baja la cabeza para lamer la piel expuesta de su cuello. Ella sabe dulce y fresco. Él sonríe contra su pecho por la forma en que solo su aliento puede hacerla gemir su nombre. Cuando su boca está sobre uno de sus senos, ella se arquea y su nombre cae con más dureza de sus labios. Su reacción no está menos controlada cuando él toma el otro y le da el mismo tratamiento.

Zenitsu solo necesita un brazo para sostener su espalda y mantener su dulce pecho dentro del alcance de sus labios. Pero la otra mano es libre de deambular, libre de ajustarse alrededor de su cadera, sobre la curva de su trasero, deslizar dedos ligeros sobre su muslo y alrededor para hundirse en su núcleo caliente y resbaladizo.

Es demasiado para ella mantener sus manos para sí misma después de eso. Abrumada por el inexorable y todavía demasiado lento movimiento de sus dedos dentro de ella y el impacto de su boca sobre su pecho, las propias manos de Nezuko revolotean sobre su cuerpo, y luego están sobre el de él. Ella se muerde el labio inferior e incluso desde su ángulo él puede ver la lujuria ilimitada en su mirada.

Él curva sus dedos dentro de ella y se complace en verla perder el enfoque nuevamente. Las manos de la mujer se aferran a su cabello sin nada más que agarrar. Cuando vuelve a torcer los dedos, ella ahoga un grito y se muerde un nudillo.

—Déjame escucharte —suplica contra su clavícula.

El siguiente empujón de su mano es recibido por un jadeo agudo, luego un gemido suplicante. Zenitsu arrastra pequeñas mordidas por su cuello y es recompensado con otra serie de ruidos sin sentido. Él acelera el ritmo de su mano, acariciando sus pliegues entre empujes para mantenerla al borde del éxtasis; él necesita saber hasta dónde puede soportar la deliciosa tortura por la que la está sometiendo. Las piernas de Nezuko se tensan alrededor de él y de repente desea que no haya sido su mano lo que la hizo tensarse contra él.

Cuando alcanza su clímax, ella deja escapar un último grito empapado de placer que es música para los oídos sensibles del rubio. Su cuerpo se contrae alrededor de sus dedos como para mantenerlo allí. Zenitsu la cubre con besos ligeros mientras Nezuko se recupera, pero cuando él llega a sus labios, ella responde con ferocidad desesperada.

Su cuerpo se amolda al de él, las manos rasgando su ropa porque ella piensa, y él está de acuerdo, que él está usando demasiadas cosas. Y no es justo para ninguno de ellos. Zenitsu entierra su rostro contra su cuello cuando ella empuja sus pantalones más allá de sus caderas y, más audazmente que la última vez que hicieron esto, envuelve sus dedos alrededor de él.

No necesita guiarla esta vez. Sus dos manos están sobre él, trabajando, acariciando; las uñas rozando la piel hipersensible. Ella sostiene su mirada con desafiantes ojos oscurecidos por la lujuria. No puede apartar la mirada de ella, apenas puede parpadear. Es casi demasiado para él soportar, simplemente sosteniéndose en sus brazos sobre ella mientras ella se muerde el labio y sus manos lo arrastran hacia su finalización. Y luego Zenitsu está al borde y las pestañas de Nezuko revolotean en respuesta a lo duro que se pone en ese último momento. Él ve estrellas, jadea un gruñido áspero que no podría contener aun si lo intentara y finalmente toca el cielo.

El sudor gotea de su nariz sobre la mejilla de Nezuko. Yacen allí, tragando aire, Zenitsu temblando con el esfuerzo de mantenerse por encima de ella. Cuando ella alcanza su rostro con las manos temblorosas, instándolo a que la bese, él baja su cuerpo y rueda hacia un lado, llevándose a la chica con él. Sus besos son vagos, sin prisas, profundos y ardientes. Nezuko es un peso húmedo y satisfactorio sobre su pecho. El rubio pasa los dedos a lo largo de su columna y acuna su piel desnuda donde sea que se redondea bajo su mano.

Antes del siguiente aliento, Nezuko está arrastrándolo más cerca con sus manos apretadas en las solapas de su camisa abierta. Para cuando sus bocas se unen nuevamente, la respuesta de ella besándolo es casi suficiente para cortocircuitar su cerebro. Zenitsu siente sus pequeñas manos sobre él; toques fantasmales que se multiplican mientras intenta mantenerse cuerdo.

Está evidentemente desesperada por que las prendas que aún lo visten se quiten, sus mejillas arden en rojo y el delicado rubor se ha extendido por su cuello hasta sus senos. Cuando su lucha con su camiseta finalmente se supera, Nezuko arroja la prenda al suelo sin pensarlo más, y empieza a delinear con su boca cada musculo, cicatriz o marca que encuentra en su pecho. Es fascinante. La sensación es electrificante. Nezuko está pensando lo mismo cuando lo hace sentarse mientras acaricia su rostro y envuelve sus piernas alrededor de él.

Las sensaciones son tan diferentes, tan cristalinas y adictivas. También hay sonidos de emociones como timidez, audacia y deseo que él reconoce, vienen de Nezuko. Ambos están respirando pesadamente ahora, Zenitsu sentado debajo de ella e incapaz de mirar hacia otro lado.

Ella se lame los labios y ambos jadean en el momento en el que ella se siente directamente en su erección. El aire se calienta lo suficientemente rápido, pero no es que lo noten para entonces. Hay toques de piel contra piel, besos, lamidas, mordiscos hasta que ambos sienten que están ardiendo. Nezuko aprieta sus piernas alrededor de su cintura, lo besa profundamente y con fuerza, y luego Zenitsu ya no puede evitarlo. Necesita desesperadamente estar dentro de ella.

Todavía pregunta, justo antes de hacerlo, tiene que saber que esto es lo que ella quiere. Su expresión es pura, deseo no adulterado. Ella asiente, volviendo a mirarlo mientras la presiona contra su pecho.

Tenía la intención de hacer esto con ella suavemente, con cuidado. En su mente había estado un hermoso lugar escondido con flores y hierba suave y paciencia, mucha paciencia. En cambio, después de un insoportable minuto de entrar en ella por centímetros, y otro de esperar a que ella se relaje a su alrededor hasta que pone su frente sobre la de él y le dice que sí, que puede moverse y será mejor que se mueva ahora, se encuentra haciendo todo lo contrario y casi imprudentemente, haciéndolos gritar a ambos en medio de las intensas sensaciones.

Nezuko gime con cada empuje de sus caderas, sus brazos enrollados alrededor de su cuello y su mejilla apoyada contra la de él. Les lleva tiempo sincronizarse, sus movimientos son torpes e inexpertos, pero cuando logran moverse acordemente, un placer profundo hace que la piel de la chica se enrojezca más y hace que jadee su nombre mientras sus brazos se tensan alrededor de él.

Él la levanta un poco, deteniéndose en su ritmo para agarrarla mejor, pero la interrupción merece la pena. El ángulo ligeramente diferente le permite acariciar algo dentro de ella que la hace lanzar la cabeza hacia atrás y soltar el gemido más obsceno de la noche. Hace que su cuerpo se contraiga y se apriete alrededor de él y la hace clavar las uñas en sus hombros, arrastrándolas por su espalda. Nezuko vagamente siente la forma en la que él se retuerce por el repentino daño a su piel, pero para entonces su cabeza ya se ha desconectado por la repentina oleada de placer como para notar mucho más. Incluso mientras ella se estremece en sus brazos, él se gasta, enterrado hasta la empuñadura dentro de su mujer, dejando escapar su nombre de sus labios.

Zenitsu está temblando con la liberación. Cuando más o menos vuelve a la realidad, siente sus piernas débiles, su cadera y abdomen duelen y su espalda arde como el infierno. Sin embargo, lo olvida momentáneamente y se inclina hacia Nezuko, manteniéndola levantada en virtud de su propia fuerza porque si la suelta ella bien podría desplomarse. Con un brazo todavía debajo de su cadera, él le quita el cabello mojado por el sudor de la cara para verla mejor. Ella se ríe débilmente, mirándolo a través de las pestañas y una sonrisa profundamente satisfecha curvando sus labios.

El rubio entonces se tumba en el colchón mientras Nezuko acomoda la cabeza en su pecho. No duran mucho más despiertos.

16.

El sol es demasiado resplandeciente en este lugar. Tanto que le impide ver adecuadamente, y tiene que fiarse completamente de sus oídos por un breve momento. Entonces hay una sombra, parece una persona, pero él no puede distinguirla. Sin embargo, suena familiar. El sonido más amable que jamás conoció.

—Zenitsu, cuídalos bien.

El haori a cuadros verdes y negros es lo único que logra distinguir entre tanto resplandor.

En la madrugada del aniversario número cinco de la muerte de Tanjirou, Zenitsu se despierta medio agitado. Inmediatamente ve a Nezuko sentada al borde de la cama, observando la luna a través de la ventana, cantando suavemente. El rubio escucha atentamente mientras se calma. A él le gusta esta canción. Es la que ella canta o tararea cuando está feliz, una melodía de su infancia, le dijo. Las palabras siempre le parecen particularmente alusivas a su hermano mayor.

Aquí está toda la vida, todo en uno
En momentos como este
Todo lo que vive y respira bajo el sol
Es parte del beso del cielo
Y volaremos para encontrarnos con el amanecer
En el cielo carmesí estaremos unidos.

Él no ha dicho una palabra ni ha movido un músculo, pero ella todavía sabe que está despierto. Su mirada etérea se vuelve hacia él, y cuando se da vuelta, Zenitsu puede ver cómo brillan sus ojos, atenuados por su sonrisa amable. Antes de que él pronuncie alguna palabra, un sonido no reconocido llega a sus oídos. Es tenue, casi imperceptible si no presta la suficiente atención, pero está seguro de que allí se encuentra.

—¿Zenitsu? —Nezuko lo llama, y entonces él se enfoca. El nuevo sonido proviene de ella, pero no es de ella.

Todo el aire de la habitación parece congelarse y él se aturde, absorto en esos latidos cardiacos rápidos pero rítmicos.

Pasa un minuto completo antes de que pueda volver a respirar. Nezuko levanta su cara y lo mira preocupada. Zenitsu siente que algo húmedo se extiende sobre sus mejillas, y es difícil verla a través de la vista borrosa. Son sus lágrimas, y eso hace que la chica Kamado se alarme y le pregunte si le duele algo, si se siente bien. Él mira su vientre en lugar de darle una respuesta verbal, a solo centímetros de su nariz en este ángulo. Su mano se mueve por sí sola ahora, acariciando el lugar que oculta la vida que ahora se forma dentro de ella. Un niño.

Su niño.

Todos los hombres tienen sueños secretos, y lo único que siempre quiso, algo que nunca se ha atrevido a susurrar en voz alta, es que algún día, de alguna manera, él podría tener una familia propia. Que él podría ser para algún futuro hijo o hija—o ambos, dioses, ambos—lo que sus padres no fueron para él: una figura más grande que la vida con una sonrisa fácil que podía levantar a un niño en cada brazo, riendo. Un sueño tonto e idílico, seguramente, para alguien que no tiene una vida larga asegurada.

—¿Hay algo mal? —Nezuko lo saca de su trance nuevamente, solo para ser abordada por un abrazo repentino.

Zenitsu entierra su rostro contra su vientre, sus brazos alrededor de ella, abrazándola. Ella pasa sus elegantes dedos por su cabello y murmura palabras suaves para calmarlo. Es curioso cómo han cambiado las cosas, con su consuelo. Está tarareando esa melodía de nuevo.

—Prometo que voy a ser un buen padre.

A Nezuko le toma un minuto completo entender lo que el rubio dijo, y cuando lo hace, las lágrimas se acumulan en sus ojos. Ella se mueve fuera del borde de la cama. Zenitsu le acaricia el vientre por última vez antes de que finalmente se siente y la abrace.

—¿Cómo se escucha? —Nezuko pregunta, limpiando sus ojos de todo rastro de lágrimas.

Él le sonríe. —Feliz.

Felicidad es lo único que Zenitsu escucha ahora, y espera que sea el único sonido que perdure por mucho tiempo.


No iba a hacer un final triste cuando hice este fic para curar mi depresión xd realmente he quedado satisfecha con lo que hice aquí, y en mi corazón aún tengo la esperanza de que en el cap 201 echen a Tanjirou del cielo, o al menos que le den una despedida con su hermana y sus amigos TnT

Sigo atrofiada para escribir humor, así que mi otro fic tendrá que esperar hasta que tenga ganas de reírme de Tanjirou xd Espero que les haya gustado esto que escribí en una noche, y les deseo todas las buenas vibras del mundo.

Kiry se despide, paz~