Este capítulo va dedicado especialmente a aneychi ¡Gracias por el primer comentario!

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Bitácora del capitán: Las reparaciones a los satélites y sondas espaciales de César III han sido completadas con éxito y aunque todos los sistemas de monitoreo y control parecen funcionar óptimamente no fue posible recuperar los datos que se borraron debido al daño en los circuitos internos. Para que la vida en César III pueda regresar a la normalidad aún serán necesario un gran esfuerzo, pero los técnicos y científicos del planeta pueden hacerse responsables a partir de este punto.

-Capitán Pike, terminé de escribir el informe sobre las reparaciones de las sondas y los sistemas en César III.

-Bien hecho teniente Kirk. Puede retirarse.

-Gracias señor.

-Ah y teniente Kirk queda dispensado del servicio por las próximas 48 horas.

-¿Señor?

-Los compromisos con César III se completaron en un tiempo record y en vista de su trabajo meticuloso a todos los que lideraron los grupos de asistencia se les ha dado el mismo privilegio… aunque espero no tener que añadir que debe usar parte de ese tiempo para descansar y reponerse un poco – añadió como una ocurrencia tardía, frunciendo el ceño al mirar las bolsas oscuras bajo los ojos de Kirk.

-Muchas gracias, capitán.

Y esta vez Jim estaba tan cansado que hizo exactamente lo que le dijeron: dejó el puente, llegó a su habitación, tomó una ducha rápida y se dejó caer sobre la cama sin siquiera molestarse en levantar las mantas. Tras apenas unos segundos sus ojos se cerraron…

Y un golpe dado directamente a su cara le devolvió la conciencia.

-Por tu propio bien comienza a hablar ya, oficial de la flota.

-Púdrete – le respondió escupiendo saliva y sangre debido a que su labio se había partido.

-Oficial – respondió el romulano con voz presuntuosa – creo que no ha entendido que no es usted la que tiene aquí el control de la situación.

-Sí bueno, no les daré los códigos de acceso a la ENTERPRISE así que ya pueden dejar de perder el tiempo.

-¿Tiempo? Tenemos tiempo de sobra para que cambies de opinión, pequeño oficial humano.

-Te quiero ver intentándolo.

-Hablarás humano… eso a menos que…

-¿A menos que qué?

-A menos que quieras que algo le pase a tus amigos. ¡Tráiganlos!

Y a la voz de esa orden seis romulanos más entraron, pero lo que verdaderamente horrorizó a Jim fue el ver a las personas que se debatían intentando liberarse del firme agarre de los extraterrestres.

-¡Suéltalos! – bramó con desesperación.

-No oficial, no hasta que nos entregues lo que queremos.

-¡Déjanos! – Chilló una de esas personas – por favor ¡JT has que nos suelten! ¡Sálvanos!

-¡Basta! – Suplicó Jim dejando que la altanería y el valor lo abandonaran – ¡Por favor basta! ¡Déjalos ya!

-Si quieres que los suelte entrega los códigos de acceso.

-¡No puedo hacer eso! – Gritó desesperado - ¡no puedo!

-Entonces prepárate para despedirte de tus amigos.

-¡No! – lloró Kirk al observar como el romulano apuñalaba al chico moreno con el mismo cuchillo que había estado usando para cortar la piel de Jim…

Y como había sucedido todas las noches desde ese encuentro con los espías romulanos en Altaír XVIII, Jim Kirk despertó empapado en sudor y con el grito aterrado de "¡No!" subiendo por su garganta al tiempo que su corazón se aceleraba en un ritmo frenético.

Por un momento que pareció eterno estuvo desorientado, pero después sus ojos se fijaron en los objetos a su alrededor y – gracias al cansancio que lo había llevado a desconectarse sin apagar las luces – finalmente su mente fue capaz de comprender que se encontraba a bordo del ENTERPRISE, en su propia habitación y seguramente en su horario de descanso.

-Una pesadilla – murmuró para sí – reacciona, fue sólo una puta pesadilla.

Con mano temblorosa despejó las sábanas y llegó hasta el baño para lavarse el sudor de la cara, después con un lienzo inició la labor de refrescar también su pecho y cuello. Cuando estuvo limpio solicitó la hora a la computadora descubriendo que eran las 3:08 a.m. del horario regular…

-Seis horas – masculló – después de todo el trabajo Huesos me va a matar si se entera que sólo dormí seis horas.

Pero por supuesto esa pesadilla ahuyentó su sueño por el resto de la noche, por lo que después de sólo diez minutos de dar vueltas en la cama sin sentido, el joven teniente se levantó, acomodó su uniforme y dejó que sus pasos lo guiaran hasta la sala de recreo.

Sinceramente, por la hora y por todo el trabajo que habían tenido los días anteriores Jim esperaba que la sala estuviese vacía, pero cuál no sería su sorpresa al encontrar que tres personas (una chica y un joven de camisas rojas, así como otro ruso de camisa dorada con el que se conocía bien) reían y conversaban frente a la pantalla de la consola de videojuegos. Y no, no supo él mismo porqué, pero en lugar de acercase a ellos o de retirarse, simplemente se quedó parado en donde estaba, prácticamente bloqueado por la puerta.

-Por mera curiosidad James Kirk – habló la chica en voz alta después de unos minutos y sin volverse hacia él – ¿vas a acercarte en algún momento o pasarás todo el resto de la noche sólo parado ahí como un siniestro acosador?

-¿Siniestro acosador? – Protestó negándose a demostrar lo sorprendido que estaba por haberse visto descubierto – ¿No crees que eso suena un poco exagerado Michelle Hemsword?

-No, no suena exagerado en absoluto y tú mejor ven aquí ya.

-Lo haré si me dices como sabías que estaba aquí.

-Es un gran secreto que no puedo revelar – explicó en tono misterioso antes de comenzar a reír - ¡Ya! Es broma. Te vi por el reflejo de la pantalla cuando apareció el letrero de "fin del juego" ahora Jim, deja de hacerte el interesante y ven aquí a hacer el ridículo con nosotros.

-¿Hacer el ridículo? – hablando se acercó hasta la consola – ¿Por qué piensas que…? No, olvídalo ¿están jugando a disparar a los patos? ¿Es en serio?

-Hey – protestó Michelle despegando la vista de la pantalla por primera vez en toda la conversación – puede ser un juego del siglo XX y muy pasado de moda desde el cerrado punto de vista de los fanáticos de la simulación en 4D pero sinceramente no tienes derecho a decir nada desde que eres la pila de libros andante.

-¿Pila de librros andante? – cuestionó Chekov sin lograr mantener su curiosidad a raya por más tiempo.

-Es algo así como una broma privada entre Michelle y Jim – intervino el otro joven de camisa roja, quien tenía el cabello de un rubio arenoso y era apenas más alto que Pavel Chekov pese a que en su rostro se reflejaban por lo menos 21 años – a Michelle le gustan los videojuegos pasados de moda y Kirk se burla de eso, a cambio Jim tiene una fijación muy extraña con los libros de papel y Hemsword no pierde la oportunidad de echárselo en cara.

-Parreces muy acostumbrado a eso.

-Esos dos formaban parte de mi grupo de estudio en la academia… – titubeó un momento – o más bien Michelle, yo y otro grupo de cadetes solíamos acercarnos a Jim para pedirle asesoría cada vez que se acercaba un examen de programación y él nunca nos negó el apoyo.

-Aquí entre nos a veces sospeché que el aquí presente alférez Atanase Izbasa asistía sólo para poder estar cerca de Michelle – bromeó Jim.

-Juro que no es así – se sonrojó el alférez antes mencionado.

-Siempre pasaste los exámenes de programación con notas sobresalientes – acusó la chica sin dejar de sonreír.

-Kirk era un buen maestro… mi queja es que con él o pensabas o pensabas pero al final sus métodos eran efectivos.

-Sí, Jim Kirk es una pila de libros andante sumamente interactiva, con el ego del tamaño de una estación espacial y además es bueno en casi todo lo que hace… excepto en derrotarme en los videojuegos.

-No te confíes con respecto a eso Michelle.

-De verdad alférez, teniente – el rubio arenoso los interrumpió con una sonrisa – realmente no es que quiera molestarlos pero les recuerdo que por lo menos en los juegos de puntería yo soy el que tenía los mejores puntajes en la academia, y aquí en el ENTERPRISE no he perdido mi récord.

-De hecho yo no he podido ganarle un solo juego de estos – aceptó Chekov sin molestia alguna.

-Ya que tengo un poco de tiempo libre tal vez quiera buscar la revancha contra ambos – exclamó Kirk - ¿les parece bien un juego en equipos?

-Atanase y yo contra Pavel y tú, por supuesto.

-Tengo el presentimiento de que no van a darnos un juego fácil, teniente.

-Tranquilo Chekov, confío en tus habilidades. Además, después de que trapeen el piso con nosotros podemos tomar un desayuno demasiado temprano para consolarnos de la pérdida.

-¿Y después de eso?

-Después tú vuelves a tus deberes y yo puedo comenzar a introducir nuevos códigos de comida para los replicadores.

-¿Nuevos códigos? Eso es más comida ¿cierto?

-Sí.

-Kirk, no sé si lo he dicho antes pero te amo.

-¡Oye! ¿No se supone que a quien amabas era a mí? – se quejó Michelle, aunque en realidad fue incapaz de contener la risa mientras hablaba.

-Tranquila Hemsword, por guapo que sea no es mi tipo.

-Más te vale. Pero ya hablando en serio ¿Ya terminaste la actualización del software médico? – cuestionó con el ceño fruncido.

-Puedo terminar con eso a la hora del almuerzo, que es justo la hora en que no podré trabajar en los replicadores porque todos van a estar queriendo utilizarlos.

-Pero teniente – Chekov intervino con cierta timidez – ¿no le dijo el kaptan que debía aprovechar su licencia de 48 horas para descansar?

-Voy a descansar por supuesto, pero no va hacerme daño trabajar en los proyectos pendientes.

-Aja. Jim, si lo que tienes es un exceso de tiempo libre bien podríamos…

Aviso a todas las cubiertas – interrumpió una voz que Jim reconoció de inmediato como la del capitán Pike – un fenómeno climatológico afecta el sistema Taurus, por lo que hemos recibido órdenes para ajustar nuestro rumbo. El tiempo estimado de llegada a nuestro destino es de once horas pero los turnos y labores se mantienen hasta que arribemos a nuestro destino; una vez en el alcance del Sistema Taurus se evaluará la situación para dar a conocer nuevas comisiones. Pike fuera.

-Bueno, ahí se fue tu tiempo de juguetear con el software de los replicadores – comentó Atanase.

-Una verdadera lástima – se quejó Michelle – iba a pedirle que introdujera el código de las brochetas de tarántula.

Tres pares de ojos se volvieron repentinamente hacia ella mirándola como si le hubiese crecido una segunda cabeza.

-¿Qué? – Intentó defenderse – por favor chicos, no comiencen a descartar los platillos sólo porque son un poco exóticos. Una vez que prueben las brochetas de tarántula prometo que no podrán dejar de comerlas… a menos que decidan filetes de víbora en su lugar, son igualmente deliciosos.

-Esta - murmuró Jim al oído de Chekov – es la razón por la que jamás permitimos que Michelle decidiera los menús de nuestras sesiones de estudio.

-No todos somos alérgicos a la mitad de los comestibles de la galaxia – replicó la chica sacándole la lengua a Jim mientras Atanase soltaba una sonora carcajada.

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Bitácora del capitán: Tal cual se nos ordenó nos encontramos en los límites del Sistema Taurus. Después de varias escaneos y cálculos del personal científico se ha determinado que los extraños fenómenos climatológicos que afectan al planeta son derivados de la destrucción parcial de siete de las diez lunas de los planetas T-3 y T-5, por lo que las mareas cercanas a las colonias han comprometido la seguridad de las mismas. Si bien dichos problemas pueden ser fácilmente solucionados mediante un ajuste en los sistemas terraformadores queda claro que el daño sufrido por las lunas no ha sido casual, por lo cual nos hemos decidido por abrir una carpeta de investigación con este respecto.

-Pero no entiendo – cuestionó Chekov – ¿Por qué alguien dañaría las lunas de T-3 y T-5?

-Dañar las lunas es el camino más lógico que se puede seguir para perjudicar a las colonias establecidas por la Federación sin que las naves invasoras corran el riesgo de ser neutralizadas por los sistemas de defensa que se encuentran en las órbitas de los planetas – precisó Spock.

-Sí, tiene mucha razón comandante – musitó el ruso apenado.

-Sin embargo Chekov plantea un punto válido – intervino Jim – es verdad que el daño a las lunas perjudica a las colonias pero entrar en el espacio vigilado de los sistemas ya es por sí mismo un riesgo considerable y el impacto del daño puede ser fácilmente contrarrestado por los sistemas artificiales… perdón pero a menos que dejen tras de sí algún dispositivo de espionaje o hayan venido a raptar a alguien yo tampoco logro ver cómo es que el riesgo vale la pena.

-Buena observación – felicitó Pike – ¿usted qué opina señor Spock?

-Creo capitán que el teniente Kirk plantea una duda bastante razonable. Tomando en cuenta sus observaciones considero recomendable el replantear los escaneos pero un nivel más amplio, y creo que tampoco estaría de más el explorar las lunas en la búsqueda de dispositivos de espionaje… no obstante no se reportaron desapariciones entre la población de las colonias así que la teoría de un secuestro queda descartada.

-¿Y qué hay de T-4? – Intervino uno de los otros comandantes que estaban en la reunión – ¿Por qué afectaron T-3 y T-5 pero dejaron intactas las lunas de T-4?

-No hay colonias en T-4 debido a que la distorsión causada por sus anillos aumentaba la complicación de las operaciones, de manera que dañar sus lunas habría resultado inútil para los propósitos de los delincuentes cualesquiera que sean estos.

-Comandante Kent organice siete equipos de exploración que revisen las lunas de los dos planetas; Kirk, organízate con la teniente Uhura para escanear todas las frecuencias en busca de señales inusuales sean digitales o en cualquier tipo de frecuencia. Spock venga conmigo.

Obedientes a su capitán todos se retiraron a cumplir con sus respectivas comisiones en tanto Spock siguió a Pike hasta sus habitaciones. Una vez que la puerta se cerró a sus espaldas Pike hizo al vulcano una señal para que tomara asiento en la silla libre frente a su escritorio.

-¿Hay algún asunto en especial detrás de esta conversación, capitán?

-¿Honestamente Spock? No. Voy a solicitarle el concentrado final de los informes correspondientes a las reasignaciones realizadas a partir de nuestras últimas dos misiones pero eso pude haberlo solicitado en el puente.

-¿Entonces señor?

-Simplemente no quise quedarme con la tentación de comentarle que me alegro de haberlo escuchado apoyar las observaciones de Jim hoy en la reunión.

-El teniente Kirk presentó un punto válido – explicó Spock – habría sido ilógico no reconocer eso.

-Spock, nadie te obliga a que los miembros del equipo deban agradarte y entiendo perfectamente que Jim y tú comenzaron con el pie izquierdo. No quise comentar nada antes, pero antes había una especie de muro de hielo formándose entre ustedes cada vez que estaban en la misma habitación… que ese muro se haya derretido en los últimos tiempos es una de las muy pocas cosas positivas que nos dejó Altaír XVIII – añadió Pike en un tono de lo más sombrío.

-Los acontecimientos de Altaír XVIII no tienen relación alguna con obras de arquitectura imaginarias – aseveró Spock con su acostumbrada voz monótona.

-Si usted lo dice señor Spock – "cedió" Pike con una sonrisa.

Cuatro horas después.

-Capitán, repetimos el examen de las lecturas en dos ocasiones y seguimos sin encontrar cualquier signo de dispositivos transmisores o receptores en las lunas de T-3 y T-5.

-También el peritaje de los restos de explosivos es concluyente: combustibles y fuentes de energía comunes activados mediante un sistema temporizado sin señales de manejo remoto o de pre-programado alguno.

-Los equipos de exploración regresaron ya a la nave y confirman que lo único que hay en las lunas es un montón de escombros y cráteres.

-Terminamos la medición de radiación residual: al parecer ninguna nave aterrizó directamente en la superficie de ninguna de las lunas.

-Los informes de ambos planetas explican que ya se han realizado los ajustes necesarios para proteger la integridad de las colonias. En pocas palabras nuestra presencia aquí ya no es necesaria.

-Teniente Uhura contacte al centro de mando e informe nuestros hallazgos, agregue que estableceremos una patrulla en este sistema durante las próximas dos horas antes de retirarnos nuevamente a nuestro objetivo original en Épsilon XIII.

-Entendido, señor.

-Teniente Kirk, alférez Chekov, pueden regresar a sus tiempos libres, aunque mucho me temo que este turno que cubrieron no se les va a reponer.

-Comprendemos las circunstancias señor ¿seguro que nuestra presencia ya no es requerida?

-No hay nada más para lo que los necesite por ahora. Uhura, también llame a los oficiales Kyle y Rosas para que releven a tomen el relevo. Teniente Za´varhara debemos revisar nuevamente las listas de guardias y sincronizar…

Mientras la voz de Pike se desvanecía en un simple susurro de fondo Jim y Chekov abandonaron el puente y, mientras que el ruso se dirigió inmediatamente a los replicadores de comida los pasos de Jim no tardaron en dirigirse a la bahía médica, la cual – por primera vez en semanas – estaba vacía salvo por el personal médico en turno.

-Buenas noches teniente Kirk – lo saludó el doctor Piure con su sonrisa acostumbrada – ¿hay algo que podamos hacer por usted o vino aquí a buscar a Leonard?

-Vine porque no me siento en paz de dejar los trabajos a medias – explicó el rubio – así que pensé en terminar de una vez por todas con las actualizaciones pendientes.

-¿A esta hora? Teniente, tengo entendido que acaba de salir de un turno extendido y como médico no estaría en paz conmigo mismo si no le hago la recomendación de tomar un descanso.

-No me tomará mucho tiempo. Además es mejor que lo haga ahora mismo, antes de que cualquier nuevo brote de gripe llene este lugar y me obligue a trabajar a una fracción de velocidad.

-Ya veo; en ese caso no lo entretendré más, teniente.

Inmediatamente después Jim puso manos a la obra y poco más de dos horas más tarde por fin celebró el tener completa la actualización de software; casi en el momento que tecleaba el cierre de código la voz de una teniente resonó en los altavoces anunciando que dentro de cinco minutos abandonarían la órbita del planeta para dirigirse a Épsilon XIII.

Supongo que terminé justo a tiempo – pensó Kirk mientras se despedía de Piure – bueno, esto ya está concluido así que este puede ser un buen momento para comenzar con los replicadores.

22,7 minutos después de enviar a descansar al alférez Pavel Chekov y al teniente James Kirk, el mismo Pike se retiró a descansar ordenando a Spock que se retirara del puente una vez que el teniente-comandante Sindhu se presentara a tomar su lugar. Por supuesto Spock obedeció prontamente las órdenes de su capitán, pero si bien el capitán Pike soltó algún comentario relacionado con la necesidad que todos tenían de un buen sueño, no le dijo específicamente que no podía presentarse en el laboratorio a evaluar los resultados del equipo científico, por lo que una vez dejado el puente Spock no desobedeció ninguna orden al dirigirse al laboratorio en lugar de volver a sus propias habitaciones para descansar.

El trabajo en los laboratorios duró un total de 89,2 minutos estándar con resultados satisfactorios, por lo que el vulcano se decidió ahora sí a retirarse… no obstante en realidad habían pasado casi ocho horas desde su última comida sustanciosa, y si bien las cenas pesadas no eran aconsejables justo antes de meditar Spock consideró que tomar un bocadillo ligero sería algo completamente lógico.

En su mente las cosas habían sido simples: llegar al comedor, replicarse una taza de té con un plato de verduras cocidas y regresar a su habitación para degustar la cena y entregarse a su meditación. Por la simpleza de esa idea, por el cansancio que Spock sentía pero que se negaba a sí mismo a reconocer y porque faltaba aún un considerable periodo de tiempo para el comienzo de los turnos más ajetreados en el ENTERPRISE es que cuando la puerta de salida del comedor se abrió el comandante la atravesó sin cuidado alguno, lo que resultó en él chocando con la persona que justo en ese momento venía girando en el pasillo con la fruta cayendo al piso y todo su precioso té derramándose sobre el pecho de dicha persona.

-Teniente Kirk… - por una vez el vulcano se quedó sin palabras estando frente al pupilo preferido de su capitán, inseguro de cómo expresar adecuadamente su disculpa.

-Ok. Sólo para que conste esta vez no asumo ninguna culpa en este choque accidental. Una vez dicho eso no puede decir que falté a mi palabra, señor Spock.

-¿Su palabra?

-Sí – contra toda lógica los labios de Kirk estaban arqueados en una sonrisa – lo recuerda ¿no? Cuando chocamos en el pasillo la otra noche y yo le dije… oh, ¡va! Supongo que fue una conversación sin importancia. No es de extrañar que no la recuerde.

-De hecho los vulcanos tenemos memoria eidética, recuerdo perfectamente esa conversación – pausó apenas 1,2 segundos – sin embargo debo reconocer que esta vez el incidente es totalmente culpa de mi descuido. Permítame ofrecerle una disculpa por…

-¿Por derramar su cena sobre mí? – preguntó desinteresadamente el humano mientras despegaba algunas verduras que se habían quedado pegadas a la tela de su camisa.

-Sí.

-Descuide señor Spock, no es la primera vez que alguien derrama su cena sobre mí… el doctor McCoy lo hizo inmediatamente después de conocernos de hecho y fue de una forma ciertamente más desagradable ¿me entiende?

-No en realidad – confesó el vulcano – ¿existen acaso formas que los terrestres consideren más agradables que otras para ver los alimentos de una persona derramados sobre sí?

Spock esperaba a ver esa pregunta respondida por la misma mirada exasperada que la mayoría de los humanos solían dirigirle cuando se expresaba de esa forma, por lo que la sonora risa salida de los labios del teniente fue una auténtica sorpresa.

-Spock ¿es en serio? Bueno, ciertamente no soy yo el que va a ponerse a explicar todo esto. En fin, creo que ya es bastante tarde y todo esto ha sido sólo un simple accidente pero realmente en este momento mi uniforme está resultando muy incómodo ¿qué le parece si yo voy a cambiarme esta ropa mojada antes de seguir con mi negocio y lo dejo para que pueda reponer su cena derramada en paz?

Aunque la propuesta del humano era totalmente lógica algo en Spock se revolvía incómodamente al pensar en dejar las cosas de ese modo; de pronto, algo sospechosamente parecido a la voz de su madre susurró una idea en su cabeza.

-Le tengo una propuesta alternativa teniente.

-¿Eh?

-Si gusta yo podría replicar su propia cena mientras usted vuelve a sus habitaciones teniente, y puedo pasar a dejar dicha cena en sus cuartos para que no tenga que volver aquí.

-¿Mi cena? Gracias Spock pero yo no…

El habla de Kirk se interrumpió y, aunque Spock no se consideraba especialmente hábil para leer las expresiones faciales humanas, el rostro del humano mostró claras señales de sorpresa y preocupación, como si de pronto hubiese caído en la cuenta de algo sumamente importante.

-Su idea es muy buena señor Spock – comenzó a hablar nuevamente – pero no es necesario que se moleste, puedo pasar a replicar mis cosas antes de irme y así ya no tengo que volver.

-Es verdad – reconoció el vulcano, quien no entendía porque esa respuesta era algo decepcionante – pero insisto entonces en que me diga que puedo hacer para compensar esta situación.

-Comandante en verdad no debe preocuparse por una tontería como esta. Mejor apurémonos a servirnos – mientras hablaba puso el ejemplo acercándose al replicador más cercano y activando algunos códigos – porque no sé usted pero yo no he comido nada en casi diez horas y estoy seguro que si no como ahora Huesos va a darme una gran conferencia al respecto.

-¿Huesos, teniente?

-Sí, ya sabe, ese es mi apodo de cariño para el doctor McCoy.

-Los apodos son ilógicos.

-Tal vez, pero son divertidos.

-Debo confesar que no entiendo su punto.

-Bueno – la sonrisa del humano tomó una forma peculiar – no sería el primero.

Y antes de que Spock pudiese pedir alguna aclaración respecto a ese comentario tan peculiar Kirk se marchó llevando consigo una bandeja con pasta, algunas piezas de carne, café y una manzana roja.