II.

— Kazuya, ¿cuándo vamos a vernos?— Los ojos azul cielo se hunden bajo las cejas. La época se remonta a la vida en preparatoria donde todo era más sencillo y los encuentros nocturnos, en los fines de semana, eran tan frecuentes que estallaron en una relación inesperada. La cereza en el pastel había sido el último campamento al que acudieron para enfrentarse al equipo Americano: ambos terminaron de descubrir la atracción que quisieron disfrazar de amistad.

Ellos ya conocían sus artimañas y dejar pasar ese instante para cruzar una línea que no debía ser fue inevitable. La culpa era de ambos, la culpa era de ese color chocolate que le gustaba a Mei y los sentimientos precipitados, junto a las ganas de descubrir sentimientos encontrados por su amigo de la infancia.

Los años pasan y que hubiera un tercero y un cuarto interfiriendo en la vida que Mei sueña no estaba planeado.

— Hoy no podemos, Mei. Tengo un partido de práctica mañana. — La única advertencia que pasa desapercibida a través de la línea fue el suspiro que se hizo presente en los labios del Ace en el equipo de las Águilas y un escueto "Entiendo" para colgar la llamada. A Miyuki solo le pareció que Narumiya al fin estaba siendo considerado, después de todo, los programas de cada uno eran diferentes. Narumiya ya era más razonable.

— Sawamura, no te excedas. Haremos diez lanzamientos más y nos iremos al dormitorio. — En ese lado de la línea, el pitcher nombrado asiente y el siguiente lanzamiento es uno de tres costuras, apuntando en la esquina inferior derecha mientras el sonido de la bola conectando con el guante es de lo más alucinante; Miyuki recuerda porqué le encanta tanto ese chico que puede sorprenderlo en cualquier momento.

Eijun no es tan predecible como Mei y eso lo comprueba a la hora de dormir; entre las sábanas y el calor que lo está fastidiando. — La ropa está de más, Sawamura.— La idea de una aventura no deja a la mente en paz y es el primer paso que da en una dirección desconocida. En su defensa, estaba en abstención y el pitcher se le subió encima. Lo que empezó como una confesión entre tartamudeos terminó con roces de la pelvis y gemidos callados con el dorso de la mano. Sawamura podía no ser tan flexible como Mei, podía no tener la piel pálida ni la voz demandante en busca de atención, podía no ser tan grande como el orgulloso de Inashiro. Pero si él lo guiaba, podía lograr cualquier cosa, incluso darle el mejor sexo de su vida y mentirle al otro ace para dejar suceder ese momento.

Las cosas ya estaban hechas, los sentimientos cruzados y los corazones empezaban a agrietarse; unos más que otros.


¿Qué qué? Mei está en un equipo que se llama Aguilas. Yo espero que se vaya entendiendo hasta aquí, no sé qué me fumé pa' hacer esta historia. Juro que me gusta pero a la vez siento las personalidades un poco OC. A saber, ya tengo escritas 5 partes y mejor me apuro con la sexta.