No poseo los derechos de autor. Los personajes son de la asombrosa S. M. y la historia es de Honmyou Wakou. Yo solo me divierto un poco (leer nota al final).

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- ¿Mostrarnos mutuamente? ¿A-a qué te refieres? – pregunta Edward cauteloso, esperando que lo que acababa de escuchar no fuera lo que estaba pensando.

- Vamos a decidir las reglas… – comienza a decir Isabella lamiendo su dedo mientras le dedica una mirada muy sensual – Vamos a intercambiar el derecho de espiar cada día. Digamos… "Lunes, miércoles y viernes" serán tu turno y "martes, jueves y sábado" serán mi turno. Tomaremos un descanso los domingos – concluye, se apoya en sus rodillas y manos comenzando a acercarse peligrosamente a Edward moviendo de forma muy provocativa su cadera.

- El lado espiado nunca deberá poner conciencia en que está siendo espiado. Nos mostraremos nuestra "más honesta forma de ser" – agrega lo último con un tono sugerente mientras desliza su dedo por los labios de Edward.

- ¡Espera! – logra reaccionar al notar su rostro tan cerca de él. La toma de los hombros y la aleja de él haciendo que caiga sentada. ¡¿En qué demonios estaba pensando?! Sentir la respiración de ella mezclarse con la suya y tener esos delicados pero sensuales labios tan cerca de él provoco que por un momento se olvidara de todo y quisiera reclamarlos como suyos – ¿Entiendes el tipo de cosas raras que estás diciendo?

- ¿Lo son? – inquiere ella, llevándose un dedo a la barbilla de forma inocente.

Él la mira incrédulo. No daba crédito a las palabras y acciones de esta mujer. ¡Era el diablo disfrazado de ángel!

- ¡No puedo con esto! – dice, y de inmediato se pone de pie al notar que ella intenta acercarse de nuevo – ¡Voy a cubrir ese agujero! – dictamina dirigiéndose a paso rápido a la salida.

- Edward – lo llama, haciendo que él detenga la mano en la manija de la puerta –. Edward Anthony Masen.

Edward voltea mirándola sorprendido. ¡¿Cómo sabia su nombre completo?!

- Mantengamos ese agujero ahí, ¿Entendido? – sentencia con una tierna sonrisa mostrándole la foto que hace unos momentos tomo.

No podía creer que esa mujer lo estuviese chantajeando.

- ¡Haz lo que quieras! – vocifera dando un portazo. Dejando a la castaña sentada en el suelo, con la cámara en sus manos.

¡Así es! Ella puede hacer lo que le plazca, en lo que a Edward respecta, se encargaría de cerrar ese condenado agujero de una vez por todas.

"Mantengamos el agujero ahí, ¿entendido?" La voz de Isabella resonaba en su mente.

Entró de un portazo a su nuevo apartamento, cerrándolo fuertemente, causando que Emmett despertara de golpe.

- ¿A dónde fuiste? ¿Fuiste a la tienda? – murmuró Emmett sin notar lo alterado que se encontraba su amigo. Lanzó un bostezo.

Edward se acercó de manera rápida a donde estaba Emmett.

- Vamos por algo de aire fresco, Emmett. – lo tomó del brazo insistentemente.

- ¿A dónde? – respondió Emmett, despertando un poco y mirando al cobrizo.

- ¡Afuera! ¡Al restaurante familiar! – insistió.

Emmett se levantó a regañadientes, tomándose su tiempo, estirando sus brazos y lanzando ruidosos bostezos al aire.

- Tanto sueño… - dijo bajo su aliento. – De acuerdo, me lavaré la cara. – se dirigió perezosamente al baño al final del pasillo.

El cobrizo dio vueltas por la sala de estar, sin saber qué hacer exactamente con él mismo. De repente, un escalofrío lo recorrió completamente y miró la pared que compartía con su desquiciada vecina, notando que el agujero estaba totalmente expuesto.

Se acercó rápidamente. No es posible que lo siga haciendo después de nuestra discusión, ¿o sí?

Acercando su rostro a la pared, miró a través del agujero.

La respiración se le atascó en la garganta.

Del otro lado de la pared alcanzó a ver a Isabella sonriéndole, sosteniendo una libreta con un mensaje para él, seguido de un dibujo de una carita sonriente.

Empecemos esta madrugada.

¡No jodas conmigo! ¡Está loca!

Se separó abruptamente cuando vio cómo Isabella le guiñaba un ojo de manera traviesa, cayendo al suelo sentado.

- Vamos, disculpa la tardanza. – escuchó la voz de Emmett detrás de él.

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Eso no tiene nada que ver conmigo… Estoy muy ocupado, recién empiezo a vivir solo. ¡Y la escuela empieza hoy! De cualquier manera… para comenzar, la vida de un hombre solitario no tiene nada de especial.

Edward se había pasado toda la mañana del día siguiente devanándose los sesos, recordando la discusión con su loca vecina durante el desayuno.

¡No voy a estar en casa en la tarde! ¡Y también pudo venir tarde en la noche! ¡Espía todo lo que quieras, chica pervertida!

Se levantó de la pequeña mesa de madera que se encontraba en el centro de la estancia, tomando los platos que recién había usado. Ce acercó al fregadero y dejó todo allí, ya se ocuparía cuando regresara.

Pero cómo voy a… Miró de reojo su cama. Oh, bueno. Encontraré una manera, solo pondré una mirada de ignorante en mi cara.

Tomó la chaqueta del perchero, colocándosela rápidamente. Estaba a punto de salir por la puerta cuando por impulso sacó su celular del bolsillo. Lo abrió y miró la pantalla de inicio, eran las siete de la mañana de lunes.

"Hoy es lunes." Fue lo único que pasó por la mente del cobrizo. ¿Qué había dicho la chica?

La suave voz femenina rezumbó en su mente. Cambiaremos turno todos los días. Lunes, miércoles y viernes, serán tu turno, y martes, jueves y sábado serán mi turno. Tomaremos un descanso todos los domingos.

¿Cuál era su nombre? ¿Isabella? De acuerdo con sus "reglas", hoy es mi turno de espiar…

La mente de Edward quedó en blanco por algunos segundos, sin siquiera notarlo, su vista se desvió a la pared que lo separaba de la loca de al lado. Sin poder controlar sus acciones, se dirigió hacia la pared, más específicamente, hacia el agujero que había causado todo ese alboroto.

Solo estoy checando la situación… en cualquier caso, en aquel lado está una mujer pervertida. Alineó su mirada para poder ver a través del agujero. Si se da cuenta que está siendo espiada no podrá sentirse a gusto de todos mo…

El aliento se le atascó en la garganta por segunda vez desde el día anterior.

La visión de Isabella quitándose el grueso suéter, lo dejó sin habla, sobre todo porque era la única prenda que la cubría.

Edward cerró los ojos por un momento, intentando convencerse de que todo era parte de su imaginación. Volvió a echar un vistazo u pudo detallar la delicada figura de Isabella al otro lado de la pared.

No lo veía, lo que significaba que no se había dado cuenta aún de que era espiada. La chica alzó los brazos lentamente, estirando todo su cuerpo; lo primero que llamó la atención de Edward era el contraste de las curvas que formaban el cuerpo de la chica, su pequeña y estrecha cintura era superada por la generosa línea de sus caderas. La chica se dio la vuelta, despistada, dejando a Edward con la imagen de su pequeño y respingón trasero.

Sin respirar ni una sola vez, Edward cayó de espaldas sobre su trasero. Su pulso parecía retumbar por todo su cuerpo, mandando sensaciones intensas, ocasionando que cierta zona de su cuerpo empezara a despertar de manera insistente.

Sacudiendo todo shock, se levantó del suelo rápidamente, tomando las cosas que le faltaban, cerró la puerta de su apartamento torpemente y corrió por el pasillo de manera frenética.

¡Nunca volveré a espiar! ¡Definitivamente no lo haré! ¡Definitivamente!

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- ¡Hey, Edward! Realmente tuvimos una gran fiesta anoche, ¿eh? – escuchó la voz de Emmett antes de entrar al aula de clases.

Después de salir corriendo de su edificio se había ido directamente a la universidad. Intentando por todos los medios olvidar la imagen de su vecina despertándose, hoy.

- ¿Huh? – Edward no se sentía con fuerzas de nada, la carrera lo había agotado más de lo que creía posible.

- ¿Qué pasa con esa mirada? Ambos nos desvelamos, ¡pero anímate hombre! – Emmett le dio a Edward un suave golpe en el hombro.

- ¿Por qué? – cuestionó el cobrizo mirando a su amigo.

- Porque a diferencia de la secundaria, vestir ropa normal en la universidad se siente refrescante, ¿verdad? Aunque la secundaria nunca es agradable. – Emmett miró alrededor del aula de clases, mientras él y Edward tomaban asiento. - ¡Mira! Esa chica sí que sabe cómo vestirse, que impresionante. – dijo señalando a una rubia que reía en el otro extremo del aula. – Dulce, simple, puro. ¡Realmente lindo! – esta vez miraba a una morena que recién estaba entrando. - ¡Wow! Mira a la chica que está cerca de la ventana, ¡es simplemente ardiente!

- Lo sé… lo sé… ya cálmate, Emmett. – Edward empezaba a sentirse avergonzado pues su gran amigo comenzaba a llamar la atención de sus nuevos compañeros.

De pronto entró una chica de apariencia un poco mayor, su cabello era corto y llevaba lentes, por la vestimenta Edward podía decir que era su maestra.

- ¡Buenos días! Por favor, solo siéntense donde deseen. – llamó al orden la profesora.

- Increíble… - le susurró Emmett, a lo que Edward solo rió nervioso.

- Bienvenidos a la clase de diseño e ilustración. Soy Gianna y estaré a cargo del dibujo rudimentario. ¡Es un placer conocerlos! – decía alegremente la profesora Gianna mirando a todos los nuevos estudiantes.

- Qué belleza.

- Te estas emocionando demasiado, Emmett.

- Todos ustedes están aquí para aprender cómo dibujar… pero, yo no enseñaré la teoría. ¡Ustedes deberán aprender de sus alrededores y mejorar por si mismos!

- ¡Profesora! – Emmett exclamó, poniéndose de pie de un salto. – Se convirtió en conferencista para que se le diera más fácil, ¿cierto? – todo el salón rió.

- ¡Es correcto! – también rió Gianna. – Bueno, bromas aparte. La práctica es la mejor forma de aprender. Así que apúrense y prepárense.

- Ella aceptó mi broma… - dijo Emmett viendo ilusionado a la profesora Gianna.

- Eres un idiota. – rió Edward al ver la cara de su amigo, esta clase prometía mucha diversión.

Escogí esta universidad, no porque quisiera aprender a dibujar, solo deseaba poder ir a la ciudad.

- ¡Aquí traje los lienzos!

- ¡Gracias, Emm!

Obviamente nunca pensé que algo como lo del día anterior pudiera pasarme.

- Edward, mira. – le llamó Emmett sacudiendo un poco el hombro del cobrizo, intentando llamar su atención.

- ¿Qué pasa?

- Es la chica ardiente de antes.

Edward miró en la dirección que su amigo señalaba. En la parte final del salón se encontraba una chica de baja estatura. Entendía por qué su amigo había estado interesado en la chica, su estrecha cintura era una delicia de ver y la falda corta que llevaba se levantaba algunos centímetros cada que ella se estiraba para alcanzar los lienzos, arriba de la repisa.

- ¿Ella no puede alcanzarlos? Debería ir a ayudarle… - dijo Emmett con una sonrisa pícara.

Edward se percató del silencio que de un momento a otro reinaba en el aula de clases, mirando a su alrededor se dio cuenta que todos sus compañeros miraban a la chica, o más bien, intentaban mirar debajo de la falda de la chica.

Estos tipos.

Con un suspiro se puso de pie y caminó hacia la chica, dispuesto a ayudarla. Escuchó las bajas quejas de sus compañeros, quienes querían una oportunidad para acercarse a la chica linda.

Se paró detrás de ella, observando el leve temblor que sacudía su cuerpo por el esfuerzo de estirarse.

Edward alzó su brazo para tomar la esquina del lienzo que quedad.

- Aquí tienes… - se dio vuelta para encarar a la chica y darle el lienzo.

Mi nueva vida debería estar llena de posibilidades… supuestamente. Pero ahora…

- Muchas gracias. – respondió la chica con una voz extrañamente familiar.

Sus ojos quisieron, por un momento, salirse de sus órbitas de la impresión. La chica para frente a él, por quien todos sus compañeros babeaban era nada más y nada menos que Isabella.

Estoy comenzando a pensar, "Esta nueva vida… honestamente. No puedo sentir nada bueno viniendo de ella.

No… nada bueno.

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¡Hola, hola!

Al fin pude hacer un tiempo para este capítulo jajaja Me está tomando algún tiempo acostumbrarme a tener que mirar tanto el manga para hacerme una idea de todo, y lo voy descubriendo conforme voy escribiendo el capítulo jaja así que todo también es bastante nuevo para mí.

Como sea, espero que me dejen un lindo comentario para saber qué les parece este cap, a mí en lo personal me gustó bastante, ahora sabemos que los protas van a convivir más de lo que piensan jajaja

¡No olviden lavarse las manos!

¡Nos leemos pronto!